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  • Construir ciudades en el siglo XXI: las «tres E» como modelo de gobierno local

    Construir ciudades en el siglo XXI: las «tres E» como modelo de gobierno local

    Existe una distancia abismal entre los grandes discursos sobre el futuro, la velocidad de las transformaciones tecnológicas y la experiencia concreta de una persona que sale a trabajar, lleva a sus hijos a la escuela, abre su comercio o espera que un trámite simplemente funcione.

    El siglo XXI está transformando profundamente nuestra forma de vivir. La tecnología modifica el trabajo, la comunicación y nuestras relaciones; el cambio climático convirtió riesgos que parecían lejanos en problemas concretos; las desigualdades se hicieron visibles en tiempo real; y la confianza en las instituciones se debilitó frente a décadas de promesas incumplidas.
    En este nuevo escenario, la política encuentra su lugar más concreto en la ciudad. El municipio es el nivel donde las decisiones públicas tienen impacto inmediato y podemos comprobar, todos los días, si el Estado funciona o no.
    Gobernar lo cercano implica mucho más que administrar servicios: significa construir las condiciones para que una comunidad pueda desarrollarse, aprovechar sus capacidades y generar nuevas oportunidades.
    Un gobierno local necesita tres condiciones inseparables: Ética, Eficiencia y Empatía. Las Tres E.
    Ética, para decidir con integridad, transparencia y sentido del interés general. En una ciudad donde las relaciones son cercanas y todos terminan conociéndose, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace resulta fundamental. La confianza pública no se declama: se construye decisión tras decisión.
    Eficiencia, para transformar recursos necesariamente escasos en resultados concretos. Planificar, priorizar, ejecutar, evaluar y rendir cuentas. Un municipio eficiente es el que logra que cada recurso público produzca el mayor impacto posible en la vida de los ciudadanos.
    Empatía, para comprender que detrás de cada expediente, cada obra y cada decisión hay personas concretas, con historias, necesidades y expectativas diferentes. Gobernar no es aplicar soluciones idénticas sobre territorios diferentes. Es escuchar, conocer las realidades de cada uno y entender qué necesita la comunidad.
    Las tres son inseparables. La ética sin eficiencia puede quedar atrapada solo en buenas intenciones; la eficiencia sin ética puede convertir la capacidad de gestión en una herramienta sin límites; y ambas, sin empatía, pueden construir un gobierno correcto en sus procedimientos, pero distante de las personas y sus realidades.
    Las “tres E” forman una concepción integral del gobierno: ética para decidir, eficiencia para hacer y empatía para comprender.
    La energía de una ciudad, sin embargo, la genera su gente, no el municipio. El rol del Estado local es quitar obstáculos, articular capacidades, generar oportunidades y hacer posible que esa energía se despliegue.
    Eso exige algo que va más allá de la capacidad técnica: exige credibilidad. Quien lidera necesita visión, pero también necesita haber demostrado —antes— coherencia de carácter. Porque gobernar supone tomar decisiones, asumir costos, corregir errores y sostener convicciones cuando aparecen las dificultades.
     
    La credibilidad no se declara. Se acumula.
    Gobernar lo cercano es, probablemente, una de las formas más exigentes de hacer política. Porque no hay abstracción posible: cada decisión tiene cara, nombre y consecuencias.
    Concepción del Uruguay tiene historia, identidad, recursos y, sobre todo, gente con capacidad para construir futuro. Tiene las condiciones para pensar una ciudad que no se limite a administrar lo que existe, sino que sea capaz de transformar sus capacidades en desarrollo, oportunidades y mejor calidad de vida.
    El desafío es construir esa ciudad.
    Porque construir ciudades en el siglo XXI es, en definitiva, hacer que el Estado funcione, que la sociedad pueda desplegar todo su potencial y que cada persona pueda sentir que el futuro también le pertenece.
    (*) Presidente del Ente Autárquico Puerto Concepción del Uruguay e integrante del Ateneo Crisólogo Larralde.

  • La minería invertirá US$50.000 millones para construir sus proyectos: la industria local pulsea por ganarle terreno a las importaciones

    La minería invertirá US$50.000 millones para construir sus proyectos: la industria local pulsea por ganarle terreno a las importaciones

    Más de 50.000 millones de dólares en inversiones mineras ponen a prueba la capacidad de la industria argentina para abastecer la mayor parte de la construcción de nuevos proyectos previstos para la próxima década. Aunque existe oferta local en construcción, ingeniería, metalmecánica e insumos, los equipos de mayor porte y complejidad seguirán siendo importados.

