Revelación tras la muerte del enfermero en Palermo: el fentanilo encontrado es del laboratorio de García Furfaro
Mientras la autopsia reveló cómo murió Eduardo Alejandro Bentancourt (44), el enfermero que fue encontrado en su departamento de Palermo, por una “cardiopatía hipertrófica y dilatada con congestión pulmonar”; otros datos aparecieron en torno a su sospechosa muerte: encuentran tres ampollas de fentanilo del laboratorio de Ariel García Furfaro, quien se encuentra procesado por la causa del lote contaminado que causó 111 muertes. Una revelación.Ariel García Furfaro se encuentra procesado y su laboratorio investigado en la causa por el fentanilo contaminado que vuelve a aparecer sorpresivamente en el departamento del enfermero encontrado muerto en Palermo.Fuentes ligadas a la investigación confirmaron que en el departamento se encontraron «tres ampollas de fentanilo-citrato 0,05 mg inyectable del laboratorio HLB Pharma S.A., perteneciente al certificado N°53.100. El certificado que se detectó hace casi un año como contaminado y que la ANMAT prohibió debido a las muertes provocadas.Las ampollas fueron halladas en la cocina del departamento ubicado sobre la calle Fray Justo Santa María de Oro al 2428, donde la semana pasada fue encontrado sin vida el enfermero entrerriano.En el departamento, los investigadores habían secuestrado tres teléfonos celulares, tarjetas, una jeringa y un arsenal de ampollas de varias drogas: lidocaína, propofol, dipirona, diclofenac, hioscina, clonazepan, midazolan, adrenalina, haloperdol, fentanilo y difenhidramina, entre otras. Allí apareció las del fentanilo de HLB Pharma Group.De las que hallaron de difenhidramina, un antialérgico, también corresponden al laboratorio de García Furfaro, a quien se investiga por el nexo entre el fentanilo adulterado y las muertes del año pasado.Ahora, el hallazgo de estas ampollas en el departamento del enfermero muerto abre interrogantes acerca de cómo estaban allí si estaban prohibidas. ¿Llegaron antes que la ANMAT prohibiera su uso en mayo del año pasado?. De no ser así, se tendría que abrir otra investigación acerca del proceso de decomiso ordenado por la Justicia. “Es muy probable que hayan sacado de las ampollas que tenían que devolver. Tenían que haber sido todas, no solamente los lotes que resultaron contaminados”, añadieron a a la Agencia Noticias Argentinas.La causa del fentanilo adulterado del laboratorio HLB Pharma S.A. causó más de 100 muertes y el 13 de mayo del año pasado, la ANMAT prohibió en todo el territorio nacional el uso de ampollas de “Fentanilo HLB / Citrato de Fentanilo concentración 0,05 mg/ml, solución inyectable, frasco ampolla por 5 ml”. Dos semanas más tarde, la ANMAT emitió otro comunicado donde se informaba que se decomisaría todos los lotes que habían sido detectados como «contaminados» y emitió una orden de búsqueda de todas las ampollas. El 24 de abril, ANMAT prohibió el uso, la comercialización y también la distribución de más drogas del laboratorio de García Furfaro: diclofenac sódico y morfina. Y procedió a retirarlas del mercado.
