Entre aplausos y emoción, Ángela Pradelli se incorporó a la Academia Argentina de Letras
El recinto, señorial y palaciego, está repleto. Además de figuras como el gran Jorge Asís, la escritora y crítica literaria Laura Galarza, la celebrada autora de policiales María Inés Krimer o el novelista y viajero crónico Ricardo Coler, en las sillas del público esperan con alegría ex alumnos y alumnas de secundarias del conurbano bonaerense donde la profe dio clases durante más de 30 años. También hay discípulos de los cursos y talleres que imparte desde hace décadas. Algunos tienen ramos de flores. Muchos llevan sus libros, de ediciones antiguas, repletas de post-its. Lo que pasa es que Angela Pradelli ingresa a la Academia Argentina de Letras (AAL) y nada que la implique puede ser frío o muy formal.La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.Aunque los tapices que cuelgan de las paredes caigan con el peso de las décadas. Ni siquiera si todo esto sucede en el Palacio Errázuriz, una mansión patricia imponente, conservada en su estilo neoclásico y versallesco, que desde 1937 es la sede del Museo Nacional de Arte Decorativo y además alberga a dos Academias: la Nacional de Bellas Artes y la Argentina de las Letras. Por ahí corretean sus nietos y en las caras de varios presentes se adivina el semblante familiar. En un rato va a recibir los atributos de su acreditación –un diploma, una medalla y una insignia–, pero lo que más le dan esta tarde a Pradelli es lo que ofrece la cofradía ahí reunida: aplausos cariñosos, besos de cercanía y una gran ovación de fans.El nombramiento se anunció en septiembre de 2024 y el ingreso de la autora de novelas como El lugar del padre (Premio Clarín Novela, editado por Alfaguara en 2004) fue propuesto por los escritores y académicos Eduardo Álvarez Tuñón, Esther Cross, Pablo De Santis y Santiago Sylvester. Ahora es jueves 26 de marzo, son las seis de la tarde y comienza la Sesión 1422, que es la ceremonia oficial que deja constancia de que Pradelli ocupa el sillón n° 19 “Calixto Oyuela” –en honor al primer presidente de la institución–, que quedó vacante después del fallecimiento del escritor y editor Luis Chitarroni en 2023.Sonrisas y elogiosRodeada del resto de los académicos de número, entre otros el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz o el catedrático de Historia del Teatro Universal Jorge Dubatti, la autora de preciosuras precisas como la novela Amigas mías (Premio Emecé 2002) escucha sonriente cómo Rafael Felipe Oteriño, presidente de la AAL, la presenta en un breve discurso que recorre su vasta trayectoria. “Es una apasionada viajera que ha llevado la presencia de la literatura argentina a Suiza, Alemania, Estados Unidos, Italia, China, por solo nombrar los países más distantes de esta América, a la que también recorrió con sus talleres y presentaciones públicas. Fuera de sus trabajos en la ensayística, sus obras de creación se enrolan, principalmente, en los géneros de poesía y narrativa, con singulares rasgos de intercomunicación entre ambos”, dice.Mientras, recorren el recinto dos fotógrafos muy atareados que registran cada detalle. Son Martina Bertolini y Flavio Castañeda, hija y yerno de la celebrada, que más tarde le dirá a Clarín, que le consultó quiénes eran: “Gracias por preguntar. No sé por qué siempre ignoran tanto a todos los fotógrafos. Incluso cuando les pasás sus nombres, no los incluyen”. Así es ella, Angie, a quien el apócope cariñoso le cuadra por derecho de cercanía, en boca de quienes la conocen, la leen o hasta si la escuchan al paso.La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.En esa charla, que sucedió después del cóctel, Pradelli cuenta que durante muchos años, “cuando todavía no había llegado internet a nuestros días”, el Departamento de Consultas idiomáticas de la Academia atendía telefónicamente y respondía en el momento. “Podían ser dudas ortográficas, sintácticas, morfológicas. Siempre había alguien del otro lado que respondía en el momento. Podía pasar, aunque era muy raro, que la persona no supiera la respuesta, en ese caso, consultaba con alguien y la respuesta llegaba en apenas unos minuto”, recuerda.