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  • Un subcomisario se defendió de un robo a los tiros en La Matanza: mató a un menor con antecedentes y otro se suicidó tras ser herido

    Un subcomisario se defendió de un robo a los tiros en La Matanza: mató a un menor con antecedentes y otro se suicidó tras ser herido

    Un subcomisario se defendió de un robo a los tiros en La Matanza: mató a un menor con antecedentes y otro se suicidó tras ser herido

    La ola de violencia continúa sin pausa en La Matanza. Tras los homicidios de un policía y un remisero en episodios registrados en González Catán y Rafael Castillo, un nuevo intento de robo terminó con dos delincuentes muertos en La Tablada.

    El hecho ocurrió el jueves a las 7:10 en la calle Rincón al 4800, cuando el subcomisario Walter Pacheco, de 47 años, se encontraba en su camioneta Volkswagen Amarok, acompañado por su esposa y sus hijos, a quienes llevaba a la escuela. En ese momento, fueron sorprendidos por una banda de cuatro ladrones que se desplazaba en un Peugeot 208 con pedido de captura por robo.
    Tres de los asaltantes descendieron armados y se produjo un enfrentamiento en el que el subcomisario repelió el ataque con su pistola Bersa Thunder calibre 9 milímetros. Tobías Robles, de 16 años, recibió un disparo en el abdomen y falleció poco después en el Hospital Balestrini. Según fuentes de la investigación, Robles tenía antecedentes por un «homicidio en ocasión de robo» ocurrido el 26 de agosto de 2022, cuando fue víctima el docente Enrique Oscar Barderi, de 40 años, en San Justo.
    Otro de los delincuentes, Tobías Valdez, de 19 años, fue herido con un disparo en el pecho que salió por la espalda. Tras escapar corriendo, cámaras de seguridad lo registraron cuando se suicidó con un disparo en la boca utilizando una pistola Glock calibre 11.25. Según un investigador, “se vio malherido y, antes que morir a manos de un policía, decidió quitarse la vida”. Junto a su cuerpo se encontró la vaina servida y el arma cerca de su mano derecha. Valdez tenía antecedentes por “robo agravado”.
    Los otros dos integrantes de la banda lograron huir. La Policía encontró abandonado el Peugeot 208 en el barrio Villegas; el auto había sido robado el miércoles en Laferrere.
    El fiscal Adrián Arribas, de la UFI Temática Homicidios de La Matanza, lleva adelante la investigación y ordenó que la Policía Federal intervenga en las pericias, dado que Pacheco pertenece a la fuerza bonaerense. Hasta el momento, no se ha realizado ninguna acción contra el subcomisario, ya que se considera que actuó en legítima defensa.

    El lunes 1 de junio por la noche, el comisario Diego Fernando Ponce, de 46 años, fue asesinado en González Catán. Ponce esperaba a su hija en la calle Apipé al 5900 cuando fue atacado por motochorros que le dispararon dos veces y le robaron su arma reglamentaria. Horas más tarde, Alexis Emanuel Lobo, de 19 años, uno de los atacantes, fue detenido tras presentarse en el Hospital Paroissien con una herida de bala en el abdomen. Lobo tenía tobillera electrónica por un robo y esperaba juicio en su domicilio.

    El martes 2 de junio, a las 7 de la mañana, el remisero Lucas Ezequiel Olivera, de 39 años y chofer de Uber, fue asesinado en Rafael Castillo al ser asaltado cuando llegó a recoger a su pasajero, un agente del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). El hecho ocurrió en la calle Zinny al 3200. A pesar de estar herido de bala, Olivera logró conducir unos metros y pedir ayuda a su pasajero, quien tuvo que manejar para trasladarlo al centro de salud más próximo, donde falleció.

