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  • La comida de los gurises entrerrianos se planifica desde Nordelta

    La comida de los gurises entrerrianos se planifica desde Nordelta

    Por Juan Martín Garay (*)

    UN APELLIDO QUE VUELVE A APARECERHay un apellido que hoy aparece en el centro de una de las contrataciones más importantes del Gobierno de Entre Ríos: Chediack.
    José Chediack es presidente de Teknofood, la empresa adjudicataria de la provisión de alimentos no perecederos para desayunos y meriendas de los comedores escolares entrerrianos. José es, además, hermano de Juan Chediack, quien fuera presidente de la Cámara Argentina de la Construcción y uno de los empresarios que declaró como imputado colaborador en la causa Cuadernos.
    Conviene decirlo con claridad: José Chediack no responde por los actos de su hermano y no existen elementos que vinculen a él o a Teknofood con aquella causa judicial. Pero tampoco resulta razonable pretender que un apellido con esa historia desaparezca del análisis político cuando una empresa presidida por uno de los hermanos queda en el centro de una contratación estatal de más de $101.000 millones.
    Porque la pregunta no es qué hizo Juan Chediack. La pregunta es otra: ¿qué modelo de Estado está construyendo hoy el Gobierno de Entre Ríos?
    DE LAS ESCUELAS ENTRERRIANAS A UN ÚNICO OPERADOREl Gobierno de Frigerio decidió modificar el sistema de provisión de alimentos escolares. De un esquema descentralizado, en el que cada establecimiento podía adquirir buena parte de los productos en comercios y proveedores de su propia comunidad, se pasó a un modelo centralizado que concentra la provisión en un único operador.
    Y cuando se habla de un único operador no estamos hablando de una contratación menor. Estamos hablando de $101.726.784.000, según el Decreto 1983/2026, que aprobó la contratación de Teknofood para los ciclos lectivos 2026 y 2027, con posibilidad de prórroga para 2028. El decreto lleva la firma del gobernador Rogelio Frigerio y de la ministra de Desarrollo Humano, Verónica Berisso.
    El propio decreto establece un precio de $1.600 por ración y señala que la oferta fue considerada técnicamente ajustada a lo requerido, con un precio unitario acorde a los valores de mercado y conveniente para el Estado.
    Y justamente por eso las preguntas son políticas: ¿era necesario modificar el modelo? ¿Por qué concentrar la provisión? ¿Qué beneficios concretos obtiene la Provincia con esta centralización? ¿Qué pasó con los proveedores locales que antes participaban del sistema?
    Porque detrás de una cifra de semejante magnitud no hay solamente una decisión administrativa. Hay una decisión política acerca de cómo circulan los recursos públicos y quiénes participan de esa circulación.
    Antes, una parte de esos recursos podía llegar directamente a almacenes, panaderías, productores, cooperativas y PYMES de nuestros pueblos y ciudades. Ahora, una enorme masa de dinero público queda concentrada en una contratación provincial de escala extraordinaria.
    ¿POR QUÉ NORDELTA?Y acá aparece la pregunta que le da sentido a todo esto: ¿la comida de nuestros gurises se decide en Entre Ríos o se planifica desde Nordelta?
    Porque no estamos hablando solamente de dónde se compra un alimento. Estamos hablando de dónde se piensa una política pública, quién la administra, bajo qué criterios se define y dónde termina impactando económicamente.
    Mientras en Entre Ríos hay panaderías, almacenes, productores, cooperativas y PYMES que conocen las necesidades de cada comunidad, el Estado provincial eligió concentrar la provisión alimentaria en una empresa radicada fuera de la provincia.
