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  • Dos muertes en pocos meses: la violencia pone bajo la lupa la seguridad y custodia penitenciaria

    Dos muertes en pocos meses: la violencia pone bajo la lupa la seguridad y custodia penitenciaria

    El homicidio ocurrido este martes en la Unidad Penal N.º 1 de Paraná no es un episodio aislado. En marzo, Martín Luciano Siegfried, de 26 años, también murió luego de sufrir múltiples heridas de arma blanca dentro del mismo establecimiento. Dos muertes en pocos meses vuelven a abrir interrogantes sobre la violencia intramuros, los controles penitenciarios y el deber de cuidado que tiene el Estado sobre las personas privadas de su libertad. La cárcel no puede convertirse en un territorio donde la violencia sea considerada inevitable. El Estado puede privar de libertad a una persona por orden judicial, pero no puede desentenderse de su vida, su integridad ni su seguridad mientras permanece bajo custodia.

    La muerte de Esteban Bernal, de 24 años, ocurrida luego de un enfrentamiento dentro de la Unidad Penal N.º 1 de Paraná, vuelve a poner bajo la lupa las condiciones de seguridad y convivencia dentro del principal establecimiento penitenciario de la capital entrerriana.
    Según los primeros elementos de la investigación, Bernal habría protagonizado una pelea con otro interno, identificado como Quiroga, de 25 años, luego de salir de la escuela que funciona dentro de la unidad. En medio del enfrentamiento, recibió una herida en el tórax provocada por un elemento punzante.
    El joven fue asistido inicialmente en el área de sanidad del establecimiento y posteriormente trasladado al Hospital San Martín, donde murió pese a los esfuerzos de los profesionales para reanimarlo.
    La Justicia deberá determinar qué originó la pelea, cómo se desarrolló el ataque y, especialmente, cuál fue el origen del elemento utilizado para provocar la herida mortal.
    Un antecedente ocurrido apenas meses atrás
    El caso Bernal adquiere una dimensión todavía más preocupante si se lo observa junto con otro homicidio ocurrido en la misma unidad penitenciaria durante marzo de este año. Justiciay crimen
    El 6 de marzo, Martín Luciano Siegfried, de 26 años, murió después de ser atacado con armas blancas dentro del pabellón N.º 6 de la Unidad Penal N.º 1. Inicialmente se informó que el episodio había ocurrido en el marco de una reyerta entre internos. Posteriormente, la investigación judicial avanzó sobre la hipótesis de un ataque dirigido y fueron imputados los hermanos Raúl Miguel Ángel y Luis Rafael Miño.
    De acuerdo con la información difundida durante la investigación, Siegfried recibió múltiples heridas provocadas con elementos cortopunzantes de fabricación casera, descriptos como chuzas o facas. La Fiscalía investigó además la posibilidad de que el ataque se hubiera producido mientras la víctima dormía.
    La familia de Siegfried cuestionó públicamente la primera versión de los hechos y reclamó el acceso a las cámaras de seguridad del establecimiento para conocer qué había ocurrido dentro del pabellón.
    La muerte también provocó una protesta de familiares y allegados frente a la Unidad Penal N.º 1, donde reclamaron explicaciones y el esclarecimiento del hecho.
    Dos homicidios, una misma pregunta La sucesión de ambos episodios obliga a formular una pregunta que excede la investigación penal de cada caso: ¿qué está ocurriendo dentro de la Unidad Penal N.º 1 para que dos personas privadas de su libertad hayan muerto violentamente en un período de apenas cinco meses? Justiciay crimen
    No se trata de anticipar responsabilidades ni de atribuir a funcionarios o agentes penitenciarios una conducta que todavía no haya sido determinada judicialmente.
    Pero sí corresponde señalar que la privación de la libertad coloca a las personas detenidas bajo una situación de especial dependencia respecto del Estado. El interno no puede abandonar el establecimiento, elegir dónde vivir, trasladarse por sus propios medios ni procurarse por sí mismo determinadas condiciones de seguridad.
    Por esa razón, el Estado no solamente tiene la obligación de ejecutar las penas conforme a la ley: también tiene un deber de guarda, custodia, vigilancia y protección de la integridad física de las personas que se encuentran bajo su responsabilidad.
    El origen de las armas, otro interrogante central
