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  • Inteligencia artificial, feminismo y democracia: los ejes de la apertura de la Noche de las Ideas

    Inteligencia artificial, feminismo y democracia: los ejes de la apertura de la Noche de las Ideas

    Inteligencia artificial, feminismo y democracia: los ejes de la apertura de la Noche de las Ideas

    A medida que las luces de la ciudad se encendían, el público se acomodaba en la Sala de Experimentaciones del Teatro Colón, ubicada en el primer subsuelo del histórico edificio porteño. Allí comenzó la conferencia inaugural “Abrir caminos: ¿Cómo pensar el porvenir?”, en el marco de la décima edición de la Noche de las Ideas, que contó con una sala llena.

    Organizado por el Institut français d’Argentine (IFA) y el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, el evento también recibió el apoyo de Fundación Medifé, SIPED Búzios, el Centro Franco Argentino de la UBA y Novotel. En Buenos Aires, el encuentro fue coorganizado por el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) y la revista Ñ, que actuó como media sponsor.
    Previo a la apertura formal de la conferencia, Romain Nadal, embajador de Francia en Argentina; Gabriela Ricardes, ministra de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; Gerardo Grieco, director del Teatro Colón; y Daniela Gutiérrez, presidenta de Fundación Medifé, ofrecieron unas palabras de bienvenida.
    Gabriela Ricardes destacó que “la Noche de las Ideas siempre encontró a su público por la manera de abordar cuestiones que nos atraviesan o que dejamos de pensar y volvemos a mirar. Es hermoso que las entrañas del Teatro Colón alojen este intercambio permanente entre nuestros pensadores y pensadoras y sus colegas franceses”.
    Por su parte, el embajador Romain Nadal afirmó: “Estamos convencidos de que pensar importa y que hacerlo juntos es indispensable. Vivimos tiempos en que los caminos, en vez de abrirse, parecen cerrarse; el fatalismo y el miedo amenazan con reemplazar al pensamiento crítico, pero estamos seguros de que la filosofía, el arte y la cultura siguen siendo los elementos más poderosos para imaginar futuros posibles”.
    En relación con la metáfora de los caminos bifurcados de Jorge Luis Borges, Nadal agregó: “La Noche de las Ideas es un ejercicio de bifurcación que nos invita a cuestionarnos, a escuchar voces que no son las nuestras, a imaginar futuros que no tienen nombre. Necesitamos más ideas y menos odio, más ideas y más diálogo de civilización”.
    La presidenta de Fundación Medifé, Daniela Gutiérrez, sostuvo que “caminar es también un acto político. No me refiero a seguir rutas ya trazadas, sino a aventurarnos en lo que todavía no tiene nombre. En estos tiempos en que intentan aislarnos, encontrarnos es un acto de resistencia y apertura. Abrir caminos es una práctica del desvío, es suspender las lógicas de la productividad. La cultura y el pensamiento crítico operan justamente ahí: son herramientas capaces de desencajar las estructuras”.
    El filósofo y moderador Tomás Balmaceda presentó a los tres expositores invitados: Camille Froidevaux-Metterie, Asma Mhalla y Michaël Foessel. “Esta conferencia reúne tres voces que, desde perspectivas distintas, piensan nuestro presente. Un cruce de miradas que interroga el mundo contemporáneo a partir de tres transformaciones clave: las del sujeto, las del poder y las de la democracia, para abrir juntos nuevos caminos”, explicó.
    En un contexto marcado por el auge de las tecnologías digitales, las reconfiguraciones de las identidades y las tensiones políticas actuales, la conferencia abordó nuevas vías para pensar la acción.
    El diálogo se centró en tres ejes principales: las luchas feministas que redefinen las experiencias, las formas de vinculación y la autonomía; el avance de las infraestructuras tecnológicas que reordenan las relaciones de poder; y las crisis que atraviesan las democracias contemporáneas, articulando diversos niveles de análisis.
    Balmaceda resumió: “Que se abra el camino a la ciencia y a la educación es fundamental en este momento. La propuesta de este espacio inaugural no puede ser simplemente un optimismo ingenuo, sino abrir otras formas políticas y vinculares. Para Asma, el siglo XXI no nos gobierna, sino que nos programa. Para Camille, los mandatos estéticos y patriarcales alienan al cuerpo femenino, ajeno a sí mismo desde la adolescencia. Michaël plantea que detrás del discurso del fin del mundo opera una lógica de poder para dominarlo. El desafío es encontrar maneras de abrir caminos cuando los sistemas contemporáneos intentan impedir que imaginemos una alternativa”.
    Asma Mhalla, doctora en Ciencias Políticas por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París (EHESS) e investigadora franco-marroquí, señaló que el punto de partida es poder describir y nombrar lo que observamos: “Hablo de totalitarismo cognitivo. Los actores tecnológicos que hoy proponen agendas políticas van mucho más allá del estatus de grandes empresas. Estos actores forman un sistema militar, tecnológico, político y cultural. Hay que nombrar este escenario para poder salir de él. En Europa hay un discurso cómodo que habla constantemente del caos y la irracionalidad de las guerras, pero me parece que no conduce a ningún lado”.
    En este sentido, Mhalla explicó que estos gigantes tecnológicos, con sede en Estados Unidos y China, compiten por definir un nuevo orden para el Estado mundial y decidir qué sucede con el resto del mundo.
    Camille Froidevaux-Metterie, referente del pensamiento feminista contemporáneo en Francia, repasó la historia del movimiento: “Desde los griegos, a las mujeres se les negó el poder de pensar y tener derechos cívicos. Esta condición funcionalista es la base del patriarcado. Pero las mujeres fueron abriendo su participación con la conquista de derechos civiles y sociales. En los años 60

