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  • Este lunes vuelve el servicio de colectivos urbanos y el Municipio garantizará el Boleto estudiantil gratuito

    Este lunes vuelve el servicio de colectivos urbanos y el Municipio garantizará el Boleto estudiantil gratuito

    Este lunes vuelve el servicio de colectivos urbanos y el Municipio garantizará el Boleto estudiantil gratuito

    Luego de un mes sin circulación del transporte urbano de pasajeros en Concepción del Uruguay, este lunes volverán a funcionar las líneas de colectivos de la ciudad. La reanudación del servicio será posible gracias al convenio firmado entre la Municipalidad y las empresas prestatarias BAJO URUGUAY S.R.L. y URUGUAY BUS S.R.L., que además contempla un aporte económico por parte del Municipio para garantizar la continuidad del sistema.

    El acuerdo fue alcanzado en un contexto de fuerte crisis económica que afecta al transporte público, marcada por el aumento de los costos operativos y la desaparición de subsidios nacionales y provinciales que históricamente sostenían el servicio.
    El Presidente Municipal, José Lauritto; junto al Secretario de Gobierno, Oscar Noir; y el Secretario de Hacienda, Fernando Picart, firmaron el convenio con los representantes de ambas empresas de transporte que retomarán el servicio.
    En este marco, Oscar Noir, destacó la importancia que tiene el transporte urbano para la vida cotidiana de la comunidad. “El transporte urbano de pasajeros constituye un servicio público esencial para la comunidad, porque permite que vecinos y vecinas puedan llegar a las escuelas, a sus lugares de trabajo, centros de salud, oficinas públicas y distintas actividades diarias”, señaló.
    Noir también explicó que la situación financiera del sistema se volvió insostenible debido a la falta de acompañamiento de otros niveles del Estado y al incremento permanente de los costos. “Hoy trasladar todos esos aumentos al valor del boleto implicaría una tarifa cercana a los 5 mil pesos, algo imposible para los usuarios. Por eso esta gestión municipal decidió intervenir y buscar una solución que permita sostener el servicio”, afirmó.
    Cabe recordar que recientemente el Municipio declaró desierta la Licitación Pública Nº 31/2025 para la concesión del servicio, debido a la falta de oferentes. Ante esa situación, se resolvió mantener de manera excepcional y transitoria la prestación a cargo de las actuales empresas hasta que se defina un nuevo esquema de concesión.
    Boleto estudiantil gratuito
    Uno de los puntos centrales del convenio es la implementación del régimen de gratuidad para el boleto estudiantil, tanto para niveles primario y secundario como universitario. El sistema se aplicará mediante la tarjeta SUBE, que será el único mecanismo válido para registrar, controlar y auditar los viajes realizados por los beneficiarios.
    Según se informó, esta política pública busca garantizar el acceso a la educación, evitando que las dificultades económicas o las distancias dentro de la ciudad se conviertan en un impedimento para asistir a clases.
    “El presente convenio responde exclusivamente a la necesidad de instrumentar una política pública municipal de gratuidad educativa en el transporte urbano, con mecanismos objetivos de validación, rendición y control”, expresó Noir.
    En el caso de estudiantes primarios y secundarios, el beneficio alcanzará a quienes cumplan los requisitos establecidos por el Municipio y estén correctamente registrados en el sistema SUBE.
    Asimismo, se implementará el Boleto Universitario Gratuito para estudiantes de instituciones de educación superior con sede en Concepción del Uruguay. El beneficio deberá tramitarse y renovarse conforme a las condiciones administrativas que establezca la Municipalidad y que se informará en los próximos días.

  • Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    En las cabeceras y estaciones de la Ciudad y el conurbano hay una escena que se repite todos los días: personas que corren para no perder un tren, que no saben si va a salir, filas que desbordan las paradas, colectivos que pasan llenos sin detenerse, gente que viaja apretada y cansada. No es una excepción ni un mal día. Es simplemente la rutina. Viajar dejó de ser un trayecto previsible para convertirse en una sucesión de esperas, decisiones forzadas y tiempos muertos. Tiene que ver con problemas constantes con los trenes, que en muchos casos redujeron frecuencias. Y la semana pasada se sumó el conflicto entre el Gobierno nacional y las empresas de colectivos, que aunque mejoró, está latente.Un hombre con ropa de operario, la campera gastada y las manos curtidas, se queda medio dormido apoyado contra el caño frío de la parada. Abraza la mochila contra el pecho, como si fuera un escudo. Cada tanto abre los ojos, mira la calle y vuelve a cerrarlos. El colectivo no llega. Nadie sabe cuándo va a llegar.Raúl Toloza lo mide en horas. “Le dedico dos horas a viajar. Me tomo el Roca hasta Calzada y después el 271. Si perdés uno te querés matar. A la vuelta es peor, tarda más y vienen llenos”. Hace un año, dice, no era así. “Venían cada 15 o 20 minutos. Ahora a veces pasan dos seguidos completamente llenos y no paran”.Blanca Aguayo lo ve en la fila. Todos los días toma el 414 desde Florencio Varela hasta La Plata. “Antes esperaba 30 minutos, ahora viene cada una hora. Se junta con los chicos de la facultad y la fila supera la garita”, cuenta. A la vuelta, la decisión es forzada: “No sabés qué elegir. Tren o colectivo, en los dos viajás apretada, cansada y harta”.En Lomas de Zamora, la rutina de Natalia y su pareja está atravesada por esa misma lógica. Él sale de trabajar cerca de las 22 en Chacarita, combina subte y tren hasta Constitución y desde ahí intenta volver. “Los trenes no cumplen horarios, los cancelan o los cambian. El de las 22.53 termina saliendo a las 23.11”, dice. Cuando llega, el problema sigue: colectivos que no salen, aunque estén estacionados. “Él llegó a esperar media hora y termina caminando porque pierde más tiempo esperando”. Muchas noches camina a las 11, cansado, con el celular en la mano y la ubicación compartida. “Da miedo”, dice.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezA la mañana, el problema se repite pero con otro ritmo: colectivos que pasan desbordados, imposibles de abordar, incluso para trayectos de pocas cuadras. “Tengo que dejar pasar uno o dos trenes porque no te podés subir”, dice.En los trenes del Roca, la experiencia es otra forma de desgaste. Una mujer se seca la transpiración con el dorso de la mano mientras intenta sostenerse. Está atrapada entre cuerpos que no dejan de empujar desde atrás. Cada vez entra más gente. No hay aire. No hay espacio. Solo un murmullo de quejas y respiraciones agitadas.El deterioro también se siente en el cuerpo y en el vínculo con los otros. “Cada día se viaja peor: te golpean, te insultan”, cuenta Facundo Ríos, que viaja desde Quilmes hasta Olleros y demora hasta tres horas por tramo. “Todos salimos con el mismo fin, pero la falta de respeto es lo peor. Hay hombres que hacen fuerza como patovicas para meterse. No da derecho a maltratar a otro”, recrimina. En los andenes y dentro de los vagones, la escena se repite: empujones, discusiones, tensión.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezCristian Ferraro lo vive todos los días. “Cansa más que trabajar”, dice. Viaja parado, apretado, a veces sostenido con un solo pie. “El tren se queda parado, la gente empuja para subir. Se pelean. Es un desastre”. Cuenta también lo que pasa dentro de los vagones: consumo de alcohol, humo, falta de control. “Viajo hace años y nunca vi que bajen a nadie”, describe.A veces el viaje parece avanzar con normalidad hasta que se interrumpe. En estaciones como Temperley o Claypole, los parlantes anuncian que el tren termina ahí. Y todo vuelve a empezar: esperar otro transporte, buscar alternativas, o resignarse a caminar por las vías para llegar a la siguiente estación. En otras ocasiones, la escena escala en el hall de Constitución: cancelaciones repentinas, pasajeros corriendo de un andén a otro, gente que después de horas de viaje pierde su lugar y tiene que volver a subirse a una formación ya llena. La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. En la terminal de Retiro se repite el escenario de otras cabeceras. