Etiqueta: casos

  • Autismo: ONGs advierten por el fuerte aumento de casos y reclaman estadísticas oficiales en Argentina

    Autismo: ONGs advierten por el fuerte aumento de casos y reclaman estadísticas oficiales en Argentina

    Autismo: ONGs advierten por el fuerte aumento de casos y reclaman estadísticas oficiales en Argentina

    En el marco del Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo, siete organizaciones de la sociedad civil alertaron sobre el crecimiento sostenido de los casos y reclamaron la generación de estadísticas oficiales en la Argentina para poder diseñar políticas públicas adecuadas.El planteo se dio durante la jornada “Miradas que conectan”, realizada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde presentaron un documento conjunto con una serie de advertencias y propuestas.Según señalaron, la prevalencia del autismo a nivel internacional mostró un aumento significativo en las últimas décadas: pasó de 1 cada 150 niños en el año 2000 a 1 cada 31 en la actualidad, lo que implica un crecimiento superior al 400%.En ese contexto, remarcaron que el autismo “ya no es una realidad aislada”, sino una condición presente en la vida cotidiana que atraviesa a familias y comunidades en distintos ámbitos.Uno de los principales puntos del documento que difundieron es la falta de datos oficiales en el país. Las organizaciones sostienen que esta ausencia impide dimensionar el fenómeno, proyectar su evolución y planificar respuestas estatales.“Sin datos no hay políticas públicas posibles. Necesitamos que el autismo forme parte de las estadísticas oficiales para poder dar respuestas reales”, señalaron desde las entidades firmantes.Como medida prioritaria, propusieron incorporar de manera progresiva indicadores sobre autismo y otras neurodivergencias en relevamientos existentes, como los del INDEC, y en los sistemas de información de salud y educación.Además, plantearon la necesidad de avanzar hacia políticas públicas integrales y sostenidas en el tiempo, que garanticen el acceso a prestaciones, apoyos y derechos frente a una demanda social en crecimiento.El documento fue impulsado por organizaciones como TEActiva, Brincar, APAdeA, PANAACEA, Amigos en Movimiento y Empujando Límites, entre otras, en el marco de la Semana Azul 2026.Se trata de una iniciativa que busca visibilizar el autismo y promover una cultura basada en la convivencia, la empatía y la inclusión, en un contexto en el que -según coinciden- la sociedad ya reconoce el problema y exige respuestas concretas.

  • Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos

    Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos

    Juicio por YPF: la Argentina es el segundo país con más demandas en el tribunal del CIADI y perdió el 85% de los casos

