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  • Caso de supuesto bullying: Escuela N° 1 “Nicolás Avellaneda” envió una comunicación institucional:

    Caso de supuesto bullying: Escuela N° 1 “Nicolás Avellaneda” envió una comunicación institucional:

    Caso de supuesto bullying: Escuela N° 1 “Nicolás Avellaneda” envió una comunicación institucional:

    En relación con la publicación difundida en redes sociales y portales de comunicación, en la que se exhibe una Certificación de Denuncia radicada en la Comisaría de Minoridad y Violencia Familiar, con fecha 21 de septiembre de 2026, en la que se hace referencia a una docente y a un integrante del equipo directivo de esta institución, la Escuela Nº 1 “Nicolás Avellaneda” considera necesario informar a la comunidad los siguientes aspectos, conforme a la documentación y registros institucionales disponibles.

    PRIMERO: SOBRE LOS HECHOS REFERIDOS EN LA DENUNCIA
    La institución no cuenta con registros institucionales y áulicos que acrediten la existencia de situaciones de bullying, agresiones físicas o verbales, desatención o minimización de situaciones de violencia en los términos en que fueron difundidas públicamente.
    Respecto de la situación comunicada oportunamente por la familia, se realizó el correspondiente registro institucional, se mantuvo una reunión con los progenitores, la docente y un integrante del equipo directivo, y se implementaron las intervenciones pedagógicas correspondientes.
    Además, la institución deja constancia de que las situaciones referidas en la denuncia que habrían ocurrido fuera del ámbito escolar y durante un encuentro de carácter particular no fueron hechos acontecidos dentro de la escuela ni durante actividades escolares.
    Desde la institución se ha procedido conforme a las normas y orientaciones vigentes en materia educativa, convivencia escolar y protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes, entre ellas la Ley de Educación Provincial Nº 9890, la normativa del Consejo General de Educación que resulte aplicable, la Ley Nacional Nº 26.892, de Promoción de la Convivencia y Abordaje de la Conflictividad Social en las Instituciones Educativas, y la Ley Nacional Nº 26.061, de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La Ley Nº 26.892 establece, entre otros principios, el respeto por la dignidad e intimidad, el rechazo a toda forma de hostigamiento y violencia y el abordaje institucional de los conflictos mediante el diálogo.
    SEGUNDO: SOBRE LAS ACTUACIONES INSTITUCIONALES
    La institución sostiene de manera permanente acciones destinadas a la prevención, detección y abordaje de situaciones de violencia, hostigamiento, conflictos y dificultades en la convivencia escolar, promoviendo el respeto, el cuidado y la protección de todos los integrantes de la comunidad educativa.
    Ante las situaciones que son comunicadas por las familias, se generan los espacios institucionales correspondientes para su escucha, registro, análisis e intervención, de acuerdo con las características de cada caso y con las normas vigentes.
    En este sentido, la institución deja constancia de que no se ha desatendido ni minimizado ninguna situación que haya sido formalmente comunicada, procurando en cada oportunidad brindar una respuesta institucional y pedagógica adecuada.
    TERCERO: SOBRE LA SITUACIÓN INVOLUCRADA CON EL PERSONAL DE LA INSTITUCIÓN
    Corresponde señalar que, con anterioridad a la difusión pública de la denuncia, se produjo una situación que involucró a un directivo y una docente de la institución la cuál fue amenazada y hostigada por un masculino padre de un alumno, lo cual dio lugar a la realización de la denuncia correspondiente y medidas ante los organismos competentes.
    Respecto de dicha situación, existe una medida judicial de restricción de acercamiento dictada por autoridad competente, cuya existencia fue oportunamente notificada a las personas e instituciones correspondientes.
    La institución ha procedido en todo momento conforme a las indicaciones y medidas emanadas de las autoridades competentes, priorizando el resguardo de los niños, niñas, docentes, personal y demás integrantes de la comunidad educativa.
    CUARTO: ACCIONES LEGALES
    Las docentes mencionadas manifiestan que se reservan el derecho de ejercer, por fuera del ámbito de la institución educativa y en forma personal, las acciones judiciales, civiles y/o penales que pudieran corresponder respecto de los hechos denunciados y de su eventual difusión pública, todo ello con el asesoramiento y patrocinio de sus abogados particulares.
    La institución, por su parte, reafirma su compromiso con el respeto de los derechos de todos los integrantes de la comunidad educativa y con la actuación de su personal dentro del marco de la normativa vigente. Además, considera fundamental que cualquier situación que involucre a docentes, familias o estudiantes sea canalizada a través de los mecanismos institucionales y organismos competentes, evitando situaciones de intimidación, hostigamiento o exposición pública que puedan afectar a cualquiera de las partes involucradas.
    En relación con las publicaciones realizadas por portales y medios de comunicación digitales, se solicita que, en caso de haber difundido información vinculada con esta situación, otorguen a la presente comunicación institucional la misma posibilidad de difusión, a fin de que la comunidad pueda conocer también la posición y las actuaciones informadas por la institución.
    También se solicita especialmente evitar la identificación de las docentes involucradas, así como cualquier referencia que pueda afectar su honor, intimidad o desempeño profesional, y extremar los recaudos respecto de la identidad y privacidad de los niños y niñas involucrados.
    La institución deja constancia de que la difusión pública de una denuncia no implica, por sí misma, la acreditación de los hechos allí referidos, cuya determinación corresponde a las autoridades competentes, y considera necesario que toda información difundida preserve el derecho de todas las personas involucradas a ser oídas y a que se respeten las garantías correspondientes.
    QUINTO: INTERVENCIÓN DE LAS AUTORIDADES EDUCATIVAS
    La situación ha sido puesta en conocimiento de Supervisión Escolar, de la Dirección Departamental de Escuelas de Uruguay y de las áreas correspondientes del Consejo General de Educación, encontrándose la documentación institucional a disposición de las autoridades competentes.
    La institución continuará colaborando con los organismos que intervengan y aportará la documentación y los registros que sean requeridos.
    Finalmente, la Escuela Nº 1 “Nicolás Avellaneda” reafirma su compromiso con el cuidado y la protección integral de los niños y niñas, con la construcción de una convivencia escolar respetuosa y libre de violencia, y con el acompañamiento de las familias ante las situaciones que requieran intervención institucional.
    Además, expresa su compromiso con el resguardo de los derechos y la integridad de todos los trabajadores de la educación, dentro del marco de las normas y procedimientos correspondientes.
    Escuela Nº 1 “Nicolás Avellaneda”
    Concepción del Uruguay, Entre Ríos 23/09/2026.
     
