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  • Colección Helft: la historia del coleccionismo que impulsó el arte contemporáneo argentino

    Colección Helft: la historia del coleccionismo que impulsó el arte contemporáneo argentino

    Colección Helft: la historia del coleccionismo que impulsó el arte contemporáneo argentino

    Más que una muestra, Colección Helft, inaugurada recientemente en W-galería, es una narrativa viva que testimonia el valor del coleccionismo inteligente y sensible. Marion Eppinger y Jorge Helft se conocieron en el colegio secundario y se casaron en 1955. Durante la siguiente década recibieron a sus tres hijos y vivieron en Europa y Estados Unidos, hasta que en 1968 regresaron a Argentina, donde descubrieron con fascinación la escena cultural de una ciudad encendida.Marion Eppinger y Jorge Helft se conocieron en el colegio secundario y se casaron en 1955. Archivo Clarín.Guiados por su visión, la pareja creó una metodología estrecha y personal a la hora de adquirir obras, además de ocupar roles cercanos a la gestión cultural, inexistente por entonces. Esta exposición, por lo pronto, es una historia de intuición y valor.Con un escaso conocimiento del arte local, los Helft decidieron empezar de cero, frecuentando talleres y forjando amistad con artistas como Líbero Badíi entre tantos otros, que además empezaban a ir al departamento familiar de Palermo.Mientras las salidas de los fines de semana giraban en torno a visitas a espacios y galerías de arte, sus ojos comenzaban a abrirse hasta que en una visita al Instituto Di Tella, les llamó la atención un móvil de Julio Le Parc que adquirieron por 300 dólares. Esa fue la base fundante.Tanto Marion como Jorge habían nacido en Europa y venían de familias que encontraron en Argentina un nuevo hogar después de la Segunda Guerra Mundial y que estaban estrechamente vinculadas al coleccionismo, en especial el padre de Helft, por lo que vivir con arte no les era ajeno.Sin opiniones ajenasLo particular de su experiencia era la escena en la cual estaban inmersos, donde la gente no compraba arte contemporáneo, lo que les dio la ventaja para construir su legado sin opiniones ajenas ni el arrebato de las modas.Obras de Alberto Heredia y Antonio Berni en Colección Helft en W—galería. Foto: gentileza.El catálogo que acompaña la exposición comienza con un texto de Nicolás Helft, uno de los hijos de la pareja, que confiesa que el arte le dio a su papá la posibilidad de salir de una vida gris y de oficina para encontrar su verdadero motor, que llenó la cotidianeidad de proyectos y posibilidades en una Buenos Aires que «le generaba un estado de exaltación».Lentamente, empezó la convivencia con obras poco convencionales, que se salían de las paredes e invitaban al debate. Los Helft atesoraban lo que la mayoría no entendía, donde resonaban lo erótico, lo grotesco y la densidad de la mano de artistas que se arriesgaban contra todo pronóstico, desde Victor Grippo hasta Alberto Heredia, a quien Marion adoraba.Atenta y sabia, es quien representa hoy al dúo que, si bien se divorció en 1996, no separó la colección, mientras que la presencia de Jorge, que falleció hace exactamente un año, se percibe en cada rincón. Eppinger explica que, cuando en los años 80 decidieron mudarse de Palermo a San Telmo, fue con el objetivo de «ganar metros» y diseñar un edificio sobre la calle Defensa, que pasó a conocerse como «enfrente» ya que hacía espejo con el nuevo hogar.Desembarcar en el barrio más antiguo de Buenos Aires, que por entonces era ignorado por la mayoría de los porteños, debe de haber sido un contraste fascinante, en un momento donde la historia se debatía con el surgimiento del under.Unos años antes habían inaugurado la legendaria Fundación San Telmo, donde desde 1980 organizaron muestras, conciertos y editaron catálogos, transformándola en un referente para una nueva generación, así como para los amigos de siempre.Por allí pasaron desde Liliana Porter hasta Antonio Berni y Guillermo Kuitca, que con apenas 19 años tuvo la oportunidad de presentar una de sus primeras exposiciones, costeada con la compra de obras por parte de los Helft.Con respecto a ese salto territorial, en el catálogo se aclara: «Lo cierto es que esta elección “excéntrica” expandió el movimiento que venía sucediendo desde el centro-norte de la ciudad hacia el eje sur, históricamente más postergado. La movida cultural se enraizó en esta nueva geografía y confirmó la agudeza de Jorge y Marion para interpretar su tiempo».El circuito del arte, que por entonces era precario y no sostenía la economía de los artistas, hizo de la Fundación un oasis donde practicaron el rol de «administradores culturales», un término acuñado por Jorge, al darle oportunidades a artistas, curadores e incluso acercaron a la gente a las expresiones culturales del momento.Obras de Juan Carlos Distéfano y Jorge de la Vega en Colección Helft en W—galería. Foto: gentileza.Por medio de sus acciones e incluso de la propia colección, fomentaron la internacionalización del arte argentino, colocándolo a la par de referentes como Marcel Duchamp o Louise Bourgeois, que también adquirieron en estrecho diálogo.Una corporalidad potenteDesperdigadas entre salas y espacios secundarios, el cuerpo de obras seleccionadas por Jimena Ferreiro, junto a la familia Helft y el equipo de W, despliega una corporalidad potente y exige ser abordado con atención.Las lenguas y figuras danzantes de Heredia conviven con el narciso de Pablo Suárez, una pieza icónica de Rubén Santanonín y una obra de Víctor Grippo, que en su momento invitó a la crítica, cuando decían que Jorge había enloquecido al comprar «un pan quemado» por 500 dólares.En el primer piso, se hacen presentes las «Bocanadas» de Graciela Sacco, las siluetas de Ana Mendieta, una obra de 1964 de Marta Minujín, que se mira con un Niki de Saint Phalle y una escultura en resina de Juan Carlos Distéfano, que recuerda a las pinturas de desnudos de Prilidiano Pueyrredón. Un tanto kitsch y otro poco sexy, todas están unidas por el hilo rojo que los Helft tejieron durante tanto tiempo.»Narciso de Mataderos» (1984), de Pablo Suárez en Colección Helft en W—galería. Foto: gentileza.Colección Helft permite comprender la relevancia de una forma de coleccionismo que no abunda, donde el valor simbólico supera al económico y la necesidad por la opulencia y la urgencia quedan de lado. Marion y Jorge crearon algo irrepetible, al sumergirse entre la vanguardia y el under floreciente, entendiendo la relevancia del arte argentino antes que la mayoría, hasta convertirse en figuras claves de una época que ya no existe.Colección Helft en W—galería (Defensa 1369), de martes a sábado de 12 a 18, hasta el 13 de junio, con entrada gratis.