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Revelación tras la muerte del enfermero en Palermo: el fentanilo encontrado es del laboratorio de García Furfaro
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«¿Si te pasás con eso te vas con Jesús?»: alarma por el uso y contrabando de fentanilo, propofol y otros sedantes
«¿Si te pasás con eso te vas con Jesús?»: alarma por el uso y contrabando de fentanilo, propofol y otros sedantes
-¡Te conseguí vecuronioooooo! -¿Más fuerte que el fentanilo es?-Obvioooooo. Es dos veces más fuerte.-¿Si te pasás con eso te vas con Jesús?El diálogo -extractado de un expediente radicado en la Justicia federal de Santa Fe- es entre un enfermero de PAMI II de Rosario y un hombre de 37 años. Poco después del chat, el hombre -hijo de un gerente de un banco- murió tras inyectarse fentanilo y bromuro de vecuronio, dos de las sustancias sedantes más comunes usadas durante las operaciones, como el propofol o el midazolam.Los chats entre un enfermero del PAMI en Rosario y un hombre que murió tras inyectarse fentanilo y bromuro de vecuronio.La muerte ocurrió a mediados de 2023, pero sólo comenzó a investigarse en serio a partir de la intervención de la Procunar, cuando el padre del hombre hizo la denuncia contra el enfermero en la Justicia federal y aportó el celular de su hijo y la clave de acceso. El enfermero fue detenido y en su casa se secuestraron tres cajas de ampollas de bromuro de vecuronio que había robado en su trabajo.Actualmente está por enfrentar un juicio por los delitos de comercialización de estupefacientes (por el fentanilo) y venta de sustancias medicinales peligrosas para la salud simulando su carácter nocivo (por el bromuro de vecuronio).Los chats entre un enfermero del PAMI en Rosario y un hombre que murió tras inyectarse fentanilo y bromuro de vecuronio.El caso apenas tuvo repercusión en su momento, pero hoy puede verse bajo una nueva luz tras la muerte del médico anestesista Alejandro Zalazar (31), quien fue encontrado muerto en su casa de Palermo tras inyectarse propofol. Esto ocurrió el 20 de febrero, pero todo estalló la semana pasada cuando comenzó a investigarse el desvío sistemático de sustancias medicinales para fiestas privadas.A Zalazar se sumó el viernes pasado el caso del enfermero Eduardo Bentancourt (44): murió mientras se inyectaba alguna sustancia sedante. En su departamento, también de Palermo, se encontraron decenas de ampollas, entre ellas de propofol, midazolam y fentanilo.Más casos-Hola genio ¿cómo es la nota con el «fenta»?-Hola crack, vuela, la hacés premium.-Sí, me dijeron que viaja un montón.-Siiii ,es pura, de laboratorio, la que usan en los hospitales.-No es mi palo, pero un compa de Baires la probó y dijo que es un viaje de ida… jaja.-Más buena, no está rebajada con nada. Después, si combinás, pega más.-Me imagino, debe ser un viaje y la verdad necesito un toque despejarme. Che vi que la tenés a 35 cada una. Si te compro dos ¿me bajás un toque?-Como mucho te la puedo dejar a 55 si te sirve, 15 menos ¿te parece?El diálogo es entre el enfermero Julio Santillán (34) -empleado del Hospital Urquiza de Concepción del Uruguay- y un «agente revelador» de la Gendarmería Nacional haciéndose pasar por un cliente llamado «Ricky».El enfermero del hospital Urquiza que vendía fentanilo por las redes.La charla es por Telegram y muestra el costado de la venta de estupefacientes como el fentanilo que preocupa cada vez más y a la que se suman ahora las sustancias sedativas usadas en los hospitales y desviadas para fines «recreativos».La charla terminó con Santillán haciendo la entrega de cuatro ampollas de fentanilo arriba de su bicicleta en una esquina de Concepción del Uruguay. El enfermero fue detenido y también su hermano Marcos (29), que lo ayudaba en el negocio.»Activo venta de fentanilo, por mayor y menor» era el gancho en los grupos de Telegram. En el operativo se le secuestraron 64 ampollas.Así se ofertaba el fentanilo por Telegram.Aunque los especialistas coinciden en que aun no se reportó ninguna línea narco dedicada al fentanilo ni ningún caso de sobredosis en las guardias, en las autoridades hay preocupación ante la sospecha de que tal vez en Argentina se esté usando para cortar la cocaína. El consumo directo no es masivo en parte porque en la Argentina no hay tradición de abuso de drogas inyectables.El fentanilo es un opioide 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más fuerte que la heroína. En nuestro país su uso está controlado y permitido solamente dentro del sistema de salud. Por eso los secuestros de ampollas de fentanilo que vienen creciendo en las estadísticas del Ministerio de Seguridad de la Nación provienen de desvíos o robos a farmacias, droguerías o laboratorios. No existe la elaboración ilegal, como en