     

  • Denuncian a una institución educativa de Concepción del Uruguay por un presunto caso de bullying – Arriba Noticias

    Denuncian a una institución educativa de Concepción del Uruguay por un presunto caso de bullying – Arriba Noticias

    Denuncian a una institución educativa de Concepción del Uruguay por un presunto caso de bullying – Arriba Noticias

    La presentación fue realizada este lunes ante la Comisaría de Minoridad y Violencia Familiar. Los padres manifestaron que decidieron recurrir a las autoridades luego de mantener distintas reuniones con integrantes del establecimiento sin encontrar, según su versión, una respuesta que permitiera poner fin a las situaciones que afectaban al menor.

    Cambios de conducta y temor al ingresar

    De acuerdo con lo expresado por la familia en la denuncia, el niño comenzó a presentar importantes cambios de conducta. Su madre relató que el pequeño ingresaba al establecimiento con temor y que en algunas ocasiones necesitaba ser acompañado de la mano.

    Ante esta situación, los padres decidieron realizar una consulta psicológica. Según señalaron, el profesional habría determinado que el menor atravesaba una situación vinculada con episodios de hostigamiento protagonizados presuntamente por dos compañeros.

    La familia sostiene que las agresiones incluían golpes, empujones, caídas al piso, burlas e insultos, y que algunos de estos episodios se habrían producido cuando los niños seguían al menor hasta el sector de los baños.

    Reclamos y conflicto con adultos

    Los progenitores aseguraron que informaron reiteradamente lo ocurrido a la docente a cargo del grado y a integrantes del equipo directivo, solicitando que se adoptaran medidas para proteger al niño.

    Siempre según el relato incorporado a la denuncia, desde la institución se habría minimizado la gravedad de los episodios y no se habrían implementado las medidas que la familia consideraba necesarias para evitar nuevas situaciones de violencia.