–¿Qué significa para vos este ingreso a la Academia?–Un día, escribí el teléfono en el margen superior del pizarrón de un curso de secundaria. Ah, sí, profe, dijo un alumno, y usted cree que nos van a contestar. Claro, es un servicio de la Academia. Pero nosotros somos unos pibes de secundaria. Cada tanto, volvía a escribir el teléfono en el pizarrón, si tienen dudas llamen. Hasta que una mañana antes de empezar la clase un alumno contó que se había animado a llamar, que lo atendieron muy bien y resolvieron sus dudas. Los alumnos se fueron animando de a poco, y cuando tenían dudas en algún trabajo práctico que estaban haciendo para Lengua o para otra materia. El primer día que participé de las sesiones, apenas entré al lugar, recordé esas escenas, sobre todo por la calidez con la que me recibieron.Esa misma calidez se nota en el discurso de bienvenida de Esther Cross, que comienza in media res, narrativa y poética, en una forma muy cercana a la energía de la flamante académica: “Ángela Pradelli estaba en primer grado cuando se enteró de que había una feria del libro en su escuela. No entendía bien de qué se trataba, pero quiso ir. Su madre supo escucharla y la llevó hasta la primaria, donde la dejó por unas horas con unos pesos para que se comprara un libro. Después de dar vueltas por los puestos y hablar fascinada con los vendedores, eligió una novela llamada Mi hermano y yo. De más está decir que empezó a leerla ese mismo día y que la releyó muchas veces. Como en una historia de Chéjov, a quien admira tanto, el libro se perdió al tiempo, y aunque ella preguntó por la novela en distintas librerías a lo largo de los años, no la pudo encontrar”.Angela Pradelli, ganadora del Premio Clarín de Novela 2004. Archivo Clarín.Una especie de prisma biográficoLa sonrisa de Pradelli es cada vez más grande. “Esta anécdota de Angie es una especie de prisma biográfico o recuerdo del futuro, por usar el título de una película de cuando éramos chicas. Ahí están presentes sus años de docencia, la lectora curiosa y abierta, el diálogo, incluso la importancia de la memoria reflejada en el hecho de que se puede perder un libro y seguir relacionada durante años con él, como con las personas. Ahí está la autora potencial de tantos libros, programas de lectura y proyectos colectivos, entre los que sobresale Por qué llora esa mujer. Creo que este recuerdo también habla de algo que se olvida últimamente y por desgracia: las personas que se dedican a las palabras asumen riesgos, y pueden ser decididas y tener tanta fuerza de carácter como esa nena ese día”, continúa Cross.Para cuando sube al atrio Pradelli, el público se convierte en un alumnado absoluto. Ella, maestra, docente, tallerista, lee su ponencia con el mismo pulso que si diera una clase inspiradora, en el tono que podría haber tenido el profesor John Keating (interpretado por Robin Williams) en La sociedad de los poetas muertos si hubiera sido una mujer, de zona sur del conurbano bonaerense, que estudió el profesorado de Letras y se especializó en Gramática Española.Pero no es necesario una referencia de Hollywood para perfilarla. Además de ser una de las narradoras más destacadas del país y referente para nuevas generaciones, siente la escritura como una necesidad. Propia y a transmitir. Fue, a la par de su tarea como docente en aulas, coordinadora del Plan Nacional de Lectura en la Región de la Provincia de Buenos Aires. Publicó libros de poemas, ensayos y novelas que fueron traducidos al alemán, al inglés y, en parte, al italiano y al francés. Es Miembro Correspondiente de la Real Academia Española y recibió numerosos premios, entre otros también el de la Fundación El Libro de Buenos Aires al Mejor Libro de Educación 2010-2011.Pradelli, desde el atrio, habla entre otras cosas del valor de las palabras. Un valor político, afectivo y vital. Lo dice en un tono de intimidad. Y abre preguntas, no concluye nada. Reflexiona, invita, en su forma, a pensar sobre cómo la lengua modela la experiencia humana. Empieza, claro, con un relato: “En 1985, el diario Libération de París publica un número