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  • Crisis del transporte escolar rural en Entre Ríos: Un problema que ya impacta en la educación

    Crisis del transporte escolar rural en Entre Ríos: Un problema que ya impacta en la educación

    Crisis del transporte escolar rural en Entre Ríos: Un problema que ya impacta en la educación

    En los últimos meses, la situación del transporte escolar rural en la provincia de Entre Ríos ha comenzado a encender señales de alarma entre familias, directivos y comunidades educativas.

    Lo que hasta hace poco era un servicio esencial que garantizaba el acceso a la educación en zonas rurales, hoy enfrenta una realidad cada vez más compleja. El aumento sostenido de los costos operativos —principalmente el combustible—, sumado a la falta de una actualización acorde en los valores que se perciben por los recorridos, ha generado un desfasaje que pone en riesgo la continuidad del servicio.
    Quienes están en contacto diario con esta realidad advierten que, pese al compromiso de los transportistas —que recorren largas distancias, transitan caminos rurales en mal estado y, en muchos casos, adaptan el servicio a las necesidades específicas de los estudiantes—, la actividad ha dejado de ser rentable. En términos concretos, los ingresos actuales no alcanzan para cubrir los costos básicos de funcionamiento.
    Las imágenes que circulan en redes sociales reflejan de forma simbólica un escenario preocupante: unidades deterioradas, falta de inversión y un sistema que, de no corregirse, podría dejar a numerosos alumnos sin transporte en un futuro cercano.
    Este no es un problema aislado ni sectorial. Se trata de una situación que impacta directamente en la educación, especialmente en las zonas rurales, donde el acceso a la escuela depende en gran medida de este servicio.
    Padres, docentes y actores de la comunidad educativa coinciden en un punto: si no se adoptan medidas urgentes para recomponer los valores del servicio y garantizar su sostenibilidad, el sistema podría comenzar a resentirse en el corto plazo.
    La preocupación crece y la pregunta empieza a instalarse: ¿qué pasará con el transporte escolar si no se revierte esta situación?
    La respuesta, por ahora, sigue abierta, a la espera de una respuesta cada vez más urgente por parte del gobierno provincial, ante reclamos que, según señalan distintos actores del sector, no han tenido aún una solución concreta.

  • Crisis de natalidad y feminismo: el libro que propone repensar familia y reproducción

    Crisis de natalidad y feminismo: el libro que propone repensar familia y reproducción

