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  • Recuperó la libertad uno de los acusados de narcomenudeo en Colón

    Recuperó la libertad uno de los acusados de narcomenudeo en Colón

    Recuperó la libertad uno de los acusados de narcomenudeo en Colón

    Días pasado la justicia de Colón concedió la libertad con reglas de conducta a un sujeto acusado de narcomenudeo y mantuvo la medida a su consorte de causa.

    Uno de los imputados es Mariano José Fabre, de 42 años de edad, de ocupación empleado municipal, en tanto que el otro es Jonathan Ariel Martínez (40), nacido en Artigas, República Oriental del Uruguay y que llegó a Colón hace siete años, quienes son representados legalmente por los doctores Gustavo Goyeneche y Abril Otegui, en causa que lleva adelante el fiscal Juan Sebastián Blanc.
    Los acusados estaban bajo prisión preventiva y al vencer los plazos se trató su situación procesal, ante el juez de Garantías, doctor Jesús Penayo Amaya.
    Tras escuchar a las partes, el magistrado resolvió otorgar la inmediata libertad de Fabre y hacer lugar a las medidas de coerción por el plazo de 60 días, como el de fijar domicilio el cual no podrá variar sin previo aviso a la autoridad judicial, prohibición de salida del país sin previa autorización judicial y de realizar actos molestos o perturbadores hacia eventuales testigos y concurrir una vez por semana a la Jefatura Departamental de Policía, dando cuenta de su presencia, en tanto que dispuso la prisión Martínez por el plazo de 30 días, ambos en orden al delito de “TENENCIA DE ESTUPEFACIENTES (COCAÍNA) CON FINES DE COMERCIALIZACIÓN”.

  • Caso Loan: Maciel sostuvo que el niño murió atropellado y señaló a tres acusados – Arriba Noticias

    Caso Loan: Maciel sostuvo que el niño murió atropellado y señaló a tres acusados – Arriba Noticias

    Caso Loan: Maciel sostuvo que el niño murió atropellado y señaló a tres acusados – Arriba Noticias

    En el juicio por la desaparición de Loan Peña, Walter Maciel sostuvo que el niño murió atropellado y señaló a tres acusados como responsables del supuesto ocultamiento del cuerpo. El exjefe de la Comisaría de 9 de Julio negó haber participado en la sustracción del menor y presentó ante el tribunal una reconstrucción basada, según afirmó, en su propio análisis del expediente.
    Maciel apuntó contra el ex marino Carlos Guido Pérez, su esposa María Victoria Caillava y Laudelina Peña, tía del niño. Según su versión, Loan habría sido atropellado por la Ford Ranger blanca del matrimonio cuando el vehículo se retiraba del paraje El Algarrobal, el 13 de junio de 2024. Luego, sostuvo, el cuerpo habría sido levantado y ocultado.
    La afirmación correspondió a la hipótesis defensiva expuesta por el excomisario y no a una conclusión acreditada por la Justicia. El tribunal deberá valorar su declaración junto con el resto de las pruebas reunidas durante el proceso. Maciel anticipó que continuaría aportando detalles durante la próxima audiencia, publicó Clarín.
    La versión presentada por Maciel
    El acusado aseguró que había estudiado el expediente desde que quedó detenido y afirmó que los elementos incorporados a la investigación respaldaban su teoría. “No tengo dudas de lo que ocurrió. Los elementos de prueba son contundentes”, sostuvo durante su declaración.
    De acuerdo con su relato, Loan habría sido víctima de “un atropellamiento, levantamiento y posterior ocultamiento”. Maciel atribuyó a Pérez y Caillava una participación en el supuesto accidente y señaló que Laudelina habría intervenido para desviar la investigación e impedir que los investigadores avanzaran sobre otras hipótesis.

    El ex comisario negó haber favorecido a cualquiera de las personas acusadas y defendió el trabajo realizado durante los primeros días de búsqueda. “Hasta el día de mi detención hice lo imposible por encontrar a esa criatura”, afirmó ante los jueces.
    Loan Peña, desaparecido en Corrientes.-
    La búsqueda inicial en el campo
    Maciel explicó que, cuando comenzó la intervención policial, los testimonios reunidos indicaban que el niño se había extraviado. Según recordó, las primeras personas entrevistadas habían señalado que Loan había regresado solo desde el naranjal y posteriormente había desaparecido.
    “Con los pocos elementos de prueba que había en un primer momento, mi investigación decía que buscábamos a un niño perdido en el campo, porque nos dijeron que Loan volvió solo del naranjal”, manifestó. El exjefe policial sostuvo que aquella información había orientado los primeros rastrillajes.
    Para respaldar su actuación, recordó que había promovido la participación de un perito en odorología, cuyos perros detectaron rastros atribuidos al niño en los vehículos de Pérez y Caillava. También afirmó que había impulsado una prueba con luminol y que dispuso el secuestro de la Ford Ranger blanca y del Ford Fiesta rojo del ex marino el 19 de junio de 2024.
    El viaje de Pérez y Caillava
    En otro tramo de su declaración, Maciel negó haber autorizado al matrimonio a viajar a la ciudad de Corrientes después de la desaparición. Explicó que Caillava lo había llamado cuando ya se encontraba allí para informarle que había asistido a un turno médico.
    “Ellos no estaban en ese momento en mi radar investigativo”, señaló. Con esa afirmación, el acusado intentó rechazar las sospechas sobre una presunta protección brindada a Pérez y Caillava durante las primeras jornadas del caso.
    El excomisario también insistió en que no había participado de maniobras destinadas a retrasar o desviar la búsqueda. Durante el juicio se analizarán las actuaciones policiales desarrolladas bajo su responsabilidad y las decisiones adoptadas desde el momento en que se denunció la desaparición.
    Laudelina Peña, tía de Loan.-
    El señalamiento contra Laudelina
    Maciel afirmó que Laudelina había tenido un papel central en el sostenimiento de la hipótesis inicial sobre un niño perdido en el monte. También aseguró que había solicitado al entonces fiscal Juan Carlos Castillo que ordenara su detención desde las primeras etapas de la investigación.
    “Si me hubiesen escuchado, todo esto no hubiera pasado. Por culpa de mentir tantas veces, la única vez que dijo la verdad nadie le creyó”, expresó en referencia a la declaración en la que la mujer había hablado de un supuesto atropellamiento.
    Durante su exposición, Maciel se dirigió directamente a la tía de Loan. “Laudelina, si usted se siente amenazada e intimidada por quien fuera, ahora lo puede manifestar. Le habla un preso igual que usted, que quiere la verdad, por los padres y por la sociedad”, expresó.
    El pedido de disculpas a la madre
    Uno de los momentos de la audiencia se produjo cuando Maciel le habló a María Noguera, madre del niño. El ex comisario le pidió disculpas por no haber cumplido el compromiso que había asumido durante las primeras horas de búsqueda.
    “Le quiero pedir disculpas a la madre porque le prometí que iba a traer a su hijo. Por más que esté preso, sigo investigando”, manifestó. También aseguró que continuaría exponiendo ante el tribunal las conclusiones a las que dijo haber llegado después de estudiar el expediente.
    Loan tenía cinco años cuando desapareció el 13 de junio de 2024, después de participar de un almuerzo en la casa de su abuela, ubicada en el paraje El Algarrobal. Desde entonces, no se había determinado dónde se encontraba ni se había acreditado judicialmente qué ocurrió con él.
    Un posible careo quedó pendiente
    Sobre el final de la audiencia, la abogada de Laudelina Peña solicitó realizar un careo entre su defendida y Maciel. El pedido estuvo basado en tres puntos en los que las declaraciones de ambos acusados presentaron diferencias.
    Los integrantes del tribunal decidieron postergar el análisis de la medida para la semana siguiente. La declaración de Maciel también continuará en una próxima audiencia, cuando se esperaba que respondiera preguntas y ampliara aspectos de la hipótesis que presentó.
    El proceso deberá establecer las responsabilidades de cada uno de los acusados y determinar si alguna de las versiones expuestas cuenta con respaldo probatorio. Mientras tanto, la teoría del atropellamiento y posterior ocultamiento permaneció como una afirmación de Maciel dentro de su estrategia defensiva.
     
