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  • La IA se mete en la carrera espacial: el plan de las tecnológicas para llevar los centros de datos fuera de la Tierra

    La IA se mete en la carrera espacial: el plan de las tecnológicas para llevar los centros de datos fuera de la Tierra

    La IA se mete en la carrera espacial: el plan de las tecnológicas para llevar los centros de datos fuera de la Tierra

    Mientras la inteligencia artificial (IA) avanza a velocidad de fibra óptica, su infraestructura sigue atrapada en una conexión de dial-up. Cada nuevo centro de datos consume grandes cantidades de electricidad, agua para refrigeración y espacio físico. Por ello, trasladar estos centros fuera de la Tierra se ha convertido en un tema recurrente en las discusiones estratégicas de la industria tecnológica.

    A medida que crecen las ambiciones de la IA, también aumenta el interés por llevar parte de su arquitectura informática más allá de la superficie terrestre. Gobiernos, startups e inversores ya evalúan seriamente esta posibilidad.
    Aunque todavía lejos de ser una solución inmediata, el espacio comienza a verse menos como una extravagancia y más como una alternativa real, ante la saturación de las redes eléctricas y los crecientes obstáculos para nuevos proyectos en tierra.
    La principal ventaja del despliegue espacial radica, además de la total inmunidad frente a inundaciones, terremotos o conflictos locales, en la posibilidad de operar al margen de regulaciones fiscales, ambientales y normativas que frenan el crecimiento de los centros de datos tradicionales. En resumen, el espacio ofrece un potencial de expansión prácticamente ilimitado, algo que la superficie terrestre ya no puede garantizar.
    La carrera espacial suma un nuevo protagonista. Ya no se trata sólo de lanzar cohetes o satélites: empresas como Google, Amazon, Microsoft, SpaceX y xAI exploran cómo convertir la órbita terrestre en una gigantesca plataforma para procesar datos.
    ### La avanzada terrestre
    Entre los pioneros destaca Starcloud, una startup que proyecta una constelación de hasta 88.000 satélites funcionando como un centro de datos distribuido alrededor del planeta. En lugar de concentrar miles de servidores en edificios, la propuesta es repartir el procesamiento entre nodos espaciales conectados por enlaces láser y alimentados por energía solar.
    Orbital, fundada por el joven Euwyn Poon, trabaja con un enfoque similar, basado en centros de datos alimentados por energía solar continua. Su objetivo es construir plataformas de procesamiento en órbita baja capaces de aprovechar la energía fuera de la atmósfera y disipar calor mediante radiación. La compañía planea realizar las primeras pruebas operativas en 2027.
    Por su parte, SpaceX, apoyada en la experiencia acumulada con Starlink, estudia la posibilidad de ampliar sus futuras constelaciones para no solo transmitir, sino también procesar información en el espacio. Si esto se concreta, la red orbital podría evolucionar hacia una nube distribuida gigantesca capaz de ejecutar cargas de trabajo sin depender de los centros terrestres.
    A través del Proyecto Suncatcher, Google explora cómo trasladar su capacidad de cómputo al espacio. En asociación con Planet, uno de los mayores operadores privados de satélites de observación terrestre, lanzará dos prototipos en 2027 equipados con chips TPU y enlaces láser de alta velocidad, destinados a probar la computación en el borde (edge computing) en la órbita.
    El objetivo final es crear una plataforma distribuida de procesamiento que aproveche una fuente de energía prácticamente inagotable y escale más allá de las limitaciones de la infraestructura terrestre. Las primeras pruebas incluyen medir la resistencia de los chips a la radiación espacial y validar sistemas de comunicación óptica entre satélites.
    ### Los límites físicos de la computación espacial
    Lanzar un nanosatélite ya representa un desafío. Construir y mantener un centro de datos en órbita es una tarea de otra magnitud. Cada kilogramo lanzado eleva los costos y exige componentes que soporten temperaturas extremas, impactos de micrometeoritos y años de exposición a radiación que puede afectar el funcionamiento de los chips.
    Además, los márgenes de error son mínimos. Lo que en tierra puede solucionarse con mantenimiento presencial, en el espacio requiere sistemas extremadamente confiables, pues cualquier intervención es complicada y excepcional.
    Gestionar la temperatura de los servidores orbitales supone un reto técnico y económico. Aunque el exterior frío del espacio podría facilitar la refrigeración, la ausencia de materia impide la disipación térmica por conducción o convección. Así, una ventaja teórica del cosmos se convierte en su principal cuello de botella operativo.
    Esto obliga a incorporar voluminosos sistemas de radiación térmica, que aumentan peso, complejidad y costos de lanzamiento. Gran parte de la infraestructura espacial termina dedicada a mantener el funcionamiento de los equipos, en lugar de procesar datos.
    Asimismo, la redundancia es clave para contrarrestar la degradación causada por la radiación y partículas energéticas. Por ello, el esfuerzo de ingeniería se centra más en garantizar la supervivencia del sistema que en maximizar su rendimiento.
    La creciente cantidad de satélites aumenta el riesgo de colisiones, generando fragmentos que pueden permanecer años en órbita. Expertos advierten que la proliferación espacial exige sistemas de seguimiento cada vez más sofisticados para mantener un entorno orbital gestionable.
    Una investigación de IEEE Spectrum concluye que operar una GPU en el espacio aún resulta varias veces más costoso que hacerlo en tierra. El ahorro energético no compensa por ahora los gastos de lanzamiento, blindaje, mantenimiento y reemplazo de hardware. La física continúa imponiendo condiciones difíciles de superar.
    Sin embargo, en ciertas aplicaciones específicas, el procesamiento orbital ofrece ventajas concretas, como en el análisis de imágenes satelitales, vigilancia espacial, detección temprana de amenazas y gestión del tráfico satelital. Procesar datos cerca de su origen reduce la necesidad de transmitir grandes volúmenes a la Tierra y mejora los tiempos de respuesta.
    Los centros de datos espaciales dejan de ser ciencia ficción, aunque tampoco constituyen una revolución inevitable. La tecnología existe, el interés empresarial crece y las inversiones aumentan, pero la diferencia entre la promesa de energía ilimitada y las limitaciones de la termodinámica sigue