    Tener o no tener hijos es mucho más que un dilema personal. Especialmente cuando el Estado empieza a pensar la población como un factor económico, como un capital que adquiere diferentes valores y significados según las épocas.Adele Clarke, Donna Haraway y Ruha Benjamin. | Fotos: gentileza.Problematizar la noción de población y contraponer la posibilidad de construir nuevos parentescos es el objetivo del libro que tiene como compiladoras a las intelectuales norteamericanas Donna Haraway y Adele Clarke. El conflicto está expresado en el título Generar parentesco, no población (Editorial Rara Avis), que podría definirse como la respuesta feminista a la introducción del libro Las venas abiertas de América Latina, que publicó la editorial Siglo XXI en el año 1971.Con el título “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”, Eduardo Galeano sostenía que los países imperialistas se ocupaban, bajo medidas a veces más directas y sanguinarias y otras más sutiles, de eliminar a la población pobre de América Latina e impedir que se multiplicara.La mención de este libro, que, por supuesto, escapa a las referencias de las autoras, tiene dos justificaciones. Por un lado, como señala en el prólogo a la edición en español Julieta Massacese, Generar parentesco, no población carece de una mirada latinoamericana.Pero, fundamentalmente, lo que hoy incómoda del texto de Galeano es el sesgo machista que desconoce el lugar de la mujer, los embarazos no deseados, que en muchos casos son el resultado de un abuso, y el condicionamiento que la maternidad implica.Más allá de la distancia de épocas y de género, existe una coincidencia ligada a la certeza de que la maternidad y la paternidad no pueden ser pensadas únicamente desde una perspectiva personal (de hecho, muchas de las autoras de este libro rechazan la palabra elección), al tratarse de un tema que involucra a la sociedad en su conjunto y su calidad de vida.El grupo de autoras, integrado por la académica canadiense Michelle Murphy, la socióloga hindú Ruha Benjamín, la especialista en medicina social taiwanesa Yu- Ling Huang, la socióloga de la misma nacionalidad Chia – Ling Wu y la académica norteamericana Kim TallBear, propone un abordaje desde la justicia reproductiva para desarrollar un pensamiento sobre la natalidad que requiere de un lenguaje alejado de los prefijos pro y anti.En esta línea, poner en crisis la elección como bandera y síntesis de la autonomía femenina significa tanto alertar sobre una simplificación de la experiencia como negar que la mayoría de las veces las mujeres no pueden elegir.La preocupación por la cantidad de habitantes, más allá de que esté sustentada en las cuestiones ambientales y en el desastre climático, siempre parece demasiado cercana a la idea de población excedente. Es decir, es muy difícil hablar de tener menos hijos, de desalentar en las mujeres el deseo de traer nuevas personas al mundo, sin que el discurso se acerque directamente a un control de las libertades individuales.Pero, además, instrumentar una suerte de sentido común que reemplace el sueño de la maternidad por el convencimiento de dejar de parir es algo que ya tiene una existencia real en las sociedades actuales, donde las mujeres no perciben de manera tan generalizada que la maternidad sea un mandato como en otros tiempos, pero puede generar un efecto contrario si se convierte en un lenguaje propagandístico que pueda interpretarse como una orden.Abordar el tema de la natalidad desde el feminismo para señalar, por ejemplo, la cantidad de alimentos que será necesario producir en un futuro, frente a las estimaciones de una población mundial de 19 mil millones de personas para el año 2100, parece estar en línea con un planteo capitalista.Donna Haraway. Foto: gentileza.Humanizar el razonamientoEs verdad que las autoras señalan que hay que pensar nuevas maneras de cuantificar, y justamente es la noción de parentesco la que viene a humanizar este razonamiento, pero ¿cómo pensar la natalidad desde esta lógica sin reproducir la ideología imperante, a la que tampoco le interesa que los pobres o las personas racializadas tengan más hijos, salvo que los piensen como mano de obra barata o esclava?Las nuevas formas de parentesco están ligadas a una vida comunitaria donde la maternidad y la paternidad serían compartidas, donde lo que se busca es dejar de privatizar los afectos para abrir la familia a una forma social que, según las autoras, tiene diferentes variantes. Algunas directamente se oponen a la monogamia (Kim TallBear) y todas ponen en crisis la organización familiar tradicional signada por el parentesco biológico.El libro plantea una discusión que es arriesgada y que se enfrenta a varios tabúes. En este sentido, el aporte es valioso, aunque también es evidente que las mismas autoras no tienen muy en claro cómo llevar a la práctica las acciones para transformar esas relaciones no biológicas en vínculos más permanentes.El pasaje de la obligación de ser madres a la elección de no serlo implicó un cambio social y hoy se habla frecuentemente de la baja en la tasa de natalidad. Incluso, algunos países asiáticos como Taiwán y Japón, que siempre tuvieron sobrepoblación, se enfrentan a una baja de la natalidad que pone en riesgo la población de reemplazo, según afirman Yu- Ling Huang y Chia – Ling Wu.Las políticas de control de la natalidad siempre apuntaron a favorecer determinados nacimientos y disuadir o anular otros. En la actualidad, el envejecimiento poblacional de Europa y la llegada de migrantes de continentes que tienen una alta cantidad de población joven, como es el caso de África, implica una transformación de la sociedad europea que es vivida como una amenaza a su identidad.Ruha Benjamin. Foto: gentileza.En este marco, decir desde el feminismo que hay que tener menos hijos porque las personas del futuro van a vivir cada vez peor y el planeta no va a soportar tantos seres humanos que pongan en riesgo la vida animal y vegetal puede ser atinado, pero es un planteo que tiene que estar bien direccionado y no puede eludir la noción de clase.Una crianza colectiva¿Qué mujeres están en mejores condiciones de decidir no tener hijos? ¿Hasta qué punto es posible imaginar una crianza colectiva de un hijo que tiene una madre y un padre biológicos?Para que los parentescos no biológicos tengan el mismo reconocimiento ante la ley que cualquier lazo de sangre, es imprescindible una revolución en el armado del Estado y de la vida social. Tener menos hijos pero aumentar la cantidad de parientes supone incrementar los vínculos, las formas de componer las familias, pero no las personas. Aquí habría que preguntarse qué consecuencias y qué tipo de mundo será aquel que tenga más ancianos que niños.Si bien es verdad que la crianza y las tareas de cuidado necesitan de muchas personas de distintos géneros para ser realizadas, guiar la decisión de tener hijos y los modos de conformar una familia es una estrategia que puede llevar a una intromisión total del Estado en aquellos espacios donde muchas personas han logrado conquistar una autonomía.No siempre esta manera de pensar implica una mayor democracia colectiva, como tampoco la familia es en todos los casos una zona de opresión. Puede ser el único lugar de amparo, el único espacio donde las personas se sienten elegidas y amadas.Adele Clarke. Foto: gentileza.Se trata de medidas que se presentan como escenarios de mayor libertad e igualdad en su afán de socializar los vínculos, pero que pueden traer un mayor nivel de control.Imaginar una subjetividad nueva, un mundo donde, como dice Kim TallBear, “el amor y las relaciones no se consideren objetos escasos que hay que defender”, habla de un ejercicio intelectual que es interesante abordar y discutir, pero que toma como referencias otras épocas, experiencias más arcaicas que van a adquirir necesariamente un sentido diferente en las sociedades actuales.Generar parentesco, no población. Debates feministas sobre natalismo, VV.AA. (Rara Avis).