    No se trata de estar en contra de una empresa privada. Se trata de preguntarnos por qué el Estado decidió que una política que podía fortalecer nuestras economías locales debía transformarse en una contratación centralizada de más de cien mil millones de pesos.
    Porque cada peso que deja de circular en una localidad entrerriana también tiene un impacto. Es trabajo que no se genera, una compra que no se realiza, una PYME que no participa y una economía local que pierde movimiento.
    CUADERNOS COMO ADVERTENCIA, NO COMO ACUSACIÓNPor eso aparece Cuadernos en esta historia. No como una acusación contra José Chediack ni contra Teknofood, porque no corresponde establecer una relación judicial que no existe.
    Aparece como un antecedente político que la Argentina no debería olvidar. La causa Cuadernos puso bajo la lupa la relación entre grandes empresarios, decisiones políticas y enormes volúmenes de recursos públicos. Juan Chediack declaró como imputado colaborador y relató ante la Justicia aspectos vinculados con sus relaciones empresariales y con el funcionamiento de la obra pública.
    La enseñanza política que debería quedar de todo aquello es elemental: cuando el Estado concentra negocios millonarios en determinados actores privados, la sociedad tiene derecho a preguntar, controlar y conocer. Ese debería ser el punto de partida de cualquier gobierno, sea del signo político que sea.
    Y AHÍ APARECE FRIGERIOY es justamente ahí donde la discusión alcanza al Gobierno de Rogelio Frigerio. No porque exista una vinculación judicial entre Frigerio y los hermanos Chediack que pueda afirmarse. No la hay. La cuestión es política.
    Frigerio fue (¿o lo sigue siendo?) asesor de Gildo Insfrán en Formosa, ministro del Interior durante el gobierno de Mauricio Macri y forma parte de un espacio político que conoce de cerca las relaciones entre el Estado y los grandes grupos económicos.
    La experiencia de aquellos años, incluida la causa Cuadernos, debería haber dejado una conclusión que trascienda cualquier partido: cuanto mayor es la concentración de recursos públicos, mayores deben ser los controles y las explicaciones.
    Y acá estamos hablando de una contratación de $101.726.784.000. No es una cifra que pueda pasar inadvertida.
    NO SOLO IMPORTA CUÁNTO CUESTA: TAMBIÉN QUÉ COMENPero hay una cuestión todavía más importante que no podemos perder de vista. Estamos hablando de alimentos destinados a nuestros gurises.
    Por eso, la discusión no puede reducirse al monto de la contratación, al mecanismo de compra o a quién resulta adjudicatario. También tenemos que preguntarnos qué calidad nutricional tienen los alimentos que llegan a las escuelas, cómo se define su composición y qué criterios de salud alimentaria se están aplicando.
    El Estado no puede mirar solamente el precio de una ración. Cuando esa ración forma parte de la alimentación cotidiana de niños y niñas, también debe importar su valor nutricional, su composición, su calidad y su adecuación a una alimentación saludable.
    Porque una política alimentaria escolar no puede evaluarse únicamente en términos de logística. Tiene que evaluarse también en términos de nutrición y de salud. Y ahí el Estado tiene una responsabilidad todavía mayor: garantizar que la alimentación de nuestros chicos no sea solamente suficiente, sino también adecuada.
    LA JUSTICIA PUSO OTRO ELEMENTO SOBRE LA MESAA esta discusión económica y política se sumó ahora otra cuestión: la alimentación que efectivamente reciben los chicos.
