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  • “La discusión sobre biocombustibles definirá si Argentina prioriza la salud, el ambiente y el empleo”

    “La discusión sobre biocombustibles definirá si Argentina prioriza la salud, el ambiente y el empleo”

    “La discusión sobre biocombustibles definirá si Argentina prioriza la salud, el ambiente y el empleo”

    La discusión sobre biocombustibles en Argentina sigue condicionada por una política energética centrada en el petróleo y por los intereses divergentes dentro de la agroindustria, mientras países como Estados Unidos, Brasil y Paraguay avanzan en esquemas que no solo benefician al medio ambiente y a la salud, sino que también generan ventajas socioeconómicas.

    Para profundizar en este desafío, entrevistamos a Claudio Molina, contador y principal impulsor de los biocombustibles en Argentina en este siglo, quien ofrece una visión clara y con perspectiva de estadista sobre este tema clave.
    —¿En qué estado se encuentra la discusión sobre los biocombustibles en Argentina, 15 años después de la entrada en vigencia de la primera ley?
    —Actualmente rige la Ley 27.640, sancionada en 2021 luego de la expiración de la Ley 26.093, que había sido prorrogada mediante decretos. En teoría, el corte obligatorio de biodiésel en el gasoil es del 7,5%, aunque en la práctica apenas supera el 6%, e incluso en algunos momentos de 2023 cayó por debajo del 4%. En cuanto al bioetanol, el porcentaje obligatorio es del 12%, distribuido en partes iguales entre etanol de caña de azúcar y de maíz, con compensaciones cuando una de las dos industrias no puede cubrir la totalidad de la demanda.
    El desarrollo de los biocombustibles ha estado permanentemente condicionado por los intereses de la refinación petrolera. Por ejemplo, en 2021 el corte obligatorio de biodiésel fue reducido del 10% al 5%, y solo un año más tarde, ante una grave crisis de abastecimiento de gasoil que afectó la cosecha, el Gobierno debió elevarlo nuevamente al 7,5% y autorizar cortes transitorios que llegaron hasta el 12,5%.
    —¿Por qué resulta tan difícil consolidar una política de Estado en torno a los biocombustibles?
    —Aunque existen fundamentos sólidos para su desarrollo, la influencia de los sectores vinculados a los hidrocarburos, especialmente las petroleras, es muy fuerte. Las leyes de biocombustibles se justifican por motivos ambientales, sanitarios y de diversificación energética, pero en Argentina ocurre un fenómeno conocido como “captura del regulador”, donde el regulado condiciona al organismo encargado de controlarlo.
    YPF, con su dominio en la refinación de gasoil y naftas, ejerce una influencia notable sobre la política energética, lo que ha marcado gran parte de la evolución del sector en las últimas décadas. Argentina tuvo experiencias tempranas, como el Plan Alconafta en los años ochenta, pero luego hubo un largo periodo sin políticas activas hasta la Ley 26.093 de 2006, que estableció la mezcla obligatoria desde 2010. Desde entonces, aunque se avanzó especialmente en bioetanol, el desarrollo quedó lejos del potencial real del país.
    —Daniel González, responsable de Energía en el Ministerio de Economía, afirmó que una mayor participación de biocombustibles sería viable económicamente solo en contextos de precios internacionales elevados del petróleo. ¿Coincide?
    —No comparto esa visión. González proviene del sector petrolero y analiza desde esa perspectiva. Evaluar los biocombustibles solo con criterios contables tradicionales omite variables fundamentales. Estos generan externalidades positivas en salud pública, reducción de emisiones y desarrollo regional, mientras que los combustibles fósiles implican costos ambientales y sanitarios que rara vez se incorporan en la ecuación económica. Por eso sostengo que se trata de una cuenta incompleta; si se consideraran adecuadamente esos factores, la competitividad de los biocombustibles sería mucho mayor.
    —Hoy hay varios proyectos de ley en discusión. ¿Cómo evalúa la representación política en este tema?
    —Existen cinco proyectos con estado parlamentario. Uno, impulsado por Patricia Bullrich y otros senadores, replica íntegramente el texto de la Secretaría de Energía. Otro, apoyado por Alejandra Vigo, Camau Espínola y Carolina Moisés, fue elaborado junto a la Liga Bioenergética de Provincias. También están las iniciativas de Beatriz Ávila y Flavia Royón, y una versión previa de los senadores santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano. La agenda energética nacional sigue influenciada por intereses hidrocarburíferos. A menudo, el debate se centra en costos y abastecimiento, relegando a un segundo plano aspectos vinculados a salud pública, calidad del aire y medio ambiente.
    —¿Cuál considera el proyecto más adecuado para pensar en una política de largo plazo?
    —Desde mi perspectiva, el proyecto promovido por Vigo, Espínola y Moisés es el más equilibrado. Cuenta con amplio consenso en la industria y busca incrementar gradualmente el uso de biocombustibles, respetando criterios ambientales, sanitarios y productivos. Además, contempla mecanismos para la coexistencia de distintos tipos de empresas en la cadena, evitando procesos bruscos de concentración económica.
    —¿Cuál es el nivel de consenso entre los diferentes sectores?
    —En bioetanol hay un alto nivel de acuerdo. Las industrias de maíz y caña de azúcar han logrado consensos importantes con los refinadores y buena parte del Gobierno. El principal conflicto está en torno al biodiésel, lo cual es preocupante, porque la falta de acuerdo en este segmento también frena el crecimiento del bioetanol. Mientras esa discusión esté trabada, será difícil avanzar hacia esquemas más ambiciosos de energías renovables.
    —¿Dónde radica el núcleo de la discusión sobre biodiésel?
    —La Ley 27.640 excluyó a los grandes complejos aceiteros integrados de

