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  • El Caribe se convirtió en «el nuevo Brasil» para los argentinos con el dólar planchado en la primera mitad de 2026

    El Caribe se convirtió en «el nuevo Brasil» para los argentinos con el dólar planchado en la primera mitad de 2026

    El Caribe se convirtió en «el nuevo Brasil» para los argentinos con el dólar planchado en la primera mitad de 2026

    En las playas centroamericanas, con sus resorts all inclusive y aeropuertos, ya se escucha a familias, grupos de amigos y parejas hablar en español con acento argentino con más frecuencia que cualquier otro idioma. Esta escena, común en Florianópolis y Río de Janeiro, se ha vuelto habitual también en el Caribe, incluso en destinos poco tradicionales que se han puesto de moda y se consideran “el nuevo Brasil”. Tanto es así que muchos hoteles adaptan sus servicios a esta demanda, incorporando clásicos argentinos como fernet en sus cartas de tragos y empanadas en sus menús.

    En el sector turístico se habla de una “invasión argentina”, impulsada en gran medida por la estabilidad del dólar durante el primer semestre de 2026. A pesar de que en junio el tipo de cambio oficial aumentó cerca del 5%, en lo que va del año la subida acumulada fue apenas del 1,6%, muy por debajo de la inflación acumulada del 16%.
    Otro factor que influye es la mayor conectividad aérea, con nuevas rutas directas. Tal como anticipó la industria, el aumento en los precios de los pasajes debido al alza del combustible de aviación, ocasionado por el incremento del petróleo, no ha frenado la demanda.
    Con un 15% del total de pasajeros, Argentina ya se posiciona como el tercer mercado más importante para Arajet, la aerolínea dominicana que opera vuelos directos desde Buenos Aires y Córdoba a Punta Cana y Santo Domingo, y que recientemente inició rutas desde Rosario y Mendoza.
    Además, la competitividad de algunos destinos extranjeros ha aumentado frente a los nacionales debido a la inflación en pesos, que encareció significativamente el alojamiento, la gastronomía y el transporte interno, rubros que lideraron los incrementos en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) reciente.
    Muchos argentinos que antes elegían Brasil para vacacionar ahora aprovechan la coyuntura para visitar las playas de arena blanca y agua turquesa del Caribe. De cara a la segunda mitad del año, la plataforma Despegar registró un crecimiento significativo en búsquedas, con Aruba aumentando un 293%, consolidándose más allá de los destinos tradicionales de invierno, gracias a su buen clima durante todo el año, su ubicación fuera del cinturón de huracanes y a que no se ve afectada por el sargazo, las algas que impactan en varias playas de la región.
    Por su parte, Almundo destaca que Punta Cana lidera el ranking de destinos caribeños, con incrementos superiores al 100% en reservas de hoteles para las vacaciones, un aumento del 47% en paquetes turísticos y del 46% en vuelos, predominando los viajes para dos personas.
    En 2025, República Dominicana recibió a 442.008 turistas argentinos —un 62% más que en 2024—, contando con más de 200.000 asientos en vuelos directos ofrecidos por Aerolíneas Argentinas y Arajet. Entre enero y abril de 2026, las llegadas desde Argentina crecieron un 15,1% interanual. “Argentina es el principal mercado emisor de Sudamérica, solo superado por Estados Unidos y Canadá”, señaló Rhina Olivares, directora de la Oficina de Turismo dominicana.
    Leonel Reyes, director para Latinoamérica de PAM Hotels, grupo licenciatario de marcas como Hard Rock, destacó que Argentina es un mercado estratégico para la operación, con un crecimiento sostenido. “Se consolida entre los tres principales mercados en ventas directas y alcanzó la segunda posición en nuestros canales,” afirmó. Señaló que el Hard Rock de Punta Cana es la propiedad más visitada por los argentinos, que en mayo registró un crecimiento interanual del 62%. Un 57% de los viajeros argentinos opta por viajes familiares y un 53% adquiere paquetes que incluyen vuelo y hotel.
