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    El adiós al uruguayense que formó parte de

    El adiós al uruguayense que formó parte de

    El autor de «Una de rockeros» (Breve historia de cómo se construyó el rock uruguayense), nos cuenta quién fue Alejandro Herrera, músico nacido en Concepción del Uruguay, y que fue parte de la mítica comunidad hippie «La Cofradía de la Flor Solar» en la ciudad de La Plata. Sus inicios en la música, su paso por El Histórico y el testimonio de quienes lo frecuentaron a este artista, cantor, artesano, orfebre, soñador, artesano «hasta en su manera de mirar» como lo define el mismo autor del texto a este hombre casi desconocido por nuestra comunidad….al menos hasta hoy.
     
    Por JORGE VILLANOVA (Especial para EL MIÉRCOLES)
    Este martes 6 de octubre de 2026 falleció Alejandro Herrera. El hecho pasó desapercibido en los medios locales, provinciales y nacionales.
    Alejandro Herrera fue uno de los tantos entrerrianos que formaron parte de La Cofradía de la Flor Solar en la década del 60, en los albores de nuestro rock argentino.
    Alejandro Herrera. Foto: Facebook Angela Herrera.
    De aquella agrupación de artistas escribimos alguna vez, contando que por ahí pasaron los nogoyaenses Kubero Díaz, Morcy Requena, Ricardo Legna, Eduardo Manija Paz, entre otros músicos. Luego cada uno realizaría su camino. Ricardo Cohen, Rocambole para el mundo, fue el mentor original de aquella agrupación, por la que también transitaron la Negra Poli y un jovencísimo Eduardo Skay Beilinson.
    En esa conjunción de músicos, artistas, artesanos, orfebres, participó Alejandro Herrera, también conocido como Alejo, Chuby o Adán Quieto.
    El fallecimiento de Herrera se suma este año a los del Indio Solari y los recientes Ricardo Soulé y Piero De Benedictis.
    Cultor de un perfil muy bajo, Alejandro viajó a La Plata donde se integró a La Cofradía con la que estuvo a punto de grabar un disco, pero por sus cualidades los integrantes decidieron que el disco debía ser solista.
    Así lo hizo en 1969 bajo el seudónimo de Adán Quieto, con un disco simple que contenía dos canciones: “¿Recuerdas?” y “El Payaso”, de Morcy y Kubero, quien toca en la grabación. El diseño estuvo en manos de Rocambole, el mismo que 57 años después, un día de 2026, escribió en su muro: “Alejandro Herrera ‘Adán Queto volarás muy alto querido cófrade”.