  • La revancha de los bodegones: los restoranes que son la «resistencia» en tiempos de crisis para salir a come afuera

    La revancha de los bodegones: los restoranes que son la «resistencia» en tiempos de crisis para salir a come afuera

    La revancha de los bodegones: los restoranes que son la «resistencia» en tiempos de crisis para salir a come afuera

    Salir a comer en familia o con un grupo de amigos a un bodegón porteño es un ritual de encuentro. En ese lugar las charlas surgen entre platos compartidos y abundantes que sirven mozos de oficio sobre largos manteles de tela, o de papel. El sabor retrotrae siempre a momentos especiales: alguna receta que se hereda de la abuela, esa mesa de domingo en familia.Desde hace tiempo que el bodegón es la opción más elegida entre quienes buscan un lugar que combine el buen comer con precios que, en comparación a los restaurantes más “gourmet” o más de moda, resultan más accesibles.Y la recomendación llega por el boca a boca, pero ahora también por redes sociales, una gran vidriera para mostrar la calidad, la abundancia y la variedad de los platos. Y sobre todo de ganar clientela.En medio de una economía turbulenta, con bolsillos que se ajustan y que tienen que resignar gastos -como las salidas a comer, que se vuelven más lejanas entre una y otra-, hay una cosa clara para las cinco cocinas de bodegón que hablan con Clarín: no se negocia la calidad de los productos, tampoco las porciones.“La gente ahora se cuida un poco más, entonces comparte los platos, las bebidas, un postre. Sigue saliendo, pero gastando un poco menos. Entonces, es verdad que en el bodegón con platos abundantes de toda la vida da para compartir. Esa es la nueva tendencia también entre los más jóvenes”, opina Juan Mazza, gerente de Rotisería Miramar, en San Cristóbal.La revancha de los bodegoes. Platos para compartir y precios más accesibles que permiten salir a comer afuera en tiempos de crisis. Foto: Guillermo Rodríguez Adami. Esta insignia de bodegón rotisería del barrio, también bar notable, fue fundada por españoles oriundos de Galicia en 1950. Sus platos ya se convirtieron en un emblema, como el rabo de toro, las ranas a la provenzal o las lentejas a la española. Entre los más pedidos está la tortilla española que Mazza describe como una porción generosa que posibilita compartirse entre hasta cuatro personas, al precio de $ 16.000. Con un gasto de entre $ 15.000 y $ 18.000 por persona destaca que se come más que bien “en un lugar con historia, que te sirven en la mesa, con mozos de oficio de hace 20 años, entonces tiene su diferencia”. Para él no se negocia la calidad de materia prima, ni las porciones: “Nos acomodamos ahora que viene menos gente y la que viene encima gasta menos. Hay que fidelizar a esos clientes, hay que atenderlos igual, que se sientan cómodos y vuelvan. Eso es lo que estamos tratando de hacer. Antes era fácil tener una hora de fila de espera, ahora tratamos de que la gente se quede más tiempo en el lugar”. Roberto López, encargado de Bar La Academia, en Montevideo 341, coincide en la visión de Mazza. Aunque la frecuencia de consumo haya menguado, el rango etario del público que elige comer en un bodegón se amplió.Hoy se recibe al cliente de siempre, pero también al que tiene entre 25 y 35 años y quiere pasar un momento agradable en grupo. “Se está tomando una costumbre de ya no invitar tanto a la casa de uno, sino de ir a comer a este tipo de bares o bodegones. Es un lugar muy tradicional, muy de la Buenos Aires de antes. Creo que la gente quiere algo más tranquilo para poder charlar, algo más familiar. Un lugar donde los mozos te conozcan también. Hoy lo fundamental es eso, la comida y un precio lógico”.Aunque es propiamente un bar notable de Buenos Aires, también conserva un perfil de bodegón abierto 24 horas y ofrece pool y metegol como parte de su atractivo. “Y mientras juegan, comen. Entonces no van a pedir algo gourmet, van a ir por la milanesa napolitana, o los clásicos fideos al pesto”, dice Roberto.Lo que más sale, cuenta, es la milanesa -siempre para compartir- en cualquier variante. Esas se acompañan siempre con guarnición. Por ejemplo, la napolitana con papas fritas se ubica en $ 21.000. Hay un menú ejecutivo que cuesta $ 16.500 al mediodía y $ 18.500 a la noche. La Academia mudó el año su sede histórica de la avenida Callao a su nueva ubicación, en Montevideo al 300. Si bien recientemente la Agencia Gubernamental de Ingresos Públicos (AGIP) extendió hasta el 30 de abril el plazo para que bares, restaurantes y hoteles soliciten la exención del impuesto de ABL para “acompañar al sector gastronómico y hotelero para contribuir a su reactivación y desarrollo”, para Roberto no representa un alivio fiscal significativo para estos negocios.“Hay un problema fundamental, la economía está mal. A uno como bodegón comprar una materia prima le cuesta lo mismo que al restaurante gourmet, pero el bodegón no cobra lo mismo que el restaurante, cobra menos. Aunque el servicio que da es el mismo, o mejor”, añade.El distintivo de cada uno Durante los días de semana las estrategias van variando. Martín Mandra, dueño del bodegón Nosso, en Floresta, dice que los días martes y miércoles son los más complicados. El año pasado le funcionó una idea que ahora piensa repetir: un menú de 6 pasos de bodegón, al precio de $ 38.000. “Yo no cobro el servicio de mesa, te doy algunas cosas y eso la gente también lo ve, es la esencia del bodegón: que se coma rico, bien, barato”, explica Martín. En este bodegón que tiene ya 16 años son muy populares las milanesas napolitanas con guarnición, que ahora están $ 34.000 para dos.Bodegón Nosso: la milanesa de entraña a la napolitana, el plato estrella.