    Un estudio conjunto de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), que será presentado el martes en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y al que Clarín accedió de manera anticipada, revela que solo en la construcción de proyectos de cobre la demanda agregada alcanzará 220.000 metros cúbicos de hormigón —equivalente a unos 50 edificios de 10 pisos— y 68.000 toneladas de acero estructural por año —43 veces el viaducto La Polvorilla del Tren a las Nubes en Salta—, lo que implicará compras millonarias a constructoras, cementeras y acerías.
    La ingeniería también representa un mercado considerable. En la primera fase de mayor actividad, los requerimientos superan 1,8 millón de horas-hombre, para luego estabilizarse en alrededor de 140.000 horas anuales durante la etapa operativa hacia 2038. Además, se prevé infraestructura para alojar a unas 43.000 personas. En conjunto, surgen oportunidades para consultoras técnicas, empresas de software industrial y proveedores de alimentación y logística.
    Antes incluso de alcanzar la capacidad industrial, aparece un obstáculo relacionado con la ubicación del proveedor. Las mineras suelen organizar sus compras mediante “anillos geográficos”: primero las comunidades próximas al proyecto, luego proveedores del resto de la provincia y, finalmente, empresas ubicadas en otras regiones del país.
    El informe «Proveedores Mineros» advierte que las normas provinciales de compre local pueden limitar la participación del tercer anillo. De hecho, gran parte de las capacidades industriales de mayor escala está localizada en distritos sin proyectos metalíferos, especialmente Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
    Muchas de las empresas argentinas con la escala suficiente para abastecer una mina ubicada en otra provincia conforman uniones transitorias de empresas (UTE) con firmas locales para obtener la condición de “localía”.
    Actualmente, hay 72 proyectos mineros en carpeta en Argentina, pero más del 70% de las inversiones se concentra en seis grandes desarrollos de cobre —Vicuña, El Pachón y Los Azules en San Juan; Taca Taca en Salta; MARA en Catamarca; y PSJ Cobre Mendocino en Mendoza—, mientras que alrededor del 25% se destina a dieciséis proyectos de litio ubicados en Jujuy, Salta y Catamarca.
    Sin embargo, los más de 50.000 millones de dólares que las mineras invertirán para arrancar sus operaciones no se traducirán completamente en compras a proveedores argentinos. El estudio, elaborado con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), muestra una frontera clara: buena parte de la maquinaria pesada y los equipos tecnológicos críticos continúan dependiendo de fabricantes internacionales.
    La magnitud de esta dependencia puede medirse en unidades. Solo para la primera etapa de los proyectos de cobre, el informe calcula que podrían incorporarse cerca de 500 camiones mineros de alto tonelaje, cuyos precios oscilarían entre 3 y 8 millones de dólares por unidad, según el modelo.
    El relevamiento identifica una base industrial y de servicios existente que podría incrementar su participación en minería. La construcción civil aporta cemento, cal, prefabricados y estructuras, además de capacidades en tratamiento de aguas y residuos, logística especializada, laboratorios, metrología y servicios tecnológicos.
    La frontera se encuentra en el corazón tecnológico de las minas: los equipos de mayor porte y complejidad, como perforadoras, palas, grandes camiones, chancadores, molinos SAG, plataformas de perforación y sistemas de control y automatización, son provistos por fabricantes internacionales que no cuentan con producción en Argentina.

  • Impresión 3D de hormigón: la tecnología que promete construir una casa en 48 horas y ya se usa en Argentina

    Impresión 3D de hormigón: la tecnología que promete construir una casa en 48 horas y ya se usa en Argentina

    Durante décadas, construir una vivienda implicó levantar ladrillo a ladrillo, preparar mezclas de cemento, montar encofrados y esperar varios días para continuar con la obra. Sin embargo, este panorama comenzó a cambiar recientemente con la aparición de las impresoras 3D de hormigón, una tecnología revolucionaria que promete construir una casa en 48 horas.