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiEl sistema no solo funciona mal: también se está achicando. Según un informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, en abril de 2026 cayó con fuerza la cantidad de pasajeros en colectivos del AMBA en comparación con 2025. En los días hábiles (los más representativos del movimiento laboral) la baja es del 15%. Pero la caída es aún más marcada los fines de semana: los sábados baja un 19% y los domingos un 20%, mientras que en feriados alcanza el 29%, lo que refleja un retroceso general del uso del transporte también en actividades sociales y de ocio.Al mismo tiempo, no solo disminuyó la cantidad de usuarios, sino también la oferta del sistema. Los colectivos recorrieron menos kilómetros (una baja del 12% en días hábiles, 10% los sábados y 9% los domingos), y hubo menos unidades en circulación (8% menos en días hábiles, 7% los sábados y 6% los domingos). En feriados, la reducción es todavía más fuerte en todos los indicadores.El informe vincula este escenario a tres factores principales: el aumento del costo del gasoil, la deuda por subsidios impagos y la caída en la demanda, asociada tanto al deterioro del servicio como a la menor actividad económica. En conjunto, los datos reflejan un doble fenómeno: menos gente viajando, pero también menos transporte disponible. Es decir, no se trata solo de una caída en la demanda, sino también de un sistema que se achica. El resultado es un escenario paradójico: aunque hay menos pasajeros, quienes siguen viajando pueden enfrentarse a un servicio más limitado, con menor frecuencia y cobertura.Los usuarios del tren Sarmiento también padecen demoras y esperas para volver hacia el Oeste. Como contó Clarín en una nota anterior, volver al sur del conurbano se convirtió en una odisea. Los últimos servicios hacia Bosques salen apenas pasadas las 20.30: 20.33 por vía Temperley y 20.36 por vía Quilmes. Para miles de personas, llegar a tiempo a Constitución define todo: o un viaje relativamente directo o una combinación que puede estirarse hasta tres horas.Quienes no llegan, quedan fuera del sistema. La salida de circulación de la línea 148, “El Halcón”, profundizó ese escenario. Durante décadas fue la conexión directa entre Constitución y el sur. Sin ese colectivo, miles de pasajeros quedaron sin una alternativa clave. Jennifer lo resume: “Después de las 20.30 no hay nada. Tenés que hacer dos o tres combinaciones o pagar un Uber. Es una odisea”.Desde entonces, la vuelta depende de lo que haya: combis que salen llenas, taxis compartidos o aplicaciones de viaje con precios que muchas veces son inaccesibles. Un taxi puede costar entre 7.000 y 8.000 pesos; una app, hasta 45.000. Para muchos, directamente no es una opción.Colas interminables para tomar colectivos la semana pasada, durante el conflicto en el que las empresas redujeron servicios por diferencias con los subsidios con el Gobierno nacional. Foto: Martín BonettoEl impacto no es solo físico. El psicoanalista Ricardo Rubinstein explica a Clarín que el viaje puede funcionar como una rutina organizadora, un momento de transición entre la vida personal y el trabajo. Pero cuando las condiciones son malas, ocurre lo contrario: “Genera estrés, irritación y cansancio. Afecta la concentración, el humor, los vínculos y hasta el sueño”.Viajar mal, de forma sostenida, también tiene un efecto psicológico. La incertidumbre constante (no saber si el tren va a salir, si el colectivo va a parar o cuánto va a durar el trayecto) genera ansiedad y un estado de alerta permanente. A eso se suma la frustración acumulada por el tiempo perdido y la sensación de falta de control sobre la propia rutina.Con el tiempo, ese desgaste impacta en la vida cotidiana: menos energía para el trabajo, menos paciencia en los vínculos, menos tiempo para descansar. El viaje deja de ser un momento de transición y se convierte en una carga que se arrastra durante todo el día.Zona norte: entre el costo y la pérdida de previsibilidadEn la zona norte, el viaje tiene otra geografía, pero comparte el mismo desgaste. En la estación de Retiro, el movimiento es constante: trabajadores, estudiantes y también pasajeros de larga distancia conviven en un mismo flujo que, en horas pico, se vuelve difícil de contener.El servicio funciona todos los días, desde aproximadamente las 5 de la mañana hasta cerca de las 23 horas. En los ramales urbanos del tren Mitre (como Tigre, Mitre y José León Suárez) las formaciones circulan cada 15 a 20 minutos en hora pico y entre 20 y 35 minutos el resto del día, aunque el ramal Bartolomé Mitre suele tener intervalos más amplios. En los trayectos más largos, las frecuencias pueden superar la hora de espera.A eso se suma otro factor que pesa cada vez más: el costo del viaje. Con tarifas vigentes desde septiembre de 2024, según Trenes Argentinos, el boleto oscila entre los $ 280 y los $ 450 según el destino, y puede llegar hasta los $ 900 en recorridos más extensos como Villa Ballester–Zárate. Para muchos usuarios, sostener ese gasto implica buscar alternativas: promociones bancarias, descuentos o incluso el uso de tarjetas SUBE con tarifa social de familiares.Sol y Javier lo viven