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  • La hora de las pruebas para Scaloni en la práctica de la Selección: Dibu Martínez adentro, Messi entre su momento y el descanso, y quiénes debutarían

    La hora de las pruebas para Scaloni en la práctica de la Selección: Dibu Martínez adentro, Messi entre su momento y el descanso, y quiénes debutarían

    La hora de las pruebas para Scaloni en la práctica de la Selección: Dibu Martínez adentro, Messi entre su momento y el descanso, y quiénes debutarían

    El ciclo de Lionel Scaloni se caracteriza, entre otros aspectos, por la lógica aplicada en la gestión de un vestuario repleto de estrellas, como es el caso de la Selección Argentina. En la previa del cierre de la fase de grupos del Mundial 2026, que se jugará el próximo sábado en Dallas contra Jordania, la premisa principal es la rotación. El objetivo es permitir que la mayor cantidad posible de futbolistas viva la experiencia de un partido mundialista, muchos de los cuales aún no han tenido esa oportunidad. En este contexto, «Dibu» Martínez seguirá en el arco, mientras que Lionel Messi llega encendido tras convertir cinco goles en dos encuentros.

    Este planteo representa un nuevo desafío para Scaloni: administrar la abundancia de talento, algo que a menudo resulta tan o más complejo que manejar un equipo con carencias. La Scaloneta mantiene un sello distintivo: el rendimiento y la esencia futbolística del equipo no dependen del apellido que figure en el campo. El entrenador de Pujato ha dejado claro este enfoque en sus declaraciones públicas y lo cultiva diariamente en cada entrenamiento, camino a cumplir sus primeros 100 partidos al frente del seleccionado, un hito que alcanzará en los octavos de final el próximo viernes 3 de julio en Miami.
    Scaloni ha afirmado y demostrado que cualquiera de los 26 convocados para esta Copa del Mundo está en condiciones de jugar, tal como evidenció Facundo Medina en los encuentros disputados. En una conferencia de prensa realizada tras su llegada a Estados Unidos, el técnico dijo: «Siempre es bueno poder cuidarlos. En la medida que podamos, lo vamos a hacer, porque creemos que todos tienen que ser partícipes. Los jugadores que vienen con pocos minutos, todo lo que podamos ahorrarle, está bueno». Luego del triunfo sobre Austria, reafirmó: «No nos cambia nada. Todos hubiéramos firmado ganar los dos partidos. La idea sí es darles la posibilidad de que jueguen la mayoría, creo que lo merecen y siempre que el partido lo permita lo haremos».
    Es un hecho que la Selección Argentina presentará variantes para el próximo compromiso. Aunque Scaloni suele esperar hasta último momento para confirmar el equipo, algunos indicios surgieron en las pruebas del jueves. El cuerpo técnico modificó la planificación y decidió realizar los entrenamientos en horario matutino, tanto este jueves como este viernes en Kansas City, antes de viajar a Dallas. Esta misma estrategia se utilizó antes del partido contra Austria.