    Foto: Constanza Niscovolos. Mandra cuenta que también trabajan con un menú ejecutivo para dos al precio de $ 50.000, que no cobra cubierto e incluye: entrada (chinchulines o tortilla), plato principal (milanesa de alguna especialidad) y postre (flan casero, budín de pan o queso y dulce); además gaseosa, agua sin gas o agua saborizada en botella grande, aperitivo y entrada de cortesía.Advierte que hay una merma en la frecuencia con que los clientes vienen a consumir. “Era gente que venía seguido, tal vez dos o tres veces por semana. No se pueden tocar los precios todo el tiempo. La carne de diciembre a acá ya subió 200 veces, y yo tengo que buscarle la vuelta, tengo que inventar algo para hacer el plato más grande, para que el aumento se vea pero también el aumento del plato. Hay cosas que tenés que pagar sí o sí aunque no tengas plata”, dice. Bodegón Nosso ofrece muchas opciones, entre ellas el pollo al roquefort.

    Foto: Constanza Niscovolos. “Hoy el bodegón es el lugar que la gente más elige para ir a comer, por lo menos así no se priva de darse un gusto. La idea es que los precios no sean caros porque al compartir baja el costo del cubierto. El margen de ganancia obviamente que se achica, pero trabajamos para que esté lleno”, comenta a Clarín Alejandro Martín Frota, gerente de Pantón, bodegón presente en Villa Urquiza desde 2024 y en Villa Devoto desde 2025.En ambos destaca sus platos estrella: la “súper milanga”, que pueden comer de tres a cuatro personas y que tiene un precio de $ 58.000; y los matambres especiales a $ 26.500. Bodegón Pantón en Villa Urquiza.

    Foto: Victoria Gesualdi. También está la tabla Pantón para compartir entre varios, a $ 50.000. El menú ejecutivo -entrada, plato principal y postre- se ubica entre los $ 18.000 a $ 21.000, dependiendo de la opción que se elija.Frota dice que ambos locales se mantienen con buen volumen de comensales: “Al argentino le gusta salir, si le das una buena propuesta va a ir. Lo importante es conocer al cliente. Si lo conocés y laburás bien lo vas a tener, la gente no es tonta, se da cuenta de eso. La calidad, la abundancia y los buenos precios no se negocian, hay que incentivar a que la gente venga a comer”.Bodegón Pantón en Villa Urquiza.