    El conflicto posteriormente se trasladó al ámbito de los adultos. Según los denunciantes, la docente habría realizado una presentación contra la madre del menor luego de uno de los reclamos efectuados por la situación, derivando en una medida de restricción perimetral.

    La familia cuestionó que el eje del conflicto terminara centrado en el enfrentamiento entre adultos mientras, según su planteo, continuaba sin resolverse la problemática que afectaba al niño.

    Solicitan que se investigue lo ocurrido

    En la presentación policial, los padres solicitaron que se adopten medidas para resguardar al menor y que se determinen las eventuales responsabilidades que pudieran corresponder por los hechos denunciados.

    La situación quedó ahora en manos de las autoridades competentes, que deberán analizar lo ocurrido, evaluar los elementos aportados por la familia y determinar si existieron responsabilidades por parte de quienes fueron señalados en la denuncia.

    Al tratarse de una investigación en curso, las acusaciones formuladas por los padres deberán ser corroboradas por las autoridades correspondientes.

  • Caso de supuesto bullying: Escuela N° 1 “Nicolás Avellaneda” envió una comunicación institucional:

    Grave denuncia contra una escuela de Concepción del Uruguay por ignorar un caso de bullying hacia un menor de 7 años

    Grave denuncia contra una escuela de Concepción del Uruguay por ignorar un caso de bullying hacia un menor de 7 años

     

    Una pareja de vecinos de Concepción del Uruguay radicó una formal denuncia policial contra las autoridades y una docente de la Escuela N.º 1 «Nicolás Avellaneda», acusándolas de inacción, negligencia y de minimizar reiterados episodios de violencia física y verbal sufridos por su hijo de apenas 7 años dentro del establecimiento educativo.
    La presentación ante las autoridades policiales de Comisaría de Minoridad y Violencia Familiar fue concretada este lunes por los padres del niño afectado, quienes decidieron acudir a la Justicia cansados de no obtener respuestas institucionales frente al acoso sistemático que padece el menor.
    Acoso en los baños y secuelas psicológicas
    De acuerdo a lo expresado en la exposición, el menor —quien concurre a la institución desde el nivel inicial y realiza múltiples actividades recreativas y deportivas sin inconveniente alguno— comenzó a presentar severos cambios de conducta. Según el relato de la madre, el niño ingresaba al colegio «temblando de miedo» y solicitaba ser acompañado de la mano hasta el interior del edificio.
    Ante el alarmante cuadro, los padres decidieron consultar con un psicólogo. Tras las evaluaciones correspondientes, el profesional descartó problemas de celos familiares y advirtió sobre un escenario mucho más grave: el menor era víctima de agresiones constantes por parte de dos compañeros, quienes lo seguían hasta el sector de los baños para golpearlo, tirarlo al piso y someterlo a burlas e insultos continuos.
    Inacción institucional y un conflicto que derivó en restricción
    A pesar de las reiteradas reuniones mantenidas con la maestra de grado y la vicerrectora del establecimiento, las autoridades habrían restado importancia a lo sucedido, calificando los episodios como «situaciones menores» y sin aplicar protocolos ni medidas disciplinarias hacia los agresores o sus progenitores.
    La situación alcanzó un punto de máxima tensión cuando, tras reclamar enfáticamente que se adoptaran medidas concretas para proteger la integridad del alumno, la docente optó por denunciar a la madre del niño, logrando que se le impusiera una medida de restricción perimetral.
    «Considero que, con la gravedad del asunto y la nula importancia que le dieron a la situación, tanto la maestra como la vicerrectora se desligaron del problema real para desencadenarlo en un problema de adultos», manifestaron los denunciantes en la exposición.
    Pedido de medidas urgentes
    En el escrito policial, los progenitores remarcaron la peligrosidad de desatender las problemáticas ligadas al acoso escolar en edades tan tempranas y responsabilizaron de manera directa a la conducción del colegio, a la docente a cargo y a los padres de los niños agresores por el daño psicológico ocasionado al menor de 7 años.
    El caso quedó bajo la órbita de las autoridades correspondientes para evaluar las responsabilidades administrativas y penales del personal docente e institucional involucrado.
     