    La Justicia provincial hizo lugar a una medida cautelar y ordenó a la Provincia abstenerse de ofrecer, servir, entregar o distribuir en establecimientos educativos públicos provinciales determinados alimentos no perecederos destinados a desayunos y meriendas que contengan uno o más sellos de advertencia o leyendas precautorias, conforme al artículo 12 de la Ley 27.642.
    Al mismo tiempo, ordenó garantizar la continuidad de la alimentación mediante productos que no estén alcanzados por esa prohibición. Es importante marcar el límite: esa decisión judicial no declara ilegal la contratación de Teknofood ni resuelve el fondo de la cuestión. Por lo tanto, no corresponde presentar el fallo como una declaración de ilegalidad del contrato.
    Pero sí aporta un elemento que no puede ser ignorado: el nuevo esquema de alimentación escolar está siendo sometido a control judicial y la discusión sobre qué reciben nuestros gurises ya no es solamente política.
    NO ES SOLAMENTE COMIDAPor eso, reducir esta discusión a una licitación sería equivocarnos de debate. Acá estamos discutiendo qué Estado queremos.
    Un Estado que distribuya recursos, que fortalezca a sus comunidades, que genere oportunidades para sus PYMES y que permita que parte del dinero público quede en los pueblos y ciudades donde se genera y se necesita. O un Estado que centralice, concentre y termine derivando una política pública provincial hacia un único operador.
    Y hay una regla básica que debería ser indiscutible: cuanto mayor es el monto, mayor debe ser la transparencia. Más de $101.000 millones no pueden ser solamente un número dentro de un expediente. Son recursos públicos. Son recursos de todos los entrerrianos. Y por eso deben poder ser explicados de principio a fin.
    Pero además hay algo que no puede quedar en segundo plano: esos recursos están destinados a alimentar a nuestros gurises. Y eso obliga a discutir no solamente cuánto se gasta y quién lo administra, sino también qué reciben, qué comen y con qué criterios nutricionales se decide su alimentación.
    LA COMIDA DE LOS GURISESNo estamos hablando de cemento. No estamos hablando de una obra. No estamos hablando de una compra cualquiera. Estamos hablando de la comida de nuestros gurises.
    Y si la comida es de los gurises entrerrianos, las decisiones sobre esa comida deberían pensarse desde Entre Ríos, teniendo en cuenta a sus escuelas, sus comunidades, sus productores, sus comercios y sus PYMES. Pero también, y fundamentalmente, teniendo como prioridad la nutrición, la calidad de los alimentos y la salud de nuestros chicos.
    No se trata de perseguir apellidos. No se trata de condenar empresas. No se trata de utilizar una causa judicial para construir una acusación que no existe.
    Se trata de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más importante: preguntar por qué el Gobierno de Entre Ríos eligió concentrar más de cien mil millones de pesos en un único operador, qué consecuencias tiene esa decisión para nuestra provincia y qué garantías existen respecto de la calidad nutricional de los alimentos que reciben nuestros gurises.
    Porque la transparencia no empieza cuando aparece una denuncia. Empieza mucho antes: cuando el Estado decide cómo gastar el dinero de todos y cuando define qué pone sobre la mesa de nuestros chicos. Y entonces la pregunta vuelve, inevitable:
    ¿POR QUÉ LA COMIDA DE LOS GURISES ENTRERRIANOS SE PLANIFICA DESDE NORDELTA, CUANDO DEBERÍA PENSARSE DESDE ENTRE RÍOS?
    (*) Abogado y Concejal. Vicepresidente 1° del HCD de Concepción del Uruguay. Presidente del Bloque “Juntos por Uruguay” – P J.
     

