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  • La Justicia sospecha que las criptomonedas que declaró Manuel Adorni para intentar justificar su incremento patrimonial no eran suyas

    La Justicia sospecha que las criptomonedas que declaró Manuel Adorni para intentar justificar su incremento patrimonial no eran suyas

    La Justicia sospecha que las criptomonedas que declaró Manuel Adorni para intentar justificar su incremento patrimonial no eran suyas

    Manuel Adorni intenta justificar el incremento de su patrimonio declarando 513.000 dólares, atribuidos a la venta de activos, vinculados a bitcoins que anunció primero en medios y luego mediante declaraciones juradas rectificadas. Sin embargo, fuentes judiciales consideran esta cifra “insuficiente” y advierten que “nada indica que fuese el titular de esas criptomonedas, además no presentó documentación respaldatoria”. La justicia federal cuestiona tanto el origen de los dólares invertidos en activos virtuales como la titularidad real del monto declarado por el funcionario.

    El fiscal federal Gerardo Pollicita firmó el viernes un oficio con múltiples medidas tras la entrevista difundida en LN+ y la documentación presentada ante la Oficina Anticorrupción (OA), compuesta por 22 informes que buscan esclarecer el patrimonio del funcionario de La Libertad Avanza. Este funcionario omitió durante años la tenencia de dólares, incluso en el período fiscal 2024, y ahora, tras la adquisición de una propiedad, muestra una fortuna más coherente con los movimientos declarados.
    Manuel Adorni eliminó de su declaración jurada dos cifras que había consignado inicialmente: un patrimonio de 61.018.251 pesos en 2023 y de 107.894.811 pesos en 2024, que ya no figuran en los registros ante la OA. En su última rectificación, la base inicial declarada asciende a 622.646.891,98 pesos, y para el cierre del período fiscal 2025 declaró un patrimonio de 944.575.052 pesos.
    Este aumento se explica, según Adorni, por la inversión en bitcoins realizada junto a su esposa, Bettina Angelletti, entre 2014 y 2018. No obstante, la justicia plantea tres dudas concretas. Primero, el origen de los 200.000 dólares invertidos en criptomonedas carece de explicación y no figura ningún registro que lo respalde: “No basta con declarar una cifra en la declaración jurada, debe sustentar su origen lícito”, señaló a Clarín una fuente judicial.
    La segunda inquietud se relaciona con la cifra de 513.000 dólares declarada como resultado de la venta de esos activos. Hasta ahora, “nada asegura que haya sido el titular real de las criptomonedas porque no hay documentación que lo respalde”, indicó otro vocero cercano al caso. Otro consultado agregó que no está claro con qué criptomoneda operó ni cómo obtuvo esa ganancia, y que el monto declarado implica un valor mucho mayor —por encima de 20 millones de dólares— al valor declarado.
    Estas dudas surgieron tras la presentación de los nuevos números. En Comodoro Py estiman que podría subsanarse si la información confidencial que aún no fue entregada se incorpora a la investigación, ya que hasta ahora “no hay datos contundentes que confirmen la titularidad ni la procedencia de esos bitcoins”.
    La tercera cuestionamiento refiere a que los montos declarados no especifican la cantidad de bitcoins ni si representan su valor en dólares, lo que genera inconsistencias. Según cálculos realizados en la sede judicial, el valor real de las criptomonedas declaradas supera ampliamente los 513.000 dólares, llegando a varios millones.
    A diferencia de esos valores, en su declaración del período fiscal 2024 Adorni sí detalló tres criptomonedas específicas, consignando nombre, cantidad y valor en pesos. Se trata de Cripto Binance (11.019,85 unidades por 8.875.937,02 pesos), Cripto Lemon (2.605,83 unidades por 2.098.865,77 pesos) y Cripto BTC (1.069,69 unidades por 861.584,01 pesos), sumando un total de 11.836.386,8 pesos según el tipo de cambio oficial vigente.
    La ganancia de 513.000 dólares atribuida a la venta de bitcoins es ahora una incógnita que la justicia intentará esclarecer mediante un requerimiento formal que firmará el fiscal Pollicita, según confiaron fuentes judiciales a Clarín.
    La justicia federal analiza tanto la declaración patrimonial de 2025 como las rectificaciones previas. La Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero en las Investigaciones (DAFI), dependiente de la Procuración General, estudia con detalle los ingresos y egresos de Adorni y su esposa para identificar posibles inconsistencias. La DAFI ya solicitó a la fiscalía la incorporación de la nueva documentación presentada, que se sumará a un informe en desarrollo.
    Fuentes judiciales admiten que Adorni ha ganado tiempo, pero advierten que “deberá dar explicaciones sobre numerosos números que aún resultan inconsistentes”.
    Además, la justicia indaga si los fondos invertidos proceden del trabajo privado que el jefe de Gabinete y su esposa aseguran haber tenido durante años. Para ello, el fiscal solicitó a la ANSES, ARCA y otros organismos los registros laborales del matrimonio con el fin de comprobar si sus ingresos oficiales corresponden con las declaraciones.
    La Justicia también evalúa la existencia de un delito precedente que permita avanzar, por ahora, con una investigación por posible lavado de activos. Sobre la figura penal de evasión tributaria en la que se ampara Adorni, se señala que el período prescripto para esa falta “no está claro si incluye la evasión de bienes personales”, por lo cual continúa el análisis.
    Fuentes del fuero admiten que, lejos de aclarar las dudas, las recientes modificaciones en la declaración patrimonial “han generado más interrogantes”, las cuales solo el propio Adorni podrá explicar.