    Foto: Victoria Gesualdi. La Casona de Belgrano, ubicado desde hace tres años dentro del tradicional club con el mismo nombre, apunta a una combinación entre la cocina gourmet y de bodegón. Su dueño, Miguel Sosa, también tiene La Casona del Retiro y 980 Parrilla de Culto, en Hurlingham. “La cocina argentina tomó mucho más vuelo, cuando antes capaz que buscábamos mucho más la cocina francesa, española, etc. Encuentran algo muy familiar y muy casero, platos de ese estilo: abundantes, pero en un ambiente que rompe con eso de que tenés que vestirte de determinada forma para ir a un lugar”, describe Sosa.Chipá relleno de osobuco, otro clásico.Entre los platos más elegidos está el “osobuco del rey” con cremoso de papas, que cuesta $ 70.000 y se puede compartir entre tres o cuatro personas. El “osoburger”, otro de los favoritos, se encuentra a $ 20.000. El menú infantil, con plato, postre y bebida cuesta $ 22.000. Sosa enfatiza en que los números gastronómicos cambiaron: 30 años atrás había márgenes diferentes y otras rentabilidades, pero ahora hay que trabajar mucho más en el control de las compras en calidad y precio, para que no se sienta tan fuerte en el bolsillo del cliente. El «osobuco del rey» de La Casona de Belgrano, un clásico para los comensales.“Hay que trabajar todo el tiempo para traccionar el público y recordar que estamos ahí, un trabajo de 99% redes y de hacer las cosas bien, ya que el salir es un esfuerzo porque el que salía todas las semanas ahora capaz sale una vez al mes”, concluye.