  • La plata de los entrerrianos se va de la provincia: primero con los remedios, ahora con la comida

    La plata de los entrerrianos se va de la provincia: primero con los remedios, ahora con la comida

    «La plata de los entrerrianos se va de la provincia: primero con los remedios, ahora con la comida»

    «El gobierno centraliza la compra de medicamentos y alimentos en empresas de afuera. Los millones que antes quedaban en cada pueblo y ciudad de Entre Ríos se fugan sin dejar rastro. Control no es sinónimo de vaciar la economía local», señala el autor de este texto.
     
    Por JUAN MARTÍN GARAY (*)
     
    Un patrón que se repite: primero la salud, ahora la educación. No es un hecho aislado. La decisión del gobierno provincial de tercerizar la provisión de alimentos escolares en una empresa que no es de esta provincia responde a una misma lógica que ya se aplicó en el área de salud: la compra centralizada de medicamentos e insumos.
    En ese caso, los proveedores locales quedaron fuera de competencia porque las escalas de estas compras masivas son tan grandes que ninguna firma provincial puede cumplir con los requisitos. El resultado: la plata de los entrerrianos para comprar remedios se va a empresas de Buenos Aires o de otras provincias, y no vuelve a la economía local.

    Ahora, ese mismo modelo se aplica a los comedores escolares. Teknofood S.A., una empresa con sede en otra provincia, se lleva la provisión de casi mil comedores. El patrón es idéntico: centralizar para “ahorrar”, pero el ahorro se traduce en la fuga de recursos provinciales hacia firmas que no tributan ni generan empleo en Entre Ríos.
    Salud y educación, dos áreas sensibles que el gobierno, vacía de contenido local para llenar los bolsillos de empresas foráneas.
    El doble golpe a la economía local
    Cuando un directivo de una escuela compra los alimentos en comercios locales, ese dinero queda en el circulante de cada localidad. Se multiplica, porque el comerciante local reinvierte, paga a sus proveedores y empleados, y sostiene la rueda económica de la comunidad. Con el sistema anterior, la escuela funcionaba como un pequeño motor económico.
    Ahora, ese motor se apaga. Los millones de pesos que se destinaban a la compra local se irán a una empresa que no es de nuestra provincia. La plata de los entrerrianos se la lleva una firma que no tiene arraigo en nuestros departamentos, que no contrata a nuestros proveedores, que no genera empleo en nuestras ciudades.
    Con los medicamentos ya ocurre exactamente lo mismo. Los proveedores locales que hoy compiten en pie de igualdad con los de afuera, que pagan sus impuestos en la provincia y tienen sus empleados aquí, quedan fuera de juego.
    No es una especulación: cuando se rompe el circuito de compra local, el que pierde es el entrerriano. Cada escuela que antes compraba en el almacén de la esquina, hoy queda fuera de ese ecosistema. Cada hospital que antes proveía un comercio de la ciudad, queda sujeto a una logística que no entiende de cercanía ni de empatía con el territorio. Y ese almacén, ese proveedor local, con el tiempo, cierran.
    Salud y educación: dos áreas sensibles, una misma decisión en contra de los entrerrianos
    El gobierno justifica ambas medidas bajo el paraguas de la eficiencia y el ahorro. Pero el ahorro se calcula mirando solo un lado del balance: el costo de compra, sin considerar el daño al entramado económico local, la pérdida de empleo y la menor recaudación impositiva. Es un cálculo incompleto que esconde el verdadero costo de estas decisiones.
    La transparencia es la primera víctima de este modelo. No se conocen los pliegos de licitación de los medicamentos ni el expediente completo del contrato con Teknofood. La opacidad no es un accidente: es la condición necesaria para que este tipo de decisiones no sean debatidas. Si el gobierno está tan seguro de que benefician a los entrerrianos, ¿por qué no muestra la documentación?
    La pregunta que todos nos hacemos
    La ciudadanía de Entre Ríos merece saber por qué un sistema que compraba localmente —tanto en alimentos como en medicamentos— se reemplaza por otro que beneficia a empresas foráneas. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿quién gana con esta nueva lógica?
    Porque, a simple vista, el perdedor es claro: son nuestros gurises, con una alimentación de dudosa calidad nutricional; son los pacientes, con insumos provistos por empresas sin arraigo; y son los comerciantes y trabajadores entrerrianos, que ven cómo la plata que antes circulaba en sus comunidades se fuga sin dejar rastro.
    Esto tendrá un nuevo impacto económico en cada departamento, en cada localidad de la provincia. No estamos en contra de la mejora de los procesos. Pero la mejora no puede ser una excusa para el desmantelamiento de la economía local. La plata de los comedores y de la salud es de los entrerrianos y debe quedarse en Entre Ríos.
    Si no hay daño en las economías locales, tal y como lo menciono, que lo demuestren. Pero si lo hay, que asuman la responsabilidad. Defendamos a Entre Ríos.
    (*) Juan Martín Garay es abogado y concejal del justicialismo en la Municipalidad de Concepción del Uruguay.

     
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  • El efecto «Ozempic» en la economía: menos consumo de comida chatarra y mayor demanda de productos saludables

    El efecto «Ozempic» en la economía: menos consumo de comida chatarra y mayor demanda de productos saludables

    El efecto «Ozempic» en la economía: menos consumo de comida chatarra y mayor demanda de productos saludables

    En los últimos años, la economía argentina y la pérdida del poder adquisitivo han modificado significativamente los hábitos de consumo. A las tradicionales estrategias para cuidar el presupuesto se suma ahora una nueva tendencia denominada como el efecto «Ozempic», en referencia a la popular droga que permite bajar de peso rápidamente.

