Etiqueta: Argentina

  • Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos

    Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos

    Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos

    El camino legal para buscar que Argentina pague por la expropiación de YPF en 2012 se le hizo más estrecho al fondo Burford tras el fallo de la Corte de Apelaciones, el viernes pasado. Una alternativa que blandieron es acudir al tribunal del CIADI, un organismo de arbitraje que la Argentina conoce bien, aunque no por las mejores razones: perdió la amplia mayoría de los casos que afrontó.El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) es un tribunal internacional que depende, en lo administrativo, del Banco Mundial que a su vez es una institución hermana del Fondo Monetario Internacional.Es distinto a un tribunal mundial tradicional como la Corte Internacional de Justicia de la ONU; o la Corte Penal Internacional de La Haya. Es, más bien, un mecanismo de arbitraje entre Estados y empresas cuando existen casos de ruptura de contratos. Está pensado como un marco institucional de acuerdo entre partes.Después de 20 años, en 2025 Argentina dejó de estar en el primer lugar del ránking mundial de los países con más demandas en contra, al perder el lugar con Venezuela.De acuerdo a información del CIADI procesada por el think tank internacional Transnational Institute, en el 86% de los casos en los que estuvo involucrado el Estado argentino, la resolución fue favorable hacia la empresa demandante.Los reclamos ante ese tribunal suelen dispararse por acusaciones de ruptura de contratos, algo que para las inversiones internacionales está garantizado por los TBI (tratado bilateral de inversión). Argentina es el país de la región con más tratados de este tipo, con 48 vigentes, la mayoría firmados durante la década menemista. El 92% de las demandas contra la Argentina provinieron de empresas de los Estados Unidos, Canadá y Europa. Un tercio (22) de todas las demandas contra Argentina viene de inversores estadounidenses, y le siguen España (10), Francia (8) e Italia (6).De los 65 casos que afrontó el país -entre los ya cerrados y los pendientes-, 19 están relacionados a contratos de suministro de energía; 11 a inversiones financieras y otros 10 a agua corriente. Le siguen, más atrás, otros sectores como construcción y minería.El pico de demandas tuvo lugar en 2003, después del fin de la convertibilidad. El cambio de régimen monetario y cambiario que incluyó una devaluación, pesificación y congelamiento de servicios públicos disparó los litigios en el tribunal. Fueron 20 reclamos iniciados solamente ese año. Entre 2002 y 2007 fueron 47 casos abiertos. De los 65 casos iniciados contra la Argentina desde fines de los 90′ recopilados por Transnational Institute, el 51% se definió con un laudo a favor de las empresas, el 35% terminó por un acuerdo entre las partes y solo el 12% finalizó con una sentencia favorable al Estado argentino. Un 2% restante no tuvo resolución hacia ningún lado. «Teniendo en cuenta que un acuerdo entre partes generalmente beneficia de alguna forma al inversor, sea por desembolso de dinero o por la concesión de lo reclamado, puede ser entendido como decisión favorable para el inversor», analizó ese think tank con sede en Países Bajos. De esa forma, el 86% de los casos fueron desfavorables para el Estado argentino.En términos monetarios, todas las demandas iniciadas reclamaron a la Argentina pagar unos US$ 36.800 millones, pero los que tuvieron finalización y laudo implicaron US$ 10.046 millones, hasta noviembre del año pasado. De acuerdo a datos del CIADI, quedan pendientes de resolución siete casos. El último fue abierto en febrero pasado por parte de la empresa italiana Webuild (ex Salini Impregilo).En rigor, esta compañía ya había tenido un laudo favorable en abril de 2025 por un reclamo ante incumplimiento de un contrato de construcción de rutas en las provincias de Entre Ríos y Santa Fe. Pero hace un mes decidió recurrir nuevamente al tribunal. Desde la Procuración del Tesoro no hicieron comentarios ante una consulta de Clarín sobre ese nuevo caso. Los otros casos a resolver son IJM Corporation Berhad (una compañía malaya, por reclamo de congelamiento tarifario en la concesión de autopistas); Abertis (también por autopistas); la norteamericana BA Desarrollos; NN Group (por la nacionalización del sistema previsional) y AES Corporation (por la pesificación de contratos de la represa Alicurá). Entre estos casos suman US$ 1.170 millones.El CIADI no tiene jueces propios, aunque sí un elenco estable de «árbitros» que suelen ser convocados en cada caso, o bien por los demandantes o bien por los Gobiernos nacionales para defenderse. Los tribunales están integrados por un presidente y un representante por lado. Una de las «estrellas» mundiales del arbitraje por diferendos entre inversores y estados es argentino. Se llama Horacio Grigera Naón y participó en 30 casos. La gran mayoría (28), convocado por las empresas demandantes. Solo es superado por la francesa Brigitte Stern, con 31, aunque al contrario, tiene un perfil de defensora de la posición de los estados demandados.