  • Los impactantes detalles de la muerte de Kevin Martínez en Chascomús: «Con la última piña me lo mató»

    Los impactantes detalles de la muerte de Kevin Martínez en Chascomús: «Con la última piña me lo mató»

    Los impactantes detalles de la muerte de Kevin Martínez en Chascomús: «Con la última piña me lo mató»

    Kevin Martínez, de 15 años y residente de Chascomús, dejó intacta en su habitación la mochila roja y negra del colegio, con los libros dentro, tal como la había dejado el martes 12 de mayo antes de salir a dar una vuelta en moto con un compañero. Sin embargo, nunca regresó.

    El adolescente fue atropellado en la esquina de Jacarandá y Quintana, en esa ciudad bonaerense situada a 130 kilómetros de la Capital Federal. Leandro Marzzellino, un vecino de la cuadra, inicialmente se acercó con la intención de asistirlo. No obstante, mientras Kevin yacía indefenso sobre una camilla médica en la calle, el hombre lo ahorcó, le puso la rodilla en el cuello y le propinó cinco golpes en la cabeza. “Con la última piña me lo mató”, relata Marcos Martínez, padre de Kevin.
    En un video se escucha a Kevin gritar desesperado pidiendo ayuda. Había chocado junto a su compañero de 17 años contra un Ford Ka conducido por María Antonella Saint Jean, de 25 años. Según vecinos, la moto circulaba a alta velocidad por Quintana y colisionó de costado contra el automóvil. El joven de 17 años manejaba la moto y Kevin iba como acompañante; ninguno llevaba casco. Tras el impacto, ambos fueron despedidos, y Kevin quedó consciente pero con una grave lesión en una pierna.
    En ese momento se acercó Marzzellino, quien vive en La Plata y estaba de visita en la casa de su madre, ubicada a pocos metros del accidente. Según el relato familiar, Leandro aplicó una violencia desmedida: le puso la rodilla en el cuello a Kevin para sujetarlo y le dijo “estás drogado”, comenzando luego a golpearlo repetidamente en la cabeza.
    La familia de Kevin exige justicia y sostiene que la agresión de Marzzellino influyó en el desenlace fatal. “Podría estar internado igual que el otro adolescente. A ese asesino lo crucé varias veces en la calle. Debería estar detenido por la causa penal que tiene en su contra”, señaló Marcos, quien trabajó durante años en el corralón Carosio junto a Fernando, hermano del agresor.
    Marcos agregó que “la Policía y los médicos lo agarraron de prepo, lo ataron, lo esposaron y, estando esposado, Leandro le puso la rodilla en el cuello. Kevin sufría de asma y gritaba porque no podía respirar. Ahí brutalmente le pegó como cinco o seis piñas. La médica nos dijo que tenía una marca que no era de un golpe”.
    Por su parte, Tatiana, hermana de Kevin, comentó que una policía sin uniforme le pedía la contraseña del teléfono mientras Kevin gritaba de dolor. “Los milicos le torcían los dedos para que dijera la contraseña. No tendrían que haberlo esposado y debían llevarlo de urgencia al hospital”, afirmó.
    El personal de la ambulancia decidió trasladar primero al otro adolescente, presuntamente en estado más grave. Este joven, de 17 años, está internado en estado grave, cuenta con antecedentes penales y la moto en la que circulaba tenía pedido de captura por robo desde el 9 de mayo. “La enfermera dejó a mi hijo, que era el menos grave, bien sentado en el cordón para cuando viniera la ambulancia. Pero después sucedió todo esto”, expresó Marcos con indignación.
    Finalmente, Kevin fue trasladado al hospital local y luego derivado al Sanatorio Franchin en Buenos Aires. Al llegar a Capital Federal, ya no respondía. “Llega inconsciente, casi muerto. Dejó de reaccionar después de la última piña de Marzzellino”, relató su padre. Los médicos indicaron que las máquinas lo mantenían con vida. “Nos llamaron y nos dijeron que el cerebro se había desprendido del tronco cerebral y el cuerpo se desconectó. Respiraba por asistencia mecánica. Le hicieron numerosas pruebas para ver si reaccionaba y no hubo respuesta”, añadió Marcos.
    Su familia no entiende cómo la Policía y el personal médico permitieron que Marzzellino se acercara al joven de 15 años. “Lo ahorcaron, lo mataron. Nos indigna muchísimo cómo la justicia dejó actuar a esta persona”, afirmó su padre.
    Romina y Marcos, padres de Kevin, habían decidido donar los órganos para ayudar a otras personas. “Con su cuerpo podíamos salvar otras vidas. Habíamos firmado el acta de consentimiento, pero cuando nos llegaron los mensajes y videos, decidimos cancelar todo”, concluyeron.
    Tatiana, hermana de Kevin, lo recuerda como “un niño, un bebé en el cuerpo de un adolescente bastante grande”. Practicaba boxeo con él, la única actividad que le interesaba. “Se la pasaba jugando con mis hermanos, molestaba a mis primos y tenía que distraerse con juguetitos para matar el aburrimiento”, contó.
    Kevin asistía diariamente a la escuela N° 3 de Chascomús y rara vez faltaba. Sin embargo, su familia reconoce que atravesaba una situación complicada por consumo de marihuana. “Era un chico muy difícil, luchábamos contra su consumo”, explicó Tatiana.
    En contraste, la familia de Marzzellino ofreció otra versión sobre lo ocurrido y la relación entre Leandro y Kevin. La madre del acusado afirmó que “cuatro veces me quiso robar ese chico”. Por su parte, el hermano de Leandro sostuvo que él reconoció a Kevin cuando acudió a ayudarlo y que existían conflictos previos en el barrio: “Kevin golpeaba el portón de la casa de mi mamá y la hostigaba junto