    El camino legal para buscar que Argentina pague por la expropiación de YPF en 2012 se le hizo más estrecho al fondo Burford tras el fallo de la Corte de Apelaciones, el viernes pasado. Una alternativa que blandieron es acudir al tribunal del CIADI, un organismo de arbitraje que la Argentina conoce bien, aunque no por las mejores razones: perdió la amplia mayoría de los casos que afrontó.El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) es un tribunal internacional que depende, en lo administrativo, del Banco Mundial que a su vez es una institución hermana del Fondo Monetario Internacional.Es distinto a un tribunal mundial tradicional como la Corte Internacional de Justicia de la ONU; o la Corte Penal Internacional de La Haya. Es, más bien, un mecanismo de arbitraje entre Estados y empresas cuando existen casos de ruptura de contratos. Está pensado como un marco institucional de acuerdo entre partes.Después de 20 años, en 2025 Argentina dejó de estar en el primer lugar del ránking mundial de los países con más demandas en contra, al perder el lugar con Venezuela.De acuerdo a información del CIADI procesada por el think tank internacional Transnational Institute, en el 86% de los casos en los que estuvo involucrado el Estado argentino, la resolución fue favorable hacia la empresa demandante.Los reclamos ante ese tribunal suelen dispararse por acusaciones de ruptura de contratos, algo que para las inversiones internacionales está garantizado por los TBI (tratado bilateral de inversión). Argentina es el país de la región con más tratados de este tipo, con 48 vigentes, la mayoría firmados durante la década menemista. El 92% de las demandas contra la Argentina provinieron de empresas de los Estados Unidos, Canadá y Europa. Un tercio (22) de todas las demandas contra Argentina viene de inversores estadounidenses, y le siguen España (10), Francia (8) e Italia (6).De los 65 casos que afrontó el país -entre los ya cerrados y los pendientes-, 19 están relacionados a contratos de suministro de energía; 11 a inversiones financieras y otros 10 a agua corriente. Le siguen, más atrás, otros sectores como construcción y minería.El pico de demandas tuvo lugar en 2003, después del fin de la convertibilidad. El cambio de régimen monetario y cambiario que incluyó una devaluación, pesificación y congelamiento de servicios públicos disparó los litigios en el tribunal. Fueron 20 reclamos iniciados solamente ese año. Entre 2002 y 2007 fueron 47 casos abiertos. De los 65 casos iniciados contra la Argentina desde fines de los 90′ recopilados por Transnational Institute, el 51% se definió con un laudo a favor de las empresas, el 35% terminó por un acuerdo entre las partes y solo el 12% finalizó con una sentencia favorable al Estado argentino. Un 2% restante no tuvo resolución hacia ningún lado. «Teniendo en cuenta que un acuerdo entre partes generalmente beneficia de alguna forma al inversor, sea por desembolso de dinero o por la concesión de lo reclamado, puede ser entendido como decisión favorable para el inversor», analizó ese think tank con sede en Países Bajos. De esa forma, el 86% de los casos fueron desfavorables para el Estado argentino.En términos monetarios, todas las demandas iniciadas reclamaron a la Argentina pagar unos US$ 36.800 millones, pero los que tuvieron finalización y laudo implicaron US$ 10.046 millones, hasta noviembre del año pasado. De acuerdo a datos del CIADI, quedan pendientes de resolución siete casos. El último fue abierto en febrero pasado por parte de la empresa italiana Webuild (ex Salini Impregilo).En rigor, esta compañía ya había tenido un laudo favorable en abril de 2025 por un reclamo ante incumplimiento de un contrato de construcción de rutas en las provincias de Entre Ríos y Santa Fe. Pero hace un mes decidió recurrir nuevamente al tribunal. Desde la Procuración del Tesoro no hicieron comentarios ante una consulta de Clarín sobre ese nuevo caso. Los otros casos a resolver son IJM Corporation Berhad (una compañía malaya, por reclamo de congelamiento tarifario en la concesión de autopistas); Abertis (también por autopistas); la norteamericana BA Desarrollos; NN Group (por la nacionalización del sistema previsional) y AES Corporation (por la pesificación de contratos de la represa Alicurá). Entre estos casos suman US$ 1.170 millones.El CIADI no tiene jueces propios, aunque sí un elenco estable de «árbitros» que suelen ser convocados en cada caso, o bien por los demandantes o bien por los Gobiernos nacionales para defenderse. Los tribunales están integrados por un presidente y un representante por lado. Una de las «estrellas» mundiales del arbitraje por diferendos entre inversores y estados es argentino. Se llama Horacio Grigera Naón y participó en 30 casos. La gran mayoría (28), convocado por las empresas demandantes. Solo es superado por la francesa Brigitte Stern, con 31, aunque al contrario, tiene un perfil de defensora de la posición de los estados demandados.

