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  • Cuadernos: confirmaron la facturación trucha de una firma acusada de pagar coimas por una obra en Río Turbio que nunca terminó

    Cuadernos: confirmaron la facturación trucha de una firma acusada de pagar coimas por una obra en Río Turbio que nunca terminó

    Cuadernos: confirmaron la facturación trucha de una firma acusada de pagar coimas por una obra en Río Turbio que nunca terminó

    En una nueva audiencia del juicio por el caso Cuadernos, que investiga la red de sobornos entre exfuncionarios del gobierno kirchnerista (2003-2015) y empresarios contratistas del Estado, declararon esta semana exintegrantes y actuales funcionarios del ARCA. La fiscalización de un conjunto de empresas y el flujo de fondos son el foco principal de la investigación. Este jueves se retomó el análisis de una obra considerada un “emblema de la corrupción” en Santa Cruz: a 18 años de su licitación, nunca fue finalizada.

    Los hechos investigados, que derivaron en el juicio a 60 empresarios, la expresidenta Cristina Kirchner y exmiembros de su gabinete, incluyen cohecho pasivo y activo, es decir, tanto la recepción como el pago de sobornos. En la audiencia se destacó la participación de dos empresas con proyectos licitados en Santa Cruz.
    Una de ellas es Isolux Corsán, firma con sede en España, adjudicataria en 2008 de la construcción de la Usina Térmica de Río Turbio, localidad minera al noroeste de Río Gallegos. La obra nunca se concluyó y estuvo marcada por múltiples denuncias de corrupción. Por el desvío de 256 millones de pesos destinados a la modernización de Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT) —entidad responsable de abastecer de carbón a la usina para generar 240 MW que se inyectarían al Sistema Interconectado Nacional— Julio De Vido fue detenido en 2017.
    Verónica Iglesias, contadora de ARCA, explicó ante el Tribunal Oral Federal 7 (TOF 7) y la fiscal Fabiana León que en 2016 trabajaba como supervisora en fiscalización y fue ascendida en 2017. Durante su labor, recibió el CUIT de la UTE integrada por Isolux Corsán y otras compañías. Al ser consultada sobre el motivo de la fiscalización, relató: “Cuando fui nombrada jefa de división, había sospechas de facturas apócrifas”.
    Iglesias detalló que existía una base de proveedores con facturas consideradas falsas, lo que activaba alertas en el sistema y desencadenaba inspecciones. En el caso de Isolux Corsán, se analizaron facturas que la fiscalización consideró carentes de veracidad, pues algunas facturaban conceptos como horas hombre o maquinaria sin sustento comprobable. La revisión se centró en proveedores ya catalogados como apócrifos, no en el concepto de compra en sí.
    La licitación de la obra se realizó durante el primer mandato de Cristina Kirchner, con el objetivo de corregir los déficits de YCRT y darle un nuevo rumbo a largo plazo al yacimiento. Fue adjudicada a una UTE liderada por Isolux Corsán por 857.341.128 dólares. Sin embargo, debido a variaciones y contrataciones posteriores en el mismo proceso licitatorio, el contrato se elevó a 1.726.251.982 dólares, según una pericia oficial incorporada al expediente que investigó a De Vido, al ex titular de YCRT y a otros involucrados.
    En conclusión, la usina costó entre dos y tres veces más de lo presupuestado inicialmente. Esta obra, tildada por la justicia federal como un “emblema de la corrupción”, fue uno de los proyectos sobre los cuales se cobraron coimas atribuidas en última instancia a Cristina Kirchner.
    Respecto a esta obra, la contadora Iglesias recordó que se le imputaron montos relacionados con facturación apócrifa. Fuentes judiciales indicaron a Clarín que casos como este —y otros correspondientes a firmas fiscalizadas dentro de la causa Cuadernos— evidencian “salidas no documentadas de dinero provenientes de anticipos financieros de las obras”, es decir, retiros en efectivo.
    La confesión de De Goycochea
    Juan Carlos De Goycochea, una de las máximas autoridades de Isolux Corsán y empresario que declaró ante el TOF 7 como imputado colaborador, relató detalles del pago de sobornos. Contó que en 2008, luego de que la empresa ganara la licitación y se firmara el contrato en un acto público, fue convocado a principios de 2009 a una reunión en el despacho de Roberto Baratta, entonces en el Ministerio de Planificación Federal. Allí, Baratta le manifestó la necesidad de aportar dinero para la campaña electoral.
    Según De Goycochea, desde ese momento recibió instrucciones telefónicas para retirar dólares en casas de cambio del microcentro porteño y entregarlos a Baratta. El empresario explicaba que al presentarse como representante de Isolux lo hacían pasar a un cuarto donde recibía los dólares en bolsas de tela opacas. Las entregas, aproximadamente tres por año, se hacían en Maipú 741, piso 1º B. Baratta recibía la bolsa sin contar el dinero y la guardaba en un portafolios rígido.
    El empresario aclaró que, si bien Baratta pidió dinero para la “campaña electoral”, él lo interpretó como un eufemismo para referirse a coimas o sobornos, aclarando que la empresa nunca tuvo intención de aportar fondos a campañas políticas. Los pagos se realizaban para evitar represalias de funcionarios, ya que existía gran temor a enemistarse con el gobierno y que se suspendieran pagos o se rescindieran contratos. Baratta, según De Goycochea, daba a entender que el no pago implicaría el bloqueo de los certificados de obra, afectando gravemente la empresa, que tenía gastos mensuales de