todos los días. Son compañeros de trabajo, viven en Constitución y viajan hasta José León Suárez. Combinan subte y tren. “Tenemos un gasto cercano a los 60.000 pesos por mes. Tratamos de aprovechar promociones o ver si alguien nos puede acercar en auto”, cuentan. En el caso de Sol, evitar un colectivo es una decisión económica: “Prefiero no seguir gastando”.El tiempo también pesa. “Son dos horas de ida y dos de vuelta. Es cansador”, dicen. Y aunque el subte mantiene cierta regularidad, el tren perdió previsibilidad. “Antes sabíamos que salía y en 25 o 35 minutos llegábamos. Ahora hay retrasos constantes”.Zona oeste: viajes largos y rutinas adaptadasEn el oeste, la historia cambia de línea pero no de fondo. El tren Sarmiento es, para muchos, parte de la identidad de quienes viven en esa zona. “Es costumbre”, dice Milagros, de 23 años, que vive en Merlo y combina colectivo y tren para trabajar y estudiar fotografía en Capital.En hora pico, las formaciones del Sarmiento circulan cada 10 a 15 minutos, pero esa frecuencia no se mantiene en los ramales más largos ni durante los fines de semana, donde las esperas pueden extenderse a más de una hora. En los últimos días, además, hubo modificaciones en los primeros y últimos trenes por obras en las vías, lo que obligó a muchos usuarios a reorganizar su rutina.Milagros tarda dos horas entre ida y vuelta. “Es tedioso, pero me acostumbré. Trato de ver una serie o estudiar en el viaje”, dice. Para reducir costos, usa la SUBE de sus padres jubilados. “Es parte de la cultura de la gente que vive en provincia”.Pero no todos logran naturalizarlo. Ornella, estudiante de Psicología en la UBA, vive en Francisco Álvarez y viaja tres veces por semana a Once. Su trayecto puede extenderse hasta tres horas y media. “Es como hacer un viaje a la costa todos los días”, grafica. Primero toma un colectivo, después el tren y finalmente completa el recorrido a pie o con otro transporte.La frecuencia también es un problema. “Antes el tren tardaba menos. Ahora a veces esperás más de una hora”, cuenta Milagros. Y en algunos casos, el margen de error es mínimo: “Hay compañeros que tienen un colectivo que pasa una sola vez a la noche. Si lo perdés, esperás hasta las 2 de la mañana”.La respuesta oficialDesde la Secretaría de Transporte, en diálogo con Clarín, reconocen las dificultades del sistema. “Más que un mejor servicio queremos que sea seguro. El sistema de transporte que recibimos como herencia es un desastre”, señalaron. Según explicaron, la reducción de frecuencias se dio principalmente en una primera etapa, pero luego las empresas realizaron esfuerzos para recuperar niveles habituales.En el sistema ferroviario, el foco está puesto en la seguridad. En el marco de la Emergencia Ferroviaria, se avanzó en la revisión de normas y mantenimiento, incluyendo la derogación de una resolución que limitaba la velocidad en estaciones terminales. La medida, tomada junto a Trenes Argentinos, busca optimizar los tiempos de viaje sin comprometer la seguridad, apoyada en inversiones como el sistema de frenado automático, mejoras en señalamiento y renovación de vías.»Entendemos las dificultades que atraviesan los usuarios y sabemos que aún queda mucho por hacer. El objetivo es avanzar hacia un sistema más previsible, seguro y eficiente, recuperando progresivamente niveles de servicio que hoy se ven condicionados por una situación estructural compleja», manifestaron. Trenes Argentinos informó que actualmente hay nueve estaciones fuera de servicio por obras en las líneas Roca, Mitre y Sarmiento. La empresa explicó que los diagramas de servicio se ajustan en función de las obras para preservar la seguridad operacional en el marco de la Emergencia Ferroviaria, que las afectaciones se informan por los canales oficiales y que, salvo en el Sarmiento donde algunas semanas se modifican los primeros y últimos trenes, los servicios publicados mantienen sus frecuencias habituales gracias a ventanas nocturnas de trabajo en Roca y Mitre.En cuanto a la demanda, los datos de la CNRT muestran una caída sostenida de pasajeros en los últimos años. En el Roca, tras el pico pospandemia de 131,2 millones de pasajeros en 2022, se pasó a 120,3 millones en 2024 y 111,6 millones en 2025; en enero y febrero de 2026 se registraron 14,9 millones de viajes. En el Mitre, luego de superar los 39 millones de pasajeros entre 2022 y 2024, el total bajó a 28,2 millones en 2025 (año atravesado por interrupciones prolongadas por obras) y en los dos primeros meses de 2026 sumó 1,55 millones. En el Sarmiento, que había alcanzado su máximo en 2024 con 77,7 millones de pasajeros, el número descendió a 70,2 millones en 2025 y acumula 8,3 millones en lo que va de 2026.Viajar en el AMBA es, cada vez más, una experiencia que atraviesa todo. El tiempo, el cuerpo, el ánimo. Menos transporte, más espera, más tensión.