  • Del siglo XVIII a hoy: el Museo Larreta exhibe la historia de los azulejos en el Río de la Plata

    Del siglo XVIII a hoy: el Museo Larreta exhibe la historia de los azulejos en el Río de la Plata

    Del siglo XVIII a hoy: el Museo Larreta exhibe la historia de los azulejos en el Río de la Plata

    Quizá no haya lugar más adecuado que el Museo de Arte Español Enrique Larreta para albergar la exposición El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Por un lado, su arquitectura resuena en aquello que se está mostrando: el decorado de la casa de avenida Juramento al 2200 remite, si bien ecléctico, a los modos de ornamentación de fines del siglo XIX, con piezas de arte sacro, habitaciones dedicadas a celebrar el siglo de oro español, patio andaluz con fuente y mayólicas coloridas, tal y como la ideó el escritor argentino, autor de La gloria de don Ramiro.Por el otro, la exhibición curada por Francisco Girelli y Fernando Martínez Nespral establece una relación entre la investigación que realizaron con la colección de piezas de cerámica esmaltada que pertenece al acervo patrimonial de la institución.En el nombre de la muestra está la clave. Primero, porque refiere tanto al título del libro que Vicente Nadal Mora publicó en 1949, en los inicios del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas (IAA) dirigido por Mario J. Buschiazzo.Y luego, a la pesquisa que sustenta esta exhibición que fue realizada por los dos arquitectos antes mencionados, investigador y director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo” (IAA) de la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA, respectivamente.Por su parte, Girelli se dedica a la historia de la arquitectura americana, con especialidad en la historia edilicia de la Ciudad de Buenos Aires en el periodo colonial y poscolonial, desde el registro arqueológico.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Un clásico de 80 añosEn este sentido, la fecha “2026” que está presente como cierre temporal de la exhibición remarca que después de 80 años de la publicación de ese “clásico”, uno de los primeros estudios académicos sobre el tema de todo el continente, los estudios de cultura material lo tienen en cuenta y siguen su legado.El trabajo de Nadal Mora se ocupó de estudiar y catalogar los azulejos franceses, generalmente blancos con decoración azul, que fueron muy utilizados en la arquitectura de Buenos Aires desde mediados de siglo XIX, teniendo su auge entre 1860 y 1890. Estuvieron en patios y zaguanes, se destacaron en cocinas y hasta decoraron las cúpulas de las iglesias.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.De ese pasado brillante, poco quedó en pie. Hoy se recupera como material arqueológico, gracias a la práctica del Centro de Arqueología Urbana (CAU–IAA) en la ciudad de Buenos Aires. El trabajo de rescate de las piezas enteras y de fragmentos de la variedad de mosaicos coloreados recrea no sólo para lo que eran usados en términos ornamentales sino el sistema de comercio de estos materiales en el Río de la Plata.No sólo los azulejos franceses, llamados Pas de Callais, nombre que queda pegado al paso de origen, el de Callais, sino, tal como explican los curadores, “otros enfoques contemporáneos, iniciados con Daniel Schávelzon y el trabajo con vestigios arqueológicos, permitieron establecer que el uso de azulejos en Buenos Aires comenzó al menos desde el siglo XVIII con piezas españolas en su mayoría –producidas en Cataluña y Valencia–, pero también de otros centros de producción como Inglaterra, Holanda e Italia».Por lo tanto, la exposición es más del recorrido libresco iniciado en 1949 por Nadal Mora, que una colección en particular o un conjunto de estos materiales. Es, sobre todo, un ida y vuelta de producciones impresas que fueron posibles gracias a esos azulejos. Folletos y recortes de prensa, manuscritos inéditos que pueden ser vistos por primera vez.Asimismo, la exhibición da cuenta de cómo esa publicación fue señera para concitar el interés en este tema, no sólo en Argentina sino en otros países, como por ejemplo Uruguay que fue un polo de intercambio con coleccionistas locales.