México.A este panorama se sumaron en los últimos casos mortales sustancias como el propofol, el midazolam o el bromuro de vecuronio. Las tres se usan como inductores de la anestesia.Operativo policial detectó el ingreso ilegal de cientos de ampollas de fentanilo en una de las fronteras de Misiones.Como el fentanilo y el remifentanilo, su forma comercial es en ampollas, y llegan al sistema al consumo ilegal como desvío del sistema de salud. Pero el propofol, el midazolam y el bromuro de vecuronio no son considerados estupefacientes, no están en la lista de sustancias prohibidas o controladas, como el fentanilo. Esto hace que su trazabilidad sea más endeble.Un problema mortalEl caso de la Argentina no se compara con el de Estados Unidos, donde el fentanilo ilegal (fabricado por narcos mexicanos) causó 74 mil muertes en 2023 y 48 mil en 2024. Pero igual preocupa porque es un hecho comprobado que la trazabilidad del fentanilo, en manos de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), hace agua y -aunque no en número masivo- los secuestros aparecen con mayor frecuencia.Un ejemplo es lo que esta ocurriendo en Iguazú, donde ya se reportaron casos de secuestros de hasta 300 ampollas de fentanilo del laboratorio paraguayo FENIUM que entran a Argentina de contrabando.Algunos números: en 2022 la Policía de la Ciudad le secuestró 4 ampollas a un enfermero y ese es el primer caso registrado. En 2023 Gendarmería hizo un decomiso de 500 ampollas en un solo golpe; en 2024 fueron 241 y en 2025 esa cifra al menos se triplicó.El propofol se usa como anestésico en los quirófanos. Foto Reuters / Fred Prouser/Files.Son números chicos, pero marcan una tendencia. Por eso en 2024 se emitió una comunicación en el Sistema de Alerta Temprana (SAT) del Ministerio de Seguridad recopilando los casos detectados y señalando la peligrosidad de los opioides como droga recreativa.Para los argentinos, el fentanilo está asociado a tres noticias terroríficas. La última fueron la muertes accidentales del anestesista Zalazar y el enfermero Bentancourt. Pero ya hubo antecedentes de alto impacto.En febrero de 2022, al menos 24 personas murieron al consumir cocaína contaminada con carfentanilo en un lote que trajo del exterior el hijo del narco Miguel Ángel «Mameluco» Villalba. Secuestro de fentanilo en Rosario.El otro caso fue el del empresario Ariel García Furfaro, dueño del laboratorio HLB Pharma, de donde salieron ampollas de fentanilo medicinal contaminadas con bacterias que mataron a 121 personas que recibieron la droga como paliativo para el dolor.Apache, China Girl, China Town, Dance Fever, Friend, Uno de los Nuestros, El Gran Oso, He-Man, Jackpot, King Ivory, Murder 8 y Tango & Cash. Esos son algunos de los nombres que -según reportes internacionales- se le da al fentanilo y análogos (ejemplo: remifentanilo) en el mercado de los adictos. Estos, por el estado en el que quedan, reciben el apodo de zombies.Al ser tan potente, 2 miligramos causan la muerte instantánea lo que hace muy fácil caer en sobredosis. En Argentina solo circula en forma de ampollas medicinales de 0,05 /0,15/ 0,25/ y 0,50 miligramos de citrato de fentanilo (citrato porque tiene forma de sal).Ariel Garcia Furfaro, cuando fue detenido. Foto: Ministerio de SeguridadHay varias hipótesis sobre a dónde van las ampollas desviadas del sistema sanitario. Una de ellas es que son compradas por los mismos narcos para usarlas como sustancia de corte. El fentanilo puede además potenciar los efectos de la cocaína.Este podría ser el caso de las 500 ampollas de fentanilo secuestradas en abril de 2023 en una encomienda que iba de Posadas (Misiones) a Capital Federal. Por este caso fueron detenidas seis personas, entre ellas dos visitadores médicos.Según datos del expediente -investigado por la fiscalía federal 2 de Posadas y Martín Uriona, de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar)-, esta banda había concretado al menos 14 envíos postales del opioide a Jujuy, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires.Fentanilo, propofol y clonazepam, las diversas drogas halladas junto al enfermero muerto en Palermo.En los casos detectados por la Justicia en los últimos tres años, los dealers venden fentanilo y también otros medicamentos que requieren recetas, principalmente psicotrópicos. Todo proviene del mismo desvío.También se sospecha que el tráfico hormiga de fentanilo está asociado con el consumo de cocaína. Un ejemplo de Clorinda (Formosa). Allí, la Justicia federal hizo dos entregas controladas: una era de 500 ampollas de fentanilo y otra de 5 kilos de cocaína.Ambas tenían como destino Mendoza, de donde se cree iban a pasar a Chile. Uno de los detenidos es un ciudadano chileno en cuya habitación de hotel, en Guaymallén, se encontró una segunda encomienda con 80 ampollas más.De a poco, pero los casos están comenzando a aparecer con mayor frecuencia. Otro caso: un veterinario santafesino que viajaba en un micro de Corrientes a Santa Fe con 20 ampollas de remifentanilo y 20 de fentanilo quedó detenido cuando la Gendarmería -en un control sobre la ruta 11- decidió revisar la caja con la que viajaba.Él dijo que era para tratar animalitos. No le creyeron. En Argentina el fentanilo solo puede usarse en humanos. -