    Estas máquinas, que han evolucionado desde los laboratorios hasta aplicaciones domésticas, ya se utilizan en distintos países para construir viviendas, edificios, puentes, estaciones ferroviarias y locales comerciales. Su funcionamiento se basa en enormes brazos robóticos que depositan capas de concreto siguiendo un plano digital. Ahora, esta tendencia comienza a ganar impulso también en Argentina.
    Conocida como impresión 3D de hormigón (3DCP, por sus siglas en inglés), esta tecnología busca transformar una de las etapas más tradicionales de la construcción. Aunque en el país aún está en fase inicial, existen proyectos concretos y empresas que apuestan por su desarrollo.
    Entre los protagonistas locales se encuentra Grondplek, un emprendimiento cofundado por los empresarios tecnológicos Mateo Salvatto, Pablo Viana, Tomas Chernoff y Martín Mom, que incorporó al país una impresora de la compañía danesa COBOD. Esta máquina tiene una escala difícil de imaginar para quienes están acostumbrados a impresoras hogareñas: aproximadamente 11 metros de ancho por 11 metros de largo y 7 metros de altura.
    El objetivo de Grondplek es trasladar al sector de la construcción algunas de las ventajas propias de la fabricación aditiva: automatización, precisión, reducción de desperdicios y la posibilidad de crear geometrías complejas o costosas mediante métodos tradicionales.
    Una casa de 120 metros cuadrados en 48 horas
    Uno de los aspectos más destacados de esta tecnología es la velocidad. En diálogo con Clarín, Mateo Salvatto explicó que el programa de trabajo contempla unas 48 horas de impresión para una vivienda de 120 metros cuadrados, incluyendo las paredes y la configuración de doble muro con cámara de aire.
    Sin embargo, aclaró que esto no implica que una familia pueda habitar la casa dos días después de iniciar la impresión, ya que ese plazo corresponde solo a la etapa que realiza la máquina. Posteriormente, hay que completar otras tareas de la obra como en cualquier construcción convencional.
    “La primera reacción de la gente es preguntarme: ‘¿Cómo vas a levantar una casa en 48 horas?’. Pero en realidad es un proceso sumamente rápido. Técnicamente, la máquina puede depositar casi dos metros cúbicos de concreto por hora”, sostuvo Salvatto.
    “Si se trabaja con un turno de 8 horas, se necesitan seis turnos; si se hacen dos turnos, solo tres días. Estamos hablando de horas, cuando tradicionalmente los tiempos se miden en semanas o meses”, agregó.
    La principal diferencia radica en que una tarea que tradicionalmente requiere la coordinación de varios trabajadores, materiales y procesos puede ser automatizada mediante un archivo digital que define dónde, cuándo y cuánto material debe depositarse.
    Cómo se puede «imprimir» una casa
    Las impresoras 3D se caracterizan por materializar diseños mediante diversos materiales. Las principales variantes son FDM (fundición de plástico por boquilla), SLA/LCD (solidificación de resina líquida con luz) y SLS/DMLS (fusión de polvos metálicos o plásticos mediante láser), utilizadas en laboratorios o grandes industrias.
    Incluso la fabricación aditiva alcanza al acero. Un ejemplo destacado es el puente peatonal creado por la empresa neerlandesa MX3D, construido mediante tecnología de impresión por arco de alambre (WAAM), que deposita sucesivas capas de acero inoxidable.
    En el caso de las impresoras de hormigón, el funcionamiento es similar, pero a una escala mucho mayor. En lugar de fundir plástico, estas máquinas moldean una mezcla especial de hormigón a través de un cabezal instalado sobre un brazo robótico o un enorme pórtico automatizado.
    Todo comienza con un modelo tridimensional diseñado por arquitectos e ingenieros. Ese archivo se procesa con software especializado que divide el proyecto en cientos o miles de capas horizontales, generando el recorrido exacto que debe seguir el robot.
    Mientras tanto, una planta mezcladora prepara constantemente el mortero y lo envía mediante una bomba al cabezal de impresión. En lugar de plástico, se emplean mezclas especiales de cemento con plastificantes, acelerantes y otros aditivos que optimizan su comportamiento durante la impresión.
    Posteriormente comienza la etapa de construcción propiamente dicha.
    La principal función de la impresora es levantar la obra gris, es decir, gran parte de la estructura y las paredes. Las instalaciones, aberturas, pintura, revestimientos y terminaciones continúan requiriendo métodos convencionales y mano de obra especializada.
    La boquilla deposita cordones continuos de hormigón siguiendo el recorrido definido por la computadora. Cada nueva capa se apoya sobre la anterior hasta formar paredes, divisiones internas, escaleras, bancos, canteros o incluso parte del mobiliario integrado.
    Según Salvatto, la máquina trabaja con una precisión del orden de los milímetros, con un desvío estimado de aproximadamente cinco milímetros en el posicionamiento.
    Aunque el proceso de impresión no elimina completamente la posibilidad de errores, principalmente en el diseño, la preparación de la mezcla o durante la operación, la digitalización contribuye a reducir buena parte de los desvíos habituales en una obra.
    Qué sucede con la mano de obra
    En una construcción tradicional, los cortes, sobrantes y movimientos de materiales generan desperdicios. En la impresión 3D, la máquina deposita material únicamente donde el diseño digital indica.
    Salvatto calcula que el sistema podría generar un ahorro cercano al 30% en comparación con una construcción tradicional, aunque acl

