Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes
En las cabeceras y estaciones de la Ciudad y el conurbano hay una escena que se repite todos los días: personas que corren para no perder un tren, que no saben si va a salir, filas que desbordan las paradas, colectivos que pasan llenos sin detenerse, gente que viaja apretada y cansada. No es una excepción ni un mal día. Es simplemente la rutina. Viajar dejó de ser un trayecto previsible para convertirse en una sucesión de esperas, decisiones forzadas y tiempos muertos. Tiene que ver con problemas constantes con los trenes, que en muchos casos redujeron frecuencias. Y la semana pasada se sumó el conflicto entre el Gobierno nacional y las empresas de colectivos, que aunque mejoró, está latente.Un hombre con ropa de operario, la campera gastada y las manos curtidas, se queda medio dormido apoyado contra el caño frío de la parada. Abraza la mochila contra el pecho, como si fuera un escudo. Cada tanto abre los ojos, mira la calle y vuelve a cerrarlos. El colectivo no llega. Nadie sabe cuándo va a llegar.Raúl Toloza lo mide en horas. “Le dedico dos horas a viajar. Me tomo el Roca hasta Calzada y después el 271. Si perdés uno te querés matar. A la vuelta es peor, tarda más y vienen llenos”. Hace un año, dice, no era así. “Venían cada 15 o 20 minutos. Ahora a veces pasan dos seguidos completamente llenos y no paran”.Blanca Aguayo lo ve en la fila. Todos los días toma el 414 desde Florencio Varela hasta La Plata. “Antes esperaba 30 minutos, ahora viene cada una hora. Se junta con los chicos de la facultad y la fila supera la garita”, cuenta. A la vuelta, la decisión es forzada: “No sabés qué elegir. Tren o colectivo, en los dos viajás apretada, cansada y harta”.En Lomas de Zamora, la rutina de Natalia y su pareja está atravesada por esa misma lógica. Él sale de trabajar cerca de las 22 en Chacarita, combina subte y tren hasta Constitución y desde ahí intenta volver. “Los trenes no cumplen horarios, los cancelan o los cambian. El de las 22.53 termina saliendo a las 23.11”, dice. Cuando llega, el problema sigue: colectivos que no salen, aunque estén estacionados. “Él llegó a esperar media hora y termina caminando porque pierde más tiempo esperando”. Muchas noches camina a las 11, cansado, con el celular en la mano y la ubicación compartida. “Da miedo”, dice.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezA la mañana, el problema se repite pero con otro ritmo: colectivos que pasan desbordados, imposibles de abordar, incluso para trayectos de pocas cuadras. “Tengo que dejar pasar uno o dos trenes porque no te podés subir”, dice.En los trenes del Roca, la experiencia es otra forma de desgaste. Una mujer se seca la transpiración con el dorso de la mano mientras intenta sostenerse. Está atrapada entre cuerpos que no dejan de empujar desde atrás. Cada vez entra más gente. No hay aire. No hay espacio. Solo un murmullo de quejas y respiraciones agitadas.El deterioro también se siente en el cuerpo y en el vínculo con los otros. “Cada día se viaja peor: te golpean, te insultan”, cuenta Facundo Ríos, que viaja desde Quilmes hasta Olleros y demora hasta tres horas por tramo. “Todos salimos con el mismo fin, pero la falta de respeto es lo peor. Hay hombres que hacen fuerza como patovicas para meterse. No da derecho a maltratar a otro”, recrimina. En los andenes y dentro de los vagones, la escena se repite: empujones, discusiones, tensión.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezCristian Ferraro lo vive todos los días. “Cansa más que trabajar”, dice. Viaja parado, apretado, a veces sostenido con un solo pie. “El tren se queda parado, la gente empuja para subir. Se pelean. Es un desastre”. Cuenta también lo que pasa dentro de los vagones: consumo de alcohol, humo, falta de control. “Viajo hace años y nunca vi que bajen a nadie”, describe.A veces el viaje parece avanzar con normalidad hasta que se interrumpe. En estaciones como Temperley o Claypole, los parlantes anuncian que el tren termina ahí. Y todo vuelve a empezar: esperar otro transporte, buscar alternativas, o resignarse a caminar por las vías para llegar a la siguiente estación. En otras ocasiones, la escena escala en el hall de Constitución: cancelaciones repentinas, pasajeros corriendo de un andén a otro, gente que después de horas de viaje pierde su lugar y tiene que volver a subirse a una formación ya llena. La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. En la terminal de Retiro se repite el escenario de otras cabeceras. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiEl sistema no solo funciona mal: también se está achicando. Según un informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, en abril de 2026 cayó con fuerza la cantidad de pasajeros en colectivos del AMBA en comparación con 2025. En los días hábiles (los más representativos del movimiento laboral) la baja es del 15%. Pero la caída es aún más marcada los fines de semana: los sábados baja un 19% y los domingos un 20%, mientras que en feriados alcanza el 29%, lo que refleja un retroceso general del uso del transporte también en actividades sociales y de ocio.Al mismo tiempo, no solo disminuyó la cantidad de usuarios, sino también la oferta del sistema. Los colectivos recorrieron menos kilómetros (una baja del 12% en días hábiles, 10% los sábados y 9% los domingos), y hubo menos unidades en circulación (8% menos en días hábiles, 7% los sábados y 6% los domingos). En feriados, la reducción es todavía más fuerte en todos los indicadores.El informe vincula este escenario a tres factores principales: el aumento del costo del gasoil, la deuda por subsidios impagos y la caída en la demanda, asociada tanto al deterioro del servicio como a la menor actividad económica. En conjunto, los datos reflejan un doble fenómeno: menos gente viajando, pero también menos transporte disponible. Es decir, no se trata solo de una caída en la demanda, sino también de un sistema que se achica. El resultado es un escenario paradójico: aunque hay menos pasajeros, quienes siguen viajando pueden enfrentarse a un servicio más limitado, con menor frecuencia y cobertura.Los usuarios del tren Sarmiento también padecen demoras y esperas para volver hacia el Oeste. Como contó Clarín en una nota anterior, volver al sur del conurbano se convirtió en una odisea. Los últimos servicios hacia Bosques salen apenas pasadas las 20.30: 20.33 por vía Temperley y 20.36 por vía Quilmes. Para miles de personas, llegar a tiempo a Constitución define todo: o un viaje relativamente directo o una combinación que puede estirarse hasta tres horas.Quienes no llegan, quedan fuera del sistema. La salida de circulación de la línea 148, “El Halcón”, profundizó ese escenario. Durante décadas fue la conexión directa entre Constitución y el sur. Sin ese colectivo, miles de pasajeros quedaron sin una alternativa clave. Jennifer lo resume: “Después de las 20.30 no hay nada. Tenés que hacer dos o tres combinaciones o pagar un Uber. Es una odisea”.Desde entonces, la vuelta depende de lo que haya: combis que salen llenas, taxis compartidos o aplicaciones de viaje con precios que muchas veces son inaccesibles. Un taxi puede costar entre 7.000 y 8.000 pesos; una app, hasta 45.000. Para muchos, directamente no es una opción.Colas interminables para tomar colectivos la semana pasada, durante el conflicto en el que las empresas redujeron servicios por diferencias con los subsidios con el Gobierno nacional. Foto: Martín BonettoEl impacto no es solo físico. El psicoanalista Ricardo Rubinstein explica a Clarín que el viaje puede funcionar como una rutina organizadora, un momento de transición entre la vida personal y el trabajo. Pero cuando las condiciones son malas, ocurre lo contrario: “Genera estrés, irritación y cansancio. Afecta la concentración, el humor, los vínculos y hasta el sueño”.Viajar mal, de forma sostenida, también tiene un efecto psicológico. La incertidumbre constante (no saber si el tren va a salir, si el colectivo va a parar o cuánto va a durar el trayecto) genera ansiedad y un estado de alerta permanente. A eso se suma la frustración acumulada por el tiempo perdido y la sensación de falta de control sobre la propia rutina.Con el tiempo, ese desgaste impacta en la vida cotidiana: menos energía para el trabajo, menos paciencia en los vínculos, menos tiempo para descansar. El viaje deja de ser un momento de transición y se convierte en una carga que se arrastra durante todo el día.Zona norte: entre el costo y la pérdida de previsibilidadEn la zona norte, el viaje tiene otra geografía, pero comparte el mismo desgaste. En la estación de Retiro, el movimiento es constante: trabajadores, estudiantes y también pasajeros de larga distancia conviven en un mismo flujo que, en horas pico, se vuelve difícil de contener.El servicio funciona todos los días, desde aproximadamente las 5 de la mañana hasta cerca de las 23 horas. En los ramales urbanos del tren Mitre (como Tigre, Mitre y José León Suárez) las formaciones circulan cada 15 a 20 minutos en hora pico y entre 20 y 35 minutos el resto del día, aunque el ramal Bartolomé Mitre suele tener intervalos más amplios. En los trayectos más largos, las frecuencias pueden superar la hora de espera.A eso se suma otro factor que pesa cada vez más: el costo del viaje. Con tarifas vigentes desde septiembre de 2024, según Trenes Argentinos, el boleto oscila entre los $ 280 y los $ 450 según el destino, y puede llegar hasta los $ 900 en recorridos más extensos como Villa Ballester–Zárate. Para muchos usuarios, sostener ese gasto implica buscar alternativas: promociones bancarias, descuentos o incluso el uso de tarjetas SUBE con tarifa social de familiares.Sol y Javier lo viven