    Con Elonce

  • Alejandra Gils Carbó se sentará en el banquillo de los acusados, mientras es abogada de un empresario que pagó coimas

    Alejandra Gils Carbó se sentará en el banquillo de los acusados, mientras es abogada de un empresario que pagó coimas

    El 22 de septiembre, Alejandra Gils Carbó se sentará en el banquillo de los acusados para ser juzgada por hechos de corrupción. Estas audiencias deberán coordinarse con las del juicio por los Cuadernos de las Coimas, donde ella actúa como abogada defensora del empresario kirchnerista Gerardo Ferreyra.

    El Tribunal Oral Federal 8 (TOF 8), integrado por los jueces Gabriela López Íñiguez, Sabrina Namer y Nicolás Toselli, dará inicio al juicio contra la ex Procuradora General de la Nación, con la intervención del fiscal general Marcelo Colombo.
    Gils Carbó fue procesada por el delito de negociaciones incompatibles con la función pública, debido a la compra de un edificio en la calle Perón al 600 destinado a las oficinas de la Procuración, que aún funciona en ese lugar.
    Por primera vez, una ex Procuradora será juzgada en un tribunal oral. Gils Carbó, quien renunció a su cargo en noviembre de 2016, fue procesada un año después por el juez Julián Ercolini. La clausura de la causa y su posterior elevación a juicio oral se firmaron en junio de 2021. Cinco años después, comenzará el debate público y oral.
    Mientras enfrenta esta acusación, Gils Carbó desempeña el rol de abogada defensora del empresario Gerardo Ferreyra, acusado de pagar sobornos a exfuncionarios del Ministerio de Planificación Federal en el marco de la investigación sobre fondos ilegales.
    Previo al inicio del juicio que tiene como principal acusada a Cristina Kirchner, Gils Carbó se incorporó al equipo de defensa del ex presidente de Electroingeniería.
    Gils Carbó fue la última titular de la Procuración General con carácter definitivo. Desde su salida, Eduardo Casal ocupa el cargo de forma interina.
    En este contexto, la ex Procuradora, designada por Cristina Kirchner y respaldada ampliamente en el Senado, enfrentará el juicio por la compra de un edificio para la Procuración por un monto de 43 millones de pesos, en una operación que incluyó comisiones cercanas a los 10,7 millones de pesos.
    Según la Justicia, el objetivo de la operación fue otorgar «apariencia de legitimidad» a un proceso administrativo, con personas involucradas de manera simulada y empresas interpuestas que dieron una falsa imagen de licitación. Por ello, se consideró que todo el proceso administrativo fue «una farsa».
    Los imputados, entre ellos Gils Carbó, utilizaron «formas engañosas orientadas a hacer aparecer como legítima la licitación pública que llevó a la adquisición del inmueble», aunque para la Justicia la decisión estaba tomada de antemano para favorecer a quienes participaron en el millonario proceso, según lo expuesto por el fiscal Taiano en el requerimiento de elevación a juicio.
    Por este motivo, Ercolini procesó como principales responsables a Gils Carbó y al subdirector Guillermo Bellingi. Recientemente, el exfuncionario fue hallado sin vida y la hipótesis central de la investigación apunta a un suicidio.
    La operación cuestionada
    La Justicia sostiene que las principales autoridades de la Procuración «idearon y ejecutaron un complejo plan» para adquirir directamente, mediante una simulación engañosa de licitación pública, el edificio ubicado en la calle Perón 667.
    El inmueble debía contar con bóveda, cochera, auditorio y ser un edificio señorial y de época. Las condiciones del pliego fueron diseñadas para eliminar a competidores potenciales, dejando fuera a quienes podrían disputar la licitación.
    La compra estaba decidida de antemano, con un acuerdo previo con los ejecutivos de la sociedad propietaria del edificio, Arfinsa Argentina Financiera SA, representada por Adrián Fischer.
    Esta empresa presentó su oferta a través de Jaureguiberry Asesores Inmobiliarios SA, constituida por Bárbara Jaureguiberry e Ignacio Costa Urquiza.
    El inmueble tuvo un costo de 43.850.000 pesos e involucró la intervención “dolosa y fundamental” de Bárbara Jaureguiberry y Juan Carlos Thill, productor de seguros que actuó como intermediario y es medio hermano de Guillermo Bellingi.
    Durante la operación, se pagaron comisiones por 7,7 millones de pesos a la inmobiliaria Jaureguiberry, que a su vez destinó 3 millones por asesoramiento a Thill.
    La Justicia destacó que el pago fue «significativamente superior» a los 27 millones de pesos que se habrían abonado si se hubiera concretado la licitación pública N° 17/2012, que fue cancelada dos meses antes.
    Al determinar las responsabilidades, el requerimiento de elevación indicó que existía un interés egoísta para que ese edificio específico fuera el espacio distinguido desde donde Gils Carbó desempeñaría sus funciones como titular de la Procuración. Asimismo, señaló que en el caso de Bellingi, se buscó un beneficio económico para su hermano y otros particulares, aunque se desconocen los destinos finales del dinero que Juan Carlos Thill retiró días después de su cuenta bancaria.

  • Caso Cerimedo: dictaron la prisión preventiva de dos detenidos acusados de participar del ataque a Nadia Beller

    Caso Cerimedo: dictaron la prisión preventiva de dos detenidos acusados de participar del ataque a Nadia Beller

    Desde la mañana de este lunes se llevó a cabo una extensa audiencia en el juzgado de Los Lotes, en Santa Cruz de la Sierra, donde se confirmó la prisión preventiva por 120 días para los dos únicos detenidos vinculados al intento de asesinato de Nadia Beller, ex pareja de Fernando Cerimedo, a quien acusa de ser el autor intelectual del ataque. Ambos fueron imputados como «cómplices» en la tentativa de homicidio.

    Los detenidos, Roger Aguilera Céspedes, de 41 años, y Paola Andrea Vargas, de 39, compartirán penal con Cerimedo, exasesor de Javier Milei, aunque en pabellones diferentes debido a la exclusividad de ciertas áreas del complejo penitenciario.
    Según informó Clarín, Aguilera es señalado por haber proporcionado el arma utilizada en el ataque, mientras que Vargas sería pareja de uno de los presuntos sicarios, un colombiano apodado «Juancho», quien permanece prófugo.
    La audiencia comenzó a las 10:30 con la exposición de las medidas cautelares, donde el fiscal Herland Rodríguez declaró que ambos están acusados de «complicidad efectiva en grado de tentativa». Además, destacó que a Aguilera se le encontraron armas de fuego en el momento de su arresto, lo que agravaría su situación legal. En ambos casos se solicitó la detención preventiva para avanzar con la investigación.
    Fernando Cerimedo, exasesor también del expresidente brasileño Jair Bolsonaro y pareja de Nadia Beller, continúa detenido. El pasado viernes, la justicia boliviana ordenó su arresto por 180 días para evitar que entorpezca la pesquisa. Actualmente se encuentra alojado en el exclusivo pabellón 6 de la cárcel de Palmasola, ubicada a unos 15 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra.
    La audiencia concluyó cerca de las 16 horas locales, tras una detallada fundamentación del juez Franz Gutiérrez Cabrera, quien provisionalmente lleva adelante este proceso.
    Durante la exposición, el magistrado reveló que los aprehendidos fueron localizados casi por casualidad, tras descomponerse la motocicleta Puma roja utilizada por los presuntos sicarios. Ante esta situación, los agresores robaron otra moto a un repartidor de delivery, lo que permitió a las autoridades avanzar en la investigación.
    Los atacantes debieron abandonar luego el vehículo sustraído debido a que activó un sistema de bloqueo, y fueron identificados en Cotoca, localidad vecina alertada por la misma Nadia Beller, quien señaló ese lugar como posible destino de Cerimedo para finalizar el pago a los sicarios.
    El juez señaló que los detenidos tenían vínculos con Aldubar Silva Peña, alias «Juancho», el presunto autor material del atentado, quien permanece prófugo. Por el momento no se ha establecido la identidad de otro cómplice del ataque.
    La fiscalía, a cargo de la doctora Yolanda Aguilera, convocará a nuevos testigos y realizará un análisis forense del teléfono de Roger Aguilera Céspedes. Según el expediente, Paola Vargas mantenía una relación sentimental con uno de los supuestos sicarios, mientras que Céspedes tenía un vínculo comercial. De su domicilio se incautaron 20 mil bolivianos que, según la investigación, habrían sido el pago por facilitar el revolver calibre 22 utilizado en el ataque. Además, a Aguilera se le agrava la causa por la tenencia ilegal de armas y municiones, que fueron exhibidas durante la audiencia.
    En la vivienda de Beller se hallaron unas zapatillas blancas que pertenecerían a su pareja, también implicada en el hecho. El juez decidió dictar la detención preventiva debido al riesgo de que ambos detenidos puedan fugarse del país. De hecho, Vargas fue arrestada cuando intentaba huir hacia un hotel de la ciudad, llevando consigo una mochila con prendas de ropa.
    Al finalizar la audiencia, la fiscal Aguilera afirmó que ambos sospechosos tendrían una probable participación como cómplices en el intento de homicidio, basándose en evidencia vinculada al arma, la vestimenta de la empresa Pedidos Ya con la que se disfrazaron los atacantes y la motocicleta utilizada. También fue enfática al negar cualquier intención de cerrar la causa, rechazando las teorías conspirativas que han surgido desde que Nadia Beller fue agredida hace una semana.
    La joven abogada sostiene que fue víctima de un crimen de Estado y denuncia que Fernando Cerimedo contaría con protección y logística proporcionadas por sectores del gobierno del derechista Rodrigo Paz.