    En ambos episodios aparece, además, un elemento que merece especial atención: la presencia de armas blancas o elementos punzantes dentro de un establecimiento penitenciario.
    En el caso Siegfried, la investigación permitió secuestrar elementos cortopunzantes y avanzar sobre la hipótesis de armas de fabricación casera. En el nuevo homicidio, uno de los puntos que deberá esclarecerse es precisamente cómo llegó el elemento utilizado hasta el lugar del enfrentamiento.
    La pregunta resulta inevitable: ¿cómo ingresan, circulan o permanecen dentro de una cárcel elementos capaces de provocar una muerte?
    La respuesta no puede limitarse únicamente a identificar al interno que utilizó el arma. También debe permitir conocer si existieron fallas en los controles, deficiencias en las requisas, problemas de infraestructura, falta de personal o cualquier otra circunstancia que pudiera haber favorecido la circulación de estos elementos.
    La violencia carcelaria no puede naturalizarse Una cárcel es, por definición, un lugar de encierro y conflictividad. Allí conviven personas con diferentes historias, condenas, conflictos y niveles de peligrosidad.
    Pero esa realidad no puede llevar a naturalizar que una pelea, una disputa interna o un ataque termine con la muerte de una persona.
    Quien se encuentra privado de su libertad pierde su libertad ambulatoria como consecuencia de una decisión judicial, pero no pierde su derecho a la vida ni a la integridad física.
    Por el contrario, el encierro aumenta la responsabilidad estatal porque la persona queda sometida a un sistema de custodia que debe contar con mecanismos adecuados para prevenir, detectar y controlar situaciones de violencia. Diccionariosy enciclopedias
    Investigar no solamente quién mató, sino también por qué pudo ocurrir
    La investigación por la muerte de Bernal deberá determinar quién fue el autor de la agresión y cuál fue el motivo del enfrentamiento.
    Pero el análisis institucional debería ir un paso más allá.
    Será necesario determinar si existían antecedentes de conflictos entre los internos, si las autoridades habían recibido advertencias previas, qué controles se realizaron antes y después de la salida de la escuela, cómo se encontraba distribuido el personal penitenciario y qué protocolos se aplicaron ante el inicio de la pelea.
    También deberá establecerse cómo fue detectada la agresión, cuánto tiempo transcurrió hasta la intervención del personal, qué atención recibió inicialmente la víctima y si el traslado sanitario se produjo con la rapidez necesaria.
    Son preguntas que no buscan prejuzgar, sino establecer si el sistema de prevención y custodia funcionó como debía.
    Una responsabilidad que no termina con la investigación penal
    La Justicia deberá establecer las responsabilidades penales individuales que correspondan. Pero, paralelamente, las autoridades penitenciarias tienen la obligación institucional de revisar qué ocurrió y qué medidas pueden adoptarse para evitar que vuelva a suceder.
    Dos homicidios dentro de una misma unidad penitenciaria en pocos meses constituyen una señal que no debería ser ignorada.
    Porque detrás de cada expediente hay una persona que murió mientras se encontraba bajo custodia estatal y una familia que reclama respuestas.
    Por eso, además de encontrar al responsable directo de cada muerte, la sociedad tiene derecho a conocer si los mecanismos de prevención y control funcionaron, ¿qué falló si algo fallo? y qué medidas se adoptarán para que una nueva pelea dentro de la Unidad Penal N.º 1 no vuelva a terminar en otra muerte. Fuente Maxima

  • El fiscal Pollicita recibió el expediente de la herencia recibida por Manuel Adorni y pone la lupa en su veracidad

    El fiscal Pollicita recibió el expediente de la herencia recibida por Manuel Adorni y pone la lupa en su veracidad

    El fiscal Pollicita recibió el expediente de la herencia recibida por Manuel Adorni y pone la lupa en su veracidad

    El fiscal federal Gerardo Pollicita recibió el expediente completo de la sucesión del padre de Manuel Adorni, mientras se investiga a su hermano, el diputado bonaerense Francisco Adorni, por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa en sus declaraciones juradas. En este contexto, se comenzó a analizar si existe concordancia entre los valores declarados por el Jefe de Gabinete respecto a la herencia y la documentación oficial.