  • Crisis de natalidad y feminismo: el libro que propone repensar familia y reproducción

    Crisis de natalidad y feminismo: el libro que propone repensar familia y reproducción

    Tener o no tener hijos es mucho más que un dilema personal. Especialmente cuando el Estado empieza a pensar la población como un factor económico, como un capital que adquiere diferentes valores y significados según las épocas.Adele Clarke, Donna Haraway y Ruha Benjamin. | Fotos: gentileza.Problematizar la noción de población y contraponer la posibilidad de construir nuevos parentescos es el objetivo del libro que tiene como compiladoras a las intelectuales norteamericanas Donna Haraway y Adele Clarke. El conflicto está expresado en el título Generar parentesco, no población (Editorial Rara Avis), que podría definirse como la respuesta feminista a la introducción del libro Las venas abiertas de América Latina, que publicó la editorial Siglo XXI en el año 1971.Con el título “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”, Eduardo Galeano sostenía que los países imperialistas se ocupaban, bajo medidas a veces más directas y sanguinarias y otras más sutiles, de eliminar a la población pobre de América Latina e impedir que se multiplicara.La mención de este libro, que, por supuesto, escapa a las referencias de las autoras, tiene dos justificaciones. Por un lado, como señala en el prólogo a la edición en español Julieta Massacese, Generar parentesco, no población carece de una mirada latinoamericana.Pero, fundamentalmente, lo que hoy incómoda del texto de Galeano es el sesgo machista que desconoce el lugar de la mujer, los embarazos no deseados, que en muchos casos son el resultado de un abuso, y el condicionamiento que la maternidad implica.Más allá de la distancia de épocas y de género, existe una coincidencia ligada a la certeza de que la maternidad y la paternidad no pueden ser pensadas únicamente desde una perspectiva personal (de hecho, muchas de las autoras de este libro rechazan la palabra elección), al tratarse de un tema que involucra a la sociedad en su conjunto y su calidad de vida.El grupo de autoras, integrado por la académica canadiense Michelle Murphy, la socióloga hindú Ruha Benjamín, la especialista en medicina social taiwanesa Yu- Ling Huang, la socióloga de la misma nacionalidad Chia – Ling Wu y la académica norteamericana Kim TallBear, propone un abordaje desde la justicia reproductiva para desarrollar un pensamiento sobre la natalidad que requiere de un lenguaje alejado de los prefijos pro y anti.En esta línea, poner en crisis la elección como bandera y síntesis de la autonomía femenina significa tanto alertar sobre una simplificación de la experiencia como negar que la mayoría de las veces las mujeres no pueden elegir.La preocupación por la cantidad de habitantes, más allá de que esté sustentada en las cuestiones ambientales y en el desastre climático, siempre parece demasiado cercana a la idea de población excedente. Es decir, es muy difícil hablar de tener menos hijos, de desalentar en las mujeres el deseo de traer nuevas personas al mundo, sin que el discurso se acerque directamente a un control de las libertades individuales.Pero, además, instrumentar una suerte de sentido común que reemplace el sueño de la maternidad por el convencimiento de dejar de parir es algo que ya tiene una existencia real en las sociedades actuales, donde las mujeres no perciben de manera tan generalizada que la maternidad sea un mandato como en otros tiempos, pero puede generar un efecto contrario si se convierte en un lenguaje propagandístico que pueda interpretarse como una orden.Abordar el tema de la natalidad desde el feminismo para señalar, por ejemplo, la cantidad de alimentos que será necesario producir en un futuro, frente a las estimaciones de una población mundial de 19 mil millones de personas para el año 2100, parece estar en línea con un planteo capitalista.Donna Haraway. Foto: gentileza.Humanizar el razonamientoEs verdad que las autoras señalan que hay que pensar nuevas maneras de cuantificar, y justamente es la