  • Acuerdo entre las empresas de colectivos y el Gobierno: dicen que en los próximos días habrá más servicios y se reducirán las demoras

    Acuerdo entre las empresas de colectivos y el Gobierno: dicen que en los próximos días habrá más servicios y se reducirán las demoras

    Acuerdo entre las empresas de colectivos y el Gobierno: dicen que en los próximos días habrá más servicios y se reducirán las demoras

    Desde las primeras horas del día, las estaciones clave como Retiro, Constitución y Once, así como las paradas intermedias en los principales corredores, se llenaron de filas largas y rostros que reflejaban frustración e impotencia. Al mediodía llegó una noticia positiva. Tras la reunión con el Gobierno, desde las cámaras empresarias afirmaron que hubo un principio de acuerdo que implica que el gobierno comenzará a pagar parte de la deuda de subsidios y eso permitirá ir normalizando los servicios en los próximos días. Al recorte, que comenzó la semana pasada, se sumó este jueves un quite de colaboración de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) que afecta más todavía a algunas líneas.Luciano Fusaro, titular de AAETA, una de las cámaras empresarias que participaron del encuentro, afirmó que en el encuentro con Transporte se acordó que el Gobierno comenzará a liquidar parte de la deuda entre hoy y los próximos días, y que esto les permitirá a las líneas de colectivos contar con recursos para comprar gasoil e ir incrementando los servicios hasta la normalización. Según Fusaro, esto ocurrirá en las «próximas 48 a 72 horas» y el martes próximo habrá una nueva reunión en la que se seguirá debatiendo la política de subsidios y qué puede hacerse para evitar conflictos como el que se suscitó a partir del aumento del litro de gasoil, que pasó de $ 1.600 a $ 2.100, en promedio, por la crisis bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán. «Hoy andan 12.000 colectivos. Faltan colectivos en la calle. Es difícil trasladar todo a tarifa porque el poder adquisitivo de gante está complicado», dijo Fusaro, y agregó: «Lo que vamos a tratar de hacer a partir del pago de la deuda es ir sumando servicios para que se vaya normalizando el servicio».Respecto al encuentro con el Gobierno, analizó que se reconoció la deuda y el compromiso estatal de que se irán normalizando los pagos. «Quedó para conservar la próxima semana cómo vamos a ir normalizando la diferencia del precio del gasoil», ya que el Gobierno sigue reconociendo el valor de $ 1.700. «La gente va a ir notando mejoras en el servicio día a día, no es inmediato. El sistema viene mal, y cuando pasa algo así como la disparada del precio del gasoil, se complica como ahora. Hay voluntad y esfuerzos. Pero no sabemos si va a haber aumento de tarifas o qué solución se puede encontrar para resolver el conflicto. Eso se seguirá charlando la semana próxima».»Se definió la realización de una mesa técnica el próximo martes por la mañana, orientada a trabajar en propuestas de reorganización del sistema y en las variantes de pago de las deudas pendientes. Desde el Estado Nacional se expresó plena disposición a acompañar al sector en la implementación de soluciones que garanticen un servicio efi ciente y de calidad para los usuarios, entendiendo el carácter estructural de la problemática», expresaron desde la secretaría de Transporte, a través de un comunicado, y agregaron: «El objetivo es consolidar un ámbito de trabajo continuo que permita avanzar en soluciones concretas».El drama, para los trabajadores que tienen que viajar, se vive en primera persona en cada parada. Mónica, una usuaria habitual de una línea que viene desde el sur del GBA, expresó su indignación: “Estoy llegando tarde al trabajo. Hoy no funciona el colectivo que tengo que tomar, y tuve que esperar otro. Es un caos”. Su testimonio es el reflejo de la incertidumbre que reina entre quienes dependen exclusivamente de este medio de transporte.Incluso para aquellos que logran encontrar un colectivo, el viaje es una odisea. Germán, quien se dirige a su empleo y toma habitualmente la línea 100, relató: «Estoy esperando hace 20 minutos, dicen que hay menos frecuencias y cuando llega un colectivo viene explotado». Su conclusión es demoledora: «Se está haciendo difícil moverse».La problemática no distingue entre trabajadores y estudiantes, ni distancias. Laura, que viene desde Monte Grande y ya se había tomado un tren, esperaba hacía treinta minutos para ir a la Facultad de Psicología. «Salí más temprano… Nos afecta a todos. Me desperté a las seis de la mañana», compartió, evidenciando el desgaste que implica la odisea de movilizarse en un día de paro, especialmente para quienes provienen del conurbano.Lo mismo le sucede a Carlos, quien se dirige a Palermo. Pese a haber anticipado el conflicto, la realidad lo superó. «Tengo que llegar a las 9, pero estoy atrasado. Es todo un tema. Y mirá que también me desperté más temprano porque sabía que iba a haber pocos colectivos», comentó, sumándose a la ola de frustración generalizada.La raíz del caos radica en un profundo conflicto entre las empresas y el gobierno, al que sumó la UTA. Desde las 10.30 de este jueves se hacía una reunión en Transporte, con el fin de destrabajar el conflicto.