  • Dos matrimonios compraron un quiosco con sus ahorros para darle trabajo jóvenes que viven en la calle: “Hay que dar empleo a las personas que tenemos al lado”

    Dos matrimonios compraron un quiosco con sus ahorros para darle trabajo jóvenes que viven en la calle: “Hay que dar empleo a las personas que tenemos al lado”

    Dos matrimonios compraron un quiosco con sus ahorros para darle trabajo jóvenes que viven en la calle: “Hay que dar empleo a las personas que tenemos al lado”

    Mientras en varias ciudades europeas desaparecen negocios tradicionales, un pequeño quiosco del barrio madrileño de Arganzuela encontró una manera diferente de subsistir. Cuatro amigos invirtieron sus ahorros para comprar este local, que no solo vende diarios, revistas y café, sino que también funciona como una herramienta de integración social para personas en situaciones extremas.

    Este proyecto, llamado Somos Talita, fue creado por dos matrimonios amigos que decidieron destinar sus ahorros a un comercio con impacto comunitario. La iniciativa surgió tras múltiples conversaciones sobre las dificultades que enfrentan muchas personas para acceder a un empleo estable.
    Lejos de apostar por un modelo comercial convencional, los impulsores priorizan a quienes suelen quedar excluidos del mercado laboral, como personas en situación de calle, migrantes o víctimas de violencia.
    La iniciativa rápidamente atrajo la atención del barrio al combinar trabajo cotidiano con cercanía humana.
    La primera persona contratada fue Abdul, un joven marroquí que enfrentó grandes dificultades desde su llegada a España, llegando incluso a dormir varias noches en la calle. Los fundadores del proyecto lo conocieron a través de la organización Mundo Justo y comprendieron que el empleo podía ser una oportunidad concreta para reorganizar su vida.
    Con el tiempo, Abdul logró establecer una rutina estable y cierta tranquilidad que antes no tenía. Actualmente, combina sus jornadas laborales en el quiosco con entrenamiento de boxeo y clases para obtener su licencia de conducir. Según los impulsores del proyecto, el cambio más significativo no ha sido económico, sino emocional y social.
    Con el paso de los meses, el quiosco se ha convertido también en un punto de encuentro habitual para vecinos de Arganzuela. Los responsables sostienen que el espacio contribuye a recuperar vínculos humanos en ciudades cada vez más impersonales y aceleradas. “Las personas mayores se sienten queridas”, explican al describir el clima cotidiano que se genera alrededor del local y la relación con los transeúntes.
    Jesús García Melgares, uno de los creadores, destacó que el proyecto no nació desde una lógica tradicional de voluntariado o asistencia puntual, sino con la intención de construir vínculos reales y generar oportunidades concretas para que quienes atraviesan dificultades recuperen autonomía e integración social.
    “No hacemos voluntariado”, aclaró, explicando que la relación con Abdul se basa en el acompañamiento y la fraternidad cotidiana, no en una relación de superioridad.
    Actualmente, los responsables de Somos Talita buscan expandir la propuesta incorporando la venta de café para llevar y libros usados, con el objetivo de crear nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, aún enfrentan limitaciones legales vinculadas a las licencias municipales para administrar más de un quiosco en Madrid.
    A pesar de estos obstáculos, aseguran que la experiencia ratifica una enseñanza clave: incluso un espacio pequeño puede transformar la vida de alguien cuando se le brinda una oportunidad concreta y sostenida en el tiempo.