  • Antisemitismo, violencia y corrupción: se empieza a definir el futuro de tres jueces federales acusados de mal desempeño

    Antisemitismo, violencia y corrupción: se empieza a definir el futuro de tres jueces federales acusados de mal desempeño

    Antisemitismo, violencia y corrupción: se empieza a definir el futuro de tres jueces federales acusados de mal desempeño

    El segundo semestre del año será crucial para el Poder Judicial, ya que se definirá el futuro de tres jueces federales acusados de mal desempeño en sus funciones, quienes podrían ser destituidos de sus cargos, y uno de ellos incluso podría quedar detenido. Estos procesos se activarán a partir de la próxima semana, con la finalización de la feria judicial.

    Los magistrados imputados son el juez federal de Mar del Plata, Alfredo López; el integrante del Tribunal Oral Federal de La Pampa, Pablo Díaz Lacava; y el juez federal de Rosario, Gastón Salmain. Cada uno enfrenta denuncias distintas: la publicación de mensajes antisemitas, agresión al personal de su tribunal y solicitud de coimas para dictar un fallo, respectivamente.
    Actualmente, los tres casos están en etapa de juicio político ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación, que por primera vez en su historia afronta tres procesos simultáneos luego de que el Consejo de la Magistratura los investigara y suspendiera en sus cargos.
    Aunque los procesos están en etapas diferentes, todos deberán resolverse antes de fin de año, respetando los plazos legales para la tramitación ante el jurado. Se trata de un proceso de carácter político, en el cual el tribunal evalúa exclusivamente si los jueces incurrieron en mal desempeño de sus funciones. El Jurado puede dictar dos tipos de resoluciones: destituir a los magistrados o rechazar la acusación. En caso de destitución, el juez pierde automáticamente su cargo y la jubilación correspondiente; si se rechaza la acusación, se levanta la suspensión y el juez retomará sus funciones.
    Para destituir a un juez se requieren cinco votos de los siete integrantes del Jurado. Si no se obtiene esa mayoría o si se exceden los 180 días hábiles para concluir el proceso desde la recepción del caso, la acusación cae. Actualmente, el tribunal está compuesto por los jueces Marcelo Bartumeu Romero y Néstor Barral; la abogada Ana Fernández; los diputados Nicolás Mayoraz (La Libertad Avanza) y Christian Zulli (Unión por la Patria); y las senadoras María Florencia López (Unión por la Patria) y María Montes de Oca (La Libertad Avanza).
    Estos procesos son seguidos con especial atención en la justicia, ya que es la primera vez desde la creación del Consejo y del Jurado a comienzos de los 2000 que tres magistrados son sometidos simultáneamente a juicio político. Además, estos casos presentan distintas tipologías: discriminación, maltrato laboral —una problemática denunciada en aumento en el Poder Judicial— y corrupción.
    Los dos últimos jueces destituidos fueron sancionados por casos de corrupción: el magistrado federal de Mendoza, Walter Bento, por enriquecimiento ilícito; y Martín Poderti, también de Mar del Plata, por el presunto robo de 144 monedas de oro. Posteriormente, Bento fue condenado penalmente a 18 años de prisión y permanece detenido.
    En cuanto a los juicios en curso, el primero comenzó a principios de mes contra Alfredo López, quien es juzgado por publicar mensajes antisemitas y discriminatorios en su cuenta de la red social X. Entre sus mensajes se leen expresiones como: “Sí, raza de víboras, por el pueblo judío”, “son cínicos”, “estado ficticio” y “al que persiguen es a mí, pero yo soy argentino y ustedes extranjeros”. Hace dos semanas, los fiscales del jury, el senador nacional Luis Juez y el abogado Alberto Maques, solicitaron su destitución por mal desempeño. La audiencia estuvo marcada por un escándalo cuando seguidores de López en la sala comenzaron a gritar contra los fiscales, lo que derivó en la expulsión de esas personas. López presentó su renuncia para evitar el juicio, pero el gobierno de Javier Milei no la aceptó. Solo resta el veredicto, que el tribunal debe emitir antes del 25 de agosto. Fuentes judiciales señalaron a Clarín que se espera que la semana que viene se anuncie la fecha.
    En simultáneo, el segundo juicio comenzará el lunes 10 de agosto a las 9 horas contra Pablo Díaz Lacava. El juez está acusado de amenazar y hostigar a empleados y secretarios de su tribunal, quienes presentaron la denuncia y debieron tomar licencia médica. Uno de los hechos más graves imputados es que Díaz Lacava arrojó una piedra desde la calle que ingresó por una ventana a uno de los despachos. El jurado ya citó a testigos de la defensa y de la acusación, y se espera que el proceso dure una semana, según informaron fuentes judiciales. Por estos mismos hechos, Díaz Lacava enfrenta un juicio oral en una causa penal. Actualmente está suspendido en el cargo, y antes de la suspensión el juez tenía prohibido ingresar a su tribunal para evitar contacto con los empleados denunciantes.
    El tercer caso corresponde a Gastón Salmain, quien fue suspendido en junio tras ser denunciado por solicitar un soborno para dictar un fallo a favor de una empresa, ordenando al Banco Central de la República Argentina la venta de 10 millones de dólares a precio oficial durante el cepo cambiario. El juez exigió el pago del 10% de la brecha entre el dólar oficial y el dólar blue. Según declaró un arrepentido en la causa penal, Salmain esperaba recibir entre 180 mil y 200 mil dólares producto de esa diferencia. Sin embargo, la devaluación del peso redujo la brecha y la empresa solo logró una diferencia de 19 mil dólares al comprar los dólares oficiales con el fallo. Salmain está procesado y tiene prisión preventiva, aunque no ha sido detenido debido a sus

  • Década sustraída: la causa de los “contratos truchos” ya tiene auto de apertura y 18 acusados camino al juicio – El Miércoles Digital

    Década sustraída: la causa de los “contratos truchos” ya tiene auto de apertura y 18 acusados camino al juicio – El Miércoles Digital

    Década sustraída: la causa de los “contratos truchos” ya tiene auto de apertura y 18 acusados camino al juicio – El Miércoles Digital