    Tras la presentación de la declaración jurada rectificada y la correspondiente al período fiscal 2025, que registra un patrimonio de 944 millones de pesos, la justicia federal centra su atención en el análisis de la herencia recibida por Manuel Adorni, que en su última declaración patrimonial consignó un monto de 73 millones de pesos.
    Un dato que ha llamado la atención es la variación en la declaración de la herencia: en la declaración del patrimonio 2024, Manuel Adorni consignó un valor de 10.211.200 pesos en el rubro herencia, al que un año después sumó poco más de 62 millones de pesos.
    El equipo fiscal que investiga al funcionario libertario por presunto enriquecimiento ilícito comenzó a revisar el expediente sucesorio de Jorge Adorni, padre del Jefe de Gabinete, fallecido en 2002. Para avanzar en el análisis de las cifras declaradas en las últimas declaraciones rectificadas, Pollicita solicitó las principales medidas adoptadas y “toda referencia no reservada vinculada con bienes de origen familiar, dinero en efectivo y sucesión de Jorge Adorni”, dado que su par Guillermo Marijuan también tiene bajo la lupa el caso.
    Las dudas respecto a la herencia declarada surgen del expediente sucesorio, que indica que Jorge Adorni falleció con una deuda de 23 mil dólares y un departamento hipotecado en La Plata. Se busca determinar cuándo se levantó la hipoteca y cómo fue declarado el valor del inmueble.
    Además, Manuel Adorni declaró que encontró en la vivienda paterna 200 mil dólares, monto que posteriormente volcó a inversiones en bitcoins, las cuales, con el tiempo, le permitieron declarar una tenencia de 513 mil dólares.
    El fiscal Pollicita analiza atentamente el expediente que posee su par de Comodoro Py, Guillermo Marijuan, quien investiga los bienes de Francisco Adorni. Uno de los interrogantes es si ambos hermanos declararon cifras coincidentes tras haber recibido la misma herencia. “¿Acaso el hermano del Jefe de Gabinete también encontró 200 mil dólares?”, planteó de manera retórica una fuente judicial.
    En una entrevista con LN+, Manuel Adorni comentó: “Mi primer dinero, por así decirlo, lo hice cuando fallece mi papá en 2002, que el dinero que me encontré, el que nos encontramos con mi hermano en el departamento (de La Plata)”. Estos dichos buscan ser corroborados por Pollicita, considerando que el padre dejó un inmueble hipotecado y una deuda en dólares.
    Parte de la documentación indica que el 1° de noviembre de 1996, Jorge Adorni obtuvo un préstamo de 22.500 dólares de Liliana Nora Brittannico y Esther Vecchiola de Brittannico. Según las acreedoras, sólo abonó las primeras nueve cuotas de intereses, quedando impagas las cuotas 10 y 11, así como la totalidad del capital.
    En 2002, las prestamistas iniciaron una demanda judicial reclamando el pago de la deuda y la ejecución de la garantía hipotecaria. Ese mismo año, Jorge Adorni falleció y la Justicia civil reconoció la existencia de la deuda, disponiendo el embargo del departamento. Sin embargo, el último impulso procesal registrado por las acreedoras o sus representantes data del 22 de agosto de 2006, tras lo cual cesaron las reclamaciones.
    Al justificar su patrimonio de 944 millones de pesos, Manuel Adorni declaró en el período fiscal anterior la tenencia de 513 mil dólares producto de la venta de activos, una inversión iniciada con los 200 mil dólares encontrados en la casa paterna. Esta cifra fue disminuyendo, y al finalizar el período fiscal 2024, declaró un saldo de 388.961,52 dólares, cifra que se redujo a 209.961 dólares en la última declaración jurada correspondiente al 31 de diciembre de 2025.
    La fiscalía se interroga sobre el destino de esos dólares y la documentación que respalde su aplicación, considerando que el origen de esos fondos en moneda extranjera está vinculado a la herencia paterna, cuyo análisis acaba de iniciarse.