todos los días. Son compañeros de trabajo, viven en Constitución y viajan hasta José León Suárez. Combinan subte y tren. “Tenemos un gasto cercano a los 60.000 pesos por mes. Tratamos de aprovechar promociones o ver si alguien nos puede acercar en auto”, cuentan. En el caso de Sol, evitar un colectivo es una decisión económica: “Prefiero no seguir gastando”.El tiempo también pesa. “Son dos horas de ida y dos de vuelta. Es cansador”, dicen. Y aunque el subte mantiene cierta regularidad, el tren perdió previsibilidad. “Antes sabíamos que salía y en 25 o 35 minutos llegábamos. Ahora hay retrasos constantes”.Zona oeste: viajes largos y rutinas adaptadasEn el oeste, la historia cambia de línea pero no de fondo. El tren Sarmiento es, para muchos, parte de la identidad de quienes viven en esa zona. “Es costumbre”, dice Milagros, de 23 años, que vive en Merlo y combina colectivo y tren para trabajar y estudiar fotografía en Capital.En hora pico, las formaciones del Sarmiento circulan cada 10 a 15 minutos, pero esa frecuencia no se mantiene en los ramales más largos ni durante los fines de semana, donde las esperas pueden extenderse a más de una hora. En los últimos días, además, hubo modificaciones en los primeros y últimos trenes por obras en las vías, lo que obligó a muchos usuarios a reorganizar su rutina.Milagros tarda dos horas entre ida y vuelta. “Es tedioso, pero me acostumbré. Trato de ver una serie o estudiar en el viaje”, dice. Para reducir costos, usa la SUBE de sus padres jubilados. “Es parte de la cultura de la gente que vive en provincia”.Pero no todos logran naturalizarlo. Ornella, estudiante de Psicología en la UBA, vive en Francisco Álvarez y viaja tres veces por semana a Once. Su trayecto puede extenderse hasta tres horas y media. “Es como hacer un viaje a la costa todos los días”, grafica. Primero toma un colectivo, después el tren y finalmente completa el recorrido a pie o con otro transporte.La frecuencia también es un problema. “Antes el tren tardaba menos. Ahora a veces esperás más de una hora”, cuenta Milagros. Y en algunos casos, el margen de error es mínimo: “Hay compañeros que tienen un colectivo que pasa una sola vez a la noche. Si lo perdés, esperás hasta las 2 de la mañana”.La respuesta oficialDesde la Secretaría de Transporte, en diálogo con Clarín, reconocen las dificultades del sistema. “Más que un mejor servicio queremos que sea seguro. El sistema de transporte que recibimos como herencia es un desastre”, señalaron. Según explicaron, la reducción de frecuencias se dio principalmente en una primera etapa, pero luego las empresas realizaron esfuerzos para recuperar niveles habituales.En el sistema ferroviario, el foco está puesto en la seguridad. En el marco de la Emergencia Ferroviaria, se avanzó en la revisión de normas y mantenimiento, incluyendo la derogación de una resolución que limitaba la velocidad en estaciones terminales. La medida, tomada junto a Trenes Argentinos, busca optimizar los tiempos de viaje sin comprometer la seguridad, apoyada en inversiones como el sistema de frenado automático, mejoras en señalamiento y renovación de vías.»Entendemos las dificultades que atraviesan los usuarios y sabemos que aún queda mucho por hacer. El objetivo es avanzar hacia un sistema más previsible, seguro y eficiente, recuperando progresivamente niveles de servicio que hoy se ven condicionados por una situación estructural compleja», manifestaron. Trenes Argentinos informó que actualmente hay nueve estaciones fuera de servicio por obras en las líneas Roca, Mitre y Sarmiento. La empresa explicó que los diagramas de servicio se ajustan en función de las obras para preservar la seguridad operacional en el marco de la Emergencia Ferroviaria, que las afectaciones se informan por los canales oficiales y que, salvo en el Sarmiento donde algunas semanas se modifican los primeros y últimos trenes, los servicios publicados mantienen sus frecuencias habituales gracias a ventanas nocturnas de trabajo en Roca y Mitre.En cuanto a la demanda, los datos de la CNRT muestran una caída sostenida de pasajeros en los últimos años. En el Roca, tras el pico pospandemia de 131,2 millones de pasajeros en 2022, se pasó a 120,3 millones en 2024 y 111,6 millones en 2025; en enero y febrero de 2026 se registraron 14,9 millones de viajes. En el Mitre, luego de superar los 39 millones de pasajeros entre 2022 y 2024, el total bajó a 28,2 millones en 2025 (año atravesado por interrupciones prolongadas por obras) y en los dos primeros meses de 2026 sumó 1,55 millones. En el Sarmiento, que había alcanzado su máximo en 2024 con 77,7 millones de pasajeros, el número descendió a 70,2 millones en 2025 y acumula 8,3 millones en lo que va de 2026.Viajar en el AMBA es, cada vez más, una experiencia que atraviesa todo. El tiempo, el cuerpo, el ánimo. Menos transporte, más espera, más tensión.