  • Siguen la protesta de empresas de colectivos y los problemas para viajar: cuáles son las líneas afectadas y qué reclaman

    Siguen la protesta de empresas de colectivos y los problemas para viajar: cuáles son las líneas afectadas y qué reclaman

    Siguen la protesta de empresas de colectivos y los problemas para viajar: cuáles son las líneas afectadas y qué reclaman

    Las largas colas y las demoras para viajar seguían en los centros de trasbordo de la Ciudad y el Gran Buenos Aires este miércoles por la mañana. Aunque se produjo el pago parcial de los subsidios a las empresas, las líneas de AMBA, es decir las que cruzan de Ciudad a Provincia, y las provinciales, seguían funcionando con menos servicios y frecuencias.Desde el sector empresario confirmaron que, si bien el pago parcial de los subsidios trajo algo de alivio en las últimas horas, «la situación de fondo sigue sin resolverse». Y explicaron que aún no está resuelto el problema del financiamiento del sistema.Entre las líneas que prestan servicios reducidos están: 1, 2, 8, 9, 10, 15, 17, 19, 20, 21, 22, 24, 28, 29, 31, 32, 33, 37, 41, 45, 46, 49, 51, 53, 55, 56, 57, 59, 60, 63, 67, 70, 71, 74, 75, 78, 79, 80, 85, 86, 87, 88, 91, 92, 93, 95, 96, 97, 98, 100, 101, 103, 105, 110, 111, 113, 114, 117, 119, 123, 124, 126, 127, 128, 129, 130, 133, 134, 135, 136, 140, 143, 145, 146, 148, 150, 152, 153, 154, 158, 159, 160, 161, 163, 164, 166, 168, 169, 172, 174, 176, 177, 178, 179, 180, 181, 182, 184, 185, 188, 193, 194, 195 y 197.Según se informó desde el Gobierno, la Secretaría de Transporte transferirá este miércoles los subsidios de la Nación a las empresas de colectivos. Sin embargo, la protesta se mantendrá debido a que consideran que el monto que recibirán no cubre toda la deuda.Fuentes del Gobierno nacional aseguraron que hoy se cumplirá con el pago de los subsidios y esperan que se levante la protesta. Además, agregaron que el jueves a las 11 habrá una reunión de autoridades de Transporte con las cámaras empresarias del sector.El titular de la empresa Dota, Marcelo Pasciuto, afirmó que «el sistema de transporte está colapsado» y reclamó por pagos de subsidios atrasados. Desde las cámaras aseguran que la deuda complica el manejo financiero de la empresa y los pagos de sueldos.“A mí me avisaron que van a depositar una parte, la mitad de lo que se debía. En las líneas nacionales están debiendo 19,5 millones y van a depositar 9 millones por colectivo. No llegan a cumplir lo atrasado y eso hay que sumarle la diferencia de costo, más el aumento del combustible, que subió 700 pesos en 15 días”, expresó el empresario en declaraciones periodísticas.Desde las cámaras empresarias aseguran que hay un desfasaje desde 2024, cuando el esquema del transporte de colectivos se dividió en tres jurisdicciones: Nación, Ciudad y Provincia. Las 28 líneas porteñas no están afectadas por las protestas.Además, sostienen que la deuda viene desde el último cuatrimestre del año 2025, a lo que se suman saldos impagos de «febrero, marzo y el adelanto de abril».Pasciuto denunció ante los medios una «falta de gestión que tiene tanto Nación como Provincia» en el manejo de las partidas presupuestarias. Explicó que el Gobierno nacional se comprometió a acreditar los fondos durante esta semana, pero que la administración de la provincia de Buenos Aires postergó el pago hasta «el lunes que viene», superando el plazo legal del cuarto día hábil. Además, sumó que hay deudas del Estado por la diferencia de las tarifas sociales.»La tarifa y los subsidios fueron calculados en base a un gasoil de $ 1.600 el litro, y ahora cuesta $ 2.150″, explicó Luciano Fusaro, presidente de AAETA, otra de las cámaras empresarias, y agregó: «El transporte está en crisis desde hace muchos años, y cuando llegamos a estas situaciones es la tormenta perfecta»»Necesitamos un anticipo de subsidios para salir del paso y poner al día las deudas. El subsidio es el 63% de nuestros ingresos. Y después ver qué nivel de tarifas necesitamos para sostener los servicios. Hay que tener una política tarifara que lleve el boleto a lo que realmente cuesta y después subsidiar al que lo necesita», dijo el empresario.