  • “Cine y Tu Escuela” llevó el debate sobre bullying a las aulas

    “Cine y Tu Escuela” llevó el debate sobre bullying a las aulas

    “Cine y Tu Escuela” llevó el debate sobre bullying a las aulas

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    Durante el mes de abril, el programa que lleva adelante la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Concepción del Uruguay junto al Instituto Audiovisual de Entre Ríos, denominado “El Cine y Tu Escuela”, desarrolló jornadas de proyecciones en instituciones educativas, con el objetivo de abordar una problemática cada vez más presente en la vida escolar: el bullying.
    Las actividades se llevaron a cabo a pedido de docentes y equipos directivos, quienes manifestaron la necesidad de generar espacios de reflexión y diálogo con los estudiantes a partir de herramientas pedagógicas innovadoras como el cine.
    A través de la proyección de películas especialmente seleccionadas y el posterior intercambio en el aula, se promovió la participación activa de los estudiantes, fomentando el pensamiento crítico, la empatía y la construcción de vínculos más saludables.
    Las instituciones que participaron de esta iniciativa fueron: Escuela N° 116 “Cabo C. M. Pereyra”, Escuela N° 31 “José de San Martín”, Escuela N° 93 “Santiago del Estero”, Escuela N° 15 “Claudio Lepratti”, EET N° 3 Dr. “Miguel Ángel Marsiglia”, Escuela N° 27 “Entre Ríos” y Escuela N° 98 “Santa María Goretti”.
    De esta forma, el programa “Cine y Tu Escuela”, impulsado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad, continúa consolidándose como una propuesta que acerca el lenguaje audiovisual a las aulas, permitiendo trabajar temáticas sociales relevantes desde una perspectiva dinámica y cercana a los jóvenes.
    Estas experiencias no sólo fortalecen el rol de la escuela como espacio de contención, sino que también brindan herramientas concretas para prevenir situaciones de violencia, promoviendo el respeto, la inclusión y la convivencia.
    La agenda de proyecciones continúa durante mayo, las escuelas interesadas pueden inscribirse en https://surl.li/zrxzei