Hallaron muerto a un enfermero en Palermo junto a ampollas de fentanilo y propofol
Hallaron muerto a un enfermero en Palermo junto a ampollas de fentanilo y propofol
Un hombre de 44 años, que sería enfermero, fue hallado muerto este viernes en su departamento del barrio de Palermo donde la Policía de la Ciudad acudió a pedido de su hermana, que había viajado desde Gualeguaychú porque desde hace tres días no tenía noticias suyas. Junto al cuerpo los investigadores encontraron ampollas con fentanilo y propofol, una jeringa y guantes de latex, por lo que las sustancias eran peritadas para determinar su origen.Los investigadores, según pudo saber Clarín, se sorprendieron por la gran cantidad de frascos de vidrio con distintas variedades de drogas controladas que tenía en su poder el inquilino del departamento de la calle Oro. Pero, señalaron que junto al cuerpo solo «4 ampollas estaban abiertas» y contenían Fentanilo y Midazolam, dos potentes anestésicos de uso en hospitales.Las fuentes señalaron que cerca de las 16:10 de este viernes, la policía tuvo que acudir ante el llamado de una mujer que reveló que desde el 30 de marzo no podía comunicarse con su hermano que vivía en Fray Justo Santa María de Oro al 2400. Allí, junto a la propietaria de la vivienda pudieron abrir la puerta con una copia de la llave y encontraron al hombre ya muerto, sentado en una silla del comedor.Junto a él, los investigadores hallaron tres teléfonos celulares, jeringas, guantes de latex y ampollas con una enorme variedad de drogas como propofol, lidocaína, difehidramina, fentanilo, diclofenac, clonazepan, dexaametazona, adrenalina, haloperdol, metroclopranida, diazepan y keterolac, entre otras.En general se trata de ansiolíticos, analgésicos y anestésicos en una presentación no comercial para el público, ni de venta libre.El caso es investigado por el fiscal Nacional en lo Criminal y Correccional 21, Carlos Alberto Vasser, con apoyo de la Policía de la Ciudad, que realizó las pericias esta noche y se encargó del traslado del cuerpo del hombre fallecido a la morgue, donde será sometido a una autopsia para determinar las causas y mecánica de su deceso.El caso sorprendió este viernes en medio de la conmoción que generaron las revelaciones en torno al caso del anestesista fallecido en febrero en otro sector del mismo barrio de Palermo, tras una fiesta de drogas controladas que eran conseguidas por otros profesionales de la salud que trabajaban en hospitales y clínicas de la ciudad de Buenos Aires.Los informantes señalaron que el cuerpo del enfermero se encontraba sentado en una silla, apoyado sobre la mesa del comedor del departamento. Y, apuntaron que en principio los médicos que practiquen la autopsia buscarán determinar la data de la muerte.La investigación será seguida con gran atención en forma paralela al desarrollo de la causa abierta en la justicia por la muerte de Alejandro Zalazar (29), un residente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, del Rivadavia y de la Fundación Favaloro.El médico Zalazar fue hallado muerto el 20 de febrero, en una causa que investiga el fiscal Eduardo Cubría y el juez Santiago Bignone en una aparente fiesta de drogas tras el hallazgo de ampollas de fentanilo y propofol, dos productos faltantes en el Hospital Italiano.Al ser encontrado muerto, Zalazar tenía una vía conectada al pie a través de la cual se habría administrado estos anestésicos. -
Propofol, fentanilo y fiestas con «viajes controlados»: denuncian robos en otro hospital y habría más médicos involucrados
Propofol, fentanilo y fiestas con «viajes controlados»: denuncian robos en otro hospital y habría más médicos involucrados