especial en el que 400 escritores deben responder una sola pregunta, la misma para todos. Pour quoi écrivez-vous? ¿Usted por qué escribe? Algunos contestan que lo hacen por catarsis, otros porque la escritura les resulta la expresión más alta, o porque quieren dejar su propia huella en este mundo”.El público ya está en la historia, y ella sigue: “Uno de esos escritores es el italiano Ferdinando Camon, nacido en un pequeño pueblo de la zona rural del Véneto, cuyas obras fueron traducidas a más de veinte idiomas. Profesor de Lengua y Literatura en escuelas secundarias durante muchos años. Como periodista publica en importantes medios de distintos países. En el momento en que le hacen la pregunta Camon tiene 50 años. Yo escribo por venganza, no por justicia, ni por santidad, ni por gloria, sino por venganza. Todavía siento dentro de mí esta venganza como justa, santa, gloriosa. Mi madre sabía escribir sólo su nombre y apellido. Mi padre, apenas un poco más”.La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.Las palabras hacen lo suyoAsí es su discurso. Va hilando anécdotas personales con referencias literarias, cuenta historias de bibliotecas, de otros escritores, de ella como docente, de otras maestras, de lingüistas, de viajes. “Las palabras hacen lo suyo, estallan en la sangre, en los estómagos, se liberan de la herrumbre, la corrosión y algunas mañanas anuncian un mundo nombrando de una vez todas las cosas. La sutileza de los sonidos, la fibra en las oraciones, el tejido de los discursos, palabras viejas, como las del laboratorio de biología, con las que podemos no obstante anunciar universos nuevos”, dice.Habla para sus alumnos y discípulos, que están entre el público, y en ese Carpe diem enrola también a quienes no cursaron secundaria ni taller con ella. Es imposible no caer en su embrujo afable y docente, que está impregnado de curiosidad, asombro, poesía. También es más que consciente de lo que propone y del lugar que ocupa. Por eso, advierte: “Las palabras a veces se vuelven hostiles. Nos toca un mundo muy difícil de vivir. Tantos días aciagos. Las guerras, las muertes de niñas y niños, las hambrunas, los crímenes. Los espacios por los que transitamos se volvieron muy estrechos, se hace difícil caminar en esa asfixia, nos faltan las palabras. Cada vez es más manifiesta la relación entre el poder y las palabras. Cada día escuchamos discursos cargados de intolerancia, de violencia, odio. Palabras que se arrojan como piedras o se disparan como balas”.Al terminar agradece y la vitorea el público. Las butacas quedan vacías y una multitud cariñosa rodea a Angie. Le llevan las flores, que ella guarda, y los libros, que firma. Pradelli queda un rato perdida en ese abrazo colectivo hasta que emerge en el brindis final. Detrás del salón señorial hay una oficina y después un espacio con las fotos de los académicos de número que ya fallecieron colgadas de las paredes. A la vista de entre otros Jorge Luis Borges, José María Castiñeira de Dios y Victoria Ocampo –la primera mujer elegida miembro en 1977– la nueva académica se saca una foto familiar. En un rato va a seguir la charla con Clarín.La escritora Angela Pradelli ingresó a la Academia Argentina de Letras (AAL). Foto: gentileza.–Titulaste tu discurso en homenaje a Alejandra Pizarnik, «Palabras de este mundo». Te postuló Esther Cross. ¿Tu ingreso es una suerte de renovación, en algún punto, para traer más voces y puntos de vista femeninos a un mundo (también el académico) bastante masculino?–Pizarnik es una poeta que sigue escribiendo para los jóvenes. No pasa eso con cualquier poeta. Pizarnik atraviesa generaciones, épocas, todo. Adolescentes indiferentes a la lectura, ni hablar de la poesía, se sienten conmovidos. Cómo no tomar sus palabras para un título de un texto tan importante de leer para mí. En la Argentina hay muchas escritoras que admiro, Libertad Demitrópulos, a quien también invité a mis clases de Literatura del secundario; Griselda Gambaro; Laura Galarza. La lista sería larguísima. Para mí fue una alegría que me presentara Esther Cross, que es sin duda una de las mejores escritoras actuales.