    En el primer trimestre de 2026, los ingresos generados por turistas argentinos en los hoteles Meliá de Cancún y Riviera Maya alcanzaron los 890.000 dólares, con una estadía promedio de mayor categoría y un incremento del 11% en el ticket promedio por habitación respecto a 2025. La compañía anticipa que las reservas para el resto del año continúan con una tendencia positiva, especialmente en segmentos familiares y de parejas. Asimismo, destaca que la mayor oferta de vuelos a República Dominicana fortalece la competitividad de este destino frente a opciones tradicionales como Cancún.
    En cuanto a destinos emergentes, Pedro Pascual, director de Ventas y Marketing para América Latina de Viva Resorts —cadena del grupo Wyndham—, manifestó que se registra un crecimiento superior al 50% en comparación con 2025. Resaltó el aumento en la demanda por lugares como Miches y Puerto Plata, cada vez más elegidos porque, al igual que Aruba y Curazao, no se ven afectados por el sargazo.
    Jordan Schlipken Croes, director de la Autoridad de Turismo de Aruba para América Latina, afirmó que “el argentino elige Aruba, permanece más tiempo y vuelve”. En ese sentido, Aerolíneas Argentinas decidió mantener durante todo el año la ruta directa desde Ezeiza, que inicialmente fue planificada para la temporada de verano y luego extendida hasta abril, aumentando su frecuencia a cuatro vuelos semanales.
    Iris Carrasco, coordinadora para el Cono Sur de la Oficina de Turismo de Curazao, informó que en 2026 se estima recibir alrededor de 29.000 turistas argentinos, reflejando la relevancia de este mercado en el posicionamiento del destino. En 2025, Curazao recibió un 13% más de visitantes que en 2024.

  • Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    En las cabeceras y estaciones de la Ciudad y el conurbano hay una escena que se repite todos los días: personas que corren para no perder un tren, que no saben si va a salir, filas que desbordan las paradas, colectivos que pasan llenos sin detenerse, gente que viaja apretada y cansada. No es una excepción ni un mal día. Es simplemente la rutina. Viajar dejó de ser un trayecto previsible para convertirse en una sucesión de esperas, decisiones forzadas y tiempos muertos. Tiene que ver con problemas constantes con los trenes, que en muchos casos redujeron frecuencias. Y la semana pasada se sumó el conflicto entre el Gobierno nacional y las empresas de colectivos, que aunque mejoró, está latente.Un hombre con ropa de operario, la campera gastada y las manos curtidas, se queda medio dormido apoyado contra el caño frío de la parada. Abraza la mochila contra el pecho, como si fuera un escudo. Cada tanto abre los ojos, mira la calle y vuelve a cerrarlos. El colectivo no llega. Nadie sabe cuándo va a llegar.Raúl Toloza lo mide en horas. “Le dedico dos horas a viajar. Me tomo el Roca hasta Calzada y después el 271. Si perdés uno te querés matar. A la vuelta es peor, tarda más y vienen llenos”. Hace un año, dice, no era así. “Venían cada 15 o 20 minutos. Ahora a veces pasan dos seguidos completamente llenos y no paran”.Blanca Aguayo lo ve en la fila. Todos los días toma el 414 desde Florencio Varela hasta La Plata. “Antes esperaba 30 minutos, ahora viene cada una hora. Se junta con los chicos de la facultad y la fila supera la garita”, cuenta. A la vuelta, la decisión es forzada: “No sabés qué elegir. Tren o colectivo, en los dos viajás apretada, cansada y harta”.En Lomas de Zamora, la rutina de Natalia y su pareja está atravesada por esa misma lógica. Él sale de trabajar cerca de las 22 en Chacarita, combina subte y tren hasta Constitución y desde ahí intenta volver. “Los trenes no cumplen horarios, los cancelan o los cambian. El de las 22.53 termina saliendo a las 23.11”, dice. Cuando llega, el problema sigue: colectivos que no salen, aunque estén estacionados. “Él llegó a esperar media hora y termina caminando porque pierde más tiempo esperando”. Muchas noches camina a las 11, cansado, con el celular en la mano y la ubicación compartida. “Da miedo”, dice.