  • Por qué, en pleno «boom ganadero», el sector frigorífico está en crisis

    Por qué, en pleno «boom ganadero», el sector frigorífico está en crisis

    Por qué, en pleno «boom ganadero», el sector frigorífico está en crisis

    La industria frigorífica refleja el rumbo de la economía argentina, con un sector -el de mayor eficiencia y capacidad financiera- destinado a crecer, y otro sentenciado a la desaparición. Entre los primeros están las empresas habilitadas para la exportación, que podrán aprovechar los excelentes precios internacionales de la carne y el buen posicionamiento de la Argentina en ese rubro. Entre los segundos se cuentan, por ejemplo, el frigorífico San Roque, de Morón, el frigorífico Pico, de La Pampa, y La Taba, del norte de Córdoba, que en las últimas semanas tuvieron que reducir drásticamente la cantidad de empleados o, directamente, cerrar sus puertas.Fernando Chico, empresario frigorífico con base en Venado Tuerto, Santa Fe, advierte en diálogo con Clarín rural que la coyuntura del negocio atraviesa un momento delicado, marcado por una fuerte caída del consumo -que en febrero fue de 47,3 kg por habitante al año, el nivel más bajo en dos décadas- y una suba abrupta del precio de la hacienda entre diciembre y febrero, que recién ahora comienza a encontrar un techo. A esto se suma un problema estructural que golpea de lleno a la industria: ”El subproducto vacuno prácticamente no tiene valor, sobre todo el cuero”, señala.Si bien décadas atrás representaba una fuente clave de ingresos para las plantas faenadoras, hoy el precio del cuero es prácticamente irrelevante debido a cambios en la industria global de materiales. En contraste, las menudencias se mantienen como un componente que ayuda a sostener los números, impulsadas por la demanda externa.Este nuevo escenario redefine por completo la lógica económica del frigorífico. Chico explica que, a diferencia del pasado, hoy la actividad se sostiene principalmente en el cobro del servicio de faena, ya que la mano de obra supera en costo al valor de los subproductos. Este cambio impacta también en toda la cadena: desde matarifes que ahora deben pagar por faenar, hasta una creciente fragilidad financiera, con más cheques rechazados y dificultades en los pagos. En ese contexto, el cierre de plantas —a razón de una cada pocas semanas— refleja una industria tensionada, donde tanto el mercado interno como la exportación enfrentan serios desafíos para sostener la actividad.“Los novillos alcanzaron un valor tan alto que hasta a los exportadores se les complica convalidar ese número y trasladarlo al exterior. Y a los consumeros que se dedican solamente al vacuno, se les ha caído la faena, y si los agarra mal parados financiera o económicamente, o con deudas, pasan a concurso preventivo, algunas plantas cierran o llevan la faena para otro lado y frenan los pagos”, ilustra, y añade: “La cadena de pagos está muy frágil, vienen más cheques rebotados que en otras épocas, incluso cheques chiquitos, lo cual demuestra que hay un sector que está muy golpeado”.En las últimas semanas se acumularon señales concretas de esta tensión: el frigorífico San Roque, en Morón, desvinculó a sus 140 empleados; el Frigorífico Pico, en La Pampa, arrastra deudas que superan los $30.000 millones, con más de mil cheques rechazados y compromisos por $9.000 millones solo con el Banco de La Pampa; y La Taba SRL, en Cruz del Eje, Córdoba, fue declarada en quiebra con un pasivo superior a los $3.540 millones y más de 1.200 cheques impagos. Estos casos no son hechos aislados, sino la manifestación de un problema más profundo en la estructura del negocio.Tomás Gandulfo, con experiencia en distintos eslabones de la cadena de la carne, incluido el frigorífico, analiza la situación actual de ese negocio como el resultado de un cambio de contexto macroeconómico que dejó al descubierto ineficiencias acumuladas durante años. Según su visión, el esquema previo de alta inflación y devaluaciones constantes funcionaba como un “colchón” que permitía compensar problemas estructurales, ya que los ingresos en pesos tendían a mejorar con el tiempo. Con la desaceleración inflacionaria y un tipo de cambio más estable, ese margen desapareció, y muchas plantas —especialmente aquellas que no invirtieron los excedentes en tecnología— quedaron expuestas a costos más altos y menor competitividad comercial.Es un secreto a voces que todos los frigoríficos que se subieron a la ola exportadora de vacas a China de los últimos años abrieron cuentas en el exterior e hicieron un rulo financiero repatriando dólares al precio de contado con liquidación. Eso daba una ganancia extra que algunos invirtieron en mejorar su eficiencia y otros no.En el nuevo escenario, Gandulfo pone el foco en la estructura de costos del negocio, donde el animal representa entre el 60 y el 70 por ciento, mientras que los salarios —que antes estaban deprimidos en dólares— hoy ganan peso relativo. A esto se suma un contexto internacional menos favorable en algunos mercados clave: la caída de precios en China afectó a muchas plantas que dependían fuertemente de ese destino para lograr una buena integración del negocio. Al mismo tiempo, el tipo de cambio real bajo genera una presión adicional sobre los exportadores. “Hay costos en pesos altos dolarizados e ingresos bajos”, sintetiza.Sin embargo, Gandulfo destaca que el momento para la producción ganadera es excepcional, impulsado por una menor oferta de hacienda y una demanda externa firme, lo que elevó los precios del ganado a niveles históricamente altos. En este contexto, anticipa un proceso de “sinceramiento” en la industria frigorífica, con cierre de plantas menos eficientes y una mayor concentración, mientras que los productores se verán beneficiados durante varios años.En la misma línea, el empresario Miguel de Achával, con amplia experiencia en el rubro, describe a la industria frigorífica argentina como un sector excesivamente atomizado, con dificultades estructurales para absorber los ajustes propios de un mercado más libre. Según describe, “durante años existió un esquema de intervención en el que, ante subas de precios en el mercado interno, se restringían las exportaciones para volcar mayor oferta de hacienda al consumo local”. Ese mecanismo, señala, generaba una suerte de “colchón” que beneficiaba a todos los actores —grandes, chicos, formales e informales—, pero distorsionaba el funcionamiento real del negocio.En el contexto actual, con menor intervención, esa red de contención desapareció y deja en evidencia la fragilidad de muchas empresas para sostenerse en un entorno más competitivo. “Por suerte eso no sucede más…. La industria frigorífica del mundo está concentrada ya que es de bajos márgenes en general, y de alta volatilidad. Es por eso que muchas empresas tienen plantas procesadoras de todas las proteínas animales y en diferentes localidades. Para tener un mejor mercado lo mejor es menos plantas y de alto volumen”, afirma.En conjunto, las distintas miradas coinciden en que el sector frigorífico bovino atraviesa una transición profunda. La combinación de menor consumo interno, altos precios de la hacienda, cambios en los mercados internacionales y un nuevo entorno macroeconómico está redefiniendo las reglas de juego.