  • “Siempre nos perjudican a los trabajadores»: demoras y protestas de pasajeros por la medida de las empresas de colectivos de quitar servicios

    “Siempre nos perjudican a los trabajadores»: demoras y protestas de pasajeros por la medida de las empresas de colectivos de quitar servicios

    “Siempre nos perjudican a los trabajadores»: demoras y protestas de pasajeros por la medida de las empresas de colectivos de quitar servicios

    “El 28 viene con demora”, grita un inspector ante la mirada agotada de los pasajeros que esperan bajo la llovizna.Las interminables filas de gente en las paradas de colectivos son un escenario que se hace cada vez más frecuente frente a la estación de Constitución. Desde jóvenes hasta personas mayores, todos se ven afectados ante la baja frecuencia de colectivos.Ante el aumento de costos por la suba del 25% del combustible y la falta de actualización de subsidios, las cámaras empresarias de las líneas de colectivos del AMBA tomaron la decisión de reducir las unidades hasta un 30%.Desde las empresas de transporte declararon que no reciben ninguna respuesta por parte de las autoridades nacionales y provinciales frente a esta situación crítica.Al tratarse de líneas que involucran recorridos entre la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, son muchos los usuarios perjudicados por esta medida. Por ahora, el reclamo no afecta a las 28 líneas que solo circulan dentro de la Ciudad. Ese es el caso de Fernanda, quien toma tres colectivos de ida para llegar a su trabajo como empleada pública en Plaza de Mayo y otros tres para volver a su casa en San Vicente, ayer tardó cerca de dos horas y media en su vuelta.Si llega a atrasarse el transporte, confiesa que no tiene un plan B en cuanto a su movilidad, ya que “todo está en la misma y esto va a seguir así si no hay una solución”.Ante este panorama, se encuentra preocupada al no tener certeza de ningún horario para organizar su día. “Siempre los trabajadores somos los afectados y los que más se llevan son los dueños de las empresas y más, en este caso Dota, que es la más poderosa del país”, expresa y agrega con un dejo de resignación: “Tienen que pensar en la gente”.Mercedes es trabajadora social y viaja todas las semanas en el 168, el 4 o el 133. Nota fuertemente la demora de los colectivos, en especial del 168, el cuál muchas veces tiene media hora de espera.Aunque, más allá de los inconvenientes, reconoce que es una lucha entendible. “Es necesaria, lamentablemente la terminemos pagando nosotros como pasajeros, pero es un conflicto que viene hace bastante cada vez que aumenta el gasoil y siempre quedan desparejos los sueldos. Tiene que regularizarse”, explica la mujer.Pasan los minutos, sigue la lluvia y los colectivos aún no aparecieron. Las filas se vuelven cada vez más largas. Algunas empresas entregan fichas a cambio del pago del boleto antes de subir, para agilizar el despacho de los servicios. Jorge espera hace más de 20 minutos. Su rutina de trabajo dentro de la construcción implica viajar en dos colectivos y un tren, el cual hoy también tuvo un atraso de media hora. Su trayecto incluye las localidades de González Catán, Pompeya y Constitución.Las demoras en el transporte lo perjudican, porque pierde todo premio o reconocimiento en su empleo. Tampoco tiene otras alternativas para arribar a tiempo. “Está todo mal, uno paga más y viaja peor”, se queja.A diferencia de Fernanda, Mercedes y Jorge, Leandro decidió pedir un Uber luego de esperar más de 15 minutos. “Hoy tengo una reunión importante y veo que todavía esto sigue para rato”, cuenta el joven que se dirige a microcentro. Para él es aceptable que las empresas de colectivos tomen esta decisión ante los aumentos, “es entendible, obvio que repercute porque uno llega tarde al laburo, pero bueno mañana iré en subte”.María García es usuaria cotidiana de las líneas 59 y 63 para las dos veces que tiene que ir a trabajar. En caso de que no funcione ninguno de los dos, opta por el taxi, ya que su oficina está en un barrio complicado para llegar. “Me parece que lo de hoy es una medida de fuerza política, no sé si tiene tanta relación con el aumento del gasoil en sí. Considero que hay otras herramientas que se pueden utilizar y no complicar a toda la población”, declara.Si no hay una respuesta oficial en las próximas horas, las empresas de colectivos advirtieron que la medida podría escalar. Al no haber fondos, peligran los pagos de salarios, podría haber más recortes, interrupciones o el sistema podría entrar en una situación de mayor tensión. Y está una interrupción total de los servicios, según los empresarios. Mientras tanto, cientos de pasajeros continúan a la espera de una solución que los respalde.*Maestría Clarín/Universidad de San Andrés