  • Empieza el juicio contra el colorista que mató a un peluquero en Recoleta por celos profesionales: «A Abel nadie lo quería»

    Empieza el juicio contra el colorista que mató a un peluquero en Recoleta por celos profesionales: «A Abel nadie lo quería»

    Empieza el juicio contra el colorista que mató a un peluquero en Recoleta por celos profesionales: «A Abel nadie lo quería»

    El colorista Luis Abel Guzmán (45) comenzará a ser juzgado este miércoles como autor del asesinato a sangre fría de Germán Medina (33), su compañero de trabajo en la peluquería Verdini de Recoleta, a quien le tenía celos, odio y resentimiento profesional.“A Ger no nos lo va a devolver nadie, es una realidad; es algo con lo que aprendimos a vivir, pero siempre lo recordamos y decíamos con la familia que lo más justo es que esta persona tenga cadena perpetua. A veces me hago la idea de que está de viaje, de que esté en otro lado. Lo de ahora, el juicio, es volver a caer en la realidad”, dice a Clarín Julio Mendoza, pareja de Medina.La madre, hermanas, sobrinas y su novio esperaron poco más de dos años desde aquel martes 20 de marzo de 2024 cuando Guzmán sacó un arma, amenazó a sus compañeros de trabajo y disparó sin escrúpulos a la cabeza de Medina, quien murió a pocos minutos después de ingresar al Hospital Fernández.“Quédense quietos porque le vuelo la cabeza a los cuatro”, había dicho ante la mirada de sus compañeros y de Facundo Verdini, dueño del lugar, quien minutos antes le había dicho que al día siguiente tenía que hablar con él por su situación laboral.Es que el colorista estaba utilizando formol, una sustancia prohibida por su alto nivel tóxico. Medina, quien sufría de rosácea y le producía problemas en la piel, era el único que lo enfrentaba, aunque sus compañeros le habían dicho a Verdini lo difícil que se había vuelto trabajar con acusado.La peluquería de Facundo Verdini, donde ocurrió el crimen de Medina. Foto Archivo / Cristina SilleSegún la elevación a juicio, a cargo del fiscal Patricio Lugones, Guzmán atacó directamente a Medina “con quien tenía particular encono personal por haberlo enfrentado por el uso indiscriminado de formol, situación que había sido expuesta ante el dueño del local».En su requerimiento de elevación a juicio, Lugones afirmó que “Guzmán premeditó su plan criminal con antelación y que ese día, concurrió al local con la única finalidad de quitarle la vida a Medina”.Guzmán, en el banquilloLos jueces del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 24 porteño serán los encargados desde este miércoles en juzgar a Guzmán, quien llega a juicio por los delitos de homicidio agravado y privación ilegal de la libertad, que prevé una pena de prisión perpetua.El colorista está detenido con prisión preventiva en el Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza.Las audiencias previstas son este miércoles y el próximo 29 de abril en la sede de los tribunales ubicada en Paraguay 1536, Recoleta.“Va a ser movilizante escuchar y ver todo de nuevo, es volver a pasar por todo lo mismo”, dice a Clarín Mendoza, pareja de Medina, quien fue el último en comunicarse antes del desenlace final.El emotivo posteo en Instagram del novio del colorista asesinado por un compañero de trabajo en una peluquería de Recoleta.La pareja intercambió unos mensajes minutos antes de las 20. Medina le dijo a Mendoza que después de terminar el horario laboral, se quedaría tomando unas cervezas con sus compañeros y luego iría a la casa de su madre, en Morón, a buscar ropa. Es que la pareja compartiría el siguiente viernes el primer estadio de River Plate de la cantante María Becerra.Las horas pasaban y Medina no respondía los mensajes de su novio. Él pensó que estaría jugando con sus sobrinas o hablando con su madre, pero pasadas las 23 de una noche lluviosa con alerta naranja le llegó un mensaje de una ex compañera de su novio que le avisaba que algo había pasado con él.