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Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes
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Así montaron dos puentes para hacer un túnel bajo las vías del tren Sarmiento: demoras, desvíos y tres obras simultáneas
Así montaron dos puentes para hacer un túnel bajo las vías del tren Sarmiento: demoras, desvíos y tres obras simultáneas
Tres obras simultáneas para hacer túneles bajo las vías avanzan en la Ciudad. Dos afectan al tren Sarmiento, en los barrios de Villa Luro y Caballito, y otra en el tren Mitre, ramal Suárez, que servirá para eliminar una de las barreras más conflictivas que quedaba en la Ciudad la de la avenida Alvarez Thomas. Como ocurre con las obras viales, los trabajos obligan a generar desvíos y causan demoras y complicaciones para el tránsito. En los tres casos, lo que se busca a futuro es agilizar la circulación en zonas de alta congestión y en las que las barreras, además alargar los tiempos de viaje, afectan a la seguridad vial y de los peatones. La obra que comenzó primero fue la de García Lorca, en Caballito, junto a la estación del mismo nombre. Está avanzada y proyectada para terminar en 2027. En la actualidad, con martillos neumáticos se está empujando una armdarua de hormigón previamente construida que será la que sostendrá toda la estrcutura del túnel bajo las vías. Este sistema, que ya se utilizó junto al Puente Bosch, en Barracas, permite interrumpir lo menos posible el servicio ferroviario. Justamente la circulación del tren Sarmiento es la que se combina con la obra para provocar demoras en la zona. Para cruzar las vías se abrió un paso a nivel alternativo en Martín de Gainza. Eso obliga al tránsito que circula de Sur a Norte a hacer una especie de recorrido en «S», que implica, para que los que vienen por García Lorca, doblar en Yerbal a la izquierda y luego en Martín de Gainza a la derecha para cruzar las vías. En las horas pico todo se complica. Ya que las barreras suelen estar bajas por lapsos prolongados debido al paso de los trenes, y solo levantan por uno o dos minutos, lo que provoca embotellamientos, bocinazos y enojos. Hay agentes de tránsito a la mañana y a la tarde, por no dan abasto. Y necesitan que, mientras los trenes están alejados, se pueda levantar la barrera para descomprimir el tránsito: pero no hay guardabarreras. Clarín pudo saber que desde la Ciudad se hizo el pedido a Trenes Argentinos. Pero la respuesta no fue exitosa. El escenario es parecido en la barrera de Yriogyen, en Villa Luro, en donde el túnel será mano y contramano, a diferencia del de García Lorca, que tendrá un solo carril de mano única. El fin de semana pasada debieron reducir el trayecto del Sarmiento entre Liniers y Moreno para avanzar con la obra, que lleva a cabo el Ministerio de Movilidad e Infraestructura de la Ciudad junto con la empresa Autopistas Urbanas (AUSA).El trabajo consistió en desarmar las vías y a través de un sistema de deslizamiento, en coordinación con el accionar de una serie de gatos hidráulicos, se movieron los dos puentes, de 170 toneladas cada uno, hasta su posición final. Al terminar este operativo se rearmó toda la infraestructura ferroviaria sobre la nueva estructura. Y se habilitó el paso del tren.La obra de Villa Urquiza, para eliminar la barrera de Álvarez Thomas y la vía del tren Mitre ramal José León Suárez, empezó el mes pasado y ya se hizo el desvío del tránsito hacia un nuevo paso a nivel transitorio sobre la calle Miller, a dos cuadras.El nuevo paso provisorio en Miller tiene dos carriles con mano única hacia la avenida General Paz. Según informó AUSA, todo el tránsito que circule por Álvarez Thomas para cruzar las vías, tanto liviano como pesado, debe desviarse por Olazábal-Miller-Pedro Rivera-Galván. Buenos Aires ya cuenta con 29 pasos bajo nivel. La zona norte también está en obra. Por eso, el lunes de 22 a 5, el tránsito que circule por 9 de Julio hacia al norte será desviado a Figueroa Alcorta y Libertador, mientras que los camiones que circulen por Paseo del Bajo deberán bajar