  • Aumentan colectivos y peajes de la Ciudad y el subte costará un dólar

    Aumentan colectivos y peajes de la Ciudad y el subte costará un dólar

    Desde este miércoles, viajar en transporte público y circular por las autopistas porteñas será más caro. El Gobierno de la Ciudad aplicará una suba del 4,9% en colectivos, subte y peajes, y mantendrá el esquema de actualizaciones mensuales atadas a la inflación más un 2%.Con el nuevo cuadro tarifario, el boleto mínimo de colectivos pasará de $ 681,85 a $ 715,24. En el subte, el pasaje subirá de $ 1.363 a $ 1.414. En el caso de los peajes, en hora pico costarán $ 5.920,33 en las autopistas 25 de Mayo y Perito Moreno, y $ 2.461,30 en la Illia.El esquema de aumentos replica el aplicado durante el último año, con ajustes periódicos que combinan la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC) con un adicional fijo del 2%. Desde la Ciudad sostienen que este mecanismo permite acompañar el incremento de costos del sistema y evitar saltos bruscos en las tarifas.Colectivos y subteComo viene ocurriendo, el subte va a seguir siendo el medio con la tarifa más alta dentro de la Ciudad. La actualización busca «garantizar la continuidad del servicio en un contexto de aumento de costos operativos», de acuerdo con los argumentos oficiales. Además, según datos oficiales, entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024 los costos del sistema crecieron más de un 80%.

    El valor del boleto llega así a costar un dólar, que el lunes cotizó a $ 1.415 según el valor de venta del oficial. Esto se da en un contexto de dolar «estable», mientras los medios de transporte porteños vienen aumentando hace más de un año un 2% más la inflación que mide el Indec.En el caso de los colectivos, el aumento impacta sobre las 28 líneas que gestiona la Ciudad. El boleto se mantendrá segmentado por distancia para quienes pagan con tarjeta SUBE o medios de pago electrónicos. Así, los viajes de 0 a 3 kilómetros costarán $ 715,24; de 3 a 6 km, $ 794,74; de 6 a 12 km, $ 855,97; y los trayectos más largos, $ 917,24.Desde el Gobierno porteño explican que la actualización apunta a recomponer el atraso tarifario y a reducir el nivel de subsidios. Actualmente, la Ciudad cubre cerca del 70% del costo del sistema de colectivos. En total, destina unos 390 millones de dólares al año para sostener el transporte público, de los cuales 170 millones corresponden a colectivos y 220 millones al subte.En el subte, la cobertura mediante tarifa sigue por debajo de los niveles históricos. Según datos oficiales, los ingresos por boletos representan alrededor del 23,7% del costo total del servicio, mientras que el resto es cubierto con subsidios. Históricamente, ese porcentaje se ubicaba entre el 35% y el 40%.El sistema de descuentos para pasajeros frecuentes continuará vigente. A partir de los 20 viajes mensuales, los usuarios acceden a rebajas escalonadas del 20%, 30% y 40%. También se mantienen los beneficios de la Red SUBE, que permite combinar medios de transporte con descuentos, y los pases especiales, como el boleto estudiantil, la tarifa social y los beneficios para jubilados, personas con discapacidad y personas trasplantadas.Desde la Ciudad sostienen que los incrementos permiten sostener inversiones en el sistema. Entre ellas, la compra de 174 coches para renovar la flota de la Línea B, otros 40 para las líneas A y C, y el avance del plan de renovación integral de estaciones. También se incluyen obras de infraestructura orientadas a mejorar la operación y la frecuencia del servicio.En la provincia de Buenos Aires, los colectivos aumentarán 4,6%. Así, las tarifas con SUBE registrada tendrán un mínimo de $ 871,30; los tramos de 3 a 6 costarán $ 970,63; de 6 a 12 kilómetros, $ 1045,40; de 12 a 27 km, $ 1120,24, y de más de 27 km: $ 1141,46.Peajes En cuanto a los peajes, el ajuste también responde a la necesidad de mantenimiento de la red vial y la actualización de costos. Con el nuevo cuadro, pasar por las autopistas 25 de Mayo y Perito Moreno costará $ 5.920,33 en hora pico, mientras que en la Illia el valor será de $ 2.461,30 en el mismo horario.Autopistas Urbanas (AUSA) administra 29 kilómetros de trazas con peaje y otros 21 kilómetros libres. Entre estos últimos se encuentran Dellepiane, que está en obra, Cantilo, Lugones, la autopista Cámpora y la 9 de Julio Sur. Según explican, los ingresos permiten financiar trabajos de repavimentación, iluminación, señalización y mantenimiento general.El sistema de cobro sin barreras avanza a través de TelePASE. Quienes no estén adheridos pueden optar por el pase diario o el sistema por patente, ambos gestionados de manera online y válidos para circular por las autopistas porteñas. En la autopista 25 de Mayo ya está colocado el pórtico de lectura de dispositivos y hay obras para quitar las cabinas.