  • «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    El caso del alumno que fue armado este lunes con una escopeta a un colegio de la ciudad de San Cristóbal, en Santa Fe, donde mató a otro adolescente, no es aislado: se han repetido en los últimos años numerosos incidentes que reflejan la violencia social de la que no están exentas las escuelas.Entre los dos más resonantes, ambos en la provincia de Buenos Aires, figuran los de «Pantriste» en Rafael Calzada y de «Juniors» en Carmen de Patagones, que terminaron con uno y tres estudiantes muertos, respectivamente.El caso de «Pantriste»El 4 de agosto de 2000, Javier Romero, de 19 años, asesinó de un balazo a un compañero e hirió a otro a la salida de un colegio de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown.En una nota publicada por Clarín a los 15 años de este episodio, se indicó que el adolescente era alto y flaco, desgarbado, de andar cansino, por lo que sus compañeros de primer año del Polimodal lo habían apodado «Pantriste», como el personaje tímido de una película animada de García Ferré que había salido un mes antes.La detención de «Pantriste»,Todos lo describían como un chico tímido, silencioso, que arrastraba los pies al caminar. Se sentaba en la última fila de bancos. “Lo cargábamos mucho, porque era medio raro. Para mí que estaba loco”, le decía a este diario con crudeza Fátima, una compañera de curso, horas después del drama.Aquel mediodía de agosto, Romero fue al colegio con un revólver Pasper calibre 22 que le había sacado a su mamá. Pasó cinco horas en la escuela con el arma.Poco después de las 13, cuando él y sus compañeros salieron a la calle, se paró en la vereda de la escuela y gritó: “Me voy a hacer respetar”. Entonces comenzó a disparar.La primera bala fue para Mauricio Salvador, de 16 años. Le pegó en la cabeza. Con el estallido, todos salieron corriendo. Unos 30 chicos corriendo desesperados para todos lados. Entonces se escuchó el segundo disparo. Le tocó a Gabriel “Api” Ferrari, de 18 años. La bala le atravesó la cabeza por detrás de una oreja, pero no perdió el conocimiento y pudo seguir.La mamá de Mauricio Salvador, en el juicio al acusado, en 2003.Muchos de los chicos que escapaban se refugiaron en un quiosco a 20 metros del colegio. La dueña, Rosario Villafañe, abrió la puerta para que entraran, mientras Romero seguía disparando. Ella misma trató de llamar a la comisaría. No pudo y terminó avisando a los bomberos de Claypole. Luego le relató a Clarín: “Colgué el teléfono y me fui para la escuela. El chiquito seguía tirado en la vereda y se le notaba el balazo en la cabeza. Abría los ojos de vez en cuando. ‘Aguantá que ya viene la ambulancia’, le dije una y otra vez”.Romero se fue corriendo y tiró el arma a un arroyo cercano. La Policía lo buscó primero en su casa de San José. La mamá (su papá había muerto unos meses antes) llevó a los agentes a donde se encontraba, en la casa de un primo cerca de la escuela.Mauricio Salvador murió dos días después, en el hospital Fiorito de Avellaneda. Gabriel Ferrari tuvo suerte. La bala penetró entre el cuero cabelludo y el hueso, sin perforar la cavidad craneana. Estuvo en observación y fue dado de alta.Romero fue juzgado en marzo de 2003. Con pruebas irrefutables, lo único en discusión era si estaba consciente de lo que hacía o no. Hubo más de 20 testigos, pero los más importantes eran los peritos médicos. La escuela de Rafael Calzada donde fue el ataque.El chico al que apodaban “Pantriste” esperó el juicio detenido primero en la comisaría de Rafael Calzada, luego en el temible penal de Sierra Chica. Finalmente en Dolores.En abril de ese año, con mucha polémica, fue absuelto por el Tribunal Oral N° 6 de Lomas de Zamora. Lo consideraron inimputable y ordenaron su internación y tratamiento.Una de las frases de la sentencia resonó con gravedad: “Estamos en presencia de una tragedia, de una profunda y enorme tragedia que va a acompañar a todos quienes la vivieron”. Para el tribunal, Romero mostraba “una tendencia a la acumulación de ira y eso provocó un quiebre”.Con los testimonios de dos psiquiatras forenses, los jueces adujeron que no comprendió la criminalidad de sus actos porque tuvo un brote de locura. “Y el psicótico no tiene culpa porque no vulnera la ley. Para él no hay ley”.El caso abrió los ojos sobre el bullying y el acoso escolar en una sociedad quebrada, pero no motivó mucho a la acción oficial. Eso recién ocurrió cuatro años después, cuando un chico al que apodaban «Juniors» (en realidad, era su segundo nombre), mató a tres compañeros e hirió a otros cinco con un arma en una escuela de Carmen de Patagones. Fue la primera masacre escolar en América latina. Cruel coincidencia, a Juniors también le decían, a veces, Pantriste.El caso de «Juniors»Esa fría mañana del 28 de septiembre de 2004, Rodrigo Torres no quería ir al colegio, pero su mamá le aconsejó guardarse la falta para otro día. Cuando entró al aula de la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas”, en Carmen de Patagones, Nicolás Leonardi le hizo un comentario de fútbol y otra compañera le señaló el extraño camperón