  • Quiénes eran “las chiquitas” de Balenciaga: el proyecto que rescata a las modistas invisibles

    Quiénes eran “las chiquitas” de Balenciaga: el proyecto que rescata a las modistas invisibles

    Todo el mundo sabe quién es Cristóbal Balenciaga, el diseñador español que se codeó con Christian Dior y ‘Coco’ Chanel en París a mediados del siglo XX, el genio que vistió a actrices y reinas europeas. Pero nadie conocía, hasta ahora, los nombres de las modistas que trabajaban para él en sus talleres.El proyecto expositivo y documental, Las manos que cosen, que recaló esta semana en el festival de cine y moda Feed Doc que se celebra en Barcelona, da voz a esas mujeres con el dedal siempre a punto que ayudaron también a construir un imperio, que llegó a tener tiendas y talleres en las ciudades españolas de San Sebastián, Madrid, Barcelona y, claro, París, la cuna de las grandes ‘maisons’.La iniciativa parte de los testimonios de una decena de mujeres que todavía viven y con las que el investigador de la Fundación Balenciaga Igor Uria consiguió ponerse en contacto. «Algunas respondieron a un primer cuestionario y a partir de ahí fue posible tirar del hilo de sus compañeras», cuneta Uria en una entrevista.La artista audiovisual Itxaso Díaz fue la encargada de entrevistar a esas mujeres, a las que en los años 50 y 60 del siglo pasado llamaban «las chiquitas».Díaz destaca que todas son mujeres que quitan importancia a lo que hicieron porque entonces no se les daba el valor que se les otorgaría ahora.»Por eso es tan bonito la devolución que se les hace ahora de ese reconocimiento por su trabajo. No solo se les pone nombre, también se habla de cómo eran sus vidas y de su saber hacer», apunta la cineasta.»La mayoría son mujeres que empezaron muy jóvenes, incluso con 14 años, y que allí aprendieron el oficio. Las que entraban estaban amadrinadas por otras, tías, sobrinas, hermanas… era como una familia y se admitía solo a las que fueran de toda confianza», explica Uria.Mujeres como Loli, que estuvo en el taller de San Sebastián de 1962 a 1968, y que cuenta que la mayoría de modistas dejaban el trabajo al casarse porque «una vez casada, ya lo normal era no trabajar».También Michelle, de la tienda de París, rememora que entró en la ‘maison’ del diseñador español «por casualidad» tras haberlo conocido trabajando como modelo (maniquí, en la época).Uria explica que las que se casaban estando en la Casa Balenciaga tenían derecho a usar el patrón de la colección anterior y casarse con un vestido de la firma. «No de la colección de esa temporada porque ese aún se comercializaba. Pero bueno, era un detalle que se tenía con ellas», asegura.Marisol, de los talleres del País Vasco, destaca que «el aprendizaje era único: puntada a puntada, hasta hacer de cada pieza una obra de arte».»Las Casas Balenciaga se organizaban en torno a dos espacios independientes y diferenciados: el taller y el salón», asegura Uria, quien cuenta que en el segundo espacio «pasaban» las maniquíes mientras que en el taller, tras la cortina, trabajaban las costureras.Uria cuenta que, cuando las jóvenes entraban, se observaba su «gesto» al coser, esto es, si dejaban el hilo estirado o más bien flojo. A partir de ahí se decidía «si irían a sastrería o modistería».Además del documental, ha viajado a Barcelona una muestra de la instalación –a base de telas y fotografías en movimiento– que la artista del collage Susana Blasco diseñó para el propio Museo Balenciaga en la ciudad natal del diseñador.Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (Getaria, 1895 – Jávea, 1972) comenzó su aventura empresarial y creativa en San Sebastián en 1917 con la apertura de su primera «casa de moda».Tras abrir espacios también en Madrid y Barcelona, en 1937 se inscribió en la Chambre Syndicale de la Haute Couture y abrió la histórica sede parisina de la Avenida George V.