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezA la mañana, el problema se repite pero con otro ritmo: colectivos que pasan desbordados, imposibles de abordar, incluso para trayectos de pocas cuadras. “Tengo que dejar pasar uno o dos trenes porque no te podés subir”, dice.En los trenes del Roca, la experiencia es otra forma de desgaste. Una mujer se seca la transpiración con el dorso de la mano mientras intenta sostenerse. Está atrapada entre cuerpos que no dejan de empujar desde atrás. Cada vez entra más gente. No hay aire. No hay espacio. Solo un murmullo de quejas y respiraciones agitadas.El deterioro también se siente en el cuerpo y en el vínculo con los otros. “Cada día se viaja peor: te golpean, te insultan”, cuenta Facundo Ríos, que viaja desde Quilmes hasta Olleros y demora hasta tres horas por tramo. “Todos salimos con el mismo fin, pero la falta de respeto es lo peor. Hay hombres que hacen fuerza como patovicas para meterse. No da derecho a maltratar a otro”, recrimina. En los andenes y dentro de los vagones, la escena se repite: empujones, discusiones, tensión.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezCristian Ferraro lo vive todos los días. “Cansa más que trabajar”, dice. Viaja parado, apretado, a veces sostenido con un solo pie. “El tren se queda parado, la gente empuja para subir. Se pelean. Es un desastre”. Cuenta también lo que pasa dentro de los vagones: consumo de alcohol, humo, falta de control. “Viajo hace años y nunca vi que bajen a nadie”, describe.A veces el viaje parece avanzar con normalidad hasta que se interrumpe. En estaciones como Temperley o Claypole, los parlantes anuncian que el tren termina ahí. Y todo vuelve a empezar: esperar otro transporte, buscar alternativas, o resignarse a caminar por las vías para llegar a la siguiente estación. En otras ocasiones, la escena escala en el hall de Constitución: cancelaciones repentinas, pasajeros corriendo de un andén a otro, gente que después de horas de viaje pierde su lugar y tiene que volver a subirse a una formación ya llena. La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. En la terminal de Retiro se repite el escenario de otras cabeceras. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiEl sistema no solo funciona mal: también se está achicando. Según un informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, en abril de 2026 cayó con fuerza la cantidad de pasajeros en colectivos del AMBA en comparación con 2025. En los días hábiles (los más representativos del movimiento laboral) la baja es del 15%. Pero la caída es aún más marcada los fines de semana: los sábados baja un 19% y los domingos un 20%, mientras que en feriados alcanza el 29%, lo que refleja un retroceso general del uso del transporte también en actividades sociales y de ocio.Al mismo tiempo, no solo disminuyó la cantidad de usuarios, sino también la oferta del sistema. Los colectivos recorrieron menos kilómetros (una baja del 12% en días hábiles, 10% los sábados y 9% los domingos), y hubo menos unidades en circulación (8% menos en días hábiles, 7% los sábados y 6% los domingos). En feriados, la reducción es todavía más fuerte en todos los indicadores.El informe vincula este escenario a tres factores principales: el aumento del costo del gasoil, la deuda por subsidios impagos y la caída en la demanda, asociada tanto al deterioro del servicio como a la menor actividad económica. En conjunto, los datos reflejan un doble fenómeno: menos gente viajando, pero también menos transporte disponible. Es decir, no se trata solo de una caída en la demanda, sino también de un sistema que se achica. El resultado es un escenario paradójico: aunque hay menos pasajeros, quienes siguen viajando pueden enfrentarse a un servicio más limitado, con menor frecuencia y cobertura.Los usuarios del tren Sarmiento también padecen demoras y esperas para volver hacia el Oeste. Como contó Clarín en una nota anterior, volver al sur del conurbano se convirtió en una odisea. Los últimos servicios hacia Bosques salen apenas pasadas las 20.30: 20.33 por vía Temperley y 20.36 