  • A 35 años del gas natural en Entre Ríos: cuando gobernar era construir futuro

    A 35 años del gas natural en Entre Ríos: cuando gobernar era construir futuro

    Existen fechas que la memoria institucional debería atesorar con más cuidado del que solemos dedicarle. El 16 de agosto de 1991 es una de ellas. Ese día, en la Plaza Martín Fierro de Paraná, Entre Ríos dejó de ser una provincia postergada en materia energética y se incorporó, por primera vez, a la red de gas natural. No fue un anuncio más: fue el comienzo de una transformación silenciosa que, con los años, llegaría a decenas de miles de hogares entrerrianos.

    Hay una categoría de obra pública que rara vez ocupa portadas ni discursos épicos: la que va bajo tierra. No tiene la espectacularidad de un puente ni la fotogenia de un edificio inaugurado con corte de cinta. Se construye kilómetro a kilómetro, invisible para la mayoría de la población, y sin embargo es la que sostiene, de manera más profunda y duradera, la vida cotidiana de una comunidad. La llegada del gas natural a la provincia encarna esa paradoja: uno de los proyectos más estructurales de la historia reciente es, a la vez, uno de los más imperceptibles.
    Aquella jornada significó el acto de habilitación de las primeras conexiones domiciliarias de gas natural en Entre Ríos, bajo la primera gobernación del Dr. Jorge Pedro Busti. Estuvieron presentes el entonces presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem; el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Karlic, y un amplio arco de funcionarios y legisladores. El presidente de EGASER, Alejandro Renaud, fue preciso en su definición del momento: se trataba de emprender, «todos los entrerrianos juntos», el camino de «la sustitución tecnológica, la productividad, el confort, la calidad de vida». Palabras que hoy, treinta y cinco años después, conservan una vigencia notable, porque describen con exactitud lo que terminó ocurriendo.
    Tras la bendición de las instalaciones por monseñor Karlic, el propio presidente de la Nación y el gobernador Busti caminaron hasta la casa de la familia Cartagna, en Antártida Argentina 266, a pocos metros del palco, detrás de la actual Terminal de Ómnibus de la ciudad. Allí, en la intimidad de un hogar entrerriano cualquiera, se encendió simbólicamente el primer artefacto alimentado a gas natural de la zona. La política bajó del escenario y entró a una casa. Ese gesto, tan simple como contundente, sintetiza toda una forma de gobernar: la obra pública no como promesa vacía, sino como derecho concreto que llega a la mesa de cada familia.
    Y en esa dimensión radica la clave del proceso. El gas natural no se ve. No hay una postal de la red subterránea de cañerías que hoy recorre buena parte de la provincia, ni una imagen que capture el instante exacto en que una industria bajó sus costos energéticos o una familia dejó de cargar garrafas en pleno invierno. Es una obra que trabaja puertas adentro: en el confort silencioso de una casa con calefacción, en la planilla de costos de una fábrica, en la caja de un comercio que gana competitividad.
    Los datos posteriores lo confirman con crudeza estadística. Quince años después, para 2006, Redengas ya abastecía a 31.500 usuarios de los 42.000 en condiciones de conectarse en Paraná, y en el resto de la provincia Gas Nea alcanzaba a un universo potencial de 84.000 usuarios, con 30.000 clientes reales a esa fecha. Actualmente, según la Audiencia Pública N.º 104 del ENARGAS, realizada en enero de 2024, se estima que existen más de 120.000 usuarios conectados en toda la provincia. Detrás de cada uno de esos números hay una familia que cambió su forma de vivir, una industria que ganó eficiencia, un comercio que redujo su estructura de costos. Ese es el verdadero balance de una obra de infraestructura: no la cantidad de fotos que generó, sino la cantidad de vidas que mejoró de manera sostenida.