    (Fotos: Facebook de Alejandro Herrera).
    Al año grabó junto a Crist Mariant un LP llamado “Misa para los jóvenes”, en un estilo folk rock religioso. Un disco que pretendía unir el pensamiento milenario y renovado por esos días de la iglesia, con la experiencia que vivían los jóvenes en ese momento. Se trataba de cantos de misa en español, antes inclusive que La Biblia de Vox Dei.
    Etapa uruguayense
    Pero antes de todo eso Alejandro Herrera nació en Concepción del Uruguay, el 27 de enero de 1949 y pasó por las aulas del Colegio del Uruguay.
    Carlos Vecchio quien fue compañero de promoción en las aulas del Colegio Nacional, hoy lo recuerda:
    “Con el Chuby Herrera cursamos 5to. 1ra. en 1967. Alejandro Herrera formó parte de Las Voces del Histórico que fue a Canal 7, en aquel momento a una audición que conducía Antonio Carrizo. Fue una agrupación que tenía al Ruso Gestner, a Balita Rodríguez, al Popi Uncal, a Lacava, a Pirovani y al Tano Benetuce por supuesto, se me escapan un par”, cuenta Carlos, y continúa: “Alejandro tenía una voz impresionante, un tiple de elevar tres o cuatro octavas la voz de una manera impresionante, y sobre ese conjunto con vozarrones como la del Tano Benetuce, y el resto hacían un coro acompañador perfecto. Fue un producto que se llegó a grabar, se llegó a pasar por LT 11 en las cintas magnetofónicas y después no sé donde fueron a parar, yo las busqué por mar y por tierra. En fin, eso fue maravilloso”.
    En abril de 1966 un grupo de bachilleres del Colegio crearon lo que se llamó Agrupación Vocal del Histórico, también conocida como Las Voces del Histórico de la que Alejandro Herrera fu parte integrante, junto a Roberto Bähler, Jorge Pirovani, Mario Lacava, Roberto Benetuce, Ricardo Rodríguez, Alberto Gerstner, Mario Uncal, Juan Nadal y Jorge Horn. Los profesores Miró Presas, Félix Carulla y Roque Galotto apuntalaron a la joven formación. (Ver recorte del diario a continuación).
    Archivo de el diario La Voz  (8 agosto 1999).
    “Nos vinculaba el amor por la música y el canto, y Alejandro tenía una maravillosa vos de tenor” nos dice Ricardo Rodríguez, mientras Roberto Benetuce desde Israel cuenta: “Con Chuby vivimos una historia de bohemia juvenil allá por el 66 y 67, a raíz del ensamble vocal la Agrupación vocal del Histórico. Alguna idea hay de lo que fue eso y los gandules que la integrábamos, esa idea nació por el profesor Alfredo Miró Presas junto con el rector Félix Omar Carulla y un cuarteto folclórico que sabíamos festivalear y serenatear por la zona… las aventuras y desventuras nos llevaron a hacer una selección de alumnos para formar un equipo mayor allá por abril del 66.”
    La Agrupación llegó a grabar un disco con la compañía Odeón y se presentó en la televisión nacional. Carlos Vecchio retoma el relato: “De esa agrupación hubo un desmembramiento que formó el grupo vocal Cambá. Qué también lo tuvo al Chuby Herrera. Él cursó acá su último año de estudio en el año 1967, hasta formar parte de la promoción. Nunca más apareció, ni a los 25 ni a los 30 de la promoción. Terminamos, escuchamos la última campana del Colegio y a partir de ahí no lo vi nunca más. Para decirlo con el poeta Rainer María Rilke, en un abuso de intimidad con el silencio, en eso estaba Alejandro Herrera, el Chuby Herrera.”
    La Agrupación se disolvería al año siguiente y sería vuelta a conformar en otras ocasiones, pero Alejandro Herrera ya no sería parte de la misma.
    La Agrupación Vocal del Histórico quedaría inmortalizada en un disco grabado con Odeón y en una película que contaba la historia del Colegio del Uruguay, donde la musicalizan con temas de su repertorio como el El burrito cordobés y Zamba para no morir.
    La Plata
    El padre de Alejandro le instaló una veterinaria en Nogoyá. Allí conoció a Los Grillos: Kubero, Morcy, Paz y Ricardo Legna. Abandonó todo y se fue con ellos a La Plata, viviendo en una casa comunitaria con La Cofradía, para cantar y hacer artesanías en metal y cuero.
    Foto del Facebook Osvaldo Raúl Quintana.
    La comunidad, no iba a soportar el asedio de la policía de la Revolución Argentina. Acosados y perseguidos iban a abandonar la casa platense en 1972. Algunos emigraron a Brasil y Europa, otros fueron a El Bolsón y algunos como Alejandro, se instalaron en Paraná, donde puso un taller de artesanías y fue conformando una pequeña comunidad hippie en la zona de Bajada Grande, muy cerquita de la casa de Linares Cardozo.
    Junto al Flaco Legna, Facebook de Alejandro Herrera.
    Miguel Cantilo que pasó a visitar a su amigo alguna vez contó: “Los días pasados en Bajada Grande fueron inolvidables, porque nos permitieron conocer la cuna de tantas maravillosas canciones litoraleñas con las cuales habíamos aprendido nuestros primeros acordes en guitarra. Mi buen amigo Olaf me llevó hasta una casita en cercanías del río donde moraba don Linares Cardozo, el autor de ‘Gurisito costero’, aquella balada folklórica llena de la más sencilla ternura y los más nobles sentimientos de protección materna. En la oportunidad canté para aquel prócer un tema que acababa de componer para mi primogénito, y el maestro me dejó estas palabras: ‘Muy bonito su cantar, amigo’”.
    “Nosotros vendíamos las artesanías en la casa -contaba Alejandro en un reportaje de la desaparecida revista El Colectivo-. Abríamos el garaje y colgábamos los cueros. Y claro, atentábamos contra la moral y las buenas costumbres. Entonces tuvimos que irnos. La Paz al 150, pleno centro. Yo, por entonces, andaba con un mameluco, en bolas abajo, con unos collares y el pelo por acá”.
    Años 80
    Durante la etapa de la Dictadura Militar vivió con su familia en Las Flores, provincia de Buenos Aires, dónde tuvo un taller de artesanías, el que no pudo soportar los vaivenes económicos. Regresó en 1984 a Paraná para trabajar en El Diario de los Etchevehere. Allí lo conoció Jorge Riani con 16 años: “Entrábamos a las 9 de la noche y salíamos a las tres de la mañana; yo iba al secundario, pero un diario era una adrenalina muy fuerte. Íbamos al único restaurante bar que abría 24 horas, el Victoria frente a la plaza. Ahí comíamos y él a veces contaba alguna anécdota muy al paso, y hablaba como cantando, re hippie. Ahí fui tomando dimensión de que había andado con notables, pero en verdad lo supe mucho tiempo después. Y otra cosa: silbaba, lo bien que silbaba, afinando.”
    Medio siglo después
    En 2018 al cumplirse los 50 años de La Cofradía de la Flor Solar, hubo un encuentro en La Plata al que Alejo Herrera no pudo asistir. En esa ocasión su hija Ángela escribió sobre su padre y su historia: “Y que si algo sabía yo de todo esto era sólo la experiencia maravillosa de vivir en comunidad. De sus logros personales poco y nada había contado, y era sólo porque nunca le interesó la fama ni el reconocimiento, y no porque le avergonzara su pasado. Doblemente me interesó la historia de sus vivencias en La Plata y luego en la cortada 8 de Bajada Grande en Paraná, donde estos cófrades vinieron a seguir su experiencia maravillosa de aprender a vivir sin jefes, sin egos, sin intereses económicos personales, sino el crecimiento armónico comunitario, en paz y libertad. Gracias viejo por todas las historias que nos fuiste compartiendo, las experiencias maravillosas y enriquecedoras y por haber sido fiel a tus principios, y nunca doblegarte a este sistema que nos quiere exterminar de la peor manera.”
    Después Alejandro, Alejo, Chuby, Adán. Artista, cantante, cantor, artesano, orfebre, soñador, artesano hasta en su manera de mirar, fue a Córdoba, a un lugar llamado Las Rabonas donde construyó su último hogar, “un rancho de adobe muy bien hechito es muy hermoso y cálido”.
    Hoy su familia lo despide a este uruguayense casi desconocido por nuestra comunidad: “Aunque la guitarra de nuestro amado Alejo Chuby Herrera hoy guarde silencio, su música queda vivo en el canto de los zorzales”.
    Aportes de Ángela Herrera, Carlos Benetuce, Jorge Riani, Daniel Rochi, Ricardo Rodríguez y Carlos Vecchio.

     
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