por vía Quilmes. Para miles de personas, llegar a tiempo a Constitución define todo: o un viaje relativamente directo o una combinación que puede estirarse hasta tres horas.Quienes no llegan, quedan fuera del sistema. La salida de circulación de la línea 148, “El Halcón”, profundizó ese escenario. Durante décadas fue la conexión directa entre Constitución y el sur. Sin ese colectivo, miles de pasajeros quedaron sin una alternativa clave. Jennifer lo resume: “Después de las 20.30 no hay nada. Tenés que hacer dos o tres combinaciones o pagar un Uber. Es una odisea”.Desde entonces, la vuelta depende de lo que haya: combis que salen llenas, taxis compartidos o aplicaciones de viaje con precios que muchas veces son inaccesibles. Un taxi puede costar entre 7.000 y 8.000 pesos; una app, hasta 45.000. Para muchos, directamente no es una opción.Colas interminables para tomar colectivos la semana pasada, durante el conflicto en el que las empresas redujeron servicios por diferencias con los subsidios con el Gobierno nacional. Foto: Martín BonettoEl impacto no es solo físico. El psicoanalista Ricardo Rubinstein explica a Clarín que el viaje puede funcionar como una rutina organizadora, un momento de transición entre la vida personal y el trabajo. Pero cuando las condiciones son malas, ocurre lo contrario: “Genera estrés, irritación y cansancio. Afecta la concentración, el humor, los vínculos y hasta el sueño”.Viajar mal, de forma sostenida, también tiene un efecto psicológico. La incertidumbre constante (no saber si el tren va a salir, si el colectivo va a parar o cuánto va a durar el trayecto) genera ansiedad y un estado de alerta permanente. A eso se suma la frustración acumulada por el tiempo perdido y la sensación de falta de control sobre la propia rutina.Con el tiempo, ese desgaste impacta en la vida cotidiana: menos energía para el trabajo, menos paciencia en los vínculos, menos tiempo para descansar. El viaje deja de ser un momento de transición y se convierte en una carga que se arrastra durante todo el día.Zona norte: entre el costo y la pérdida de previsibilidadEn la zona norte, el viaje tiene otra geografía, pero comparte el mismo desgaste. En la estación de Retiro, el movimiento es constante: trabajadores, estudiantes y también pasajeros de larga distancia conviven en un mismo flujo que, en horas pico, se vuelve difícil de contener.El servicio funciona todos los días, desde aproximadamente las 5 de la mañana hasta cerca de las 23 horas. En los ramales urbanos del tren Mitre (como Tigre, Mitre y José León Suárez) las formaciones circulan cada 15 a 20 minutos en hora pico y entre 20 y 35 minutos el resto del día, aunque el ramal Bartolomé Mitre suele tener intervalos más amplios. En los trayectos más largos, las frecuencias pueden superar la hora de espera.A eso se suma otro factor que pesa cada vez más: el costo del viaje. Con tarifas vigentes desde septiembre de 2024, según Trenes Argentinos, el boleto oscila entre los $ 280 y los $ 450 según el destino, y puede llegar hasta los $ 900 en recorridos más extensos como Villa Ballester–Zárate. Para muchos usuarios, sostener ese gasto implica buscar alternativas: promociones bancarias, descuentos o incluso el uso de tarjetas SUBE con tarifa social de familiares.Sol y Javier lo viven todos los días. Son compañeros de trabajo, viven en Constitución y viajan hasta José León Suárez. Combinan subte y tren. “Tenemos un gasto cercano a los 60.000 pesos por mes. Tratamos de aprovechar promociones o ver si alguien nos puede acercar en auto”, cuentan. En el caso de Sol, evitar un colectivo es una decisión económica: “Prefiero no seguir gastando”.El tiempo también pesa. “Son dos horas de ida y dos de vuelta. Es cansador”, dicen. Y aunque el subte mantiene cierta regularidad, el tren perdió previsibilidad. “Antes sabíamos que salía y en 25 o 35 minutos llegábamos. Ahora hay retrasos constantes”.Zona oeste: viajes largos y rutinas adaptadasEn el oeste, la historia cambia de línea pero no de fondo. El tren Sarmiento es, para muchos, parte de la identidad de quienes viven