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  • La tierra en manos extranjeras predomina en los márgenes del río Paraná – El Miércoles Digital

    La tierra en manos extranjeras predomina en los márgenes del río Paraná – El Miércoles Digital

    La tierra en manos extranjeras predomina en los márgenes del río Paraná – El Miércoles Digital

    Una investigación del Observatorio de Tierras da cuenta del crecimiento de los capitales privados extranjeros en el dominio inmueble en la Mesopotamia.
    En un informe al que accedió ERA Verde, se indicó que, mientras el Gobierno nacional y sus aliados busca aprobar en el Senado de la Nación el proyecto que denominaron “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada” que elimina –entre otros aspectos–, los límites a la compra de tierras rurales por parte de capitales extranjeros, los datos oficiales muestran que el proceso de extranjerización ya golpea con fuerza a un corredor estratégico del país: la cuenca del río Paraná. Entre Ríos, según los datos relevados, posee 247.000 hectáreas en manos de capitales foráneos en donde predominan los italianos, neerlandeses, españoles y franceses. Entre las actividades impera el uso por parte de “pools de siembra y los grandes actores financieros que hacen extractivismo con la agricultura”, apuntó un ex dirigente de la Federación Agraria Argentina.
     
    Misiones, Corrientes y Entre Ríos —las tres provincias que se despliegan a lo largo de ese río, desde la Triple Frontera hasta el Delta— concentran algunos de los departamentos más comprometidos del país en materia de propiedad extranjera de la tierra. Así lo afirma el quinto informe del Observatorio de Tierras, una organización de docentes e investigadores nucleados en torno al Programa Interdisciplinario de Historia Agraria de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del Mirador Interdisciplinario Latinoamericano de Políticas Agrarias. La agrupación de profesionales ve “con preocupación el problema de la concentración de tierras y su extranjerización”, por lo que se ha abocado a su estudio y concientización sobre la problemática.
     
    En este orden, en un trabajo elaborado por Pablo Volkind, Matías Oberlin Molina, Julieta Caggiano, Gabriela Elias, Micaela Medero Larrosa, Maia Sol Ilutovich y Thomás Artopoulos, dató la preocupación en estadísticas y reflexión sobre números de las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos.  Se trata, señalaron, de “un mismo corredor y un problema común de soberanía”.
     
    Sobre el análisis apuntaron que los datos exhiben “que la extranjerización de la tierra en la Mesopotamia argentina no se distribuye al azar: se concentra, con matices propios en cada provincia, sobre el corredor del río Paraná –una vía navegable estratégica, con acceso a mercados de exportación, recursos forestales e hídricos–. Si el proyecto que impulsa el Gobierno nacional avanza, nada impediría que ese proceso, que ya es intenso en departamentos como Iguazú, Ituzaingó, La Paz o Gualeguay, se profundice sin ningún techo legal y perdamos un recurso fundamental para nuestro desarrollo soberano”, alertaron.
     
    ENTRE RÍOS: UN MOSAICO DE CAPITALES EUROPEOS

    En lo que hace a la provincia de Entre Ríos, el estudio del Observatorio indicó que tiene un nivel de extranjerización del territorio menor a de las otras provincias, pero no por eso despreciable. Se trata de un 3,23%, unas 247.000 hectáreas. Allí el capital extranjero está repartido entre varias nacionalidades europeas y regionales: el uruguayo encabeza el ranking con más de 44.000 hectáreas, seguido por el italiano (40.700 hectáreas), el holandés (36.000 hectáreas), el español (34.600 hectáreas) y el francés (28.500 hectáreas).
     
    Los departamentos con mayor extranjerización son La Paz (8,76%) y Gualeguay (8,57%), ambos sobre la cuenca del Paraná, seguidos por Concordia (5,68%) y Federal (3,78%), sobre el río Uruguay. De los 17 departamentos entrerrianos, seis tienen frente sobre el río Paraná: La Paz, Diamante, Paraná (Capital), Victoria, Gualeguay e Islas del Ibicuy —esta última, además, en pleno Delta—, mientras que Concordia, Federación, Colón, Gualeguaychú, San Salvador y Villaguay dan al río Uruguay.
     