    Volviendo al acto, Busti pronunció una frase que condensa todo un estilo de gestión: «Yo no vine a ponerle mi nombre a las cosas, sino a hacer cosas en nombre de todos». No fue una frase vacía. Uno de los principales objetivos de aquella primera gobernación fue lograr el abastecimiento de gas natural en la provincia, y para eso Busti no partió de cero ni buscó reinventar lo hecho: comenzó por reordenar las acciones que ya había desarrollado la gestión anterior de Sergio Montiel, dándole continuidad a una política de Estado por encima de las diferencias partidarias. En ese marco se completó el cruce subfluvial del Gasoducto Mesopotámico, en su tramo Aldao (Santa Fe)-Aldea Brasilera, obra estructural sin la cual ningún desarrollo posterior habría sido posible.
    Sobre esa base, la gestión de Busti impulsó un nuevo proyecto de distribución en Paraná de dimensiones inéditas para la época: 300 kilómetros de red, 520 manzanas alcanzadas y 27.000 usuarios directos proyectados. Los trabajos comenzaron en octubre de 1990 y, apenas diez meses después, en agosto de 1991, se habilitaba el primer servicio domiciliario de gas natural no solo en Entre Ríos, sino en toda la Mesopotamia argentina. Ese dato no es menor: Entre Ríos fue la puerta de entrada del gas natural a toda la región mesopotámica y hasta nuestros días es la provincia con mayor desarrollo de la red dentro del NEA, dado que Corrientes y Chaco tiene una cobertura muy limitada y Misiones directamente no tiene un sólo metro de gasoducto.
    Vale la pena, entonces, reivindicar este tipo de gestión pública en un momento en que la política parece medirse casi exclusivamente por el impacto de un anuncio en las redes y por la manía de lo fundacional. Jorge Busti gobernó con la convicción de que continuar lo bueno de una gestión anterior no era debilidad sino responsabilidad de Estado, y con la certeza de que las obras que verdaderamente importan no siempre necesitan un nombre propio grabado en una placa. «No vine a ponerle mi nombre a las cosas, sino a hacer cosas en nombre de todos», dijo aquel 16 de agosto de 1991. Treinta y cinco años después, con el gas natural corriendo silenciosamente bajo miles de calles entrerrianas, esa frase sigue siendo la mejor definición de lo que significa gobernar para la gente.
     
    Por Claudio Ava Aispuru
    (Ex presidente del Frente Entrerriano Federal)

  • Más de 100 personas se sumaron para construir cuchas para perros callejeros

    Más de 100 personas se sumaron para construir cuchas para perros callejeros

    Más de 100 personas se sumaron para construir cuchas para perros callejeros

    Más de cien personas participaron este jueves de la jornada solidaria organizada por la Escuela Municipal de Artes y Oficios (EMAO) “Héroes de Malvinas”, donde se fabricaron 15 cuchas de madera para perros que viven en las calles. La iniciativa, impulsada por la institución municipal, convocó a alumnos, vecinos y voluntarios que trabajaron de manera conjunta en una acción que combinó solidaridad, aprendizaje y compromiso comunitario.

    Durante la actividad participaron estudiantes de los distintos talleres que funcionan en la EMAO, junto a vecinos que, aun sin conocimientos previos en carpintería, decidieron sumarse para colaborar con la construcción de las cuchas. El trabajo colectivo permitió elaborar 15 estructuras de gran tamaño, preparadas para resistir las condiciones del exterior.
    Las cuchas serán destinadas a refugios de la ciudad y también estarán disponibles para vecinos que transiten animales y necesiten brindarles un espacio seguro de resguardo.
    El director de la EMAO, Jerónimo Pérez, destacó el acompañamiento recibido por parte de la comunidad. “Agradecemos especialmente la colaboración desinteresada de los vecinos que acercaron materiales reciclados para darles una segunda vida, a la empresa Fepasa por la donación de pallets y, sobre todo, a cada persona que aportó su tiempo y compromiso para hacer posible esta jornada”, expresó.
    Asimismo, señaló que “como escuela municipal estamos orgullosos de haber podido aportar una acción concreta para la ciudad y de la repercusión que tuvo esta propuesta. También queremos agradecer a los medios de comunicación por la difusión, que fue fundamental para que esta iniciativa se transformara en un verdadero logro colectivo”.
     