  • Proyecto Vicuña: un consorcio con una firma argentina y dos compañías chinas construirá parte del nuevo campamento

    Proyecto Vicuña: un consorcio con una firma argentina y dos compañías chinas construirá parte del nuevo campamento

    Proyecto Vicuña: un consorcio con una firma argentina y dos compañías chinas construirá parte del nuevo campamento

    La empresa Vicuña adjudicó la construcción de aproximadamente el 25% de su nuevo campamento a un consorcio conformado por RAFA S.A., firma argentina radicada en Santa Fe; Beijing Chengdong, responsable de la fabricación de los módulos habitacionales; y PowerChina, que asumirá la gestión integral del contrato. Las obras civiles, fundaciones, montaje e instalaciones se ejecutarán en territorio argentino, con la participación de trabajadores, contratistas y proveedores locales.

    El contrato fue formalizado bajo la modalidad EPC (Engineering, Procurement and Construction), un esquema habitual en proyectos de esta envergadura en el que el contratista se encarga del diseño, suministro, logística, construcción, puesta en marcha y entrega de la infraestructura. Según informó la compañía, la propuesta seleccionada fue la que mejor respondió a los requerimientos técnicos, de seguridad, plazo y costo definidos para el proyecto.
    La adjudicación surge tras un proceso competitivo con la participación de oferentes nacionales e internacionales. PowerChina está presente en Argentina desde 2016 y cuenta con experiencia en proyectos de infraestructura y energía en el país. El consorcio combina capacidades complementarias: la fabricación especializada de módulos en el exterior y la ejecución de las obras en sitio por parte de la empresa santafesina RAFA S.A.
    Desde Vicuña aclararon que la decisión no estuvo vinculada ni condicionada por los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), ni se fundamentó en ventajas arancelarias o fiscales. La estructura contractual establece que el contratista EPC es responsable de gestionar las importaciones que eventualmente sean necesarias para cumplir con su alcance y de asumir las obligaciones asociadas a ese proceso.
    Esta licitación abarca solo una parte de las obras que requerirá Vicuña en los próximos años. Próximamente se iniciarán nuevos procesos licitatorios para las siguientes etapas del campamento, además de continuar las gestiones para adjudicar la construcción de tres campamentos destinados al personal del Corredor Norte, cuyas definiciones se conocerán en los próximos meses.
    Actualmente, el proyecto emplea a 2.615 personas a nivel global. En la operación argentina, este total se divide en 580 empleos directos y 1.841 indirectos a través de empresas contratistas, sumando 2.421 trabajadores. El 92,6% de los empleados en el proyecto son argentinos y el 79,7% de quienes integran la operación local residen en la provincia de San Juan.
    En detalle, el 81,4% de los 580 colaboradores directos reside en San Juan. Entre las comunidades de influencia directa, Iglesia aporta 70 trabajadores directos, equivalentes al 12,1% de la nómina propia, mientras que Jáchal suma otros 43 colaboradores. A través de empresas contratistas, también participan 149 trabajadores de Iglesia, 135 de Jáchal y 106 de la provincia de La Rioja, incluyendo Guandacol.
    Como parte de sus procesos de contratación, Vicuña exige que los oferentes incluyan en sus propuestas oportunidades para proveedores, contratistas y trabajadores locales en aquellas actividades donde existan capacidades y condiciones competitivas. La empresa reiteró que este criterio seguirá siendo fundamental en las futuras etapas con el fin de ampliar la participación argentina durante toda la vida de la operación.
    Además, más de un centenar de colaboradores directos provienen de las comunidades de influencia directa. Se destacó especialmente la incorporación de los primeros 60 operadores de maquinaria pesada seleccionados en Iglesia, Jáchal y Guandacol. Estos trabajadores reciben capacitación técnica mediante simuladores y entrenamiento bajo estándares internacionales de seguridad y operación.
    La construcción del nuevo campamento forma parte de una serie de obras e infraestructuras necesarias para el desarrollo del proyecto. A medida que la iniciativa avance, se generarán nuevas oportunidades para trabajadores, contratistas y proveedores mediante futuros procesos de contratación y licitación.
    Las postulaciones laborales se realizan exclusivamente a través de la plataforma oficial de empleo de Vicuña, donde actualmente se encuentran disponibles 49 búsquedas laborales vigentes y dos programas de capacitación abiertos.