    El 17 de julio pasado, con una firma digital estampada a las 9.55, la jueza de Garantías Nº 1 de Paraná, Marina Barbagelata, puso en marcha el que promete ser el juicio más voluminoso de la historia judicial entrerriana.
    Informe: Análisis
    El auto de apertura a juicio oral del legajo OGA Nº 10668, caratulado «Beckman Flavia Marcela – Scialocomo Esteban Ángel Alberto – Álvarez María Victoria y otros s/ Estafa», dispone en apenas dos artículos lo que la política provincial esperaba y temía en partes iguales: dieciocho personas serán juzgadas por la sustracción sistemática de fondos de las dos Cámaras de la Legislatura de Entre Ríos, una maniobra que según la acusación se extendió durante más de una década, entre enero de 2008 y el 20 de septiembre de 2018, y que a valores actualizados habría superado los dos mil millones de pesos.
    La resolución llega casi ocho años después de aquel viernes de septiembre de 2018 en que un procedimiento policial en la calle Isidoro Almeida de Paraná, con un aprehendido y una montaña de cheques, destapó lo que los investigadores describirían luego como una organización dedicada a vaciar metódicamente el patrimonio legislativo.
    Y llega, también, tras un largo tránsito por la etapa intermedia: la audiencia del artículo 405 del Código Procesal Penal en la que los fiscales Patricia Yedro, Ignacio Aramberry y Gonzalo Badano pidieron la remisión a juicio, y una resolución del tribunal de alzada que, el 5 de septiembre de 2025, dejó despejado el camino. Antes, la vocal del Tribunal de Juicios y Apelaciones Nº 1, María Carolina Castagno, había calificado los hechos como asociación ilícita en concurso real con peculado, en modalidad de delito continuado.
    El expediente conserva, entre su prueba documental, la fotografía exacta de aquel punto de partida. El acta de procedimiento del 20 de septiembre de 2018, labrada en calle Isidoro Almeida con un aprehendido y croquis del lugar, encabeza la lista de documentos admitidos, seguida por las autorizaciones de allanamiento firmadas ese mismo día por la propia jueza Barbagelata para las viviendas de Isidoro Almeida 1622 y 1605, las requisas de una camioneta Ford Ranger y de un Renault, y las actas de los registros practicados el 20 y el 21 de septiembre. Es decir: la misma magistrada que autorizó los primeros allanamientos de la causa es la que, casi ocho años más tarde, firma su remisión a juicio.
    El mecanismo, de una simpleza brutal
    En el medio quedaron años de peritajes contables, extracciones de telefonía celular, informes bancarios y la reconstrucción, contrato por contrato, de una maquinaria que funcionó sin interrupciones bajo tres gestiones de gobierno. El mecanismo que describe el auto de apertura es de una simpleza brutal. Ambas Cámaras suscribían contratos de locación de obra con personas que jamás realizaron prestación alguna a favor del Estado. Los contratistas percibían una parte ínfima de los honorarios pactados y el resto quedaba en poder de la organización. La rueda empezó a girar en la Cámara de Senadores en enero de 2008, con un centenar de contratos de 4.500 pesos cada uno, y se replicó en Diputados después del 11 de diciembre de 2011, con vínculos de 5.000 pesos. Para septiembre de 2018, cuando el descubrimiento del hecho detuvo la maquinaria, cada contrato había trepado a 50.000 pesos. Entre las dos Cámaras se llegaron a firmar contratos con más de setecientos contratistas: el anexo que forma parte del auto enumera, uno por uno, 796 nombres.
    Los contratos se firmaban, en general, sin que los contratistas conocieran al funcionario legislativo que los suscribía en nombre del Estado, y el trámite se hacía en el domicilio particular o comercial de Flavia Beckman y Hugo Mena, la pareja de comerciantes de calle Isidoro Almeida que funcionó como cara visible del reclutamiento. La acusación deja asentada, además, una frase que abre un frente todavía sin resolver: la sustracción contó con el aporte de autoridades de ambas Cámaras «aún no identificadas», que firmaron los vínculos sin conocer a los contratistas, sin asignarles función alguna y a sabiendas de que el dinero se sustraía del patrimonio estatal.
    Puertas adentro
    Puertas adentro de la Legislatura, la detracción de fondos se ejecutó a través de los responsables de los Servicios Administrativos Contables de ambas Cámaras. La fiscalía identifica una línea sucesoria precisa: Juan Domingo Orabona fue director administrativo contable del Senado entre 2007 y 2011; Jorge Fabián Lázzaro ocupó ese cargo entre 2011 y 2015; Gustavo Hernán Pérez fue sucesivamente jefe del área de contratos desde enero de 2008, subdirector desde diciembre de 2011 y director general de Administración del Senado desde diciembre de 2015 hasta octubre de 2018; y Sergio Cardoso condujo el servicio administrativo contable de Diputados desde 2011. Todos ellos tenían el manejo de los caudales públicos: la facultad de emitir los cheques para el pago mensual de los contratos y, en el último tramo, de generar la apertura de las cuentas sueldo y las transferencias.
    Circuito callejero
    El circuito callejero del dinero es, quizás, la postal más elocuente del expediente. Una vez librados, los cheques eran entregados a Mena y Beckman, que mensualmente los hacían endosar a sus titulares o directamente los endosaban en forma falsa para que pudieran cobrarlos personas de su círculo de confianza, todas ellas también contratadas por la Legislatura: Esteban Scialocomo, María Victoria Álvarez, Jorge Balladares, las hermanas Mena Gioveni, Fernando Sarnaglia, María Macarena Álvarez, Alejandro Ferreyra y el fallecido Hugo Luna, entre otros. A los «cobradores» se los citaba en un local comercial de calle Alem, en la playa de estacionamiento de Alem 64 o en la tómbola de Alem 87. Allí, Beckman, Mena, Balladares y Scialocomo repartían los valores, que se cobraban preponderantemente en tres sucursales del Nuevo Banco de Entre Ríos: la Nº 184 «Institucional» de Urquiza y San Martín, la Casa Central de Monte Caseros y 25 de Mayo, y la Nº 65 de calle Malvinas. Cobrado cada cheque, el dinero volvía a manos de los organizadores, que pagaban a cada cobrador unos doscientos pesos por operación.
    Estructura familiar y barrial
    Desde 2017 la organización se aggiornó: el pago de buena parte de los contratos, sobre todo los del Senado, se bancarizó mediante la apertura de cuentas sueldo con tarjeta de débito. Las tarjetas, pese a ser un instrumento personal e intransferible, eran retenidas por Beckman, Mena y otros integrantes del grupo, previa entrega por sus titulares, para efectuar directamente los cobros en sucursales de distintos puntos del país.
    Un rasgo distintivo de la organización, tal como la describe la acusación, es su estructura familiar y barrial. El círculo de confianza que endosaba y cobraba los cheques estaba tejido con apellidos repetidos: las hermanas María Victoria y María Macarena Álvarez, las hermanas María Jazmín y Viviana Giselle Mena Gioveni, y un entramado de vecinos y allegados de la pareja Beckman-Mena que aparecen a la vez como contratistas, cobradores y beneficiarios de contratos del Senado nacional. Esa doble condición -miembros del esquema y a la vez contratados por el Estado en sus distintos niveles- es uno de los elementos que la fiscalía utiliza para sostener la existencia de una asociación estable, con roles diferenciados y permanencia en el tiempo, y no de una mera sumatoria de hechos aislados.
    Recaudación y elevación
    El dinero recaudado subía luego por la escalera de la organización. Era entregado a Gustavo Pérez, Cardoso, Faure, Almada y Alfredo Bilbao, el empresario ganadero que según la acusación oficiaba de administrador general del esquema: recibía las rendiciones de cuenta de toda la recaudación, deducía gastos, impuestos de los contratados y comisiones, y entregaba el neto del producido, o un porcentaje, primero a Juan Domingo Orabona, hasta diciembre de 2011, y después a Juan Pablo Aguilera y «a otras personas hasta el momento desconocidas». El apellido Aguilera no necesita presentación en Entre Ríos: cuñado del exgobernador Sergio Urribarri, fue secretario coordinador del Senado provincial entre diciembre de 2011 y abril de 2014 y empleado de planta permanente de esa Cámara, y la fiscalía lo ubica como receptor final del producido durante siete años.
    Con departamento contable propio
    La trama tenía, además, su propio departamento contable. La gestión impositiva de cada falso contratista corría por cuenta de estudios integrados por los contadores Pedro Opromolla, Gustavo Falco, Guido Krapp y Ariel Faure, que pagaban los monotributos de los contratados utilizando la clave fiscal de cada uno, proporcionada por Mena y Beckman, a través de la terminal Nº 3472 de «Entre Ríos Servicios», emplazada en el propio estudio Integral Asesoría. Esas tareas no se facturaban a los monotributistas: se remuneraban con más contratos truchos, extendidos por la Cámara de Diputados provincial a favor de Krapp, del corredor inmobiliario Renato Mansilla y de los analistas de sistemas Nicolás Beber y María Cecilia Cersofios, y por el Senado de la Nación a favor de Falco y nuevamente de Mansilla, mediante contratos suscriptos por el entonces senador nacional Pedro Guillermo Ángel Guastavino.
    Ese no es el único punto en que el expediente cruza la General Paz. El auto consigna que trece integrantes de la organización -Beckman, Mena, Bilbao, Faure, Scialocomo, Balladares, Mansilla, las hermanas Álvarez, las hermanas Mena Gioveni, Sarnaglia y Ferreyra- eran remunerados también con contratos transitorios del Senado de la Nación, otorgados por los senadores nacionales Guastavino y Sigrid Kunath. Y Jorge De Breuil, el empresario cordobés de 76 años que integra la lista de acusados, era simultáneamente empleado de planta permanente del Senado entrerriano y contratado transitorio del Senado nacional por Guastavino.
    Un expediente con menciones políticas de peso
    Pero la mención política más pesada del documento apunta al propio Urribarri. En la descripción del primer hecho, la fiscalía sostiene que Cardoso, como director administrativo contable de Diputados y «siguiendo expresas instrucciones del Sr. Presidente del cuerpo, Sergio Daniel Urribarri», requirió a los diputados Navarro, Darrichon y Ruberto la suscripción de al menos diez contratos apócrifos por cada uno, bajo el pretexto de que los «contratistas» quedarían sin trabajo si no los firmaban. El exgobernador no está imputado en este legajo, pero su nombre atraviesa la acusación y reaparecerá en el debate: la defensa de Bilbao lo ofreció como testigo, y fue admitido.
    La vista gorda de auditores del TdC, un aporte indispensable
    El otro engranaje indispensable, según la acusación, fue el que no funcionó: el control externo. La maniobra «también contó, como aporte indispensable, con la omisión a los deberes de control por parte de los auditores estables, revisores y fiscal del Tribunal de Cuentas de Entre Ríos con desempeño en el período investigado». Por eso llegan a juicio cinco funcionarios del organismo de control, acusados de incumplimiento de los deberes de funcionario público reiterado: la auditora Marta Aurora Pérez;  los revisores Hernán Díaz y Maximiliano Degani, con desempeño entre 2008 y 2016; el auditor Mariano Speroni, y el revisor Diego Pagnoni, designados en febrero de 2017. Para todos ellos la fórmula acusatoria es idéntica: omitieron deliberadamente ejercer el debido control de legalidad de los contratos de obra pese a que la existencia de la maniobra «era conocida por auditores y revisores del Tribunal de Cuentas», y esa omisión permitió la continuidad de la sustracción e impidió que el organismo cumpliera la manda del artículo 213 de la Constitución provincial.
    Una pirámide de responsabilidades
    Las pretensiones punitivas que la fiscalía dejó planteadas en la etapa intermedia dibujan la pirámide de responsabilidades tal como la ve la acusación:

    En la cúspide, Gustavo Hernán Pérez, señalado como organizador de la asociación ilícita agravada, para quien se estimó una pena de 18 años de prisión, inhabilitación absoluta perpetua y multa, por once hechos de peculado en concurso real.

    Le sigue Juan Pablo Aguilera, con 16 años.

    Después, Sergio Cardoso y Alfredo Bilbao, con 12 años cada uno.

    Alejandro Almada y Hugo Mena, con 10.

    Ariel Faure, con 9.

    Flavia Beckman, con 7 años y 6 meses.

    Juan Domingo Orabona, con 7.

    Pedro Opromolla y Jorge De Breuil, con 6.

    Jorge Lázzaro, con 5, en el único caso en que no se atribuye asociación ilícita.

    Y José Javier Schneider, con 3 años y 6 meses, como partícipe secundario que, según la acusación, gestionaba contratos falsos bajo las directivas de Pérez y percibía por esa tarea un pago mensual que en 2018 llegó a los 40.000 pesos.

    Para los cinco funcionarios del Tribunal de Cuentas, las penas estimadas van de 2 a 3 años de prisión.

    El destino final del dinero también tiene un capítulo propio. Según el auto, Bilbao participaba del neto de las ganancias ilícitas a Gustavo Pérez y a De Breuil, y los tres «aplicaron el dinero sustraído para disimular su origen ilícito en diferentes inversiones inmobiliarias y agrícolo-ganaderas». La ruta patrimonial de esos fondos será, previsiblemente, uno de los ejes del debate.
    La acción civil, en dos demandas idénticas
    En paralelo al reproche penal, el Estado provincial se constituyó en actor civil a través de la Fiscalía de Estado y demandó a los dieciocho acusados por daños y perjuicios, en procura de la restitución del dinero o el resarcimiento, fijado estimativamente en 372.924.249 pesos «como punto de partida», una cifra que contrasta con los más de dos mil millones actualizados que estima la acusación penal.
    Y aquí el auto registra una curiosidad institucional que merece ser subrayada: la acción se interpuso en dos demandas sustancialmente idénticas porque el fiscal de Estado, Julio César Rodríguez Signes, se abstuvo «por motivos personales» de firmar la demanda contra tres de los imputados, que fueron demandados por el fiscal adjunto Sebastián Trinadori.
    El documento no identifica a esos tres acusados ni explica los motivos de la abstención. Todas las excepciones opuestas por las defensas -defecto legal, falta de acción, falta de legitimación, prescripción- fueron rechazadas por la alzada, de modo que el juicio civil se ventilará junto con el penal, con la existencia misma de la maniobra, la cuantía del daño, el aporte causal de cada demandado y el destino de los fondos como hechos controvertidos.
    Líneas de defensa
    Las líneas defensivas ya quedaron insinuadas en las contestaciones de demanda. Pérez, Opromolla, Almada, Aguilera y los funcionarios del Tribunal de Cuentas sostienen que no firmaban los contratos ni tenían poder para obligar al Estado, y que los verdaderos legitimados pasivos serían los firmantes.

    Beckman, Mena y Faure niegan toda la plataforma fáctica.

    De Breuil niega categóricamente cualquier participación e invoca su pedido de sobreseimiento.

    Bilbao alega que ni siquiera era empleado del Estado y defiende la licitud del origen de su patrimonio.

    Orabona acota su eventual responsabilidad al período 2007-2011.

    Y Speroni y Pagnoni afirman que el control del Tribunal de Cuentas era selectivo, que se cumplió, y que su supuesta omisión no puede ser causa adecuada del daño reclamado.