  • «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    El caso del alumno que fue armado este lunes con una escopeta a un colegio de la ciudad de San Cristóbal, en Santa Fe, donde mató a otro adolescente, no es aislado: se han repetido en los últimos años numerosos incidentes que reflejan la violencia social de la que no están exentas las escuelas.Entre los dos más resonantes, ambos en la provincia de Buenos Aires, figuran los de «Pantriste» en Rafael Calzada y de «Juniors» en Carmen de Patagones, que terminaron con uno y tres estudiantes muertos, respectivamente.El caso de «Pantriste»El 4 de agosto de 2000, Javier Romero, de 19 años, asesinó de un balazo a un compañero e hirió a otro a la salida de un colegio de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown.En una nota publicada por Clarín a los 15 años de este episodio, se indicó que el adolescente era alto y flaco, desgarbado, de andar cansino, por lo que sus compañeros de primer año del Polimodal lo habían apodado «Pantriste», como el personaje tímido de una película animada de García Ferré que había salido un mes antes.La detención de «Pantriste»,Todos lo describían como un chico tímido, silencioso, que arrastraba los pies al caminar. Se sentaba en la última fila de bancos. “Lo cargábamos mucho, porque era medio raro. Para mí que estaba loco”, le decía a este diario con crudeza Fátima, una compañera de curso, horas después del drama.Aquel mediodía de agosto, Romero fue al colegio con un revólver Pasper calibre 22 que le había sacado a su mamá. Pasó cinco horas en la escuela con el arma.Poco después de las 13, cuando él y sus compañeros salieron a la calle, se paró en la vereda de la escuela y gritó: “Me voy a hacer respetar”. Entonces comenzó a disparar.La primera bala fue para Mauricio Salvador, de 16 años. Le pegó en la cabeza. Con el estallido, todos salieron corriendo. Unos 30 chicos corriendo desesperados para todos lados. Entonces se escuchó el segundo disparo. Le tocó a Gabriel “Api” Ferrari, de 18 años. La bala le atravesó la cabeza por detrás de una oreja, pero no perdió el conocimiento y pudo seguir.La mamá de Mauricio Salvador, en el juicio al acusado, en 2003.Muchos de los chicos que escapaban se refugiaron en un quiosco a 20 metros del colegio. La dueña, Rosario Villafañe, abrió la puerta para que entraran, mientras Romero seguía disparando. Ella misma trató de llamar a la comisaría. No pudo y terminó avisando a los bomberos de Claypole. Luego le relató a Clarín: “Colgué el teléfono y me fui para la escuela. El chiquito seguía tirado en la vereda y se le notaba el balazo en la cabeza. Abría los ojos de vez en cuando. ‘Aguantá que ya viene la ambulancia’, le dije una y otra vez”.Romero se fue corriendo y tiró el arma a un arroyo cercano. La Policía lo buscó primero en su casa de San José. La mamá (su papá había muerto unos meses antes) llevó a los agentes a donde se encontraba, en la casa de un primo cerca de la escuela.Mauricio Salvador murió dos días después, en el hospital Fiorito de Avellaneda. Gabriel Ferrari tuvo suerte. La bala penetró entre el cuero cabelludo y el hueso, sin perforar la cavidad craneana. Estuvo en observación y fue dado de alta.Romero fue juzgado en marzo de 2003. Con pruebas irrefutables, lo único en discusión era si estaba consciente de lo que hacía o no. Hubo más de 20 testigos, pero los más importantes eran los peritos médicos. La escuela de Rafael Calzada donde fue el ataque.El chico al que apodaban “Pantriste” esperó el juicio detenido primero en la comisaría de Rafael Calzada, luego en el temible penal de Sierra Chica. Finalmente en Dolores.En abril de ese año, con mucha polémica, fue absuelto por el Tribunal Oral N° 6 de Lomas de Zamora. Lo consideraron inimputable y ordenaron su internación y tratamiento.Una de las frases de la sentencia resonó con gravedad: “Estamos en presencia de una tragedia, de una profunda y enorme tragedia que va a acompañar a todos quienes la vivieron”. Para el tribunal, Romero mostraba “una tendencia a la acumulación de ira y eso provocó un quiebre”.Con los testimonios de dos psiquiatras forenses, los jueces adujeron que no comprendió la criminalidad de sus actos porque tuvo un brote de locura. “Y el psicótico no tiene culpa porque no vulnera la ley. Para él no hay ley”.El caso abrió los ojos sobre el bullying y el acoso escolar en una sociedad quebrada, pero no motivó mucho a la acción oficial. Eso recién ocurrió cuatro años después, cuando un chico al que apodaban «Juniors» (en realidad, era su segundo nombre), mató a tres compañeros e hirió a otros cinco con un arma en una escuela de Carmen de Patagones. Fue la primera masacre escolar en América latina. Cruel coincidencia, a Juniors también le decían, a veces, Pantriste.El caso de «Juniors»Esa fría mañana del 28 de septiembre de 2004, Rodrigo Torres no quería ir al colegio, pero su mamá le aconsejó guardarse la falta para otro día. Cuando entró al aula de la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas”, en Carmen de Patagones, Nicolás Leonardi le hizo un comentario de fútbol y otra compañera le señaló el extraño camperón