“En general entre arquitectos, quienes con este material liviano, pequeño y estéticamente atractivo, podían de alguna manera conservar una parte de los edificios que desaparecían bajo la piqueta del progreso. José María Peña, Carlos E. Duchini, Alejandro Ruiz Luque, Álvaro Orsatti y Enrique Echavarría Coll, entre otros, se sumaron armando colecciones y produciendo publicaciones y exposiciones», explican los curadores en su texto.Y agregan: «En paralelo surgió en Uruguay otro grupo de coleccionistas que intercambiaban con los de Buenos Aires. Los primeros de ellos fueron Francisco Mazzoni y Manuel Paz Morquio, y en la década de 1960 empezó Alejandro Artucio Urioste, fundador de dos museos dedicados al tema en Montevideo y Punta Ballena, y autor de una serie de libros indispensables”.Quien seguramente vio ese libro fue el escritor Manuel Mujica Lainez, ya que la reproducción del azulejo con el hombrecito está impresa. En Misteriosa Buenos Aires, el libro que reúne la colección de cuarenta y dos relatos publicado en 1950, está “El hombrecito del azulejo (1875)”.Todos los cuentos de ese libro están fechados y la idea de Mujica Laínez es, sobre todo, fusionar historia y ficción, una suerte de armado cronológico para volver a contar el pasado de la ciudad.Están situados en el catastro citadino, tienen referencias a hechos reales y los elementos del fantástico redoblan a apuesta de ese misterio, de nuevas configuraciones desde un presente que necesita volver a narrar historias.A su vez, en ese cuento se condensa a la perfección la historia del azulejo, pero también, la de los azulejos que podemos ver en la muestra: “El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus manufactureros, los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por error dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, embalado prolijamente el único distinto de los azulejos del lote», escribe el autor.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.»Los demás –continúa–, los que ahora lo acompañan en el zócalo, son azules como él, con dibujos geométricos estampados cuya tonalidad se deslíe hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y un bastón en la mano derecha”.A falta de una piezaSi bien la composición del zaguán donde estaba destinado era geométrica, el obrero lo incluye a falta de una pieza. Así es que Martinito, nombre que recibe de Daniel, el niño enfermo de quien será amigo, llega a Buenos Aires y al barrio de San Telmo: por un error y por la falta.Para salvar el pequeño, Marinito entretiene a la Muerte: le habla en francés, le cuenta los chismes del barrio de los que pasan por ese zaguán, su propia historia que “transcurre a mil leguas de allí, allende el mar, en Desvres de Francia.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Le explica que ha nacido en Desvres, en casa de los Fourmaintraux, los manufactureros de cerámica. “rue de Poitiers”, y que pudo haber sido de color cobalto, o negro, o carmín oscuro, o amarillo cromo, o verde, u ocre rojo, pero que prefiere este azul de ultramar. ¿No es cierto? N’est–ce pas?”.Estas distracciones contrarreloj hacen que la Madame la Mort se quede con el hombrecito en lugar del niño que, sano y salvo, no encuentra consuelo para el agujero que quedó en la pared. Tiempo después, al limpiar el pozo del patio, “uno de los hombres grita, desde la hondura, con voz de caverna: –¡Ahí va algo, abarájenlo! Y el chico recibe en las manos tendidas el azulejo intacto, con su hombrecito en el medio».Esta escena es providencial y prefigura las tareas de la arqueología urbana con muchos Danieles al rescate del pasado. Uno de ellos, el mencionado Daniel Schávelzon. A diferencia de la ficción, el azulejo azul con el hombrecito está perdido, ya que después de pertenecer a la colección de Alejandro Ruiz Luque no se supo más de esta pieza, ultra codiciada en su valor simbólico y referencial.¿Fue robada? ¿escondida? Un motivo que, con un poco de imaginación, puede ser el puntapié de un nuevo cuento de misterio y fantasía.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta (Av Juramento 2291) de 11 a 19, miércoles gratis y martes cerrado.