  • Cuba emitirá billetes de mayor denominación por la escalada de la inflación y la crisis energética

    Cuba emitirá billetes de mayor denominación por la escalada de la inflación y la crisis energética

    Cuba emitirá billetes de mayor denominación por la escalada de la inflación y la crisis energética

    El Banco Central de Cuba (BCC) anunció este martes que dos nuevos billetes de 2.000 y 5.000 pesos cubanos (CUP) -la moneda oficial- entrarán en circulación de forma gradual a partir del 1 de abril para enfrentar el aumento de los precios debido a la elevada inflación y la escasez de efectivo.La emisión de los nuevos billetes de alta denominación responde a la demanda de altas cantidades de dinero en efectivo y busca reducir los costos por la logística del efectivo y ganar en agilidad operativa en este momento de espiral inflacionaria en el país, señaló un comunicado del BCC divulgado en medios oficiales.Los billetes de 5.000 pesos circularán primeramente en La Habana y progresivamente se irán incorporando a todo el país, y posteriormente se introducirán los de 2.000 pesos, precisó la institución.Actualmente circulan billetes de cinco, diez, veinte, cincuenta, cien, 200, 500 y 1.000 pesos.Estas nuevas denominaciones se incluyen por primera vez en la moneda cubana imágenes de figuras femeninas: las patriotas Mariana Grajales, madre de Antonio Maceo, uno de los líderes de las guerras de independencia del siglo XIX, y Celia Sánchez, una de las guerrilleras de la Sierra Maestra que al triunfo de la revolución en 1959 ocupó importantes cargos en el Gobierno.Su introducción tiene lugar en un escenario de alta inflación y devaluación en el mercado informal, donde el poder adquisitivo del peso cubano (CUP) ha perdido valor drásticamente.La inflación interanual en el mercado formal en Cuba se situó en febrero en el 12,33 %, una leve caída frente a enero (12,52 %), según informó la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).En los últimos días el CUP marcó un mínimo histórico en el mercado informal al depreciarse hasta las 515 unidades por dólar estadounidense, en el contexto de las crecientes presiones de Estados Unidos sobre Cuba.La depreciación del peso en el mercado informal viene produciéndose desde la fallida reforma monetaria de 2021, denominada ‘Tarea Ordenamiento’, que trató de acabar con la doble moneda en el país (antes también había un peso convertible en paridad con el dólar estadounidense).Desde finales de 2025, el BCC ha implementado una tercera tasa de cambio oficial, de carácter flotante y actualizada diariamente, que inició a 410 pesos cubanos por dólar para exportadores y actores económicos, buscando reducir la brecha con el mercado informal.
    Esta medida coexiste con las tasas previas de 24 y 120 CUP por dólar. Esa tasa de cambio ha ido escalando y en esta fecha es de 480 pesos de la moneda nacional por dólar.Cuba se encuentra sumida en una grave crisis económica desde hace más de seis años. La combinación de la pandemia de la COVID-19, el endurecimiento de las sanciones de EE.UU. y las fallidas políticas económicas y monetarias nacionales agravaron los problemas estructurales de la economía cubana.Esa situación se ha deteriorado notablemente desde enero por la decisión de Washington de bloquear cualquier envío de combustible a la isla.La economía cubana en 2026 se caracteriza por una crisis severa y profunda, marcada por el colapso de la infraestructura energética, escasez crítica de combustible, alimentos y medicinas y una elevada inflación. Con información de la agencia EFE

  • Crisis de Granja Tres Arroyos: perdió 60% de sus productores, faena menos de un tercio y en febrero acumulaba 224 cheques rechazados – El Miércoles Digital