    El mapa de nacionalidades entrerriano también tiene su propia lógica territorial: en Concordia predomina el capital alemán (3.220 hectáreas sobre un total de 5.680), en Federal el italiano (más de 3.050 hectáreas sobre 3.780) y en La Paz y Gualeguay —los dos departamentos más extranjerizados— se reparten capitales holandeses, españoles y uruguayos, estos últimos históricamente vinculados a la compra de campos linderos con la frontera este de la provincia.
     
    Juan Echeverría, exdirigente de la Federación Agraria Argentina e integrante de Bases Federadas, oriundo de Hernandarias (Entre Ríos), describió el mecanismo de desplazamiento que ya opera en su zona: “Los pools de siembra y los grandes actores financieros que hacen extractivismo con la agricultura van desplazando al pequeño productor de los campos que tienen alquilados. Hoy se está pagando en mi zona seis quintales fijos por alquilar un campo por un año y ya aparecen pools locales ofreciendo diez quintales”.
     
    SIN LÍMITES
     
    Uno de los principales argumentos con los que el oficialismo defiende el proyecto es, precisamente, que la apertura sin límites a la compra extranjera elevaría el valor de la tierra, en beneficio de sus propietarios. Así lo planteó el senador nacional Joaquín Benegas Lynch (LLA Entre Ríos), para quien un campo que hoy vale 2.000 o 3.000 dólares la hectárea podría pasar a valer 6.000 o 7.000 si se elimina el tope a la demanda extranjera. La contracara de este argumento radica en que el aumento generalizado del precio de la tierra no es una buena noticia para quienes no tienen tierra propia, sino que la alquilan o dependen de ella para producir. Cuanto más sube el valor del campo, más suben también los alquileres y más difícil se vuelve competir con los capitales extranjeros y los grandes grupos locales concentrados que pueden pagar precios que ningún productor familiar puede igualar. Es exactamente la dinámica que describe Echeverría con los pools de siembra en Entre Ríos, y que en Misiones tiene un capítulo propio: la presión sobre los pequeños productores de yerba mate, ya golpeados por la desregulación del mercado yerbatero que impuso el gobierno de Milei, que ante campos cada vez más caros y una competencia que no pueden afrontar quedan en un lugar cada vez más débil frente al avance forestal de gran escala. Lo mismo ocurre con los pequeños campesinos de Corrientes y Entre Ríos donde terminan expulsando a quien no puede pagar el nuevo precio, mientras beneficia a quien ya concentra la escala suficiente para vender o para comprar más.
     
    LA SELVA, EL PARANÁ Y EL CAPITAL CHILENO

    Misiones es la provincia más extranjerizada de la región: el 11,29% de su territorio —más de 325.750 hectáreas— está en manos de capitales extranjeros. A diferencia de otras provincias, donde la propiedad extranjera se reparte entre varias nacionalidades, en Misiones existe un claro predominio del chileno que controla prácticamente ocho de cada diez hectáreas extranjerizadas de la provincia.
     
    Ese dato coincide con una empresa puntual: la firma forestal chilena Arauco, que a través de distintas sociedades vinculadas —entre ellas Alto Paraná S.A.— es propietaria de más de 240.000 hectáreas en Misiones, lo que la convierte en uno de los mayores propietarios privados de tierra del país. Su negocio son las plantaciones forestales de pino y eucalipto para la producción de celulosa, un modelo de monocultivo a gran escala que desplaza la producción diversificada y el arraigo de los pequeños productores misioneros.
     
