En el aeropuerto de Ezeiza, cuatro hombres despertaron sospechas al declarar que iban a trabajar como albañiles, pero tras contradicciones con la Policía de Seguridad Aeroportuaria admitieron que viajaban como mercenarios para combatir en Ucrania.
La pesquisa, meses después, derivó en la detención de una mujer en Tigre, acusada de reclutar ilegalmente argentinos —civiles y exmilitares— para enviarlos al conflicto. Durante el allanamiento se incautó un teléfono con acceso a una plataforma de criptoactivos y se congelaron fondos; además, se hallaron elementos vinculados a la guerra (ropa camuflada, gorros con símbolos y parches), mientras se investiga a un posible cómplice que habría salido del país hacia Brasil.