    Crisis de Granja Tres Arroyos: perdió 60% de sus productores, faena menos de un tercio y en febrero acumulaba 224 cheques rechazados – El Miércoles Digital
    Unos 120 productores que trabajaban en un esquema integrado con la empresa se retiraron en medio de atrasos en los pagos y otras dificultades; la firma pasó de faenar 700.000 pollos diarios a 200.000.
    La crisis que atraviesa la principal procesadora de pollos del país, Granja Tres Arroyos, profundiza su impacto en la cadena productiva y continúa golpeando a los productores integrados de Entre Ríos que trabajan en relación directa con la compañía desde el suministro del pollito. Según datos del sector, ya se registró un éxodo del 60% de las granjas que trabajaban con la firma, en un escenario marcado por falta de pagos, caída de la actividad y ausencia de definiciones. Fuentes cercanas a la empresa, en tanto, dijeron que la situación se encuentra estable.
    “Seguimos avanzando en el ordenamiento de nuestros compromisos con los granjeros, lo cual constituye nuestra principal prioridad. Al mismo tiempo, mantenemos el suministro de pollos a las granjas con normalidad. A su vez, sostenemos un diálogo fluido con todos los actores involucrados y el abastecimiento de alimento se encuentra plenamente normalizado», informaron desde la firma.
    En números concretos, en el sector dijeron que alrededor de 120 productores avícolas dejaron de operar con la empresa y migraron hacia otros establecimientos de la región en busca de continuidad.
    La caída en la actividad es notoria. Remarcaron que de los 700.000 pollos diarios que faenaba la compañía hoy apenas alcanza los 200.000, lo que expone un funcionamiento muy por debajo de su capacidad histórica. Hasta el inicio de la crisis, la firma concentraba cerca del 35% de la faena de pollos del país, un liderazgo que hoy aparece fuertemente comprometido.
    El trasfondo financiero también suma presión. Hasta mediados de febrero, la empresa acumulaba 224 cheques rechazados por más de $7000 millones, en medio de tensiones comerciales y atrasos en obligaciones previsionales.
    En el sector advierten que la situación no muestra señales de mejora. Ricardo Unrein, de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capit) e integrante de la comisión de avicultura de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), describió un escenario crítico. “No ha cambiado nada, siguen en la misma temática”, afirmó, al tiempo que detalló dificultades operativas que afectan directamente la producción.
    Según explicó, la empresa continúa retirando animales con bajo peso y mantiene irregularidades en la alimentación. “Siguen mandando una tanda de alimentos, se termina ese alimento que le aguantan dos días al pollo y después suelen estar otra vez dos días sin comer”, señaló. El impacto en el entramado productivo es profundo. “Le han quedado muy pocas granjas; la gran mayoría son propias”, indicó Unrein.
    En ese contexto, muchos productores permanecen en la empresa por necesidad más que por convicción. “Hay gente que se ha quedado solo porque le están debiendo hasta tres crianzas, entonces se queda con la esperanza de cobrar eso y le sigue criando”, explicó. Sin embargo, otros optaron por retirarse. “Hay muchos que directamente lo dieron por perdido y se han integrado con otros frigoríficos”, agregó.
    El resultado es contundente: “Granja Tres Arroyos hoy está con un 40% de las granjas integradas que tenía inicialmente. De los 700.000 pollos diarios que faenaba la compañía, hoy apenas alcanza los 200.000”, afirmó, lo que confirma la magnitud del éxodo. El dirigente cuestionó que no se sienten a charlar con el productor integrado para ver qué hacer hacia adelante. Explicó que la disponibilidad de insumos y materia prima es un freno. “Directamente, ya no tienen pollitos para darle, porque todo el pollito con lo que ellos cuentan está ya programado”, indicó.
    En ese marco, el panorama a futuro genera preocupación. “Hay un 40% que todavía está aguantando para poder cobrar. Si llega a pasar una situación aún peor, después se le va a complicar integrarse con otros frigoríficos”, alertó.

    La incertidumbre también atraviesa la cuestión financiera. “Con respecto al tema de los pagos, los cheques que habían rebotado en febrero, dieron nuevos para mayo, y ahora hay que esperar esa fecha para ver qué es lo que sucede”, recordó. Mientras tanto, los ingresos siguen siendo insuficientes. “Ahora salieron unos pocos pagos, pero muy pocos”, añadió.
    Frente a este escenario, los productores apelan a otras actividades para sostenerse. Explicó que el productor integrado subsiste a esta situación porque por lo general todos tienen alguna otra actividad. En muchos casos, se trata de explotaciones mixtas de pequeña escala. “Las granjas están en alguna chacra de 30, 40 hectáreas, y todos tienen algo de ganadería a muy baja escala, un poco de cerdo, y con eso subsisten”, detalló.
    El impacto trasciende a los productores individuales y alcanza a toda la cadena avícola de la región. “Todo el sector avícola de Entre Ríos está preocupado por la situación porque no se logra una solución ni un diálogo”, sostuvo.
    “Sería bueno tener un horizonte cierto para poder programar alguna pequeña inversión, alguna mejoría, pero no se puede programar nada”, lamentó.
    Con una actividad en retroceso, pagos demorados y sin definiciones empresariales, el escenario sigue abierto. “No hay un norte para guiarse”, concluyó Unrein.