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Entre aplausos y emoción, Ángela Pradelli se incorporó a la Academia Argentina de Letras
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Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina
Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina
No es una cita al pasar. Funciona, más bien, como una declaración de principios que sobrevuela todo el encuentro. Y también como un punto de tensión. La escena es la presentación de Masones en dictadura, la investigación de Gabriel Darrigran: historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, investigador en el Archivo de la Guerra Civil en Salamanca y colaborador de la revista académica REHMLAC+ de la Universidad de Costa Rica. Su trabajo se apoya en una base poco frecuente: archivos institucionales desclasificados de la propia masonería argentina.Gabriel Darrigran: historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, es autor de Masones en dictadura. Foto: Martín Bonetto.Desde ahí, el libro propone volver sobre las décadas del 60, 70 y comienzos de los 80. Años atravesados por dictaduras, violencia política y, también, por redes de poder que exceden lo local. La masonería –que se reconoce heredera de la tríada libertad, igualdad, fraternidad– aparece en ese recorrido no como un bloque homogéneo, sino como un espacio atravesado por tensiones, negociaciones y zonas grises.El lugar no es neutro. La presentación ocurre en una sede masónica frente a Plaza de Mayo, cargada de una densidad simbólica que no hace falta subrayar. Desde el inicio se instala una idea: “cerrar un círculo”. Hay algo de gesto ritual, pero también de intento historiográfico.A diferencia de lo que ocurrió en varias dictaduras europeas –donde la masonería fue perseguida, clausurada y desmantelada–, en la Argentina del siglo XX su situación fue más ambigua. Hubo momentos de fricción, sobre todo bajo gobiernos de impronta nacionalista o clerical, pero en términos generales logró sostener una existencia legal, casi administrativa, como asociación civil. Su estabilidad, en todo caso, no dependía de una política uniforme sino de algo más volátil: las internas del propio poder militar.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En los años más oscuros, la masonería funcionaba, hacia adentro, con una lógica casi de club: actas, listas de socios, reuniones formales. Circula una anécdota que condensa ese clima: un grupo de masones es detenido en la ruta, bajo sospecha de subversión, hasta que un superior reconoce los símbolos y los deja seguir. No eran clandestinos. Eran, en todo caso, identificables.Redes, dinero y Guerra FríaPara entender el lugar que ocuparon algunos actores masones en la Argentina de los 70, Darrigran propone abrir el foco. La Guerra Fría no fue sólo un enfrentamiento ideológico. Fue también una trama de financiamiento, inteligencia y operaciones encubiertas.En Europa, estructuras clandestinas vinculadas a la OTAN –que se conocerían públicamente años después– canalizaron recursos hacia grupos preparados para una eventual resistencia ante una invasión soviética. En ese entramado, donde circulaban dinero, información y alineamientos políticos, aparece una figura clave: Licio Gelli. No sólo por su pertenencia a la masonería, sino por su capacidad de moverse en distintos niveles de poder.Uno de los momentos en los que esa red asoma con más claridad es el regreso de Juan Domingo Perón al país tras su exilio. «El primer paso que dio en esa dirección fue acercarse al Vaticano. En 1962, Perón solicitó formalmente que se le levantara la excomunión que creía se le había impuesto en junio del 55 –subraya Darrigran en las páginas de Masones en dictadura–. Sin embargo, este gesto de reconciliación no fue suficiente para asegurar su regreso. Necesitaba más apoyos».José López Rega –espiritista, rosacruz y masón– creía que, para asegurar ese retorno, Perón debía contar con el aval de la masonería. “El propio Perón compartía esta creencia, ya que consideraba que la masonería había sido una de las fuerzas conspiradoras que, de alguna forma, habían saboteado su gobierno».La figura que aparece entonces es la de Gelli. “Se trataba de Licio Gelli, un empresario miembro de la entidad masónica Gran Oriente de Italia”, señala Darrigran, mientras proyecta la imagen de Perón junto a quien, desde joven, había adherido al fascismo.»En 1969, el presidente del Gran Oriente de Italia, al verse imposibilitado de gestionar los asuntos administrativos de este grupo encubierto, nombró a Licio Gelli como secretario organizativo de la logia de propaganda masónica –se puede leer en un fragmento–. Así fue como, en 1971, Gelli se le presentó a López Rega en Madrid, como el responsable de la logia Propaganda Due (P2) de Roma».Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.Un punto de inflexiónEn ese marco, una reunión reservada funciona como punto de inflexión. Perón quiere volver a la presidencia y busca saldar viejas tensiones con los masones argentinos. “Era, por tanto, una oportunidad única para revitalizar la masonería argentina, participando activamente en el gobierno de Cámpora”, escribe Darrigran. La hipótesis se sostiene en testimonios judiciales y en trabajos como Vigilia de armas, de Horacio Verbitsky, y sugiere la existencia de canales de diálogo en los meses previos al retorno definitivo.»Todo cambió repentinamente, el 1 de julio de 1974, cuando falleció el presidente de la Nación, conmocionando profundamente a la sociedad argentina –profundiza Darrigran en Masones en dictadura–. Sin embargo, la muerte del líder peronista no frustró por completo el plan conocido sólo por algunos masones de la logia Panamérica. El vínculo clave con el gobierno seguía siendo José López Rega, el hombre de confianza de María Estela. Su influencia sobre la presidenta era tal que, ese mismo año, la mandataria designó a César De la Vega, médico cirujano y Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones entre 1972 y 1975, embajador en Francia».El golpe del 24 de marzo de 1976 abre otro escenario. El Proceso de Reorganización Nacional –uno de los períodos más violentos de la historia argentina– reconfigura también ese entramado. Los planes previos se desarman.“En ese contexto, una vez más la responsabilidad de proteger los intereses de la Gran Logia recaía sobre personas como Alcibíades Lappas –menciona Darrigran–, quien tenía estrechos vínculos con el liberal Emilio Eduardo Massera, integrante de la nueva junta militar”.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En otro pasaje, el autor señala que durante el Proceso “todo parece ir viento en popa para la masonería y en particular con la platense; coincidiendo con la ‘pacificación’ del país por medios non sanctos. Las correctas relaciones institucionales con personajes como Carlos Suárez Mason, Osvaldo Cacciatore y Emilio Massera habían posibilitado un respeto mutuo, impidiendo que los militares se inmiscuyeran en los asuntos masónicos”.El escándalo P2El hallazgo en Italia –en el marco de la investigación por la desaparición del banquero Michele Sindona– expone documentos, archivos y la lista completa de la logia P2. El impacto en Europa es inmediato. En la Argentina, en cambio, la información tarda más en decantar. Pero hay un dato que resuena: entre los nombres aparecen figuras argentinas de peso, como Emilio Eduardo Massera, López Rega y Raúl Lastiri.La P2 no funciona como una logia convencional. Es una estructura paralela, incluso clandestina para la masonería regular. Sus operaciones incluyen espionaje, intervención política y vínculos con servicios de inteligencia de la OTAN y la CIA. La Argentina aparece ahí como un nodo más dentro de una red mayor.»El escándalo llegó a Argentina en mayo de 1981, cuando el periodismo local se percató de que Licio Gelli había sido parte del servicio diplomático argentino desde 1973″, apunta Darrigran. «Para entonces, ya había mucha más información disponible sobre la logia Propaganda Due y sus objetivos..».Décadas más tarde, en 2006, fiscales italianos entregan a Estela de Carlotto bienes incautados a Gelli. Un gesto simbólico que vuelve a cruzar historias.Uno de los tramos más inquietantes conecta esa red internacional con el corazón del aparato represivo. En la ESMA, además de funcionar como centro clandestino de detención, operaba una imprenta donde se falsificaban documentos. El testimonio de Víctor Basterra vuelve concreta esa dimensión: allí se hicieron pasaportes, entre otros, para Licio Gelli. El vínculo ya no es sólo ideológico. Es operativo.