en esa zona. “Es costumbre”, dice Milagros, de 23 años, que vive en Merlo y combina colectivo y tren para trabajar y estudiar fotografía en Capital.En hora pico, las formaciones del Sarmiento circulan cada 10 a 15 minutos, pero esa frecuencia no se mantiene en los ramales más largos ni durante los fines de semana, donde las esperas pueden extenderse a más de una hora. En los últimos días, además, hubo modificaciones en los primeros y últimos trenes por obras en las vías, lo que obligó a muchos usuarios a reorganizar su rutina.Milagros tarda dos horas entre ida y vuelta. “Es tedioso, pero me acostumbré. Trato de ver una serie o estudiar en el viaje”, dice. Para reducir costos, usa la SUBE de sus padres jubilados. “Es parte de la cultura de la gente que vive en provincia”.Pero no todos logran naturalizarlo. Ornella, estudiante de Psicología en la UBA, vive en Francisco Álvarez y viaja tres veces por semana a Once. Su trayecto puede extenderse hasta tres horas y media. “Es como hacer un viaje a la costa todos los días”, grafica. Primero toma un colectivo, después el tren y finalmente completa el recorrido a pie o con otro transporte.La frecuencia también es un problema. “Antes el tren tardaba menos. Ahora a veces esperás más de una hora”, cuenta Milagros. Y en algunos casos, el margen de error es mínimo: “Hay compañeros que tienen un colectivo que pasa una sola vez a la noche. Si lo perdés, esperás hasta las 2 de la mañana”.La respuesta oficialDesde la Secretaría de Transporte, en diálogo con Clarín, reconocen las dificultades del sistema. “Más que un mejor servicio queremos que sea seguro. El sistema de transporte que recibimos como herencia es un desastre”, señalaron. Según explicaron, la reducción de frecuencias se dio principalmente en una primera etapa, pero luego las empresas realizaron esfuerzos para recuperar niveles habituales.En el sistema ferroviario, el foco está puesto en la seguridad. En el marco de la Emergencia Ferroviaria, se avanzó en la revisión de normas y mantenimiento, incluyendo la derogación de una resolución que limitaba la velocidad en estaciones terminales. La medida, tomada junto a Trenes Argentinos, busca optimizar los tiempos de viaje sin comprometer la seguridad, apoyada en inversiones como el sistema de frenado automático, mejoras en señalamiento y renovación de vías.»Entendemos las dificultades que atraviesan los usuarios y sabemos que aún queda mucho por hacer. El objetivo es avanzar hacia un sistema más previsible, seguro y eficiente, recuperando progresivamente niveles de servicio que hoy se ven condicionados por una situación estructural compleja», manifestaron. Trenes Argentinos informó que actualmente hay nueve estaciones fuera de servicio por obras en las líneas Roca, Mitre y Sarmiento. La empresa explicó que los diagramas de servicio se ajustan en función de las obras para preservar la seguridad operacional en el marco de la Emergencia Ferroviaria, que las afectaciones se informan por los canales oficiales y que, salvo en el Sarmiento donde algunas semanas se modifican los primeros y últimos trenes, los servicios publicados mantienen sus frecuencias habituales gracias a ventanas nocturnas de trabajo en Roca y Mitre.En cuanto a la demanda, los datos de la CNRT muestran una caída sostenida de pasajeros en los últimos años. En el Roca, tras el pico pospandemia de 131,2 millones de pasajeros en 2022, se pasó a 120,3 millones en 2024 y 111,6 millones en 2025; en enero y febrero de 2026 se registraron 14,9 millones de viajes. En el Mitre, luego de superar los 39 millones de pasajeros entre 2022 y 2024, el total bajó a 28,2 millones en 2025 (año atravesado por interrupciones prolongadas por obras) y en los dos primeros meses de 2026 sumó 1,55 millones. En el Sarmiento, que había alcanzado su máximo en 2024 con 77,7 millones de pasajeros, el número descendió a 70,2 millones en 2025 y acumula 8,3 millones en lo que va de 2026.Viajar en el AMBA es, cada vez más, una experiencia que atraviesa todo. El tiempo, el cuerpo, el ánimo. Menos transporte, más espera, más tensión.