    Un juicio a gran escala, con desfile de la dirigencia política
    Si algo anticipa la escala del juicio que viene es la prueba admitida. Solo a la fiscalía se le admitieron 441 testigos -desde los policías del procedimiento inicial y los peritos contables hasta centenares de contratistas del anexo- además de una masa documental que incluye las actas de allanamiento de septiembre de 2018, los expedientes de contrataciones de ambas Cámaras año por año, los informes del Nuevo Banco de Entre Ríos y los oficios del Tribunal de Cuentas. El actor civil ofreció exactamente la misma prueba. Y las defensas, por su parte, convirtieron sus listas de testigos en un verdadero desfile de la dirigencia política entrerriana de las últimas dos décadas.
    La nómina de la defensa de Bilbao, con 39 nombres, incluye al exgobernador Sergio Urribarri, a los exintendentes José Eduardo Lauritto, Raúl Taleb y Enrique Cresto, y a dirigentes como José Cáceres, Ángel Giano, José Allende, Juan Carlos Navarro, Rosario Romero, José Bahillo y Aldo Ballestena. La defensa conjunta de Cardoso, Lázzaro y Schneider ofreció 57 testigos, entre ellos los tres diputados del episodio de los contratos apócrifos -Ruberto, Darrichon y Navarro-, la exvicegobernadora Laura Stratta y legisladores y exlegisladores de todos los bloques: Bahler, Kneeteman, Koch, Viola, Vitor, Zavallo, Castrillón, Cora, Cusinato, Huss, Jaroslavsky, Solanas y Bargagna, entre otros. La defensa de Pérez, Almada, Aguilera, Opromolla y los tres imputados del Tribunal de Cuentas que representa Miguel Ángel Cullen sumó 58 testigos, con el exintendente de Paraná Adán Bahl en la lista, además de funcionarios de ambas Cámaras y del propio Tribunal de Cuentas que deberán concurrir con los expedientes de contrataciones, los subdiarios de pagos y las rendiciones mensuales de cuentas del período 2008-2018. La defensa de De Breuil, en cambio, no ofreció un solo testigo: apuesta todo a la prueba documental, con un peritaje contable, correos electrónicos con Gustavo Pérez y una nota del propio Guastavino, de agosto de 2017, certificando el carácter de los servicios que De Breuil prestaba en su despacho.
    Las reglas de juego, y las sombras detrás de la máquina
    La logística del debate ya está delineada en la citación que ordena el auto. Deberán comparecer los dieciocho acusados con sus respectivas defensas: Miguel Ángel Cullen por Pérez, Almada, Aguilera, Opromolla, Díaz, Marta Pérez, Degani y De Breuil -este último también asistido por Pablo Hawlena Gianotti y Hugo González Elías-; José Raúl Velázquez y Agustín Fontana por Beckman y Mena; Iván Vernengo y Damián Petenatti por Bilbao; Tomás y Pablo Vírgala por Faure; Emilio y Germán Fouces por Cardoso, Lázzaro y Schneider; Leopoldo Lambruschini por Orabona; y Victoria Halle por Speroni y Pagnoni. Por la acusación pública estarán Yedro, Aramberry y Badano, y por el actor civil el propio Rodríguez Signes junto a Gustavo Acosta y Tulio Kamlofky. Solo la organización de las audiencias, con más de medio millar de testigos entre todas las partes, demandará un esfuerzo inédito para los tribunales de Paraná.
    La jueza Barbagelata dejó fijadas, además, dos reglas de juego que marcarán el debate.
    Primera: no se admitió ninguna declaración previa de testigos, en ningún soporte; solo podrán valorarse los dichos vertidos en la audiencia, y las declaraciones anteriores servirán únicamente como herramienta de interrogatorio.
    Segunda: las partes acordaron por convención probatoria la fidelidad de una serie de documentos, lo que descomprime parcialmente un debate que, aun así, se anuncia extenso. También quedó asentado el acuerdo de todas las partes en que los dieciocho acusados son capaces de culpabilidad, lo que clausura de antemano cualquier discusión sobre inimputabilidad.
    Quedan, por fin, los frentes abiertos que el propio auto se encarga de señalar. Las «autoridades de ambas Cámaras aún no identificadas» que firmaron contratos a sabiendas de la sustracción. Las «otras personas hasta el momento desconocidas» que, junto a Aguilera, recibían el neto del producido. Los tres imputados a los que el fiscal de Estado prefirió no demandar de puño y letra. Y la sombra del exgobernador Urribarri -ya condenado en otra causa por corrupción y a la espera de la resolución definitiva de la Corte Suprema-, cuyo nombre aparece en el corazón de la acusación como quien impartía «expresas instrucciones» y que deberá sentarse en la sala, esta vez, en calidad de testigo.
    El juicio que se abre no solo juzgará a dieciocho personas: pondrá bajo la lupa una década entera de administración legislativa entrerriana, con 796 contratistas de papel como telón de fondo y una pregunta que ocho años de instrucción todavía no terminaron de responder: quiénes, desde los despachos más altos, firmaron para que la máquina nunca se detuviera.
     
     

     
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  • Condenaron a perpetua a tres acusados por el asesinato del empresario Gabriel Izzo en Padua

    Condenaron a perpetua a tres acusados por el asesinato del empresario Gabriel Izzo en Padua

    Condenaron a perpetua a tres acusados por el asesinato del empresario Gabriel Izzo en Padua

    Tres años después del asalto en San Antonio de Padua que terminó con la vida del empresario Gabriel Izzo y dejó gravemente herida a su esposa, Silvana Petinari, la Justicia dictó prisión perpetua para tres integrantes de la banda criminal por el delito de homicidio criminis causa.

    Este martes, los jueces del Tribunal en lo Criminal número 6 de Morón, Andrea Bearzi, Alejandro Rodríguez Rey y Cristian Toto, condenaron a la máxima pena a Víctor Ricardo Martín Fernández Galarza, Jonathan Ricardo González (alias «Monarca») y Brígido Achucarro González (alias «El Paraguayo»).
    El trío fue declarado culpable como coautor de robo agravado por el empleo de arma de fuego, portación ilegal de arma de guerra y homicidio criminis causa.
    Por otro lado, Walter Rodríguez Sierra, conocido como «El Uruguayo» y primer detenido por ser titular del automóvil Volkswagen Gol gris utilizado en la fuga, fue absuelto tras demostrarse que no participó en el hecho.
    El crimen ocurrió el 9 de junio de 2023, cuando un grupo de delincuentes ingresó a la vivienda de la familia durante la madrugada. Gabriel Izzo intentó repeler el ataque con sus armas, pero recibió cuatro disparos y heridas de arma blanca que le provocaron la muerte en el lugar.
    Su esposa también sufrió el ataque: fue apuñalada, golpeada y recibió disparos que le produjeron la pérdida de un ojo, pero sobrevivió.
    La detención de los responsables se desarrolló de forma escalonada durante la investigación de los fiscales Patricio Pagani y Claudio Oviedo. Brígido Achucarro González y Jonathan Ricardo González fueron apresados a mediados de noviembre de 2023; Achucarro fue señalado como el presunto autor material de los disparos fatales.
    Fernández Galarza fue el último en ser capturado, permaneciendo prófugo durante buena parte del proceso inicial. En tanto, Diego Eduardo Correa, arrestado en diciembre de 2023 tras una persecución en San Martín, será juzgado en un proceso separado debido a un problema de salud de su defensa que impidió su participación en las audiencias actuales.
    Además, Gustavo Mac Dougall, señalado como chofer de la banda, falleció en 2025 mientras cumplía prisión preventiva por neumonía y fue sobreseído post mortem.
    Gabriel Izzo era un empresario reconocido en San Antonio de Padua y otras zonas de la provincia de Buenos Aires, dedicado al rubro maderero con una carpintería especializada en la venta de maderas de pino. Estaba vinculado a una familia industrial destacada, ya que era yerno del fallecido Pedro Petinari, importante empresario del sector de fabricación de acoplados.
    Izzo llevaba 32 años de casado con Silvana Petinari y residían en una vivienda en la calle Italia al 1000, cerca de la estación de trenes de Padua. Además, era usuario legítimo de armas, poseyendo una pistola Bersa calibre .40 y un revólver .38, que utilizó para defender su hogar y familia durante el ataque.

  • El caso del empresario descuartizado en una valija: un jurado popular decide si tres acusados por el crimen son culpables o inocentes

    El caso del empresario descuartizado en una valija: un jurado popular decide si tres acusados por el crimen son culpables o inocentes

    El caso del empresario descuartizado en una valija: un jurado popular decide si tres acusados por el crimen son culpables o inocentes

    Desde temprano, los convocados acudieron a los Tribunales de Lomas de Zamora para responder preguntas durante la audiencia de selección del jurado, conocida como *voir dire*. En lugar de sus nombres, se identificaban únicamente por el número colgado en su cuello. Finalmente, cerca de las 16, se conformó un jurado compuesto por 12 titulares y seis suplentes que, durante nueve días, decidirá el destino de Maximiliano Pilepich (47), Nahuel Sebastián Vargas (46) y Matías Gil (31).