  • El Jardín “Ardillitas” celebra 50 años de historia junto a su comunidad – El Miércoles Digital

    El Jardín “Ardillitas” celebra 50 años de historia junto a su comunidad – El Miércoles Digital

    El jardín de la Escuela Avellaneda comenzó este miércoles 1º de abril las celebraciones de su 50º aniversario con gran marco de público, mucha emoción y muchos recuerdos afectuosos.
    El Jardín de Infantes “Ardillitas”, perteneciente a la Escuela Nº 1 “Nicolás Avellaneda”, ubicada en calle Leguizamón 325, frente a Plaza San Martín, en la ciudad de Concepción del Uruguay, celebró este 1º de abril sus 50 años de vida institucional, formando generaciones de niños y siendo parte fundamental de la historia educativa de la comunidad.

    Durante esta primera conmemoración, que marcó el inicio de los festejos por los 50 años, la institución contó con un destacado marco de público. Se hicieron presentes ex docentes y ex alumnas de la primera y tercera promoción, quienes se acercaron a compartir este momento tan especial.

    La jornada, además de calurosa, estuvo cargada de emoción, recuerdos y alegría por el reencuentro, reflejando el profundo vínculo que el Jardín “Ardillitas” ha construido a lo largo de su historia con la comunidad. En esta ocasión, también dirigió unas palabras la profesora Silvina Suárez, supervisora de Nivel Inicial del Departamento Uruguay, quien acompañó este significativo inicio de los festejos con sus afectuosos conceptos.

    En ese contexto tan significativo, en el patio exterior de la Escuela se plantó un árbol de la especie «eugenio» (Eugenia paniculata), árbol pequeño perenne, de follaje denso y brillante; fue plantado por las «seños» del Nivel Inicial, con los niños y niñas del Jardín y también con ex alumnos. Para finalizar el encuentro se realizó una «suelta de libros».

    Los inicios
    El Nivel Inicial fue creado el 1 de abril de 1976, según registros de periódicos, escritos de la época y fotografías conservadas por la institución.
    En sus comienzos funcionaba con una sección de Preescolar en el horario de 9:30 a 11, con una matrícula de 38 alumnos, a cargo de la docente María Enriqueta Suárez de Arlettaz. En aquellos primeros años el jardín estaba ubicado en el sector sur de la escuela, sobre calle Artusi.
    Con el paso del tiempo se fueron incorporando nuevas docentes y se amplió la propuesta educativa. Entre quienes formaron parte de esta etapa se encuentran Adriana Brich de Pocco, Laura Güidoni y Marta Pulido. Más adelante, en 1980, se titularizó la docente Norma Arrieta de Rodríguez en el turno tarde.
    Hacia el edificio propio
    Debido a la creciente demanda de matrícula, el jardín atravesó distintos momentos y espacios dentro de la institución e incluso fuera de ella. En un período funcionó en la esquina de Artusi y Congreso de Tucumán, donde también trabajaban la Clínica Escolar y la Escuela para Ciegos y Ambliopes. En ese entonces, la docente “Pirucha” Angelini colaboraba en la organización del espacio para recibir a grupos numerosos de niños.