en Retiro y continuar por Costanera. Son trabajos que tienen como objetivo desinstalar un cartel electrónico en Cantilo y Pampa, para avanzar con la obra conocida como «anillo Pampa», que tendrá un túnel y un puente peatonal.El corte comenzará a las 22 y tendrá una duración estimada de 7 horas. Se avanzará con la desconexión y retiro del cartel electrónico de mensajes variables ubicado en Cantilo y Pampa, ya que en ese lugar estará el anillo peatonal proyectado y deberán ejecutarse los pilotes que formarán parte de la base de la estructura principal.Luego de los devíos por Figueroa Alcorta, Libertador y la Costanera, el tránsito podrá acceder a Cantilo pasando la zona de obras, a través del acceso que está después del Aeroparque (en Güiraldes), por el puente Scalabrini Ortiz o por el acceso ubicado en el puente Labruna.En sentido contrario, hacia el centro, la autopista Illia y Lugones permanecerán habilitadas, con tránsito normal, al igual que Paseo del Bajo sentido al Sur. -

Trenes hoy: demoras y cancelaciones en los ferrocarriles Roca, Mitre y Belgrano Sur por fallas operativas
Trenes hoy: demoras y cancelaciones en los ferrocarriles Roca, Mitre y Belgrano Sur por fallas operativas
La semana arrancó con muchos dolores de cabeza para los usuarios de trenes en el AMBA. Tras los problemas de la semana pasada por la baja en la frecuencia de los colectivos, este lunes por la mañana se reportaron múltiples dificultades en la circulación de los servicios de ferrocarriles: se vieron afectadas las líneas Roca, Mitre y Belgrano Sur, con demoras que llegaron a los 30 minutos e incluso la interrupción del servicio por problemas técnicos.En el caso del tren Roca, los ramales afectados por fallas técnicas en la zona de Gerli fueron Ezeiza y Bosques vía Temperley. La situación afectó la frecuencia, con demoras de hasta 30 minutos, aunque usuarios reportaron en redes sociales que no figuraban horarios de arribo del tren en las estaciones. #TrenRoca #EstadoDelServicio Los ramales #Korn, #Ezeiza y #BosquesVíaTemperley circulan con demoras por falla técnica en #Gerli. 7:16 h— Info Tren Roca (@infotrenroca) April 13, 2026Desde Trenes Argentinos informaron además demoras y cancelaciones en el servicio que sale desde Constitución hacia Alejandro Korn, también por las dificultades técnicas en Gerli.Si bien a las 6 de la mañana, se había informado que el Roca circulaba con la frecuencia habitual, minutos después de las 7 se reportó demoras por esta falla técnica, que persistían horas después.Cerca de las 10 de la mañana, una vez solucionado el problema técnico en Gerli, seguían las demoras y cancelaciones en el Roca. Recién cerca de las 11:30 indicaron que se había normalizado el servicio «tras secuelas de falla técnica». ¡Actualización! #EstadoDelServicio Los ramales #Korn, #Ezeiza y #BosquesVíaTemperley normalizan su servicio tras secuelas de falla técnica en #Gerli. 11:33 h#TrenRoca https://t.co/XDtH9XDZhH— Info Tren Roca (@infotrenroca) April 13, 2026
En tanto que el Mitre contó también con problemas operativos esta mañana que interrumpieron por completo la circulación de los ramales Suárez y Mitre. En tanto que el ramal Tigre circulaba con su frecuencia habitual.Cerca de las 11 de la mañana, desde Trenes Argentinos actualizaron la información e indicaron que el ramal Suárez restablecía su servicio con demoras tras problemas operativos, pero el Mitre se encontraba aún interrumpido por problemas operativos. Por su parte, el Tren de la Costa sufre una interrupción programada hace varios días por obras en zona de vías. Asimismo, los servicios Victoria-Capilla del Señor y Villa Ballester-Zárate, también se encontraban interrumpidos.En el Belgrano Sur, los ramales Marinos del Crucero General Belgrano y González Catan también sufrían demoras y cancelaciones, por fallas técnicas. Cerca de las 10 de la mañana, el ramal Catán normalizaba su frecuencia.El tren Sarmiento no reportaba demoras ni cancelaciones esta mañana, aunque circula con modificaciones en los horarios de los primeros y últimos trenes por obras en zonas de vías.