    Este fenómeno fue identificado por Bain & Company en su informe Consumer Pulse 2026, que describe al nuevo perfil regional como el “consumidor inmediatista”, caracterizado por buscar practicidad, rapidez y beneficios concretos en un contexto marcado por la inflación, la incertidumbre y el deterioro del poder adquisitivo.
    El estudio revela que el 40 % de los consumidores sudamericanos, con niveles similares en Argentina, ha experimentado un estrés financiero alto o extremo en los últimos tres meses. “Hoy el consumidor argentino enfrenta numerosas disrupciones. El alto costo de vida y la inflación permanecen, lo que se traduce en una visión pesimista sobre la actualidad, aunque existe optimismo respecto al futuro”, explicó Alejandro Pérez de Rosso, Partner y Office Head de Bain en Argentina.
    La situación es aún más crítica en los sectores de menores ingresos. “En Argentina, tres de cada diez consumidores no llegan a fin de mes y, de ellos, la mitad ya incumple pagos básicos”, advirtió Pérez de Rosso. El informe indica además que el 30 % de los hogares de bajos ingresos teme no poder afrontar alguna factura en el corto plazo y que el 14 % ha dejado de pagar algún servicio.
    Esta realidad deriva en un fuerte cambio en la composición del gasto: las mayores caídas se registran en bebidas alcohólicas, gastronomía, indumentaria, cosmética y servicios de delivery. “Ese dinero se redirige a bienes primarios: supermercados, salud, alquiler y educación. Se prioriza lo esencial porque no sobra nada”, detalló el ejecutivo de Bain.
    Dentro de esta tendencia, crece el consumo de productos vinculados a la salud, lo que impulsa cambios en la alimentación con menor ingesta de productos ultraprocesados y una mayor demanda de alimentos frescos, proteínas y lácteos. Desde Bain atribuyen esta evolución en parte al avance de los medicamentos GLP-1, cuya versión más conocida es la marca «Ozempic», asociada al rápido descenso de peso.
    El informe señala que, entre los consumidores de clase alta, el 31 % ha utilizado o utiliza drogas GLP-1, porcentaje que disminuye al 10 % en la clase media y al 6 % en la clase baja. El promedio general en Argentina es del 9 %, aún por debajo del 15 % registrado en Estados Unidos, donde la tendencia continúa en ascenso y podría alcanzar al 20 % de la población.
    Pérez de Rosso explicó que, además de modificar hábitos alimentarios, el interés creciente por el cuidado de la salud genera cambios duraderos que impactan en otras categorías, como ropa y servicios de belleza.
    En el listado de sectores afectados figuran golosinas, gaseosas, snacks y comida ultraprocesada, mientras que entre los beneficiados se encuentran carnes, huevos, lácteos, gimnasios y suplementos deportivos.
    El efecto Ozempic ya es tangible en otros países. En Estados Unidos, quienes utilizan este tratamiento redujeron su gasto en supermercados en un 5 %. En España, según datos de Worldpanel by Numerator, la caída es del 3,8 %.

  • Es dueño de una empresa textil y lo acusan de intentar matar a sus socios con veneno en la comida

    Es dueño de una empresa textil y lo acusan de intentar matar a sus socios con veneno en la comida

    Es dueño de una empresa textil y lo acusan de intentar matar a sus socios con veneno en la comida

    Un hombre fue detenido como acusado de intentar asesinar a sus dos primos, con quien tiene una empresa textil de Paso del Rey, en Moreno, colocándoles veneno en altas dosis en las viandas que comían a diario.Todo comenzó en septiembre último, cuando Augusto Chaud y su hermana Delfina, comenzaron a tener malestares que derivaron en varias internaciones que se extendieron hasta febrero de este año.Esto alertó a ambos, principalmente en la joven que estaba cursando un embarazo, según indicaron las fuentes del caso a Clarín.Luego de varios estudios se comprobó que tenían un alto nivel de plomo en sangre y cromo en orina. Según precisó un investigador, los niveles superaban ampliamente el valor promedio.A raíz de ello, se realizaron estudios de laboratorio en los alimentos que venían consumiendo diariamente y donde se estableció la presencia de nitrito y nitrato, dos compuestos naturales utilizados como conservantes en alimentos como carnes procesadas.Los hermanos afirmaron que los únicos alimentos que ingerían eran de unas viandas que tenían en el comedor de la empresa familiar “Gabor Saic”, y al que solo tenían acceso ellos y su primo y socio, Pedro Fiore (42).Fue entonces que en abril de se presentaron ante la Justicia para radicar la denuncia.La fiscal Verónica Pittella, a cargo de la Fiscalía N° 8 de Moreno, solicitó que se secuestren y analicen las cámaras de seguridad de la empresa.Personal de la DDI de Moreno-General Rodríguez llegó hasta el lugar y se encontraron con que las cámaras se habían borrado, información que corroboraron cuando uno de los encargados dijo que existieron cuatro intentos de reseteo.Pero finalmente se pudo recuperar una de las filmaciones, en donde se ve ingresar al sector donde guardaban las viandas a una personal cuyas características físicas eran similares a las de Fiore.Ante esta situación, la fiscal Pittella solicitó un allanamiento a la casa del sospechoso, ubicada en Villa Devoto, donde se encontró microscopios, ampollas, frascos, goteros y bidones con sustancias, cuadernos con anotaciones sugerentes, así como también se secuestraron teléfonos celulares y computadoras, todo lo que será objeto de pericias.Fiore quedó aprehendido por el delito de homicidio agravado por el suministro de veneno en grado de tentativa.Además de la DDI de Moreno-General Rodríguez, participaron la Policía Científica y la Ecológica de la Provincia de Buenos Aires y la División Homicidios de la Policía de la Ciudad.