    No es casual dónde se concentra esa presencia. Los siete departamentos misioneros que tienen frente sobre el río Paraná —Posadas (Capital), Candelaria, San Ignacio, Libertador General San Martín, Montecarlo, Eldorado e Iguazú— son, con la excepción de la propia Capital, los que exhiben los porcentajes de extranjerización más altos de toda la provincia: Iguazú encabeza el ranking con casi el 40% de su superficie rural en manos extranjeras (114.400 hectáreas), seguido por Montecarlo (18,4%), General San Martín (16,8%) y Eldorado (16,2%), los cuatro con fuerte presencia de capital chileno. El corredor forestal sobre el Paraná es, en los hechos, el corredor de la extranjerización misionera. Justamente el intendente de Puerto Libertad, ubicado en el departamento de Iguazú, afirmó que la localidad “es una prueba viva de que la extranjerización de la tierra trae complejidades para el desarrollo de los pueblos”. Al respecto, enfatizó que alrededor del 80% de las tierras útiles del municipio pertenecen a una sola empresa, situación que dificulta el crecimiento urbano y la planificación de nuevas obras. Una perspectiva similar comparten otros 20 intendentes de la provincia.
     
    Esta preocupación no es solo de un sector de la dirigencia política: un comunicado conjunto firmado por más de 30 organizaciones sociales, gremiales, productivas y políticas de Misiones —entre ellas APAM, la Federación Nacional Campesina, la CTA Autónoma, ATE, el MTE, la UTT, el MCL y varios partidos y frentes provinciales— rechazó públicamente el proyecto y aportó dos datos que confirman el diagnóstico: en la provincia, tres empresas concentran más del 20% de la tierra rural, y el 14% de las mejores tierras productivas misioneras ya pertenece a capitales extranjeros.
     
    El resto de los departamentos misioneros, aunque con porcentajes menores, también muestra el mismo patrón. General Belgrano (11,1%) y San Pedro (9%), ambos con fuerte presencia chilena y alemana, completan el podio detrás de los cuatro departamentos del corredor del Paraná. En contraste, San Ignacio (9%) y la propia Capital (6,4%) combinan capital chileno con una porción menor de otras procedencias.
     
    CORRIENTES: CAPITALES SOBRE EL ARROZ Y LA FORESTACIÓN

    En Corrientes, la extranjerización alcanza el 7,63% de la superficie provincial, unas 554.000 hectáreas. A diferencia de Misiones, aquí el capital extranjero está más diversificado: el estadounidense lidera con más de 122.000 hectáreas, seguido por el chileno (95.400 hectáreas), el holandés (72.000 hectáreas) y el luxemburgués (69.400 hectáreas). Este último dato merece un comentario aparte: Luxemburgo es uno de los llamados “paraísos fiscales”, un país de apenas 660.000 habitantes cuya legislación favorece la radicación de sociedades pantalla y vehículos de inversión con baja o nula tributación. Que casi 70.000 hectáreas correntinas figuren bajo titularidad “luxemburguesa” —concentradas en los departamentos arroceros de Goya (39.600 hectáreas), Esquina (23.800 hectáreas) y Curuzú Cuatiá (6.100 hectáreas)— no necesariamente identifica al verdadero dueño de esa tierra, sino a una estructura societaria diseñada, entre otras cosas, para dificultar ese rastreo.
     
    Los departamentos correntinos con mayor extranjerización son Ituzaingó, con casi el 34% de su superficie (93.850 hectáreas) en manos extranjeras —allí el capital holandés controla por sí solo más del 18% del departamento (50.550 hectáreas), y el estadounidense otro 8% (22.280 hectáreas)—, y Berón de Astrada, con un 32,7% (23.325 hectáreas), de fuerte presencia española. Les siguen Santo Tomé (14%), donde domina un fuerte bloque de capital chileno de 78.000 hectáreas —vinculado, igual que en Misiones, al negocio forestal—, Concepción (13,5%) y San Miguel (11,4%).
     
    El peso del capital estadounidense en Corrientes no es un dato menor: coincide con la expansión de la agricultura de gran escala orientada al arroz, un cultivo en el que grandes fondos de inversión con capitales de Estados Unidos vienen consolidando una posición dominante sobre miles de hectáreas en el centro-oeste de la provincia, en muchos casos sobre humedales y zonas cercanas al Iberá. El caso más marcado es Mercedes, donde el capital estadounidense por sí solo suma más de 47.500 hectáreas, seguido por Curuzú Cuatiá (16.300) y San Miguel (16.700).
     