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Acuerdo entre las empresas de colectivos y el Gobierno: dicen que en los próximos días habrá más servicios y se reducirán las demoras
Acuerdo entre las empresas de colectivos y el Gobierno: dicen que en los próximos días habrá más servicios y se reducirán las demoras
Desde las primeras horas del día, las estaciones clave como Retiro, Constitución y Once, así como las paradas intermedias en los principales corredores, se llenaron de filas largas y rostros que reflejaban frustración e impotencia. Al mediodía llegó una noticia positiva. Tras la reunión con el Gobierno, desde las cámaras empresarias afirmaron que hubo un principio de acuerdo que implica que el gobierno comenzará a pagar parte de la deuda de subsidios y eso permitirá ir normalizando los servicios en los próximos días. Al recorte, que comenzó la semana pasada, se sumó este jueves un quite de colaboración de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) que afecta más todavía a algunas líneas.Luciano Fusaro, titular de AAETA, una de las cámaras empresarias que participaron del encuentro, afirmó que en el encuentro con Transporte se acordó que el Gobierno comenzará a liquidar parte de la deuda entre hoy y los próximos días, y que esto les permitirá a las líneas de colectivos contar con recursos para comprar gasoil e ir incrementando los servicios hasta la normalización. Según Fusaro, esto ocurrirá en las «próximas 48 a 72 horas» y el martes próximo habrá una nueva reunión en la que se seguirá debatiendo la política de subsidios y qué puede hacerse para evitar conflictos como el que se suscitó a partir del aumento del litro de gasoil, que pasó de $ 1.600 a $ 2.100, en promedio, por la crisis bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán. «Hoy andan 12.000 colectivos. Faltan colectivos en la calle. Es difícil trasladar todo a tarifa porque el poder adquisitivo de gante está complicado», dijo Fusaro, y agregó: «Lo que vamos a tratar de hacer a partir del pago de la deuda es ir sumando servicios para que se vaya normalizando el servicio».Respecto al encuentro con el Gobierno, analizó que se reconoció la deuda y el compromiso estatal de que se irán normalizando los pagos. «Quedó para conservar la próxima semana cómo vamos a ir normalizando la diferencia del precio del gasoil», ya que el Gobierno sigue reconociendo el valor de $ 1.700. «La gente va a ir notando mejoras en el servicio día a día, no es inmediato. El sistema viene mal, y cuando pasa algo así como la disparada del precio del gasoil, se complica como ahora. Hay voluntad y esfuerzos. Pero no sabemos si va a haber aumento de tarifas o qué solución se puede encontrar para resolver el conflicto. Eso se seguirá charlando la semana próxima».»Se definió la realización de una mesa técnica el próximo martes por la mañana, orientada a trabajar en propuestas de reorganización del sistema y en las variantes de pago de las deudas pendientes. Desde el Estado Nacional se expresó plena disposición a acompañar al sector en la implementación de soluciones que garanticen un servicio efi ciente y de calidad para los usuarios, entendiendo el carácter estructural de la problemática», expresaron desde la secretaría de Transporte, a través de un comunicado, y agregaron: «El objetivo es consolidar un ámbito de trabajo continuo que permita avanzar en soluciones concretas».El drama, para los trabajadores que tienen que viajar, se vive en primera persona en cada parada. Mónica, una usuaria habitual de una línea que viene desde el sur del GBA, expresó su indignación: “Estoy llegando tarde al trabajo. Hoy no funciona el colectivo que tengo que tomar, y tuve que esperar otro. Es un caos”. Su testimonio es el reflejo de la incertidumbre que reina entre quienes dependen exclusivamente de este medio de transporte.Incluso para aquellos que logran encontrar un colectivo, el viaje es una odisea. Germán, quien se dirige a su empleo y toma habitualmente la línea 100, relató: «Estoy esperando hace 20 minutos, dicen que hay menos frecuencias y cuando llega un colectivo viene explotado». Su conclusión es demoledora: «Se está haciendo difícil moverse».La problemática no distingue entre trabajadores y estudiantes, ni distancias. Laura, que viene desde Monte Grande y ya se había tomado un tren, esperaba hacía treinta minutos para ir a la Facultad de Psicología. «Salí más temprano… Nos afecta a todos. Me desperté a las seis de la mañana», compartió, evidenciando el desgaste que implica la odisea de movilizarse en un día de paro, especialmente para quienes provienen del conurbano.Lo mismo le sucede a Carlos, quien se dirige a Palermo. Pese a haber anticipado el conflicto, la realidad lo superó. «Tengo que llegar a las 9, pero estoy atrasado. Es todo un tema. Y mirá que también me desperté más temprano porque sabía que iba a haber pocos colectivos», comentó, sumándose a la ola de frustración generalizada.La raíz del caos radica en un profundo conflicto entre las empresas y el gobierno, al que sumó la UTA. Desde las 10.30 de este jueves se hacía una reunión en Transporte, con el fin de destrabajar el conflicto. -