  • La cámara secreta de Microsoft: entrar en ella puede llevar a la locura

    La cámara secreta de Microsoft: entrar en ella puede llevar a la locura

    La cámara secreta de Microsoft: entrar en ella puede llevar a la locura

    Hasta 2015, la cámara anecoica creada por los Laboratorios Orfield, un centro de arquitectura en Minnesota, Estados Unidos, ostentaba el récord mundial como el lugar más silencioso del mundo, al absorber el 95% de los sonidos. Ningún ser humano logró permanecer dentro por más de 45 minutos, ya que el silencio absoluto provoca trastornos mentales.

    El término «anecoica» significa «sin eco» y describe una habitación diseñada para eliminar cualquier reverberación. Está construida con paredes dobles de acero, pisos de malla y paneles de fibra de vidrio.
    El propósito de esta habitación es la experimentación. Desde Harley Davidson hasta la NASA utilizan este espacio para recolectar datos que mejoren sus productos y entrenar a astronautas. Incluso fabricantes de electrodomésticos, como lavadoras, emplean estas cámaras para diseñar modelos más silenciosos.
    Los Laboratorios Orfield y su fundador, Steven Orfield, aprovecharon también su cámara anecoica para desafiar a las personas a permanecer sentadas en completa oscuridad durante 45 minutos. Sin embargo, nadie logró siquiera acercarse a ese tiempo, ya que la privación sensorial extrema puede llevar a la locura.
    A pesar de lo que pueda parecer, esta cámara funciona casi como un instrumento de tortura. Los voluntarios que ingresaron reportan que, ante la ausencia de sonidos externos, comienzan a percibir ruidos internos del propio cuerpo: ruidos digestivos, latidos cardíacos, respiración y circulación sanguínea, además de el imperceptible crujido de huesos. El cerebro intenta localizar alguna fuente sonora, convirtiendo al propio cuerpo en el generador de todos los sonidos, lo que desestabiliza la mente y provoca una pérdida de equilibrio emocional y mental.
    Cada uno de estos sonidos, imperceptibles en la vida cotidiana, se vuelven aterradores. Por eso, ninguno pudo superar los 40 minutos sin manifestar síntomas de desorientación o locura. En la cámara es obligatorio estar sentado, ya que permanecer de pie puede causar mareos intensos y caídas en segundos.
    Desde 2015, Microsoft posee el récord mundial con una cámara anecoica que absorbe el 99.99% de los sonidos, ubicada en las profundidades del Edificio 87 en su sede de Redmond, Washington. Allí, los niveles de ruido alcanzan los -20.6 decibeles, acercándose al vacío acústico.
    Para contextualizar, un susurro humano tiene aproximadamente 30 decibeles, la respiración normal ronda los 10 decibeles, y el vacío sonoro se estima en -24 decibeles. La cámara de Orfield cuenta con niveles de -9.4 decibeles, mientras que la de Microsoft se acerca al límite físico del ruido.
    Esta cámara está protegida por seis capas de hormigón y acero, cada una de ellas con paredes de 30 centímetros de grosor, lo que aísla completamente cualquier sonido externo; incluso el despegue de un avión Jumbo apenas se percibiría como un susurro dentro de la cámara.
    En este ámbito, los ingenieros de Microsoft prueban altavoces para tabletas y portátiles, y optimizan llamadas de Skype para eliminar cualquier contaminación de ruido externo. No obstante, si una persona grita dentro de esta cámara, no se produce ningún sonido audible.
    La experiencia de estar en la cámara de Microsoft provoca inicialmente una sensación de relajación total. Sin embargo, con el paso del tiempo, el cerebro comienza a concentrarse y los oídos insisten en captar algún sonido, activándose los ruidos corporales y llevando gradualmente a un estado mental límite.
    Hundraj Gopal, científico especialista en habla y audición y diseñador principal de la cámara anecoica de Microsoft, describe la experiencia: “Cuando entras, sientes una sensación extraña y única, difícil de explicar. Para la mayoría, la ausencia de ruido resulta ensordecedora y genera una sensación de presión en los oídos o zumbidos. Los sonidos muy débiles se vuelven audibles debido al ambiente extraordinariamente silencioso. Al girar la cabeza, puedes oír cómo gira; tu respiración suena fuerte.”
    A diferencia de Microsoft, la cámara anecoica de Steven Orfield está abierta al público y recibe miles de visitantes de todo el mundo. Orfield construyó su cámara en un edificio histórico que albergaba el Studio 80, famoso por grabaciones de artistas como Bob Dylan, Prince y Cat Stevens.
    Esta cámara atiende también a diversos sectores industriales, probando desde desfibriladores y máquinas para apnea del sueño hasta válvulas cardíacas, auxiliares auditivos, electrodomésticos, partes de automóviles, computadoras y discos duros.
    Por su parte, el récord de permanencia en la cámara de Orfield no supera los 45 minutos, y la mayoría de las personas solicita salir poco después de ingresar. En comparación, el silencio extremo que ofrece la cámara de Microsoft la hace aún más implacable.
    El silencio absoluto puede resultar perturbador, pero existen sonidos esenciales para la vida: la lluvia, el viento, el flujo de un río, un saludo esperado o el paso de alguien querido. Si el silencio puede conducir a la locura, los sonidos pueden alcanzarse como camino hacia la felicidad.