  • Sudeste asiático: socios que la Argentina no debería seguir mirando de lejos

    Sudeste asiático: socios que la Argentina no debería seguir mirando de lejos

    Sudeste asiático: socios que la Argentina no debería seguir mirando de lejos

    En la conversación pública argentina, el Sudeste Asiático todavía aparece como una región secundaria, casi periférica. Es un error. En un mundo más fragmentado, más competitivo y menos previsible, la Argentina necesita ampliar su mapa comercial y mirar con más atención a una zona que reúne a 684,1 millones de personas, moviliza un comercio de bienes de US$ 3,84 billones y recibió US$ 230,8 mil millones de inversión extranjera directa en 2024.No se trata de exotismo ni de corrección diplomática: se trata de intereses concretos y de una región que ya ocupa un lugar central en la economía global.Para la Argentina, además, hay un dato especialmente revelador. Con varios países del Sudeste Asiático, la relación comercial ha sido en términos generales superavitaria, una señal de que allí no sólo existe demanda, sino también una oportunidad concreta para consolidar exportaciones y ampliar el mapa de destinos. Pero el verdadero punto de fondo excede el balance de la balanza comercial: la región ofrece la posibilidad de tejer relaciones económicas más sofisticadas, menos dependientes de los mercados tradicionales y más integradas a las cadenas de valor que definirán la próxima etapa de la economía global. En el caso de Indonesia, por ejemplo, la propia Cancillería argentina destacó en 2024 que las exportaciones nacionales promediaron US$ 1.700 millones anuales en los últimos tres años, con un amplio superávit para el país.En 2026, además, se cumplen 70 años de relaciones diplomáticas entre la Argentina e Indonesia, una efeméride que invita a pensar el vínculo con mayor ambición. En conversación con el embajador de Indonesia en la Argentina, Sulaiman Syarif, surge una idea central: la relación debería evolucionar desde el simple intercambio comercial hacia una asociación económica estratégica, apoyada en la inversión, el capital y la cooperación productiva. Pero hay otra definición suya que merece ser subrayada: la actual relación económica “no refleja el peso combinado” de ambos países. El dato no es menor: el comercio bilateral alcanzó los US$ 1.720 millones en 2025, con un crecimiento de 4,3% respecto del año anterior.También advierte sobre un obstáculo concreto: todavía persiste un “déficit de conocimiento” entre ambos países, que limita las oportunidades de negocios y de cooperación. Ese diagnóstico merece una atención particular. La inserción internacional de la Argentina ya no puede evaluarse únicamente por su capacidad de exportar, sino también por su aptitud para consolidar presencia, ampliar asociaciones y ganar densidad estratégica en nuevos mercados.El Sudeste Asiático plantea una enseñanza clara: la complementariedad existe, pero no se traduce automáticamente en oportunidades concretas sin presencia, planificación estratégica y perseverancia. Mantener la mirada puesta únicamente en los socios habituales puede resultar funcional en el corto plazo, aunque insuficiente frente a las exigencias de una economía global en plena reconfiguración.

  • La República Argentina de las palabras

    La República Argentina de las palabras

    La República Argentina de las palabras

    Ahora se usa mucho la palabra “detonar” como sinónimo y metáfora de muchas cosas. He escuchado “estoy detonada”, “ese teclado está detonado”, “nos detonaron”. Es que el lenguaje es reflejo de los tiempos en que se vive y esta época nació detonada: guerra por todas partes. Ponés el noticiero y dicen “se escuchó una detonación”, “un coche bomba detonó anoche”, y así va todo, detonaciones y más detonaciones, hasta el punto que la palabra se ha vulgarizado, ha perdido su filo.Cuando termino de correr, escucho algún camarada de trote decir “estoy detonado” y uno se imagina que uno de esos drones con IA le cayó en la cabeza. Por suerte no es así, pero la palabreja sigue ganando aceptación. Te invitan a un asado, después del atracón, a la hora de los postres, alguien dice “no puedo más, estoy detonado”.También se emplea como metáfora sexual. He oído “anoche me detonaron”, y lo raro es que no se diga “anoche detonamos”. Da la sensación de que poco a poco nos vamos robotizando, adquiriendo términos más típicos de aparatos cibernéticos que de seres orgánicos.Oficialmente, por suerte, todavía no se emplea. Sería muy raro leer “la economía está detonada”, “hoy se espera un clima detonado en la Patagonia” o “detonaron la sucursal del banco tal”.La República Argentina de las frases y palabras nuevas, vamos a denominarla así.Este siglo veintiuno que se caracteriza por el vuelo de cohetes y misiles, tiene algunos beneficiosos como ese que llegó a Neptuno y nos mostró el relieve increíble de ese planeta. O los que llevarán personas a la Luna o a Marte.También, otros terribles como los que caen sobre ciudades en todas partes del mundo. Todos tienen en común que detonan y como si estuviéramos obligados a ceñirnos a ese devenir de cohetes, misiles y drones, nosotros los humanos detonamos también. Metáfora que llegó para quedarse.Ayer escuché a una madre decirle a su hijito “me tenés detonada”. El niño, de siete años tal vez, la miró con ojos diáfanos e hizo “¡pump!” con los labios, atestiguando que entendía las palabras maternas.¿Qué más nos traerá este siglo veintiuno que ya no es tan nuevo? ¿Qué palabras nos servirán para atestiguar nuestro desconcierto vital?Porque hace rato que venimos diciendo “voy a desconectar”, tal como si fuéramos aparatos. O “me dio tanto susto que me quedé tildado”. O “me dejó en visto”.Cuando llegue al fin la época de los hologramas, de los androides y de los taxis aéreos puedo imaginarme las metáforas que vendrán. Espero que para entonces la palabra “detonar” haya caído en desuso debido a que ya no sea tan común ver cómo vuelan las cosas por el aire. En fin, esperemos que este mundo no detone y que la vida siga siendo bella de a ratos.