“Siempre nos perjudican a los trabajadores»: demoras y protestas de pasajeros por la medida de las empresas de colectivos de quitar servicios
“Siempre nos perjudican a los trabajadores»: demoras y protestas de pasajeros por la medida de las empresas de colectivos de quitar servicios
“El 28 viene con demora”, grita un inspector ante la mirada agotada de los pasajeros que esperan bajo la llovizna.Las interminables filas de gente en las paradas de colectivos son un escenario que se hace cada vez más frecuente frente a la estación de Constitución. Desde jóvenes hasta personas mayores, todos se ven afectados ante la baja frecuencia de colectivos.Ante el aumento de costos por la suba del 25% del combustible y la falta de actualización de subsidios, las cámaras empresarias de las líneas de colectivos del AMBA tomaron la decisión de reducir las unidades hasta un 30%.Desde las empresas de transporte declararon que no reciben ninguna respuesta por parte de las autoridades nacionales y provinciales frente a esta situación crítica.Al tratarse de líneas que involucran recorridos entre la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, son muchos los usuarios perjudicados por esta medida. Por ahora, el reclamo no afecta a las 28 líneas que solo circulan dentro de la Ciudad. Ese es el caso de Fernanda, quien toma tres colectivos de ida para llegar a su trabajo como empleada pública en Plaza de Mayo y otros tres para volver a su casa en San Vicente, ayer tardó cerca de dos horas y media en su vuelta.Si llega a atrasarse el transporte, confiesa que no tiene un plan B en cuanto a su movilidad, ya que “todo está en la misma y esto va a seguir así si no hay una solución”.Ante este panorama, se encuentra preocupada al no tener certeza de ningún horario para organizar su día. “Siempre los trabajadores somos los afectados y los que más se llevan son los dueños de las empresas y más, en este caso Dota, que es la más poderosa del país”, expresa y agrega con un dejo de resignación: “Tienen que pensar en la gente”.Mercedes es trabajadora social y viaja todas las semanas en el 168, el 4 o el 133. Nota fuertemente la demora de los colectivos, en especial del 168, el cuál muchas veces tiene media hora de espera.Aunque, más allá de los inconvenientes, reconoce que es una lucha entendible. “Es necesaria, lamentablemente la terminemos pagando nosotros como pasajeros, pero es un conflicto que viene hace bastante cada vez que aumenta el gasoil y siempre quedan desparejos los sueldos. Tiene que regularizarse”, explica la mujer.Pasan los minutos, sigue la lluvia y los colectivos aún no aparecieron. Las filas se vuelven cada vez más largas. Algunas empresas entregan fichas a cambio del pago del boleto antes de subir, para agilizar el despacho de los servicios. Jorge espera hace más de 20 minutos. Su rutina de trabajo dentro de la construcción implica viajar en dos colectivos y un tren, el cual hoy también tuvo un atraso de media hora. Su trayecto incluye las localidades de González Catán, Pompeya y Constitución.Las demoras en el transporte lo perjudican, porque pierde todo premio o reconocimiento en su empleo. Tampoco tiene otras alternativas para arribar a tiempo. “Está todo mal, uno paga más y viaja peor”, se queja.A diferencia de Fernanda, Mercedes y Jorge, Leandro decidió pedir un Uber luego de esperar más de 15 minutos. “Hoy tengo una reunión importante y veo que todavía esto sigue para rato”, cuenta el joven que se dirige a microcentro. Para él es aceptable que las empresas de colectivos tomen esta decisión ante los aumentos, “es entendible, obvio que repercute porque uno llega tarde al laburo, pero bueno mañana iré en subte”.María García es usuaria cotidiana de las líneas 59 y 63 para las dos veces que tiene que ir a trabajar. En caso de que no funcione ninguno de los dos, opta por el taxi, ya que su