  • Discapacidad y empleo: el proyecto que se inspiró en Alamesa y le dio trabajo a 37 personas en un parque porteño

    Discapacidad y empleo: el proyecto que se inspiró en Alamesa y le dio trabajo a 37 personas en un parque porteño

    Por primera vez, un espacio público de la Ciudad tiene un plantel de empleados integrado por personas con discapacidad. Se trata del Ecoparque, en donde hace un mes comenzaron a trabajar 37 nuevos empleados con diferentes neurodivergencias, que fueron capacitados durante los 4 meses previosLa iniciativa, inspirada en el proyecto Alamesa, en el que el pediatra Fernando Polack armó un equipo conformado por personas con capacidades diferentes, se pensó como el primer paso para extender la idea a otras dependencias públicas, aunque también con el fin de llevarlo a los privados. De acuerdo con la información oficial, el Ecoparque recibe más de 2 millones de visitantes al año, con un flujo promedio de 5.000 personas por día durante la semana y picos de hasta 15.000 los fines de semana. Fueron datos clave para el proyecto porque surgió la necesidad de contar con empleados en las postas informativas. Todo, además, demandó el rediseño del sistema de atención mediante la instalación de siete espacios distribuidos estratégicamente en todo el predio.Desde estos puntos, las personas con discapacidad brindan orientación a los visitantes, información sobre los recorridos y difusión del trabajo educativo, ambiental y de conservación que se desarrolla en el espacio. El equipo trabaja de martes a domingo, cuando está abierto el parque, en jornadas de 4 y 8 horas, organizadas de acuerdo con la dinámica del parque y las características de cada puesto.El proyecto que se inspiró en un restaurante y le dio trabajo a 37 personas con capacidades diferentes en el Ecoparque porteño.Para la búsqueda y selección participaron organizaciones de la sociedad civil especializadas en discapacidad, como ADEEI, AMIA, CILSA, CCRAI, DISCAR, Fundación Chacras y Cascos Verdes.Luego de una convocatoria que reunió más de 100 postulaciones, se avanzó en un proceso de evaluación con entrevistas individuales y grupales, que permitió identificar perfiles adecuados para las tareas de atención al visitante, explicaron fuentes del Gobierno porteño.Luego, las personas seleccionadas participaron, durante cuatro meses, entre noviembre y febrero, de un proceso de capacitación teórica y práctica en el propio Ecoparque. De todo ese proceso contó con acompañamiento técnico y articulación con familias, equipos terapéuticos y organizaciones. Las capacitaciones tuvieron que ver, además de cuestiones formales vinculadas con el trabajo en el Ecoparque, con información sobre las especies que aún están en el ex Zoológico y también con las razones del cambio que se implementó en la década pasada. “El 10% de la población de la Ciudad tiene algún tipo de discapacidad. El desempleo dentro de ese grupo alcanza el 85%. Muchos de ellos no pueden conseguir trabajo porque son rechazados por prejuicios arraigados que asocian la discapacidad con la incapacidad. No tener un trabajo les impide vivir una vida con mayor libertad e independencia, algo que no solo pesa sobre ellos mismos, sino sobre sus familias”, subrayó Clara Muzzio, al frente de la iniciativa como vicejefa de Gobierno.Además, aseguró que se eligió en Ecoparque porque se detectó que había una necesidad de personas que funcionaran como guías para los visitantes. En esta primera selección, se optó con quienes tienen alguna neurodivergencia. Aunque en búsquedas futuras está pensado ampliar el espectro a personas con otras discapacidades, de acuerdo a las necesidades y características de cada espacio. Muzzio, que tiene un hijo con síndrome de down, afirmó: “A veces vemos a la discapacidad como un problema de otros, como algo que nunca nos va a tocar, pero más del 50% de las discapacidades son adquiridas a lo largo de la vida. Y si vivimos lo suficiente, es seguro que vamos a tener alguna discapacidad”.Y agregó: «Cuando pensamos este proyecto lo hicimos también en función de que el trabajo genera vínculos, y ya estamos viendo que muchas de las 37 personas que están empleadas en el Ecoparque empezaron a salir, a reunirse, algo que antes no hacían».Según la estadística oficial, en la Ciudad viven más de 300.000 personas con discapacidad, pero solo el 15,7% accede a un empleo. El objetivo es que la experiencia del Ecoparque se replique tanto en el sector público como en el privado.Todo forma parte del Plan Integral de Discapacidad, que está vigente diferentes beneficios, de acuerdo con la ley 24.901. Algunos tienen que ver con exención de ABL, patentes o Ingresos Brutos. Además, la Ciudad cuenta con el primer Centro de Desarrollo Laboral para Personas con Discapacidad, que ya atendió a más de 2.400 personas y articula oportunidades con el sector público y privado.