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En 1982, en plena guerra de Malvinas, los masones de La Plata se reúnen cerca del regimiento del que habían partido los soldados. El gesto busca inscribirse –aunque sea de manera simbólica– en ese momento. Ese mismo año, al abrirse la piedra fundacional de la ciudad, aparecen medallas masónicas del siglo XIX. La escena alimenta una narrativa de continuidad histórica.La lista de nombres asociados es amplia y heterogénea: Alfredo Palacios, Raúl Alfonsín, José de San Martín, Hipólito Yrigoyen, José Ingenieros, Arturo Jauretche, Adrián Otero, Alfredo Bravo, Manuel Belgrano, Leandro N. Alem.La dictadura, mientras tanto, impone sus propias reglas. La masonería no confronta: se adapta. Una circular interna lo explicita: respetar las leyes, reconocer a las autoridades. En los hechos, eso implica redefinir perfiles: menos estudiantes –demasiado expuestos– y más integrantes de fuerzas de seguridad.El cierre vuelve a la voz inicial. Ricardo Seen retoma la palabra: “La masonería debería estar con el más débil. No puede estar con una dictadura –apunta–. Lo primero que debe hacer es respetar la Constitución, no podemos ir en contra de la Constitución, pero tampoco las leyes pueden ir en contra del ser humano. La masonería es una institución humanista que no tiene que acompañar los cambios, tiene que ser el cambio”. -

Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos
Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos
El camino legal para buscar que Argentina pague por la expropiación de YPF en 2012 se le hizo más estrecho al fondo Burford tras el fallo de la Corte de Apelaciones, el viernes pasado. Una alternativa que blandieron es acudir al tribunal del CIADI, un organismo de arbitraje que la Argentina conoce bien, aunque no por las mejores razones: perdió la amplia mayoría de los casos que afrontó.El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) es un tribunal internacional que depende, en lo administrativo, del Banco Mundial que a su vez es una institución hermana del Fondo Monetario Internacional.Es distinto a un tribunal mundial tradicional como la Corte Internacional de Justicia de la ONU; o la Corte Penal Internacional de La Haya. Es, más bien, un mecanismo de arbitraje entre Estados y empresas cuando existen casos de ruptura de contratos. Está pensado como un marco institucional de acuerdo entre partes.Después de 20 años, en 2025 Argentina dejó de estar en el primer lugar del ránking mundial de los países con más demandas en contra, al perder el lugar con Venezuela.De acuerdo a información del CIADI procesada por el think tank internacional Transnational Institute, en el 86% de los casos en los que estuvo involucrado el Estado argentino, la resolución fue favorable hacia la empresa demandante.Los reclamos ante ese tribunal suelen dispararse por acusaciones de ruptura de contratos, algo que para las inversiones internacionales está garantizado por los TBI (tratado bilateral de inversión). Argentina es el país de la región con más tratados de este tipo, con 48 vigentes, la mayoría firmados durante la década menemista. El 92% de las demandas contra la Argentina provinieron de empresas de los Estados Unidos, Canadá y Europa. Un tercio (22) de todas las demandas contra Argentina viene de inversores estadounidenses, y le siguen España (10), Francia (8) e Italia (6).De los 65 casos que afrontó el país -entre los ya cerrados y los pendientes-, 19 están relacionados a contratos de suministro de energía; 11 a inversiones financieras y otros 10 a agua corriente. Le siguen, más atrás, otros sectores como construcción y minería.El pico de demandas tuvo lugar en 2003, después del fin de la convertibilidad. El cambio de régimen monetario y cambiario que incluyó una devaluación, pesificación y congelamiento de servicios públicos disparó los litigios en el tribunal. Fueron 20 reclamos iniciados solamente ese año. Entre 2002 y 2007 fueron 47 casos abiertos. De los 65 casos iniciados