noción de parentesco la que viene a humanizar este razonamiento, pero ¿cómo pensar la natalidad desde esta lógica sin reproducir la ideología imperante, a la que tampoco le interesa que los pobres o las personas racializadas tengan más hijos, salvo que los piensen como mano de obra barata o esclava?Las nuevas formas de parentesco están ligadas a una vida comunitaria donde la maternidad y la paternidad serían compartidas, donde lo que se busca es dejar de privatizar los afectos para abrir la familia a una forma social que, según las autoras, tiene diferentes variantes. Algunas directamente se oponen a la monogamia (Kim TallBear) y todas ponen en crisis la organización familiar tradicional signada por el parentesco biológico.El libro plantea una discusión que es arriesgada y que se enfrenta a varios tabúes. En este sentido, el aporte es valioso, aunque también es evidente que las mismas autoras no tienen muy en claro cómo llevar a la práctica las acciones para transformar esas relaciones no biológicas en vínculos más permanentes.El pasaje de la obligación de ser madres a la elección de no serlo implicó un cambio social y hoy se habla frecuentemente de la baja en la tasa de natalidad. Incluso, algunos países asiáticos como Taiwán y Japón, que siempre tuvieron sobrepoblación, se enfrentan a una baja de la natalidad que pone en riesgo la población de reemplazo, según afirman Yu- Ling Huang y Chia – Ling Wu.Las políticas de control de la natalidad siempre apuntaron a favorecer determinados nacimientos y disuadir o anular otros. En la actualidad, el envejecimiento poblacional de Europa y la llegada de migrantes de continentes que tienen una alta cantidad de población joven, como es el caso de África, implica una transformación de la sociedad europea que es vivida como una amenaza a su identidad.Ruha Benjamin. Foto: gentileza.En este marco, decir desde el feminismo que hay que tener menos hijos porque las personas del futuro van a vivir cada vez peor y el planeta no va a soportar tantos seres humanos que pongan en riesgo la vida animal y vegetal puede ser atinado, pero es un planteo que tiene que estar bien direccionado y no puede eludir la noción de clase.Una crianza colectiva¿Qué mujeres están en mejores condiciones de decidir no tener hijos? ¿Hasta qué punto es posible imaginar una crianza colectiva de un hijo que tiene una madre y un padre biológicos?Para que los parentescos no biológicos tengan el mismo reconocimiento ante la ley que cualquier lazo de sangre, es imprescindible una revolución en el armado del Estado y de la vida social. Tener menos hijos pero aumentar la cantidad de parientes supone incrementar los vínculos, las formas de componer las familias, pero no las personas. Aquí habría que preguntarse qué consecuencias y qué tipo de mundo será aquel que tenga más ancianos que niños.Si bien es verdad que la crianza y las tareas de cuidado necesitan de muchas personas de distintos géneros para ser realizadas, guiar la decisión de tener hijos y los modos de conformar una familia es una estrategia que puede llevar a una intromisión total del Estado en aquellos espacios donde muchas personas han logrado conquistar una autonomía.No siempre esta manera de pensar implica una mayor democracia colectiva, como tampoco la familia es en todos los casos una zona de opresión. Puede ser el único lugar de amparo, el único espacio donde las personas se sienten elegidas y amadas.Adele Clarke. Foto: gentileza.Se trata de medidas que se presentan como escenarios de mayor libertad e igualdad en su afán de socializar los vínculos, pero que pueden traer un mayor nivel de control.Imaginar una subjetividad nueva, un mundo donde, como dice Kim TallBear, “el amor y las relaciones no se consideren objetos escasos que hay que defender”, habla de un ejercicio intelectual que es interesante abordar y discutir, pero que toma como referencias otras épocas, experiencias más arcaicas que van a adquirir necesariamente un sentido diferente en las sociedades actuales.Generar parentesco, no población. Debates feministas sobre natalismo, VV.AA. (Rara Avis).