El dolor de la familia de Alejandro Zalazar (29), el anestesiólogo residente que falleció el 20 de febrero en su departamento de Palermo, fue la punta del ovillo para empezar desentrañar qué son las «propofest» y el robo de anestésicos del Hospital Italiano. Es que cuando Zalazar fue hallado muerto y con una vía conectada a su pie derecho, presumiblemente por el consumo de propofol y fentanilo, se rompió un pacto de silencio que se cree llevaba demasiado tiempo.La muerte de Zalazar derivó en una causa que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone. Por estos días la apertura del teléfono del joven fallecido pone el foco en las circunstancias alrededor de la muerte. Pero hay una pieza que, todavía, falta.El anestesiólogo, residente de tercer año en el Hospital Rivadavia, hacía una rotación en el Hospital de Niños R. Gutiérrez. Si también podrían haber robado drogas de ese centro de salud es una pregunta que también se hace la Justicia y que está en plena investigación.El día del hallazgo de su cuerpo, Zalazar tenía que presentarse a trabajar en la Fundación Favaloro y, como no lo hizo, empezaron a buscarlo desesperadamente hasta encontrarlo en su departamento. Junto al cuerpo encontraron frascos que -presumiblemente- podrían ser de fentanilo y propofol, pero Zalazar murió de un edema pulmonar y todavía no están los resultados de los exámenes histopatológicos que confirmen que había consumido esas drogas. Tampoco el oficio que probaría la trazabilidad de los fármacos hallados que se sospechan podrían haber salido del Hospital Italiano.Entonces, sin este dato ¿Por qué el centro de salud realiza una denuncia tres días después del fallecimiento? ¿Qué conecta la muerte de Zalazar con la sustracción de sustancias en el hospital Italiano? Se trataría de una persona y es la clave para determinar si se trataba de situaciones de consumo problemático aislado o una realidad extendida entre distintos centros de salud. La causa derivó en una investigación en manos del juez Javier Sánchez Sarmiento, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48, y del fiscal Lucio Herrera de la Fiscalía N°29.Fue el relato de compañeros de Zalazar y de Delfina Lanusse (29), otra residente de tercer año pero del Hospital Italiano, que fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta de anestésicos del centro de salud, lo que conecta ambos casos.Hernán Boveri (45) y Delfina Lanusse (29) fueron indagados por el caso. Según pudo saber Clarín, son tres las compañeras que acudieron al subjefe del servicio de anestesiología del Hospital Italiano, Juan De Domini, para alertar que Lanusse fue vista en estado de sedación dentro del centro de salud y que les había reconocido el consumo de propofol junto a un superior: Hernán Boveri (45).La información fue reportada ante las autoridades del Hospital y fue Gonzalo Domenech, jefe del servicio de anestesia y miembro también de la comisión directiva de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), quien acudió a la asociación, que también intervino ante la gravedad de las denuncias.Boveri y Lanusse fueron citados por la asociación para realizar su descargo. Y esa fue la información que denunciaron ante la justicia el 25 de febrero. Esa denuncia, firmada por Martín Meriño y presentada junto a al abogado Eduardo Gerome, recayó en la Fiscalía N°47, pero ya fue unificada con la que tramita en el juzgado de Sánchez Sarmiento.Las declaraciones de Domench y Domini habrían sido refrendadas en sede judicial y esos testimonios habrían sido volcados en actas que fueron secuestradas este miércoles durante los allanamientos. En el encuentro concretado en sede de la AAARBA, Lanusse habría indicado estar «tratando el tema con su psicólogo» y reconoció haber tenido un «vínculo personal» con Boveri y, en ese contexto, haber tenido «episodios de consumo de propofol fuera del ámbito hospitalario».Los elementos secuestrados en unos de los allanamientos por la muerte de Zalazar.Boveri también participó de una reunión en la institución en la que, en principio, intentó negar los hechos que luego terminó reconociendo. Dijo que conocía a Lanusse y que iba a su departamento, pero con el supuesto objetivo de «entregarle libros», algo que sus superiores calificaron como «impropio» del vínculo profesional y del rol jerárquico que Boveri tenía sobre Lanusse.Fue en esa reunión que el anestesiólogo también reconoció haber consumido propofol junto a la residente. «Boveri manifestó que la participación de la residente se habría dado en un marco de consentimiento pleno, pero ello debe ser juzgado teniendo en cuenta la asimetría jerárquica existente entre un médico anestesiólogo con mayor trayectoria profesional y una médica en formación, lo que implica un grado de subordinación», expresaron desde la AAARBA en su denuncia.Estas declaraciones deben ser replicadas en sede judicial para ser valoradas como prueba. Boveri y Lanusse declararon el 25 y el 18 de marzo en una audiencia virtual. Boveri negó los hechos y manifestó que presentaría un escrito con su versión de los hechos. La residente respondió algunas preguntas pero también decidió que declararía por esa vía.Las fiestasLa hermana de Zalazar fue quien, en medio del dolor por el fallecimiento de su hermano, se acercó a la AAARBA para contar lo que sabía. Y así la existencia de «fiestas» en las que se consumía propofol y donde, presuntamente, los residentes se administraban unos a otros estas drogas, fue