    Durante esos años también se sumaron nuevas docentes, entre ellas Silvia Fornasari y posteriormente Marta Lemos, consolidando dos salas en cada turno.
    En 1981 el jardín regresó nuevamente a aulas del sector sur de la escuela sobre calle Artusi. En esa etapa fue fundamental el acompañamiento del “Club de Madres”, quienes junto a la Asociación Cooperadora colaboraban activamente en tareas de mantenimiento y en proyectos institucionales.
    Un hecho muy importante ocurrió en 1989, cuando la comisión de padres del jardín solicitó al entonces director de la escuela, Alfredo Jesús Córdoba, que se destinara la casa habitación del director para el funcionamiento del Nivel Inicial, debido a la necesidad de contar con un espacio adecuado para los niños.
    Ese mismo año, mediante la Resolución Nº 2497/89 del Consejo General de Educación, se autorizaron las reformas necesarias y el jardín pudo trasladarse a un nuevo espacio. En ese momento, las salas estaban a cargo de las docentes Olga Frontelli y Beatriz Bracco en el turno mañana, y Norma Arrieta de Rodríguez y Marta Pulido de Richard en el turno tarde, siendo luego reemplazada esta última por Mabel Basualdo.
    Años más tarde, en junio de 1995, el equipo directivo solicitó la construcción de nuevas instalaciones para el Nivel Inicial. Finalmente, el 5 de octubre de 1998 se inauguró el edificio propio del Jardín “Ardillitas”, con la presencia de autoridades educativas, supervisores, directivos, docentes, representantes de instituciones, familias y alumnos, marcando un momento de gran alegría para toda la comunidad educativa.
    Una huella inconfundible
    A lo largo de estas cinco décadas, numerosas docentes han dejado su huella en el jardín, acompañando el crecimiento y aprendizaje de generaciones de niños y niñas, fortaleciendo un espacio educativo que forma parte de la identidad de la ciudad.

    Actualmente, el equipo directivo de la institución está integrado por la directora Silvia Dolores Percara, la vicedirectora del turno mañana Diana De Los Santos, el vicedirector del turno tarde Oscar Zanardi, la directora radial Romina Carrizo y las secretarias Lorena Ayala y María Isabel Medina.
    En el Nivel Inicial se desempeñan como docentes titulares María Belén Caire, Celia Gobbi, María Alejandra Girod y Celina Bochatay.
    Convocatoria a ex docentes, ex alumnos y familias
    En el marco de este aniversario tan significativo, la comunidad educativa invita a ex docentes, ex alumnos y familias que hayan sido parte de la historia del Jardín “Ardillitas” a acercar fotografías, guardapolvos, cuadernos u objetos que conserven como recuerdo de su paso por la institución.
    Quienes deseen colaborar pueden acercarse a la Escuela Nº 1 “Nicolás Avellaneda”.
    Todo el material reunido formará parte de una muestra que se realizará en el mes de octubre, como cierre de este año de celebración y memoria compartida.

     
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  • «Estado de sedación» y la coartada de los libros: la historia detrás del robo de propofol y fentanilo del Hospital Italiano

    «Estado de sedación» y la coartada de los libros: la historia detrás del robo de propofol y fentanilo del Hospital Italiano