     
     
    Educación Municipal
    La propuesta también puso en valor una política pública de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, que articula la formación en oficios a partir de la educación municipal, con el cuidado del ambiente y el bienestar animal. La jornada promovió la reutilización de materiales a través del uso de madera reciclada y abrió la participación a toda la comunidad.
    Recordemos que la Dirección de Educación de la Municipalidad tiene a su cargo la formación de más de 670 estudiantes entre los Centros de Desarrollo de la Niñez, las escuelas municipales y la Escuela Municipal de Artes y Oficios “Héroes de Malvinas”. En la EMAO, con más de 350 estudiantes, las propuestas incluyen seis trayectos formativos: Albañilería, Confeccionista a medida, Electricista domiciliario, Marroquinería y tapizado, Restauración de muebles y soldador básico. Cada formación combina clases teóricas y prácticas, con un enfoque en el aprendizaje aplicado y el desarrollo de habilidades concretas.
     

  • Hallaron los restos de Altino, la ciudad romana desmantelada para construir la actual Venecia

    Hallaron los restos de Altino, la ciudad romana desmantelada para construir la actual Venecia

    Hallaron los restos de Altino, la ciudad romana desmantelada para construir la actual Venecia

    Las excavaciones en el Parque Arqueológico de Altino, ubicado en el norte de Italia, han revelado las primeras estructuras monumentales del foro de esta antigua ciudad romana, que fue una próspera urbe comercial antes de ser abandonada para fundar Venecia.

    Los trabajos, iniciados en octubre de 2025, permitieron desenterrar una sección del centro monumental romano que incluye locales comerciales (tabernae), los muros de la cávea —el graderío— del teatro principal y un tramo urbano de la Vía Annia. Esta vía, construida en el siglo II a.C., conectaba las ciudades de Padua y Aquilea.
    Estos hallazgos se registraron en un sector de 26 hectáreas, que representa un tercio del área total de la ciudad sepultada y que hasta ahora no había sido explorado mediante excavaciones sistemáticas. Hasta la fecha, su estructura solo era conocida a través de prospecciones geofísicas aéreas realizadas hace veinte años, un método no invasivo que permite identificar estructuras subterráneas sin necesidad de excavar.
    Altino fue históricamente uno de los centros urbanos más prósperos del norte de Italia. Sin embargo, entre los siglos V y VII, las invasiones bárbaras sucesivas obligaron a sus habitantes a refugiarse en los islotes de la laguna, un entorno pantanoso y de difícil acceso para los ejércitos terrestres, dando origen a los primeros asentamientos estables de lo que hoy es Venecia.
    Los restos descubiertos en los 602 metros cuadrados investigados hasta el momento revelan el proceso de declive de la ciudad romana y su posterior transformación en una cantera de materiales para la nueva urbe, según un comunicado del Ministerio de Cultura.
    Marianna Bressan, directora de los Museos Arqueológicos Nacionales de Venecia, explicó que las evidencias demuestran que los edificios públicos del foro romano sufrieron un “expolio quirúrgico” durante la Edad Media. Los habitantes desmantelaron las estructuras de Altino para transportar piedras, ladrillos y mármoles hacia la laguna, reutilizándolos en la construcción de los primeros palacios venecianos.
    Por su parte, Massimo Osanna, director general de Museos de Italia, destacó que esta campaña arqueológica marca una nueva etapa en el estudio del yacimiento y subrayó que el conocimiento científico es la principal herramienta para la protección del patrimonio cultural.
    Los trabajos de campo, realizados en colaboración con la Universidad de Padua, concluyeron su primera fase este jueves con una jornada de puertas abiertas que permitió al público observar los restos in situ, antes de que las piezas recuperadas sean trasladadas para su análisis en laboratorio.
    Agencia EFE.