  • El ministro mexicano que se convirtió en un fenómeno pop tras liderar el operativo en el que murió el capo narco «Mencho»

    El ministro mexicano que se convirtió en un fenómeno pop tras liderar el operativo en el que murió el capo narco «Mencho»

    El secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, rebautizado como Batman, se convirtió en una de las figuras más populares de la política del país y, por extensión, en una de las más demandadas en los puestos callejeros, donde abundan productos personalizados con su rostro como toallas, mantas o almohadas.Imágenes del funcionario en traje o sonriendo e, incluso, fotomontajes sin camiseta y en ropa interior se encuentran en puestos ambulantes en varias ciudades mexicanas, en un fenómeno de mercadotecnia política que ya se vivió anteriormente en el país con el expresidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024).Ahora los productos estrella son los del jefe de la estrategia de seguridad del país, con una aprobación del 84,4% entre la ciudadanía un mes después del operativo que acabó con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), según una encuesta de la empresa Territorial de marzo.En un recorrido por el Centro Histórico de la capital mexicana, EFE pudo constatar este lunes la venta de artículos con la imagen estampada de Omar García Harfuch, de 44 años, como toallas o mantas.Vanesa, de Novedades Kabdahy, explica que estos productos personalizados están teniendo éxito porque «la gente lo ve (a Harfuch) como un superhéroe», sobre todo el público femenino de entre 40 a 50 años.Su empresa fabrica distintas mantas del político y está diseñando almohadas personalizadas en las que lo representa como el superhéroe Batman, apodo con el que se conoce a Harfuch en redes sociales.»Empezamos (a vender) desde que pasó lo de El Mencho (…) La verdad es que se está vendiendo muy bien. Aparte de que está guapo, ahora sí que se ha vuelto muy popular. Entonces siento que es por eso», cuenta a EFE Estefany, dependienta de la misma tienda.Además, destaca que los encargos de productos del secretario de Seguridad van «al alza» y que son de los más demandados junto a los de otras personalidades, como el grupo surcoreano de k-pop BTS, en medio de las voces que lo señalan como el candidato favorito del oficialismo para las elecciones de 2030.El fervor comercial que provoca el político va más allá de la venta de toallas o mantas, algunos establecimientos están empezando a vender pan dulce con el rostro del funcionario denominados ‘Harfuchas’.Este éxito de ventas y la creciente popularidad de la figura de García Harfuch es para la consultora en imagen pública Liliana López, un «fenómeno orgánico» de la política mexicana que atribuye a su atractivo físico, su papel estratégico en seguridad y la narrativa colectiva que lo rodea, lo que le confiere un aura «muy potente».Esa combinación, explica a EFE, resulta especialmente atractiva porque «nos encanta sentirnos seguras, buscamos figuras que nos brinden seguridad».En su opinión, también contribuye a su popularidad su «bajo perfil» y episodios de su vida como el atentado en su contra en 2020, del que salió ileso, circunstancias que -añade- fortalecen una narrativa de héroe.»Está en una posición de poder, se puede defender, nos defiende y además es atractivo. Es como el cómic que todos vemos, por eso le dicen el Batman, ¿no? El Batman de hoy», indica.Esta fascinación la enmarca en un contexto en el que la sociedad busca a líderes a los que seguir, como es el caso de Harfuch, un personaje «como nosotros» y «muy carismático».