    El dolor de la familia de Alejandro Zalazar (29), el anestesiólogo residente que falleció el 20 de febrero en su departamento de Palermo fue la punta del ovillo para empezar desentrañar qué son las «propofest» y el robo de anestésicos del Hospital Italiano. Es que cuando Zalazar es hallado muerto y con una vía conectada a su pie derecho, presumiblemente por el consumo de propofol y fentanilo, se rompió un pacto de silencio que se cree llevaba demasiado tiempo.La muerte de Zalazar derivó en una causa que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone. Por estos días la apertura del teléfono del joven fallecido pone el foco en las circunstancias alrededor de la muerte. Pero hay una pieza que, todavía, falta. El anestesiólogo, residente de tercer año en el Hospital Rivadavia, hacía una rotación en el Hospital de Niños R. Gutiérrez. Si también podrían haber robado drogas de ese centro de salud es una pregunta que también se hace la justicia y que está en plena investigación. El día del hallazgo de su cuerpo Zalazar tenía que presentarse a trabajar en la Fundación Favaloro y, como no lo hizo, empezaron a buscarlo desesperadamente hasta encontrarlo en su departamento. Junto al cuerpo encontraron frascos que -presumiblemente- podrían ser de fentanilo y propofol, pero Zalazar murió de un edema pulmonar, todavía no están los resultados de los exámenes histopatológicos que confirmen que había consumido esas drogas. Tampoco el oficio que probaría la trazabilidad de los fármacos hallados que se sospechan podrían haber salido del Hospital Italiano.Entonces, sin este dato ¿Por qué el centro de salud realiza una denuncia tres días después del fallecimiento? Esa causa derivó en una investigación en manos del juez Javier Sánchez Sarmiento, del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48, y del fiscal Lucio Herrera de la Fiscalía N°29.La respuesta está en el relato de compañeros de Zalazar y de Delfina Lanusse (29), otra residente de tercer año pero del Hospital Italiano que fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta de anestésicos del centro de salud.Hernán Boveri (45) y Delfina Lanusse (29) fueron indagados por el caso. Según pudo saber Clarín, son tres las compañeras que acudieron al subjefe del servicio de anestesiología del Hospital Italiano, Juan De Domini, para alertar que Lanusse fue vista en estado de sedación dentro del centro de salud y que les había reconocido el consumo de propofol junto a un superior: Hernán Boveri (45).La información fue reportada ante las autoridades del Hospital y fue Gonzalo Domenech, jefe del servicio de anestesia y miembro también de la comisión directiva de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), quien acudió a la asociación que también intervino ante la gravedad de las denuncias. Boveri y Lanusse fueron citados por la asociación para realizar su descargo. Y esa fue la información que denunciaron ante la justicia el 25 de febrero. Esa denuncia, firmada por Martín Meriño y presentada junto a al abogado Eduardo Gerome, recayó en la Fiscalía N°47, pero ya fue unificada con la que tramita en el juzgado de Sánchez Sarmiento.Las declaraciones de Domench y Domini habrían sido refrendadas en sede judicial y esos testimonios habrían sido volcados en actas que fueron secuestradas este miércoles durante los allanamientos. En el encuentro concretado en sede de la AAARBA, Lanusse habría indicado estar «tratando el tema con su psicólogo» y reconoció haber tenido un «vínculo personal» con Boveri y, en ese contexto, haber tenido «episodios de consumo de propofol fuera del ámbito hospitalario». Los elementos secuestrados en unos de los allanamientos por la muerte de Zalazar.Boveri también participó de una reunión en la institución en la que, en principio, intentó negar los hechos que luego terminó reconociendo. Dijo que conocía a Lanusse y que iba a su departamento, pero con el supuesto objetivo de «entregarle libros», algo que sus superiores calificaron como «impropio» del vínculo profesional y del rol jerárquico que Boveri tenía sobre Lanusse.Fue en esa reunión que el anestesiólogo también reconoció haber consumido propofol junto a la residente. «Boveri manifestó que la participación de la residente se habría dado en un marco de consentimiento pleno, pero ello debe ser juzgado teniendo en cuenta la asimetría jerárquica existente entre un médico anestesiólogo con mayor trayectoria profesional y una médica en formación, lo que implica un grado de subordinación», expresaron desde la AAARBA en su denuncia.Estas declaraciones deben ser replicadas en sede judicial para ser valoradas como prueba. Boveri y Lanusse declararon el 25 y el 18 de marzo en una audiencia virtual. Boveri negó los hechos y manifestó que presentaría un escrito con su versión de los hechos. La residente respondió algunas preguntas pero también decidió que declararía por esa vía.Las fiestasLa hermana de Zalazar fue quien, en medio del dolor por el fallecimiento de su hermano, se acercó a la AAARBA para contar lo que sabía. Y así la existencia de «fiestas» en las que se consumía propofol y donde, presuntamente, los residentes se administraban unos a otros estas drogas, fue denunciada formalmente.La asociación amplió la denuncia con estas versiones que todavía están en plena investigación. Según este relato, Zalazar habría empezado a consumir esta droga «hacía dos o tres meses» y que lo había hecho «instigado por alguien», algo que también está siendo investigado por la justicia.El resultado de las pericias pendientes y la declaración de los testigos será fundamental para terminar de analizar cuántas personas participaron de estas fiestas y pudo haber sustracción de estos fármacos en otros centros de salud.

  • “‘Maravilla’ Martínez vuelve a un lugar clave en su historia personal”

    “‘Maravilla’ Martínez vuelve a un lugar clave en su historia personal”