    De los 24 departamentos correntinos, al menos ocho tienen frente sobre el río Paraná: Ituzaingó, Itatí, San Cosme, Capital, Empedrado, Bella Vista, Goya, Lavalle y Esquina. Varios de ellos —empezando por Ituzaingó, el más extranjerizado de la provincia— están directamente sobre la ribera del río.
     
    REGIONAL
     
    A su vez, el corredor del Paraná no se agota en estas tres provincias. Un poco más al sur, en Garay, departamento santafesino también ribereño, la extranjerización alcanza el 16% de su superficie, unas 61.629,59 hectáreas. De ese total, 58.220,84 hectáreas —prácticamente la totalidad— están en manos de capital estadounidense, un dato que confirma que el fenómeno excede a la Mesopotamia y se repite, con la misma lógica, a lo largo de toda la cuenca del río.
     
    Frente a este panorama, instituciones académicas y organizaciones sociales, gremiales, campesinas y ambientales de todo el país convocamos a movilizarnos el próximo 6 de agosto al Congreso Nacional, fecha en que el Senado tratará el proyecto. El objetivo es frenar en la calle lo que se discute en el recinto, y exigir a los legisladores que rechacen una iniciativa que, como muestran los datos de Misiones, Corrientes, Entre Ríos y también de Garay, ya viene entregando pedazo a pedazo el territorio nacional. La tierra y el territorio no se venden, se defienden.
     
    Fuente: Observatorio de Tierras
    Edición ERA Verde

     
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  • Guerra en Medio Oriente: las fuertes subas de precios del gasoil y de los fertilizantes impactan en los márgenes del campo

    Guerra en Medio Oriente: las fuertes subas de precios del gasoil y de los fertilizantes impactan en los márgenes del campo

    Guerra en Medio Oriente: las fuertes subas de precios del gasoil y de los fertilizantes impactan en los márgenes del campo