  • Carolina Markowskyj, especialista en derecho y tecnología: “Cada selfie es una firma en un contrato que nunca leíste”

    Carolina Markowskyj, especialista en derecho y tecnología: “Cada selfie es una firma en un contrato que nunca leíste”

    Carolina Markowskyj, especialista en derecho y tecnología: “Cada selfie es una firma en un contrato que nunca leíste”

    Hay una escena que se repite millones de veces al día en todo el mundo: alguien ve un trend en TikTok o Instagram, sonríe y, sin pensarlo demasiado, abre la cámara, graba, sube el contenido e interactúa con otros usuarios que hacen lo mismo. Parece inofensivo y divertido, y en gran medida lo es. Sin embargo, debajo de esa pantalla brillante existe una realidad casi invisible que rara vez enfrentamos.

    Somos la generación más fotografiada de la historia y, sin haber firmado ningún acuerdo formal, también la más observada. Esto no es una teoría conspirativa, sino una realidad cotidiana: términos y condiciones que no leemos, algoritmos que analizan nuestras microexpresiones y bases de datos que conocen cómo lucimos sin filtro, cuándo sonreímos e incluso cómo envejecemos.
    “No sos el usuario de estas plataformas. Sos el producto. Y tus datos, la materia prima”, señala Carolina Markowskyj, abogada y especialista en derecho y tecnología. Cada día se generan 2,5 quintillones de bytes en el mundo, y una parte significativa proviene de nosotros: nuestras fotos, nuestra ubicación y nuestra voz.
    ### La ilusión de lo gratis
    En el mundo tecnológico existe una frase muy conocida: si el servicio es gratis, el producto sos vos. Redes sociales, filtros y challenges virales funcionan dentro de un sistema económico que se sustenta en algo muy concreto: nuestra atención, nuestro comportamiento y, cada vez más, nuestra imagen.
    Al subir una foto, no solo compartimos un momento: entregamos datos biométricos —la forma de nuestra cara, la distancia entre los ojos, nuestros gestos— que muchas empresas almacenan, analizan y, según sus políticas, pueden usar para entrenar inteligencia artificial, compartir con terceros o incluso vender.
    ¿Suena exagerado? En 2020, la empresa Clearview AI recopiló más de tres mil millones de imágenes tomadas de redes sociales sin consentimiento explícito para construir una base de reconocimiento facial utilizada por fuerzas de seguridad en varios países. Muchas de esas fotos eran selfies comunes de personas comunes.
    ### Los trends que cuestan más de lo que parecen
    Los trends son, en esencia, una máquina perfecta de contenido gratuito que genera millones de piezas similares, sostiene los algoritmos y mantiene nuestra participación casi automática. El problema surge cuando esa dinámica exige cada vez más mostrar nuestra cara.
    Así aparecen los clásicos: “¿cómo me vería con…?”, filtros que envejecen o rejuvenecen, aplicaciones que transforman nuestro aspecto o nos muestran versiones alternativas de nosotros mismos. Estas herramientas son entretenidas, pero también funcionan como mecanismos de recolección de datos faciales disfrazados de entretenimiento. La diversión es el anzuelo; los datos, el objetivo real.
    No se trata de dejar de usar las redes ni caer en paranoia, sino de hacer una pausa, aunque sea breve, antes de descargar una aplicación, subir una foto o sumarse a un challenge, y preguntarse qué estamos entregando a cambio de nuestra imagen.
    ### Riesgos que conviene tener en cuenta
    – **Apps de transformación facial:** recopilan datos biométricos que pueden usarse para entrenar inteligencia artificial.– **Challenges con fotos personales:** alimentan bases de datos de reconocimiento facial; la nostalgia funciona como cebo.– **Geoetiquetas en tiempo real:** exponen rutinas, ubicaciones y hábitos.– **Sincronización automática de contactos:** no solo compartimos nuestros datos, sino también los de otras personas.– **Tests de personalidad:** muchos cuestionarios virales recopilan información psicográfica valiosa para segmentar publicidad con precisión inquietante.– **Deepfakes:** con suficientes imágenes personales, se pueden generar videos o fotos falsas muy creíbles.
    ### El precio de pertenecer
    Existe un aspecto menos visible, pero igualmente poderoso: la presión social para participar. Los trends crean una sensación inmediata de comunidad. Quienes no se suman pueden sentirse excluidos, aburridos o anticuados. No es casualidad; las plataformas están diseñadas —no es metáfora, sino ingeniería deliberada— para que la inclusión recompense y la exclusión duela.
    No es una debilidad sucumbir a esa presión —es humano—, pero reconocerlo es el primer paso para tomar decisiones más conscientes. Para elegir cuándo participar y cuándo observar desde la orilla.
    Tu imagen te pertenece. Tus datos también. Mereces saberlo y decidir conscientemente en manos de quién los estás poniendo.