    A pocos días de su próxima presentación, Sergio “Maravilla” Martínez intensifica su preparación y eligió hacerlo en un lugar cargado de historia personal: el Club Social y Deportivo Quilmes Oeste, donde supo entrenarse en los comienzos de su carrera.El ex campeón mundial se alista para pelear el próximo 11 de abril en el Live Arena de Tortuguitas, en el marco de la velada “Noche de Leyendas III”. Su rival será Nicolás “El Picante” Ryske, con experiencia en kickboxing, muay thai y artes marciales mixtas. El combate se disputará bajo reglamento de boxeo, en un formato de 6 rounds de 2 minutos.La presencia de “Maravilla” en Quilmes Oeste tiene un valor que trasciende lo deportivo. Se trata de un regreso a un espacio que forma parte de su recorrido y que hoy vuelve a ser protagonista en la etapa previa a una nueva pelea.En ese marco, se generó una imagen significativa: en una foto se lo ve junto a mi persona (presidente del club) y Carlos Paniagua (entrenador de la escuela de boxeo).Los tres compartimos una relación de más de 25 años, lo que refuerza el valor simbólico de este reencuentro en el mismo ámbito donde se forjaron los primeros vínculos dentro del deporte. La elección del club también pone en valor el trabajo que se viene realizando en la institución, donde la actividad de boxeo crece a través de la formación y el compromiso con el desarrollo deportivo.Con una trayectoria internacional consolidada, Sergio “Maravilla” Martínez continúa muy activo arriba del ring, demostrando como siempre su vigencia y la pasión por el boxeo, en un regreso que combina presente competitivo con historia personal.Alejandro Mittica / PRESIDENTE DEL CLUB SOCIAL Y DEPORTIVO QUILMES OESTE /alereflex@yahoo.com.ar“En Santa Fe, una tragedia evitable”Nada lo justifica, pero a medida que transcurren las horas, todo comienza a entenderse. G. C., iniciales con las cuales la Justicia preserva su intimidad, permanece recluido en un centro de minoridad de Santa Fe.Con apenas 15 años ya inauguró su “prontuario”. Desató en San Cristóbal una tragedia que, tal vez, en su fuero íntimo lo lleve a decirse: “misión cumplida”. Dijo “sorpresa”, casi solazándose cuando salió del baño de su colegio y encaró hacia quienes durante mucho tiempo le hicieron bullying. Seguro que recibirían el escarmiento que su espíritu introvertido, sumiso, nunca supo traducir en palabras.Una foto publicada en distintos medios lo mostró con medio cuerpo volcado sobre su pupitre. Vencido, inerte. Desatendiendo la lección de un profesor como era su deber.Cuando la ira se viste de bala y se canaliza a través de un fusil de doble caño, sustraído a un abuelo como fue su caso, ya es tarde.G. C. dio señales, gritos que no se atendieron. Hoy, testigos sufridos, miembros de una ciudad en pleno, se han convertido en deudos. Lloran la injusta muerte de Ian Cabrera Núñez, de 13 años. Las comunidades educativas y las autoridades oficiales, en general, deberían ser permeables a las alarmas. Vencer la indiferencia y dejar de ver carteles con la leyenda: “Cerrado por duelo”.Alejandro De Muro / demuroalejandro4@gmail.comLa coyuntura, “navegar y no sólo flotar”Los chicos malos, cuando juegan a ser adultos, aparte de hacer ruido, sólo hacen mas daño y eso está pasando.La inmadurez atávica sólo nos hace ver el árbol, pero no el bosque. Como corchos dormidos seguimos flotando inhundibles, pero flotar no es navegar. El mundo necesita y va a necesitar insumos-bienes básicos- para sobrevivir esta catástrofe bélica, en especial energía (petróleo) y nosotros tenemos infinitos recursos al respecto aparte de alimentos, agua, minerales, pesca y todos los etcéteras sin límites.Hagámoslo valer, no sigamos jugando a ser pobres, pongámonos los pantalones largos. Estamos lejos y eso nos da la paz necesaria para poder explotar la riqueza, pero cuidado, también estemos preparados para defenderla.El valor agregado será el broche de oro. Dentro de un marco de una estricta seguridad jurídica que lo proteja y lo que es fundamental, no abandonemos nuestras industrias ante tanta competencia desleal foránea, protejámosla, pero sin crear manufacturas parásitas a través de aranceles “decrecientes”.Eso llevará al pleno empleo y a una duradera paz social.Pedro Sylvester / opinion2m@yahoo.com.arJornada extendida o “pasatiempo ampliado”Sé de escuelas primarias de Gestión Estatal de CABA en la que los alumnos que concurren a las jornadas durante dos días a la semana son menos de los que deberían concurrir, y los que van se quejan porque dicen que hacen poco y nada.La iniciativa que pretendió reforzar el aprendizaje de los alumnos se transformó en un pasatiempo que lejos está de tender a dicho objetivo.Como siempre: los alumnos son los únicos perjudicados.Carlos Alberto Castriota / ccastriota2009@gmail.comUn Centro de Transferencia de Pasajeros frenadoEn Pilar existe una iniciativa público-privada con impacto social directo: un Centro de Transferencia de Pasajeros que permite conectar con el tren a CABA y reducir la dependencia de la Panamericana.Lo increíble es que no hay un freno judicial: la obra podría avanzar, pero el municipio la impide al retener permisos y habilitaciones. Cuando el Estado se convierte en obstáculo, se castiga a la inversión y se castiga a la comunidad.Pedimos transparencia y una decisión concreta: restituyan los permisos y dejen terminar la obra.Miguel Piran / miguelpiran@gmail.com“La calidad de la atención virtual se ha deteriorado”Son varios los ejemplos que muestran que la calidad de la atención virtual a los usuarios se deterioró hasta límites insoportables.Lo que antes un ser humano resolvía telefónicamente en un minuto, ahora requiere luchar con asistentes virtuales que no entienden nada de nada. El resultado es que las empresas bajaron sus costos, pero a expensas del tiempo de los clientes que deben emplear horas para resolver temas triviales.Hugo Scolnik / hscolnik@gmail.com

  • YPF: la historia nos dio la razón

    YPF: la historia nos dio la razón

    YPF: la historia nos dio la razón

    Por Cristina Cremer de Busti (ex diputada nacional)- Hay decisiones que se toman en soledad, aunque se voten en público. En abril de 2012, cuando el Congreso de la Nación debatió la recuperación del control estatal de YPF, yo era una de esas diputadas que debía elegir entre la comodidad del gesto opositor —dado que teníamos serias diferencias con el kirchnerismo— y la convicción sobre lo que era correcto para el país. Elegí lo segundo.