    El conflicto en Medio Oriente comenzó a tener efectos concretos sobre los costos del productor, principalmente a través del encarecimiento del gasoil y de los fertilizantes, de acuerdo con un análisis de la Sociedad Rural Argentina (SRA), que impactan tanto en la campaña en curso como en la planificación de la próxima siembra.Uno de los principales focos de tensión se ubica en el Estrecho de Ormuz, un nodo estratégico por donde circula aproximadamente el 25% del comercio mundial de petróleo. La reducción del tránsito marítimo en la zona elevó los riesgos logísticos y presionó al alza los precios internacionales de la energía. En las primeras semanas tras el inicio del conflicto, el barril de petróleo registró subas de entre 42% y 50%, marcando el pulso de un mercado altamente sensible a las disrupciones geopolíticas.Eel combustible representa cerca de un tercio del costo del transporte de cargas.Este movimiento tuvo un correlato inmediato en el mercado local de combustibles. En Argentina, el precio del gasoil grado 2 (el que se utiliza para las máquinas agrícolas) aumentó un 22% entre fines de febrero y la tercera semana de marzo, pasando de $1.775 a $2.166 por litro. Para el sector agropecuario, este incremento llega en un momento crítico: la cosecha gruesa, donde el combustible es un insumo central tanto para las labores como para el transporte de la producción.En este sentido, según el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la superficie cosechada de maíz alcanzó el 15% de las casi 8 millones de hectáreas sembradas, mientras que la de soja todavía queda la totalidad (17,6 millones de hectáreas) por trillar.A su vez, el impacto del gasoil también se canaliza a través de los costos logísticos. Continuando con el trabajo de la Sociedad Rural, el combustible representa cerca de un tercio del costo del transporte de cargas, por lo que una suba de esta magnitud se traduce en incrementos estimados de entre 6% y 7% en los fletes agrícolas. Además, el efecto no es uniforme en todo el país: cuanto mayor es la distancia a los puertos de exportación, mayor es el impacto sobre los costos por tonelada.En términos concretos, un establecimiento ubicado a 300 kilómetros de los puertos enfrenta un aumento del flete de unos 3 dólares por tonelada, mientras que en distancias de 800 kilómetros el incremento asciende a 4 dólares y puede llegar a 5 dólares por tonelada en zonas a 1.100 kilómetros. El encarecimiento del transporte también repercute en el precio que recibe el productor. En el caso de la soja, el costo del flete pasa de representar un 11% a un 12% del valor final en destinos cercanos, mientras que en cultivos como maíz y trigo —más dependientes del componente logístico— esa incidencia se ubica entre el 20% y el 22%, amplificando el impacto sobre los márgenes.Los costos de producción del trigo podrían incrementarse entre un 9,5% y un 11%, dependiendo de la distancia a puerto. El segundo gran canal de transmisión del shock internacional es el mercado de fertilizantes, particularmente los nitrogenados. La urea registró un aumento superior al 36% en el mercado internacional en apenas tres semanas. A nivel local, la suba fue aún mayor, alcanzando el 42%, con precios que pasaron de 530 a 750 dólares por tonelada.En este punto, un informe de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA) aporta contexto sobre la relevancia del insumo en el país. La importación de urea en Argentina promedia en los últimos cinco años unas 1,16 millones de toneladas, volumen que se complementa con una producción local cercana a 1,2 millones de toneladas, principalmente a cargo de Profertil. Esto evidencia que, si bien existe una base productiva doméstica, el mercado continúa fuertemente integrado al comercio internacional.Asimismo, CIAFA señala que la principal fuente de abastecimiento externo proviene de los países del Golfo Pérsico y Egipto (35% del total), regiones directamente afectadas por el actual conflicto. En los últimos años también ganó participación Nigeria, seguida por Argelia, mientras que Bolivia aparece como proveedor eventual. Esta concentración geográfica de la oferta explica la rápida reacción de los precios ante cualquier alteración en esa zona estratégica.La SRA explica que el comportamiento de la urea responde, en gran medida, al incremento del precio del gas, principal insumo en su producción, y a la sensibilidad del mercado ante restricciones logísticas. A esto se suman factores internos como la recomposición de precios, la disponibilidad del producto y los mayores costos de transporte.A diferencia de la urea, otros fertilizantes mostraron variaciones más moderadas: los fosfatados registraron subas marginales -4,6% en el caso del DAP y 1,5% en el MAP-, mientras que el potasio se mantuvo prácticamente sin cambios.vEn este contexto, los precios internacionales de los commodities tuvieron impactos dispares. En el caso de la soja, siguiendo con el informe de la SRA, no tuvo incrementos mientras que el valor del maíz fue de apenas 4%. Frente a este escenario, el Gobierno nacional avanzó con medidas para otorgar mayor flexibilidad en el uso de biocombustibles y así bajar la presión en los surtidores. A través de la Resolución 79/2026, se habilitó a las refinadoras a incorporar de manera voluntaria hasta un 15% de bioetanol en las naftas, sin modificar el corte obligatorio vigente ni imponer nuevas exigencias.En tanto, la normativa no introduce cambios en el régimen del biodiesel, ya que el gasoil ya contempla mezclas de hasta el 20%, lo que en los hechos ofrece un margen previo para amortiguar subas en este segmento.De cara al futuro, la SRA advierte que el impacto dependerá de la duración del conflicto. En el corto plazo, el principal efecto se concentra en el aumento del gasoil, que encarece las tareas de cosecha y el transporte de granos. Sin embargo, si el escenario se prolonga, el foco se trasladará progresivamente hacia los fertilizantes, afectando de manera más profunda la ecuación económica de la campaña fina 2026/27.Las estimaciones indican que, bajo las condiciones actuales, los costos de producción del trigo podrían incrementarse entre un 9,5% y un 11%, dependiendo de la distancia a puerto. En términos absolutos, esto implica un aumento de alrededor de 58 dólares por hectárea, explicado principalmente por la suba de la urea, que aportaría unos 39 dólares adicionales, y por el mayor costo del gasoil y los fletes, que sumarían otros 19 dólares.