contra la Argentina desde fines de los 90′ recopilados por Transnational Institute, el 51% se definió con un laudo a favor de las empresas, el 35% terminó por un acuerdo entre las partes y solo el 12% finalizó con una sentencia favorable al Estado argentino. Un 2% restante no tuvo resolución hacia ningún lado. «Teniendo en cuenta que un acuerdo entre partes generalmente beneficia de alguna forma al inversor, sea por desembolso de dinero o por la concesión de lo reclamado, puede ser entendido como decisión favorable para el inversor», analizó ese think tank con sede en Países Bajos. De esa forma, el 86% de los casos fueron desfavorables para el Estado argentino.En términos monetarios, todas las demandas iniciadas reclamaron a la Argentina pagar unos US$ 36.800 millones, pero los que tuvieron finalización y laudo implicaron US$ 10.046 millones, hasta noviembre del año pasado. De acuerdo a datos del CIADI, quedan pendientes de resolución siete casos. El último fue abierto en febrero pasado por parte de la empresa italiana Webuild (ex Salini Impregilo).En rigor, esta compañía ya había tenido un laudo favorable en abril de 2025 por un reclamo ante incumplimiento de un contrato de construcción de rutas en las provincias de Entre Ríos y Santa Fe. Pero hace un mes decidió recurrir nuevamente al tribunal. Desde la Procuración del Tesoro no hicieron comentarios ante una consulta de Clarín sobre ese nuevo caso. Los otros casos a resolver son IJM Corporation Berhad (una compañía malaya, por reclamo de congelamiento tarifario en la concesión de autopistas); Abertis (también por autopistas); la norteamericana BA Desarrollos; NN Group (por la nacionalización del sistema previsional) y AES Corporation (por la pesificación de contratos de la represa Alicurá). Entre estos casos suman US$ 1.170 millones.El CIADI no tiene jueces propios, aunque sí un elenco estable de «árbitros» que suelen ser convocados en cada caso, o bien por los demandantes o bien por los Gobiernos nacionales para defenderse. Los tribunales están integrados por un presidente y un representante por lado. Una de las «estrellas» mundiales del arbitraje por diferendos entre inversores y estados es argentino. Se llama Horacio Grigera Naón y participó en 30 casos. La gran mayoría (28), convocado por las empresas demandantes. Solo es superado por la francesa Brigitte Stern, con 31, aunque al contrario, tiene un perfil de defensora de la posición de los estados demandados. -

Sudeste asiático: socios que la Argentina no debería seguir mirando de lejos
Sudeste asiático: socios que la Argentina no debería seguir mirando de lejos
En la conversación pública argentina, el Sudeste Asiático todavía aparece como una región secundaria, casi periférica. Es un error. En un mundo más fragmentado, más competitivo y menos previsible, la Argentina necesita ampliar su mapa comercial y mirar con más atención a una zona que reúne a 684,1 millones de personas, moviliza un comercio de bienes de US$ 3,84 billones y recibió US$ 230,8 mil millones de inversión extranjera directa en 2024.No se trata de exotismo ni de corrección diplomática: se trata de intereses concretos y de una región que ya ocupa un lugar central en la economía global.Para la Argentina, además, hay un dato especialmente revelador. Con varios países del Sudeste Asiático, la relación comercial ha sido en términos generales superavitaria, una señal de que allí no sólo existe demanda, sino también una oportunidad concreta para consolidar exportaciones y ampliar el mapa de destinos. Pero el verdadero punto de fondo excede el balance de la balanza comercial: la región ofrece la posibilidad de tejer relaciones económicas más sofisticadas, menos dependientes de los mercados tradicionales y más integradas a las cadenas de valor que definirán la próxima etapa de la economía global. En el caso de Indonesia, por ejemplo, la propia Cancillería argentina destacó en 2024 que las exportaciones nacionales promediaron US$ 1.700 millones anuales en los últimos tres años, con un amplio superávit para el país.En 2026, además, se cumplen 70 años de relaciones diplomáticas entre la Argentina e Indonesia, una efeméride que invita a pensar el vínculo