    El interbloque Frente Peronista que integraba contaba con 23 diputados. De todos ellos, sólo cuatro votamos a favor de la estatización: Alfredo Atanasof, Ramona Pucheta, Alberto Roberti —secretario general de los petroleros— y yo.
    No fueron momentos sencillos. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y una parte del peronismo entrerriano teníamos diferencias que no eran menores. Votar a favor de aquella ley no era un acto de disciplina kirchnerista. Era, sencillamente, una posición nacional. YPF era y es un activo estratégico irrenunciable, y entregársela indefinidamente a una empresa extranjera que la vaciaba de inversiones era una forma de hipotecar el futuro energético argentino. Lo dije entonces y lo sostengo ahora, cuando han pasado catorce años de aquella votación.
     
    Y los hechos lo confirman: tener la principal petrolera en manos del Estado no es una cuestión ideológica sino estratégica. Es lo que hoy hace posible el superávit energético que la Argentina está alcanzando, con exportaciones que generan divisas genuinas y alivian una restricción externa que durante décadas fue un lastre estructural para la economía nacional. Sin YPF en manos argentinas, ese horizonte sería impensable.
     
    También quiero destacar algo de lo que me siento especialmente orgullosa: de los nueve diputados nacionales que representábamos a Entre Ríos en aquella sesión, ocho votamos a favor. Sólo hubo una abstención.
     
    Durante años, quienes apoyamos esa decisión soberana debimos soportar un relato que la presentaba como un manotazo populista, una expropiación «mal hecha», un capricho que tarde o temprano nos iba a costar caro. Los fondos buitre construyeron una arquitectura judicial en Nueva York destinada a confirmar esa narrativa y, de paso, a llevarse más de dieciséis mil millones de dólares del patrimonio de los argentinos. Durante más de una década, esa espada estuvo suspendida sobre la Argentina.
     
    El viernes 27 de marzo de 2026, la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York la sacó de escena. Por dos votos contra uno, los jueces Chin y Robinson revocaron la condena que había dictado la jueza Preska y concluyeron que los reclamos de los fondos demandantes no eran reconocibles bajo el derecho argentino. La expropiación, determinaron, fue un acto de derecho público soberano, regido por la legislación nacional y avalado por el Congreso. Lo que hicimos en 2012 estaba dentro de la ley. Lo que hicimos fue correcto.
     
    Noto, con cierta perplejidad, que hoy varios se disputan la paternidad del triunfo. El presidente Milei salió en cadena nacional a celebrar lo que él mismo —y su coalición, y sus aliados ideológicos, como la entonces diputada Patricia Bullrich— cuestionaron durante años. El mismo espacio político que calificó la estatización como un «impuesto Kicillof», que la presentó como un símbolo del desquicio intervencionista, hoy la defiende ante los tribunales extranjeros y la celebra como un logro propio. No hay que escandalizarse: la política tiene esa capacidad de apropiar victorias ajenas. Pero los registros están, y la historia tiene memoria.
     
    Pero lo que importa subrayar, más allá del ruido circunstancial, es el fondo del asunto. La Argentina actuó conforme a derecho. El Congreso votó una ley. Los gobiernos que siguieron —de distintos signos— sostuvieron la misma posición jurídica ante los tribunales norteamericanos. Y esa continuidad institucional fue, precisamente, la que permitió este resultado. Cuando un país defiende sus decisiones soberanas con argumentos sólidos, más allá de la politiquería de cotillón, con abogados capaces y con coherencia en el tiempo, los resultados llegan. Aunque tarden.
     
    Desde Entre Ríos, desde el federalismo que siempre defendió el espacio político en el que milito, quiero decirlo sin eufemismos: aquellos que en 2012 votamos a favor de recuperar YPF no nos equivocamos. Lo hicimos pensando en el interés nacional, en la soberanía energética, en el derecho de la Argentina a decidir sobre sus propios recursos. Eso no tiene bandera partidaria. Tiene, simplemente, el nombre de una convicción.