    La razón principal es mantener la confianza en el Compass Minerals Center, un lugar donde el equipo se adaptó muy bien, y evitar entrenar en sitios desconocidos en Dallas, ciudad que desde hace días está invadida por hinchas argentinos que se mantuvieron fieles desde la victoria contra Europa.
    Según el informe de la AFA, «el equipo llevó a cabo movimientos tácticos enfocados en la progresión ofensiva, la posesión del balón y la ventaja numérica sobre el rival», en un entrenamiento a puertas cerradas para la prensa.
    En cuanto a la formación, se confirma que Dibu Martínez mantendrá su lugar en el arco. El arquero marplatense busca recuperar plena confianza en su mano derecha tras la fractura en el dedo anular. Hasta el momento, lleva 43 partidos con el arco en cero en 61 encuentros y persigue el récord de Sergio «Chiquito» Romero, quien logró 47 vallas invictas en 96 partidos.
    En el tramo del entrenamiento, Scaloni repartió los petos a Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi, Marcos Senesi, Nicolás Tagliafico; Giuliano Simeone, Exequiel Palacios, Giovani Lo Celso, Nicolás González; Nicolás Paz y Julián Álvarez, quienes buscarán romper la sequía goleadora de los delanteros argentinos.
    Dos aspectos son especialmente relevantes: primero, la situación de Leandro Paredes, completamente recuperado de la pequeña distensión con la que llegó al Mundial 2026. El mediocampista, campeón del mundo, vio la tarjeta amarilla contra Austria y, en caso de ser amonestado nuevamente, quedaría suspendido para los octavos de final. En esta edición del torneo, las tarjetas amarillas se reinician dos veces: al finalizar la fase de grupos y después de los cuartos de final.
    El segundo punto es sobre Lionel Messi. Aunque no se obsesiona con los récords individuales, haber superado el récord como máximo goleador en la historia de los Mundiales, con 18 goles a sus 39 años, lo motiva a seguir incrementando esa marca. La Pulga suele afirmar que su mejor entrenamiento es jugar partidos, y con un rendimiento en ascenso, aprovechar su estado es fundamental. Más allá de la idea de darle descanso tras haber disputado 165 minutos en dos encuentros, hay un dato clave: Messi es el delantero que más kilómetros recorrió en este Mundial, con 9,1 de los 14,7 kilómetros que jugó (casi el 62%) caminando o trotando. Le siguen en distancia Cristiano Ronaldo contra Congo (51%), Lamine Yamal frente a Arabia Saudita (49%) y Erling Haaland y Kylian Mbappé, ambos contra Irak (48%). De ingresar Messi, quien perdería su lugar, al menos en el arranque, sería Nicolás Paz.
    El único jugador que no estará disponible será Cristian Romero. Según informó la AFA, el defensor realiza trabajos diferenciados en gimnasio junto al equipo de fisioterapeutas tras resentir un golpe en la rodilla derecha que afectó el ligamento colateral, una lesión que lo mantuvo en incertidumbre durante 50 días previos al Mundial.
    Tras esta etapa, comenzará lo que muchos consideran el verdadero Mundial: la fase de eliminación directa, que incluye una