“Lo único que sé es que está en el Hospital Fernández y que piden que vaya un familiar directo”, le dijo. Mendoza se puso nervioso. Los siguientes minutos fueron todo un caos hasta que su madre lo tranquilizó y le dijo que tenía que avisarle a la familia de su pareja.“Yo tuve que darle la noticia a la mamá de lo que pasó con su hijo, es una locura eso. Si ella no se levantaba a atender el teléfono y lo veía en la tele a la mañana siguiente, podría haberse muerto”, dice el joven, aún conmocionado.El viaje de Merlo hasta el Fernández “fue eterno”, recordó. Cuando llegaron se encontraron con la familia de Medina. No había nada que hacer, había muerto horas antes. Mendoza se quejó del frío trato y nula contención que recibieron en la comisaría de la zona.Abel Guzmán, el colorista que le disparó a un compañero de trabajoLa relación entre Guzmán y MedinaPara el juez Javier Sánchez Sarmiento, los celos, el odio y el resentimiento profesional fueron los principales motivos por los que cometió el crimen.Guzmán era el empleado con más antigüedad. Medina estuvo en la sucursal de Recoleta, luego lo pasaron a la de Parque Leloir, en Ituzaingó, pero por la gran cantidad de pedidos de clientas, regresó a trabajar en Recoleta.“A Abel nadie lo quería. Hablaba con las clientas para sacárselas a Germán. Lo invitaba a pelear a Germán. Dos semanas antes (del crimen) discutieron frente a clientas y lo amenazó con que lo iba a agarrar afuera”, recuerda Mendoza.El uso de formol en los trabajos que realizaba Guzmán, y el reclamo de Medina ante su jefe, fue la gota que rebalsó el vaso para que Verdini quisiera hablar con el colorista, quien sospechaba que lo iban a echar.La búsqueda del tiradorLuego de asesinar a Medina, Guzmán amenazó con matar a su jefe, quien logró esconderse en el baño del local. El homicida entonces salió de la peluquería y se dio a la fuga ante la mirada de los otros dos empleados.Abel Guzmán, el colorista detenido por el crimen del peluquero en Recoleta.Toda la secuencia quedó filmada en una cámara de seguridad interna. A las pocas horas era repetida como en loop en noticieros y redes sociales.La familia de Medina salía todas las noches a pegar carteles para poder dar con el asesino de su hijo, hermano, tío y pareja. Finalmente, luego de 70 días Guzmán fue detenido por la Policía de la Ciudad en Moreno.El recuerdo de su parejaMendoza tiene muy presente a Medina en su día a día. Solo con contar algunas situaciones que vivió en el último tiempo lo hizo sentir que recibió mensajes de su última pareja.“Siento la presencia en cada una de las cosas nuevas que hago. Le pido mucho, creo en su energía y cada decisión que tomo, le pregunto, y él me da señales. Siento la conexión con la música. Pasa una situación y suena un tema que escuchamos juntos y sé que está conmigo”, dice Mendoza.Una de las últimas conexiones que sintió fue en el recital de Bad Bunny, donde en la previa pasaron una canción llamada “Virgen”, del grupo de salsa venezolano Orquesta Adolescente, que ambos escuchaban.“Nadie la conocía (a la canción), ahí es cuando miro al cielo y veo un arcoíris. Estaba conmigo”, recuerda.Germán Medina, de 33 años, estaba enamorado y en pareja. Lo mató su compañero de trabajo, en la peluquería donde trabajaba.Mendoza es tajante al afirmar que Guzmán “arruinó no solamente una vida (la de Medina), sino un montón de vidas, de proyectos, de que pueda ver crecer a sus sobrinas, de compartir mates con su madre o su hermana”.“Desde el día uno le prometí que no iba a parar hasta tener justicia. Creo que hice la mitad de lo que hubiese hecho él si era al revés”, señala Mendoza.Por último, el joven asegura que el mejor recuerdo que tiene de su pareja es cuando viajaba y que “vivía todo rápido, ya, ahora, no daba vueltas”.“Si quería hacer algo, lo hacía. ‘Mañana Dios proveerá, decía. Era todo un sí, estaba para todos los amigos y familiares”, dice, mientras espera que haya Justicia y que Guzmán sea condenado a prisión perpetua.