que llevaba puesto el chico que, segundos después, se paró frente al pizarrón, sacó un arma y vació el cargador.Juniors mató a tres compañeros y baleó a otros cinco. Le faltaba un mes para cumplir los 16 años y fue declarado inimputable. Pasó por un instituto de menores y estuvo internado en una clínica psiquiátrica. Hoy su paradero es un secreto guardado por la Justicia.Video Al día de hoy, los familiares continúan buscando justicia, ya que Juniors fue declarado inimputable por su edadLa masacre que Juniors ejecutó con la pistola Browning 9 milímetros de su papá, suboficial de Prefectura Naval, fue la primera en una escuela de Latinoamérica.Los intentos de explicar el origen de la masacre fueron variados. Los peritos que entrevistaron a Juniors reconstruyeron una vida marcada por la violencia familiar y desprecio hacia los demás. Él aseguró que se sentía discriminado por sus pares desde que iba al jardín de infantes. Contó que lo cargaban y que tenía fantasías sangrientas desde 7° grado. También dijo que padecía el autoritarismo de su padre y las presiones por su rendimiento escolar.Pero nunca dio un por qué.Cuatro meses antes de la masacre, su papá había pedido una reunión con el gabinete psicopedagógico de la escuela. Fue luego de haber encontrado en la pieza de su hijo dibujos de una cruz esvástica y el nombre de Hitler escrito en una caja donde guardaba sus cassettes, según reconstruyeron a través de fuentes y relatos incorporados al expediente los periodistas Pablo Morosi y Miguel Braillard en el libro “Juniors”.Una imagen de Rafael Juniors Solich publicada por la revista Gente en 2014, a 10 años de la masacre.En la lista de preocupaciones de los padres del autor de la masacre también figuraban sus cambios de conductas. Aunque nunca había sido muy sociable, se mostraba cada vez más hermético. Jugaba poco al fútbol, deporte que había practicado desde chico, y pasaba horas encerrado en su cuarto.Los encuentros con los profesionales de la escuela se repitieron en al menos otras dos ocasiones, pero no se tomaron medidas.Según reconstruyeron los autores de “Juniors”, el 27 de septiembre de 2004 el autor de la masacre tuvo una fuerte pelea con su papá. La discusión incluyó gritos, insultos y amenazas de golpes. El adolescente se encerró en su cuarto y recién salió cuando el suboficial de Prefectura fue a llevar a su esposa al restorán en el que trabajaba. Fue hasta la habitación de los padres y tomó la pistola que estaba guardada en un armario. También agarró tres cargadores y un cuchillo. Luego escondió todo abajo de su cama.Uno de los cuerpos de los alumnos asesinados.Esa noche durmió poco. La mañana siguiente se levantó como si fuera un día más, se cambió y partió rumbo a la escuela. Era un trayecto corto, de apenas cinco cuadras. Cuando llegó había unos pocos compañeros en el aula de 1° B del polimodal, equivalente al 4° año de la secundaria actual. Dejó sus cosas en el pupitre y fue a formar al salón central del colegio.Luego de que se izara la bandera, los alumnos volvieron al aula. Nadie notó nada raro en Juniors, pero él ya tenía decidido lo que iba a hacer. Antes de que llegara la preceptora para tomar lista, se paró en el pizarrón, de frente a los bancos, sacó su arma y empezó a tirar.VideoHace 15 años un adolescente mató a tres compañeros y baleó a otros cinco.
    “Me agaché y quedé duro mirando el piso. Pedía por favor que pararan los ruidos. Después, por un grito, me levanté y salté a una compañera que se movía, que se estaba tambaleando. Rodrigo estaba parado, me estaba dando la espalda, entonces lo abracé y salimos caminando despacio. Rodrigo me dijo: ‘mirá lo que me hizo este hijo de puta’, y le empezó a salir sangre por la boca. Ahí es cuando sentí la ropa pesada y me di cuenta que a mí también me había pegado un tiro”, reconstruyó Nicolás.Después de agotar las balas, Juniors salió al pasillo y colocó el segundo cargador. Alcanzó a disparar una vez más hasta que se le trabó la pistola. Dante, su único amigo, lo empujó por la espalda y logró desarmarlo. Juniors estalló en llanto.En la escuela todo era caos. Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda murieron dentro del aula. Nicolás y Rodrigo salieron como pudieron y pidieron ayuda. La lista de heridos la completaron Pablo Saldías, Natalia Salomón y Cintia Casasola. Pablo fue el que más grave estuvo: pasó tres días en coma y como consecuencia de los disparos perdió un riñón y el bazo. Todos tenían entre 15 y 16 años.El recuerdo para las víctimas en el colegio de la masacre,.Horas después de ser detenido, Juniors se sentó frente a la jueza Alicia Ramallo, titular del Juzgado de Menores N° 1 de Bahía Blanca. Le preguntaron si sabía lo que había hecho. “No me di cuenta de lo que hice, se me nubló la vista y disparé. Ahora tomo conciencia por lo que usted me dice”, respondió. Finalmente fue declarado inimputable.En Carmen de Patagones, una ciudad de 20 mil habitantes ubicada en el límite de Buenos Aires con Río Negro, la masacre sigue siendo una herida abierta. Los vecinos prefieren evitar el tema y aseguran que nunca más vieron a la familia de Juniors.