  • Es hora de gravar la riqueza extrema en América Latina

    Es hora de gravar la riqueza extrema en América Latina

    Es hora de gravar la riqueza extrema en América Latina

    Cuando Brasil puso la tributación de los ultrarricos en la agenda del G20 en 2024, convirtió una pregunta largamente postergada en una prioridad política. La propuesta —en la que tuve el honor de participar— planteaba un impuesto mínimo efectivo del 2% para los individuos con patrimonios superiores a USD 100 millones. Por primera vez, las principales economías del mundo reconocieron conjuntamente que los superricos no están pagando su justa cuota de impuestos y que era necesario considerar formas de abordar la situación.Desde entonces, el tema ha escalado rápidamente en la agenda política global. Países como Francia, España, los Países Bajos, Dinamarca y Suecia debaten sobre una tributación más justa para las grandes fortunas. En Estados Unidos, California podría someter a referéndum un impuesto a los ultrarricos en noviembre, mientras que en Nueva York Zohran Mamdani ha propuesto gravar a los millonarios. Brasil, por su parte, recientemente aprobó una reforma tributaria histórica para los superricos. Lo que hace apenas unos años parecía políticamente inalcanzable hoy está sobre la mesa como una posibilidad real.Esto importa especialmente en América Latina, una de las regiones más desiguales del mundo, junto con Medio Oriente y el Norte de África. El 10 % más rico posee alrededor del 50 % del ingreso nacional, mientras que la mitad más pobre se queda con solo el 8%. En Argentina, los milmillonarios concentran una fortuna de más de USD 6 mil millones y, si se amplía el umbral a los centimillonarios, la riqueza acumulada asciende a cerca de USD 14 mil millones.Este resultado no es inevitable; es fruto de decisiones políticas. Un nuevo análisis encargado por Brasil al Observatorio Internacional de Tributación, que dirijo, en nombre de la Plataforma Regional de Cooperación Tributaria en América Latina (PTLAC), muestra que la política fiscal es parte central de esta historia. En toda la región, los sistemas tributarios hacen poco para reducir la desigualdad y, en muchos casos, la agravan. El 50% más pobre de la población latinoamericana paga cerca de un tercio de sus ingresos, principalmente mediante gravámenes al consumo. En contraste, el 1% más rico paga, en promedio, alrededor del 22%. Este patrón no es exclusivo de la región: en varios países, los multimillonarios enfrentan tasas efectivas más bajas que las del resto de la población, porque pueden estructurar su riqueza para generar pocos ingresos imponibles.Por eso se necesita un nuevo instrumento: un impuesto mínimo efectivo sobre la riqueza de los súper ricos. La lógica es sencilla: dado que la renta imponible puede manipularse fácilmente, ese mínimo debería definirse como una fracción de la riqueza, que es mucho más difícil de ocultar. La regla se aplicaría solo a personas con activos por encima de un límite determinado, por ejemplo, de 100 millones de dólares.A diferencia de los impuestos sobre la fortuna tradicionales, el impuesto mínimo, por ejemplo, del 2 % sobre el patrimonio, funciona como un “piso”. Si los impuestos ya pagados sobre la renta y el patrimonio no alcanzan ese 2 %, se cobrará la diferencia. Si los impuestos pagados alcanzan el 2 %, no se deberá ningún importe adicional. La propuesta simplemente garantiza que los multimillonarios contribuyan, en relación con su riqueza, al menos tanto como los ciudadanos comunes.En el informe encargado por Brasil, mis colegas muestran que un impuesto mínimo del 2% sobre fortunas superiores a USD 100 millones recaudaría alrededor de USD 24.000 millones al año —aproximadamente el 0,6% del PIB de las siete economías más grandes de la región. Con una tasa del 3%, los ingresos alcanzarían los USD 36.000 millones. En Argentina, a una tasa del 2%, los ingresos ascenderían a cerca de USD 450 millones y, con una tasa del 3%, a unos USD 700 millones, lo que permitiría financiar servicios públicos como salud y educación a lo largo del país.La propuesta es viable. En la última década, la cooperación internacional transformó la transparencia sobre la riqueza global. El intercambio automático de información redujo drásticamente la opacidad de los activos offshore. Además, muchas formas de riqueza —como inmuebles, acciones cotizadas y herencias— ya se declaran o tributan, y los métodos de valoración de empresas privadas se utilizan ampliamente en finanzas y en la administración tributaria.La relación media entre impuestos y PIB de la región es baja, ya que apenas alcanza el 21,3 %. Argentina supera esta media (27,8 %), pero se sitúa por debajo de la de los países miembros de la OCDE (34,1 %). El país enfrenta la misma tensión de fondo: los Estados necesitan recursos para invertir en salud, educación, adaptación al cambio climático y transformación productiva.Pero también necesitan legitimidad. Un sistema tributario pierde legitimidad cuando los trabajadores, los profesores y los pequeños empresarios pagan más proporcionalmente que las grandes fortunas. Datos de la OCDE muestran que sólo el 20% de los argentinos cree que el sistema los grava de forma justa, frente al 23% en promedio en América Latina. Cuando el poder económico se acumula sin una contribución correspondiente al bien público, las instituciones democráticas comienzan a erosionarse.América Latina no necesita esperar una coordinación global perfecta para actuar. La cooperación internacional es deseable y Brasil ha liderado el camino al poner el tema en el escenario internacional. Pero los países de la región también pueden avanzar a nivel doméstico y regional, construyendo sobre el creciente consenso de que la desigualdad extrema no es ni inevitable ni intocable. La propuesta es nueva. Implementarla no está fuera de alcance. Lo que falta es la voluntad política para actuar.Gabriel Zucman es profesor de economía en la Paris School of Economics, en la École Normale Supérieure y en la Universidad de California, en Berkeley, además de ser el director fundador del Observatorio Fiscal Internacional (International Tax Observatory).