que llevaba puesto el chico que, segundos después, se paró frente al pizarrón, sacó un arma y vació el cargador.Juniors mató a tres compañeros y baleó a otros cinco. Le faltaba un mes para cumplir los 16 años y fue declarado inimputable. Pasó por un instituto de menores y estuvo internado en una clínica psiquiátrica. Hoy su paradero es un secreto guardado por la Justicia.Video Al día de hoy, los familiares continúan buscando justicia, ya que Juniors fue declarado inimputable por su edadLa masacre que Juniors ejecutó con la pistola Browning 9 milímetros de su papá, suboficial de Prefectura Naval, fue la primera en una escuela de Latinoamérica.Los intentos de explicar el origen de la masacre fueron variados. Los peritos que entrevistaron a Juniors reconstruyeron una vida marcada por la violencia familiar y desprecio hacia los demás. Él aseguró que se sentía discriminado por sus pares desde que iba al jardín de infantes. Contó que lo cargaban y que tenía fantasías sangrientas desde 7° grado. También dijo que padecía el autoritarismo de su padre y las presiones por su rendimiento escolar.Pero nunca dio un por qué.Cuatro meses antes de la masacre, su papá había pedido una reunión con el gabinete psicopedagógico de la escuela. Fue luego de haber encontrado en la pieza de su hijo dibujos de una cruz esvástica y el nombre de Hitler escrito en una caja donde guardaba sus cassettes, según reconstruyeron a través de fuentes y relatos incorporados al expediente los periodistas Pablo Morosi y Miguel Braillard en el libro “Juniors”.Una imagen de Rafael Juniors Solich publicada por la revista Gente en 2014, a 10 años de la masacre.En la lista de preocupaciones de los padres del autor de la masacre también figuraban sus cambios de conductas. Aunque nunca había sido muy sociable, se mostraba cada vez más hermético. Jugaba poco al fútbol, deporte que había practicado desde chico, y pasaba horas encerrado en su cuarto.Los encuentros con los profesionales de la escuela se repitieron en al menos otras dos ocasiones, pero no se tomaron medidas.Según reconstruyeron los autores de “Juniors”, el 27 de septiembre de 2004 el autor de la masacre tuvo una fuerte pelea con su papá. La discusión incluyó gritos, insultos y amenazas de golpes. El adolescente se encerró en su cuarto y recién salió cuando el suboficial de Prefectura fue a llevar a su esposa al restorán en el que trabajaba. Fue hasta la habitación de los padres y tomó la pistola que estaba guardada en un armario. También agarró tres cargadores y un cuchillo. Luego escondió todo abajo de su cama.Uno de los cuerpos de los alumnos asesinados.Esa noche durmió poco. La mañana siguiente se levantó como si fuera un día más, se cambió y partió rumbo a la escuela. Era un trayecto corto, de apenas cinco cuadras. Cuando llegó había unos pocos compañeros en el aula de 1° B del polimodal, equivalente al 4° año de la secundaria actual. Dejó sus cosas en el pupitre y fue a formar al salón central del colegio.Luego de que se izara la bandera, los alumnos volvieron al aula. Nadie notó nada raro en Juniors, pero él ya tenía decidido lo que iba a hacer. Antes de que llegara la preceptora para tomar lista, se paró en el pizarrón, de frente a los bancos, sacó su arma y empezó a tirar.VideoHace 15 años un adolescente mató a tres compañeros y baleó a otros cinco.
    “Me agaché y quedé duro mirando el piso. Pedía por favor que pararan los ruidos. Después, por un grito, me levanté y salté a una compañera que se movía, que se estaba tambaleando. Rodrigo estaba parado, me estaba dando la espalda, entonces lo abracé y salimos caminando despacio. Rodrigo me dijo: ‘mirá lo que me hizo este hijo de puta’, y le empezó a salir sangre por la boca. Ahí es cuando sentí la ropa pesada y me di cuenta que a mí también me había pegado un tiro”, reconstruyó Nicolás.Después de agotar las balas, Juniors salió al pasillo y colocó el segundo cargador. Alcanzó a disparar una vez más hasta que se le trabó la pistola. Dante, su único amigo, lo empujó por la espalda y logró desarmarlo. Juniors estalló en llanto.En la escuela todo era caos. Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda murieron dentro del aula. Nicolás y Rodrigo salieron como pudieron y pidieron ayuda. La lista de heridos la completaron Pablo Saldías, Natalia Salomón y Cintia Casasola. Pablo fue el que más grave estuvo: pasó tres días en coma y como consecuencia de los disparos perdió un riñón y el bazo. Todos tenían entre 15 y 16 años.El recuerdo para las víctimas en el colegio de la masacre,.Horas después de ser detenido, Juniors se sentó frente a la jueza Alicia Ramallo, titular del Juzgado de Menores N° 1 de Bahía Blanca. Le preguntaron si sabía lo que había hecho. “No me di cuenta de lo que hice, se me nubló la vista y disparé. Ahora tomo conciencia por lo que usted me dice”, respondió. Finalmente fue declarado inimputable.En Carmen de Patagones, una ciudad de 20 mil habitantes ubicada en el límite de Buenos Aires con Río Negro, la masacre sigue siendo una herida abierta. Los vecinos prefieren evitar el tema y aseguran que nunca más vieron a la familia de Juniors.