denunciada formalmente.Según este relato, Zalazar habría empezado a consumir esta droga «hacía dos o tres meses» y que lo había hecho «instigado por alguien», algo que también está siendo investigado por la Justicia.La asociación amplió la denuncia con estas versiones que todavía están en plena investigación y que fueron incorporadas a través del un escrito presentado por AAARBA. La clave que uniría el robo de fármacos del Italiano con la muerte de Zalazar es -al momento- una joven identificada como Chantal Leclercq (27).Leclercq y Lanusse estudiaron juntas en la Universidad Austral, una hacía su residencia el Hospital Rivadavia y otra en el Italiano. Leclercq era compañera de Zalazar, ambos residentes de tercer año. El 9 de marzo se realizó una reunión en AAARBA, cuyas oficinas fueron allanadas este miércoles, en la que el jefe del servicio de anestesiología del Hospital Rivadavia se presentó junto a Chantal «Tati» Leclercq.En ese encuentro, la joven habría reconocido una situación de consumo problemático y manifestó haber consumido sustancias de uso habitual en el ámbito quirúrgico como «propofol, Ketamina, Fentanilo y Midazolam». En ese contexto también habría reconocido que obtuvo esos fármacos del Hospital Rivadavia, aunque las habría consumido fuera del ámbito hospitalario.Ese relato es el que derivó en una ampliación de la denuncia presentada por la asociación y que está en manos de la justicia. La investigación deberá determinar si el hurto de estos anestésicos se extendió a más centros de salud. Leclercq reconoció, además, haber consumido propofol en una oportunidad junto a Zalazar y también su amistad con Delfina Lanusse, aunque negó haber compartido reuniones de consumo junto a ella,. -
«Estado de sedación» y la coartada de los libros: la historia detrás del robo de propofol y fentanilo del Hospital Italiano
«Estado de sedación» y la coartada de los libros: la historia detrás del robo de propofol y fentanilo del Hospital Italiano
El dolor de la familia de Alejandro Zalazar (29), el anestesiólogo residente que falleció el 20 de febrero en su departamento de Palermo fue la punta del ovillo para empezar desentrañar qué son las «propofest» y el robo de anestésicos del Hospital Italiano. Es que cuando Zalazar es hallado muerto y con una vía conectada a su pie derecho, presumiblemente por el consumo de propofol y fentanilo, se rompió un pacto de silencio que se cree llevaba demasiado tiempo.La muerte de Zalazar derivó en una causa que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone. Por estos días la apertura del teléfono del joven fallecido pone el foco en las circunstancias alrededor de la muerte. Pero hay una pieza que, todavía, falta. El anestesiólogo, residente de tercer año en el Hospital Rivadavia, hacía una rotación en el Hospital de Niños R. Gutiérrez. Si también podrían haber robado drogas de ese centro de salud es una pregunta que también se hace la justicia y que está en plena investigación. El día del hallazgo de su cuerpo Zalazar tenía que presentarse a trabajar en la Fundación Favaloro y, como no lo hizo, empezaron a buscarlo desesperadamente hasta encontrarlo en su departamento. Junto al cuerpo encontraron frascos que -presumiblemente- podrían ser de fentanilo y propofol, pero Zalazar murió de un edema pulmonar, todavía no están los resultados de los exámenes histopatológicos que confirmen que había consumido esas drogas. Tampoco el oficio que probaría la trazabilidad de los fármacos hallados que se sospechan podrían haber salido del Hospital Italiano.Entonces, sin este dato ¿Por qué el centro de salud realiza una denuncia tres días después del fallecimiento? Esa causa derivó en una investigación en manos del juez Javier Sánchez Sarmiento, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48, y del fiscal Lucio Herrera de la Fiscalía N°29.La respuesta está en el relato de compañeros de Zalazar y de Delfina Lanusse (29), otra residente de tercer año pero del Hospital Italiano que fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta de anestésicos del centro de salud.Hernán Boveri (45) y Delfina Lanusse (29) fueron indagados por el caso. Según pudo saber Clarín, son tres las compañeras que acudieron al subjefe del servicio de anestesiología del Hospital Italiano, Juan De Domini, para alertar que Lanusse fue vista en estado de sedación dentro del centro de salud y que les había reconocido el consumo de propofol junto a un superior: Hernán Boveri (45).La información fue reportada ante las autoridades del Hospital y fue Gonzalo Domenech, jefe del servicio de anestesia y miembro también de la comisión directiva de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), quien acudió a la asociación que también intervino ante la gravedad de las denuncias. Boveri y Lanusse