oficina está en un barrio complicado para llegar. “Me parece que lo de hoy es una medida de fuerza política, no sé si tiene tanta relación con el aumento del gasoil en sí. Considero que hay otras herramientas que se pueden utilizar y no complicar a toda la población”, declara.Si no hay una respuesta oficial en las próximas horas, las empresas de colectivos advirtieron que la medida podría escalar. Al no haber fondos, peligran los pagos de salarios, podría haber más recortes, interrupciones o el sistema podría entrar en una situación de mayor tensión. Y está una interrupción total de los servicios, según los empresarios. Mientras tanto, cientos de pasajeros continúan a la espera de una solución que los respalde.*Maestría Clarín/Universidad de San Andrés -

Cabinas para 8 personas y 80 metros de altura: cómo será el “London Eye” porteño, que avanza tras 10 años de demoras
Cabinas para 8 personas y 80 metros de altura: cómo será el “London Eye” porteño, que avanza tras 10 años de demoras
Después de más de una década de idas y vueltas, el proyecto para instalar una gran vuelta al mundo panorámica en Buenos Aires finalmente entró en etapa de ejecución. El llamado “London Eye porteña” comenzará a tomar forma en Puerto Madero y promete convertirse en un nuevo emblema del paisaje urbano y en un fuerte atractivo turístico.La estructura se instalará en el Dique 1, sobre un predio concesionado, y demandará una inversión superior a los 8 millones de dólares. Según los plazos previstos, la obra llevará unos 15 meses, por lo que su inauguración se estima para mediados de 2027.Detrás del proyecto se encuentra RDBA.SA, empresa que no sólo estará a cargo del desarrollo y la construcción, sino también de la financiación, el mantenimiento y la operación de la noria una vez que entre en funcionamiento. Como contratista principal fue designada GCDI —ex TGLT—, que será responsable de la obra civil y el montaje de la estructura.En diálogo con Clarín, fuentes de la Corporación Puerto Madero confirmaron que el proyecto avanza y serán los responsables del seguimiento de la obra. La iniciativa fue impulsada originalmente por Fénix Entertainment y cuenta con tecnología provista por la firma china Jinma Entertainment Corp., especializada en este tipo de atracciones a gran escala.El proyecto comenzó a gestarse en 2016 y atravesó múltiples obstáculos. En un principio iba a ubicarse en el Dique 2, pero fue rechazado por la Universidad Católica Argentina. Tres años más tarde se relocalizó en el Dique 1, donde finalmente, según todo parece indicar, finalmente logrará concretarse.En el camino, también debió superar una audiencia pública ante la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad. Allí se concluyó que la estructura no generará impactos negativos significativos: no producirá ruidos molestos ni residuos peligrosos, y tampoco afectará el tránsito ni la aeronavegación.La confirmación del inicio de la obra llegó a través de comunicaciones oficiales a la Comisión Nacional de Valores, lo cual terminó de destrabar un proyecto que estuvo largamente demorado.La noria tendrá un diámetro de 79 metros y una altura total que superará los 80 metros, lo que la convertirá en una de las estructuras más llamativas del skyline porteño, que incluye a la torre YPF y a los rascacielos de Puerto Madero.Contará con 36 cabinas cerradas y climatizadas, cada una con capacidad para ocho personas. En total, podrá transportar hasta 288 pasajeros por vuelta. Cada recorrido durará aproximadamente 20 minutos.Desde lo alto, ofrecerá vistas panorámicas de 360 grados que englobarían el perfil de Puerto Madero, el Río de la Plata y la Reserva Ecológica.La estructura se apoyará sobre una base de hormigón armado de 1.100 metros cuadrados y tendrá iluminación LED, lo que permitirá que funcione también como un nuevo hito visual nocturno visible desde distintos puntos de la Ciudad.La llegada de esta atracción apunta a reforzar el perfil turístico de Buenos Aires, en línea con otras grandes ciudades que cuentan con grandes norias panorámicas como parte de su oferta.El objetivo es claro: atraer visitantes internacionales, activar la economía local y sumar un nuevo punto de interés en Puerto Madero, uno de los barrios más visitados dentro de la Ciudad.Si los plazos se cumplen, dentro de poco más de un año Buenos Aires podría sumar una postal inédita: una gran rueda giratoria e iluminada frente al río que apuesta a convertirse en una nueva marca registrada del paisaje porteño.