    Los tres están imputados por el homicidio de Fernando Pérez Algaba (41), apodado «Lechuga». Empresario y trader dedicado a la venta de automóviles en distintos momentos, Pérez Algaba era conocido en la zona oeste del Gran Buenos Aires y también había incursionado en el mercado de criptomonedas. Su hermano, Rodolfo Pérez Algaba (62), forma parte de la acusación y esperó durante tres años para que la causa llegara a juicio.
    Una mujer de 62 años acompañó a su hija durante toda la jornada en los tribunales. Aunque esperó todo el día fuera de la sala, su hija nunca salió porque no fue cuestionada por ninguna de las partes; fue seleccionada por sorteo para integrar el jurado popular que deberá deliberar sobre la causa. Al comunicarle que quedaría en el jurado, a través de la seguridad del tribunal, la mujer solo pidió que su hija regresara sola en un remis al finalizar la primera jornada.
    En la previa al debate, Vargas vistió una campera gris, mascó chicle y mostró nerviosismo, agitando la pierna mientras esperaba serio el comienzo del juicio. Pilepich, por su parte, lucía un tatuaje de eslabones de cadena asomando por la patilla y también mascó chicle mientras escuchaba atentamente al juez Juan Manuel Rial. Gil fue el único de los tres que contó con la presencia de sus padres como acompañamiento durante la primera jornada.
    La acusación está a cargo de la fiscal Marcela Dimundo, mientras que los abogados Javier Baños y Sebastián Queijeiro representan al particular damnificado, Rodolfo Pérez Algaba.
    “Hace tres años que espero este momento. Lo único que pido es justicia”, aseguró a Clarín Rodolfo Pérez Algaba, quien además fue el primer testigo en el juicio. Durante toda la jornada esperó junto a su pareja la conformación del jurado. “Están mejor de salud que yo”, ironizó al referirse a los acusados, señalando que desde el homicidio de su hermano perdió 20 kilos, fue diagnosticado con diabetes tipo 2 y sufrió la pérdida de varios dientes.
    Los acusados llegan al juicio detenidos, enfrentando cargos por homicidio triplemente agravado por alevosía, por codicia, por concurso premeditado de dos o más personas y por uso de arma de fuego. El debate, que se extenderá hasta el 8 de julio, está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°9 de Lomas de Zamora y es presidido por Juan Manuel Rial, quien además determinará las penas correspondientes.
    Además de Pilepich, Vargas y Gil, otros cuatro imputados —Luis Alberto Contreras (40), Horacio Mariano Córdoba (50), Fernando Gastón Martín Carrizo (36) y Flavia Lorena Bomrad (41)— serán juzgados en un juicio técnico aún sin fecha asignada. Blanca Gladys Cristaldo (61) está imputada por encubrimiento agravado.
    Durante la instrucción, Vargas y Pilepich se acusaron mutuamente, por lo que no está del todo claro quién fue el autor material del disparo mortal contra Pérez Algaba. Sin embargo, los tres están imputados por la misma figura delictiva, que prevé pena de prisión perpetua.
    Gil, empleado de la constructora de Pilepich, fue quien retiró documentos de reconocimiento de deuda firmados por este último. Las antenas de telefonía celular ubican a Gil, Pilepich y la víctima juntos el día del crimen.
    Pilepich es defendido por Enrique Tronceda, la defensa de Nahuel Vargas está a cargo de Celeste Schenfeld y la de Matías Gil, por Yamil Castro Bianchi.
    Según la acusación, entre las 18 horas del 18 de julio y las 3 horas del 19 de julio de 2023, Pérez Algaba se dirigió al predio «Renacer», un emprendimiento inmobiliario en General Rodríguez, en una camioneta Range Rover blanca. «Lechuga» planeaba instalarse en España y había viajado exclusivamente a Buenos Aires para cobrar una deuda de 20.000 dólares que Pilepich tenía con él por la venta de terrenos del predio donde se proyectaba construir un barrio privado. Este pago formaba parte de un acuerdo mayor avalado por un documento firmado en una escribanía de Castelar.
    La fiscalía sostiene que Pérez Algaba recibió dos disparos en la parte posterior del torso mientras cambiaba una lámpara en una oficina del predio. Los proyectiles ingresaron por la espalda a una distancia superior a los 50 centímetros, causando lesiones en pulmones e hígado que provocaron una hemorragia aguda y su fallecimiento, según las pericias.
    La justicia considera que el móvil del homicidio fue la codicia, ya que los acusados buscaban eludir el pago de la deuda y la entrega de 17 de los lotes del barrio privado.
    Tras el asesinato, los imputados planificaron el desmembramiento y ocultamiento del cuerpo. Los restos fueron colocados en bolsas de nylon negras, distribuidos dentro de una valija roja, una mochila

  • Uno de los acusados por la muerte de Maradona rompió el silencio: «¿En qué plan criminal me quieren implicar, si era mi ídolo?»

    Uno de los acusados por la muerte de Maradona rompió el silencio: «¿En qué plan criminal me quieren implicar, si era mi ídolo?»

    Uno de los acusados por la muerte de Maradona rompió el silencio: «¿En qué plan criminal me quieren implicar, si era mi ídolo?»

    Mariano Perroni, coordinador de enfermeros que atendieron a Diego Armando Maradona tras ser dado de alta luego de una operación por un hematoma subdural, rompió el silencio este jueves por la tarde: “En ningún momento formé parte de un plan criminal para matarlo”, afirmó categóricamente.

    Perroni, de 45 años y empleado de la empresa tercerizada Medidom, declaró por primera vez ante los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón, del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 7 de San Isidro. Su testimonio se extendió durante tres horas, en las que en varios momentos no pudo contener las lágrimas. La audiencia fue presenciada por Dalma, Gianinna y Jana Maradona, las tres hijas del exfutbolista.
    El primer recuerdo que compartió Perroni fue un encuentro con Alfredo Cahe, médico de cabecera de Maradona desde 1978 hasta aproximadamente 2013, en la oficina del abogado Miguel Ángel Pierri. “En qué lío injusto te metieron, nunca debieron haber externado a Diego, cometieron un grave error”, recordó que le dijo Cahe.
    Perroni aclaró que su trabajo en Medidom fue “meramente administrativo y de coordinación” para cubrir los pedidos médicos. Reiteró que no es médico, ni tiene facultades para medicar, solicitar traslados o internaciones, entre otras funciones vinculadas al cuidado clínico de los pacientes.
    También aseguró que nunca ingresó a la casa del lote 45 del barrio privado San Andrés de Benavídez, ni antes del 25 de noviembre de 2020 ni después del fallecimiento de Maradona. “Nunca recibí una epicrisis, ni historia clínica ni antecedentes del paciente. Solo me dijeron que debía asegurarme de que tomara la dosis correcta de medicación, que no consumiera alcohol y que cuidara el hematoma subdural”, explicó.
    En cuanto a sus comunicaciones, señaló que solo estuvo en contacto con la psiquiatra Agustina Cosachov (41) y con Nancy Forlini (57), coordinadora de Swiss Medical, y que “por pedido de esta última, ella era la única que canalizaba los requerimientos”.
    Los roles de Cosachov y Forlini volvieron a ser objeto de debate durante la jornada, con un intenso careo entre ambas que giró en torno a cuatro puntos controversiales.
    Uno de los momentos más emotivos de su declaración fue cuando Perroni afirmó que “nunca pensó en la muerte de Maradona”. “Nunca la esperé. Siempre hice sugerencias para mejorar el bienestar del paciente en el domicilio. En ningún momento formé parte de un plan criminal para matarlo. Nunca me hice el desentendido, yo quería que tuviera la mayor cantidad de beneficios”, se defendió.
    Sobre el día del fallecimiento, contó que acudió al barrio San Andrés y luego acompañó a la enfermera Dahiana Madrid (41), quien estaba presente en el momento, a la fiscalía para que declare. Posteriormente regresó al domicilio para retirar sus pertenencias, donde Forlini le pidió que le comunicara a Madrid que fuera precisa con los horarios en la planilla médica que debía completar y entregar.
    Perroni también estaba a cargo de la organización de los enfermeros y, aunque faltaba más de un mes para Navidad y Año Nuevo, ya estaba planificando las guardias para continuar con la atención a Maradona. “Yo como enfermero iba a pasar Año Nuevo con Maradona. Lo tenía en un cuadro. ¿Imaginan de qué manera iba a estar esperando ese desenlace fatal? Es el día de hoy que no pude entender cómo llegamos a esto. Yo estaba emocionado porque iba a pasar Año Nuevo con él. Estaba esperando que llegara ese día, tenía la esperanza de que fuera así. ¿En qué plan criminal me quieren implicar, si era mi ídolo?”, se preguntó.
    Emocionado, Perroni relató cómo la imputación afectó a su familia y recordó el último momento junto a su madre. “Las cuestiones de mi familia se desvirtuaron. Cambié a mi hija de colegio porque abogados me decían asesino. Mi hijo sufrió bullying, por eso entiendo lo que pasó con el hijo de Maradona. Mi mamá lloraba todos los días. Cada vez que escuchaba ‘ahí están los asesinos’, lloraba. Estaba internada y la llevé a mi casa, donde duró una semana. Mientras hacía su último respiro, bajé y le dije que se quedara tranquila, que no iba a pasar nada, que todo estaría bien. Jamás me imaginé este desenlace, nunca pensé estar sentado acá. Solo hice sugerencias. Me separé hace poco, no consigo trabajo, tengo uno solo”, expresó, secándose las lágrimas con una servilleta.
    Durante su declaración, aceptó responder preguntas de todas las partes, algo que hasta ese momento ningún imputado había hecho. Ante la fiscalía, indicó que Forlini era quien le daba las órdenes y el nexo con Cosachov. Negó haberse comunicado con el neurocirujano Leopoldo Luque (45) y el psicólogo Carlos Díaz (34).
    Al ser consultado por el fiscal Patricio Ferrari si sabía si Forlini medicó a Maradona, respondió que sí, que hubo un evento con ketorolac, y agregó que la enfermera Madrid “no le tomaba los signos vitales”. Recordó también que “todos lo sabían”, y relató un episodio en que la enfermera quiso abandonar una guardia por pedido del paciente.
    Respecto a un audio en el que afirmó que debía “emprolijar todo”, aclaró

  • Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»

    Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»

    Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»

    El escándalo se viralizó tan rápido como el audio que saltó de los grupos de Whatsapp de médicos y anestesiólogos de toda la Ciudad De Buenos Aires a las redes sociales. Pero el correlato judicial avanza a su tiempo y, ahora, con secreto de sumario.Hernán Boveri (45) es un médico anestesiólogo de planta permanente del Hospital Italiano que el 25 de marzo fue indagado por el juez Javier Sánchez Sarmiento, del juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48 y por el fiscal Lucio Herrera de la Fiscalia N°29.En su declaración, según pudo saber Clarín, Boveri negó los hechos y, a través de sus abogados, refirió que realizaría una declaración por escrito. En el mismo sentido había declarado Delfina Lanusse (29), una residente del tercer año que trabajaba junto a Boveri en el centro del salud del que se habrían sustraído sustancias para uso hospitalario con fines de consumo recreativo.Boveri es reconocido entre sus colegas por su experiencia como anestesiólogo en el Hospital Italiano. Además, le reconocen una amplia trayectoria académica y de capacitación para otros profesionales. Ha participado de ciclos de enseñanza y práctica médica en otros países de latinoamérica junto a asociaciones de anestesia y analgesia.Según pudo saber Clarín, Boveri se apartó de la institución médica en la que se desempeñaba hace años luego de conocerse el fallecimiento de Alejandro Zalazar (29), un residente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, del Hospital Rivadavia y de la Fundación Favaloro.Los allanamientos que se hicieron en la investigación por el robo de drogas anestésicas. Investigan a los anestesiólogos Hernán Boveri y Delfina Lanusse.Zalazar fue hallado sin vida el 20 de febrero en su departamento de Palermo. En el lugar del hallazgo, y en circunstancias que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone, encontraron frascos catalogados como Fentanilo y Propofol y cuya trazabilidad podría llegar hasta el Hospital Italiano.Zalazar tenía una vía conectada al pie derecho a través de la cual se habría administrado estos anestésicos, lo que le provocó la muerte. Este hallazgo, que todavía está siendo investigado formalmente y a la espera de pericias e informes, derivó en una investigación interna dentro del Hospital Italiano.El centro de salud realizó una denuncia formal que radicó ante el juzgado N°48 y la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAAEBA) realizó otra que recayó en la Fiscalía N°47 pero que fue unificada en un solo expediente en manos del juez Sánchez Sarmiento.en los allanamientos realizados el 13 de marzo secuestraron distintos insumos médicos de interés para la causa.Delfina Lanusse también fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta en perjuicio del hospital. La médica es residente de tercer año en el Hospital Italiano, donde había empezado a trabajar en septiembre de 2023. Es egresada de la Universidad Austral y en su perfil e Linkedin enumera una rotación clínica práctica en anestesiología en la Universidad Austral entre 2021 y 2023, participando en más de 500 horas de observación y acompañamiento a anestesiólogos durante procedimientos quirúrgicos. En el mismo ámbito académico también se desempeñó como tutora de Fisiopatología durante 2021 y como tutora de Inmunología entre 2019 y 2020.El 13 de marzo se ordenaron tres allanamientos, que tuvieron resultados positivos y estuvieron a cargo de la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad en domicilios de la Ciudad de Buenos Aires y de Tigre. En los domicilios secuestraron insumos médicos que deberán ser analizados ya que muchos corresponden a la práctica profesional que desarrollan Boveri y Lanusse.Este miércoles, el juzgado ordenó un nuevo allanamiento en la AAAEBA buscando documentación y actas de interés para la investigación. «El juzgado manda a la policía a que retire cualquier documentación que se tenga. Estamos reuniendo la documentación, la asociación es las primera interesada en que se investigue qué pasó. Se están aportando actas de reuniones en las que puedan haber participado estas personas», indicó Eduardo Gerome, abogado de la asociación que también representó a Nélida Puente, la anestesista involucrada en el fallecimiento de la periodista Débora Pérez Volpin.Hernán Boveri y Delfina Lanusse por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar (centro).»Somos denunciantes que llevamos a la Justicia la información que tenemos.El allanamiento nos tomó por sorpresa porque con un simple pedido presentamos las actas. Y somos denunciantes, los que más queremos es que todo esto se aclare. Uno no puede saber qué es lo que hacen los profesionales en su vida privada. Pero esto que trascendió es otra cosa y quiero dejar en claro que, apenas tomamos conocimiento de esto, corrimos a hacer la denuncia. Ninguno de estos profesionales tenían antecedentes que pudieran dar lugar a pensar en algo así. Los dos tenían desempeños impecables hasta ahora», concluyó Gerome.El escándalo en redesPasó más de un mes entre el fallecimiento de Alejandro Zalazar y que el escándalo trascendió a los medios de comunicación. En el medio, los rumores se multiplicaron entre los médicos y residentes, sorprendidos de que no hubiera noticias vinculadas a la muerte de Zalazar.Públicamente solo se difundió un comuncado de la cuenta de la Asociación de Profesionales del Hospital Ricardo Gutiérrez en el que lo despidieron formalmente, además de algunos compañeros que compartieron fotos con mensajes emotivos.Pero los rumores no se detuvieron, tanto fue así que la viralización de un audio enviado por Whatsapp terminó por poner el foco, no solo en el fallecimiento de Zalazar, sino también en el hurto de estos anestésicos para consumo en presuntas fiestas en las que médicos de distintos hospitales se reunían a inyectarse propofol y fentanilo.En este audio, que dura siete minutos, mencionan a profesionales de los hospitales Rivadavia, Gutiérrez, Italiano, Austral y Alemán. También reproduce la versión una presunta relación entre Lanusse y Boveri, de denuncias cruzadas entre ellos y hasta detalles de estos encuentros.Según reproduce este mensaje, que no fue incorporado a ninguno de los dos expedientes judiciales derivados de estos hechos, las reuniones se realizarían en departamentos y contaría con una persona asignada para «ambucear» (dar ventilación asistida) en casos de apneas (falta de oxígeno) provocadas por el propofol. Incluso hasta menciona el uso de una bomba de infusión, un dispositivo médico utilizado para administrar fármacos «controlada».