fueron citados por la asociación para realizar su descargo. Y esa fue la información que denunciaron ante la justicia el 25 de febrero. Esa denuncia, firmada por Martín Meriño y presentada junto a al abogado Eduardo Gerome, recayó en la Fiscalía N°47, pero ya fue unificada con la que tramita en el juzgado de Sánchez Sarmiento.Las declaraciones de Domench y Domini habrían sido refrendadas en sede judicial y esos testimonios habrían sido volcados en actas que fueron secuestradas este miércoles durante los allanamientos. En el encuentro concretado en sede de la AAARBA, Lanusse habría indicado estar «tratando el tema con su psicólogo» y reconoció haber tenido un «vínculo personal» con Boveri y, en ese contexto, haber tenido «episodios de consumo de propofol fuera del ámbito hospitalario». Los elementos secuestrados en unos de los allanamientos por la muerte de Zalazar.Boveri también participó de una reunión en la institución en la que, en principio, intentó negar los hechos que luego terminó reconociendo. Dijo que conocía a Lanusse y que iba a su departamento, pero con el supuesto objetivo de «entregarle libros», algo que sus superiores calificaron como «impropio» del vínculo profesional y del rol jerárquico que Boveri tenía sobre Lanusse.Fue en esa reunión que el anestesiólogo también reconoció haber consumido propofol junto a la residente. «Boveri manifestó que la participación de la residente se habría dado en un marco de consentimiento pleno, pero ello debe ser juzgado teniendo en cuenta la asimetría jerárquica existente entre un médico anestesiólogo con mayor trayectoria profesional y una médica en formación, lo que implica un grado de subordinación», expresaron desde la AAARBA en su denuncia.Estas declaraciones deben ser replicadas en sede judicial para ser valoradas como prueba. Boveri y Lanusse declararon el 25 y el 18 de marzo en una audiencia virtual. Boveri negó los hechos y manifestó que presentaría un escrito con su versión de los hechos. La residente respondió algunas preguntas pero también decidió que declararía por esa vía.Las fiestasLa hermana de Zalazar fue quien, en medio del dolor por el fallecimiento de su hermano, se acercó a la AAARBA para contar lo que sabía. Y así la existencia de «fiestas» en las que se consumía propofol y donde, presuntamente, los residentes se administraban unos a otros estas drogas, fue denunciada formalmente.La asociación amplió la denuncia con estas versiones que todavía están en plena investigación. Según este relato, Zalazar habría empezado a consumir esta droga «hacía dos o tres meses» y que lo había hecho «instigado por alguien», algo que también está siendo investigado por la justicia.El resultado de las pericias pendientes y la declaración de los testigos será fundamental para terminar de analizar cuántas personas participaron de estas fiestas y pudo haber sustracción de estos fármacos en otros centros de salud. -

Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»
Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»
El escándalo se viralizó tan rápido como el audio que saltó de los grupos de Whatsapp de médicos y anestesiólogos de toda la Ciudad De Buenos Aires a las redes sociales. Pero el correlato judicial avanza a su tiempo y, ahora, con secreto de sumario.Hernán Boveri (45) es un médico anestesiólogo de planta permanente del Hospital Italiano que el 25 de marzo fue indagado por el juez Javier Sánchez Sarmiento, del juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48 y por el fiscal Lucio Herrera de la Fiscalia N°29.En su declaración, según pudo saber Clarín, Boveri negó los hechos y, a través de sus abogados, refirió que realizaría una declaración por escrito. En el mismo sentido había declarado Delfina Lanusse (29), una residente del tercer año que trabajaba junto a Boveri en el centro del salud del que se habrían sustraído sustancias para uso hospitalario con fines de consumo recreativo.Boveri es reconocido entre sus colegas por su experiencia como anestesiólogo en el Hospital Italiano. Además, le reconocen una amplia trayectoria académica y de capacitación para otros profesionales. Ha participado de ciclos de enseñanza y práctica médica en otros países de latinoamérica junto a asociaciones de anestesia y analgesia.Según pudo saber Clarín, Boveri se apartó de la institución médica en la que se desempeñaba hace años luego de conocerse el fallecimiento de Alejandro Zalazar (29), un residente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, del Hospital Rivadavia y de la Fundación Favaloro.Los allanamientos que se hicieron en la investigación por el robo de drogas anestésicas. Investigan a los anestesiólogos Hernán Boveri y Delfina Lanusse.Zalazar fue hallado sin vida el 20 de febrero en su departamento de Palermo. En el lugar del