con mayor ambición. En conversación con el embajador de Indonesia en la Argentina, Sulaiman Syarif, surge una idea central: la relación debería evolucionar desde el simple intercambio comercial hacia una asociación económica estratégica, apoyada en la inversión, el capital y la cooperación productiva. Pero hay otra definición suya que merece ser subrayada: la actual relación económica “no refleja el peso combinado” de ambos países. El dato no es menor: el comercio bilateral alcanzó los US$ 1.720 millones en 2025, con un crecimiento de 4,3% respecto del año anterior.También advierte sobre un obstáculo concreto: todavía persiste un “déficit de conocimiento” entre ambos países, que limita las oportunidades de negocios y de cooperación. Ese diagnóstico merece una atención particular. La inserción internacional de la Argentina ya no puede evaluarse únicamente por su capacidad de exportar, sino también por su aptitud para consolidar presencia, ampliar asociaciones y ganar densidad estratégica en nuevos mercados.El Sudeste Asiático plantea una enseñanza clara: la complementariedad existe, pero no se traduce automáticamente en oportunidades concretas sin presencia, planificación estratégica y perseverancia. Mantener la mirada puesta únicamente en los socios habituales puede resultar funcional en el corto plazo, aunque insuficiente frente a las exigencias de una economía global en plena reconfiguración. -

La República Argentina de las palabras
La República Argentina de las palabras
Ahora se usa mucho la palabra “detonar” como sinónimo y metáfora de muchas cosas. He escuchado “estoy detonada”, “ese teclado está detonado”, “nos detonaron”. Es que el lenguaje es reflejo de los tiempos en que se vive y esta época nació detonada: guerra por todas partes. Ponés el noticiero y dicen “se escuchó una detonación”, “un coche bomba detonó anoche”, y así va todo, detonaciones y más detonaciones, hasta el punto que la palabra se ha vulgarizado, ha perdido su filo.Cuando termino de correr, escucho algún camarada de trote decir “estoy detonado” y uno se imagina que uno de esos drones con IA le cayó en la cabeza. Por suerte no es así, pero la palabreja sigue ganando aceptación. Te invitan a un asado, después del atracón, a la hora de los postres, alguien dice “no puedo más, estoy detonado”.También se emplea como metáfora sexual. He oído “anoche me detonaron”, y lo raro es que no se diga “anoche detonamos”. Da la sensación de que poco a poco nos vamos robotizando, adquiriendo términos más típicos de aparatos cibernéticos que de seres orgánicos.Oficialmente, por suerte, todavía no se emplea. Sería muy raro leer “la economía está detonada”, “hoy se espera un clima detonado en la Patagonia” o “detonaron la sucursal del banco tal”.La República Argentina de las frases y palabras nuevas, vamos a denominarla así.Este siglo veintiuno que se caracteriza por el vuelo de cohetes y misiles, tiene algunos beneficiosos como ese que llegó a Neptuno y nos mostró el relieve increíble de ese planeta. O los que llevarán personas a la Luna o a Marte.También, otros terribles como los que caen sobre ciudades en todas partes del mundo. Todos tienen en común que detonan y como si estuviéramos obligados a ceñirnos a ese devenir de cohetes, misiles y drones, nosotros los humanos detonamos también. Metáfora que llegó para quedarse.Ayer escuché a una madre decirle a su hijito “me tenés detonada”. El niño, de siete años tal vez, la miró con ojos diáfanos e hizo “¡pump!” con los labios, atestiguando que entendía las palabras maternas.¿Qué más nos traerá este siglo veintiuno que ya no es tan nuevo? ¿Qué palabras nos servirán para atestiguar nuestro desconcierto vital?Porque hace rato que venimos diciendo “voy a desconectar”, tal como si fuéramos aparatos. O “me dio tanto susto que me quedé tildado”. O “me dejó en visto”.Cuando llegue al fin la época de los hologramas, de los androides y de los taxis aéreos puedo imaginarme las metáforas que vendrán. Espero que para entonces la palabra “detonar” haya caído en desuso debido a que ya no sea tan común ver cómo vuelan las cosas por el aire. En fin, esperemos que este mundo no detone y que la vida siga siendo bella de a ratos.