Guadalupe González señala que el mundo atraviesa un “interregno” peligroso: el orden internacional anterior está agotado y el nuevo aún no consolida sus bases.
Entre los riesgos destaca la superposición de guerras, el debilitamiento de instituciones democráticas, la concentración de poder en pocos actores y una nueva carrera tecnológica y militar con alto gasto de defensa.
También advierte sobre el deterioro del control de armamentos y el renovado riesgo de proliferación nuclear, además de un contexto que favorece errores de cálculo y escaladas involuntarias.