hallazgo, y en circunstancias que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone, encontraron frascos catalogados como Fentanilo y Propofol y cuya trazabilidad podría llegar hasta el Hospital Italiano.Zalazar tenía una vía conectada al pie derecho a través de la cual se habría administrado estos anestésicos, lo que le provocó la muerte. Este hallazgo, que todavía está siendo investigado formalmente y a la espera de pericias e informes, derivó en una investigación interna dentro del Hospital Italiano.El centro de salud realizó una denuncia formal que radicó ante el juzgado N°48 y la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAAEBA) realizó otra que recayó en la Fiscalía N°47 pero que fue unificada en un solo expediente en manos del juez Sánchez Sarmiento.en los allanamientos realizados el 13 de marzo secuestraron distintos insumos médicos de interés para la causa.Delfina Lanusse también fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta en perjuicio del hospital. La médica es residente de tercer año en el Hospital Italiano, donde había empezado a trabajar en septiembre de 2023. Es egresada de la Universidad Austral y en su perfil e Linkedin enumera una rotación clínica práctica en anestesiología en la Universidad Austral entre 2021 y 2023, participando en más de 500 horas de observación y acompañamiento a anestesiólogos durante procedimientos quirúrgicos. En el mismo ámbito académico también se desempeñó como tutora de Fisiopatología durante 2021 y como tutora de Inmunología entre 2019 y 2020.El 13 de marzo se ordenaron tres allanamientos, que tuvieron resultados positivos y estuvieron a cargo de la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad en domicilios de la Ciudad de Buenos Aires y de Tigre. En los domicilios secuestraron insumos médicos que deberán ser analizados ya que muchos corresponden a la práctica profesional que desarrollan Boveri y Lanusse.Este miércoles, el juzgado ordenó un nuevo allanamiento en la AAAEBA buscando documentación y actas de interés para la investigación. «El juzgado manda a la policía a que retire cualquier documentación que se tenga. Estamos reuniendo la documentación, la asociación es las primera interesada en que se investigue qué pasó. Se están aportando actas de reuniones en las que puedan haber participado estas personas», indicó Eduardo Gerome, abogado de la asociación que también representó a Nélida Puente, la anestesista involucrada en el fallecimiento de la periodista Débora Pérez Volpin.Hernán Boveri y Delfina Lanusse por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar (centro).»Somos denunciantes que llevamos a la Justicia la información que tenemos.El allanamiento nos tomó por sorpresa porque con un simple pedido presentamos las actas. Y somos denunciantes, los que más queremos es que todo esto se aclare. Uno no puede saber qué es lo que hacen los profesionales en su vida privada. Pero esto que trascendió es otra cosa y quiero dejar en claro que, apenas tomamos conocimiento de esto, corrimos a hacer la denuncia. Ninguno de estos profesionales tenían antecedentes que pudieran dar lugar a pensar en algo así. Los dos tenían desempeños impecables hasta ahora», concluyó Gerome.El escándalo en redesPasó más de un mes entre el fallecimiento de Alejandro Zalazar y que el escándalo trascendió a los medios de comunicación. En el medio, los rumores se multiplicaron entre los médicos y residentes, sorprendidos de que no hubiera noticias vinculadas a la muerte de Zalazar.Públicamente solo se difundió un comuncado de la cuenta de la Asociación de Profesionales del Hospital Ricardo Gutiérrez en el que lo despidieron formalmente, además de algunos compañeros que compartieron fotos con mensajes emotivos.Pero los rumores no se detuvieron, tanto fue así que la viralización de un audio enviado por Whatsapp terminó por poner el foco, no solo en el fallecimiento de Zalazar, sino también en el hurto de estos anestésicos para consumo en presuntas fiestas en las que médicos de distintos hospitales se reunían a inyectarse propofol y fentanilo.En este audio, que dura siete minutos, mencionan a profesionales de los hospitales Rivadavia, Gutiérrez, Italiano, Austral y Alemán. También reproduce la versión una presunta relación entre Lanusse y Boveri, de denuncias cruzadas entre ellos y hasta detalles de estos encuentros.Según reproduce este mensaje, que no fue incorporado a ninguno de los dos expedientes judiciales derivados de estos hechos, las reuniones se realizarían en departamentos y contaría con una persona asignada para «ambucear» (dar ventilación asistida) en casos de apneas (falta de oxígeno) provocadas por el propofol. Incluso hasta menciona el uso de una bomba de infusión, un dispositivo médico utilizado para administrar fármacos «controlada».