  • Mató a uno de los invitados de su fiesta de cumpleaños y confesó el crimen en un video publicado en sus redes sociales

    Mató a uno de los invitados de su fiesta de cumpleaños y confesó el crimen en un video publicado en sus redes sociales

    Un joven que festejaba su cumpleaños en Chaco mató de un tiro a uno de sus invitados luego de una discusión y, tras el crimen, subió un video a sus redes sociales en el que intentó explicar lo ocurrido. Aunque reconoció ser el autor del disparo, dijo que actuó en defensa propia, luego de que la víctima le pegase «un puntazo». Este lunes por la mañana, el agresor se entregó a las autoridades y quedó detenido.Todo inició en la madrugada del domingo en una vivienda de la avenida Chaco al 3.200, en la ciudad de Resistencia en la que Damián Escalante (31) celebraba su cumpleaños. Según cuenta el joven en el video que subió a sus redes, durante el festejo vio que su madre mantenía una discusión con Jonatan «Guasón» Romero (30), a quien la mujer acusó de haberla «tocado». Fue ese el motivo por el que, inicialmente, decidió sacar por la fuerza a su invitado de la casa.Tras salir, ambos habrían mantenido un entredicho y comenzaron a forcejear. Escalante sostiene que en ese momento Romero le dio «un puntazo» y que por ese motivo le disparó con un arma que una persona -a quien no identifica- le alcanzó.Sin embargo, este lunes la pareja de la víctima dio otra versión de los hechos. Ante las cámaras de medios locales, la joven sostuvo que su pareja la había acompañado al baño y, cuando salió, era la madre de Escalante quien junto a otras dos mujeres estaban empujando a su esposo. Además, relató que tras retirarse de la vivienda los disparos comenzaron inmediatamente. «Le estaba disparando mientras mi marido corría entre los autos para cubrirse», afirmó.Tras el crimen, Escalante subió un video a sus redes, según sostuvo, «para explicar un poco» ante las versiones que aseguran que llegó a su casa «a los tiros». «Nunca en mi vida tiré tiros. Siempre lo manejé de perfil bajo», afirma.»Estoy acusado de un homicidio por la víctima de Guasón. Del fondo del alma le pido mil disculpas a la familia. Así como se terminó la vida de él, también se terminó la mía porque yo también tengo hijos», dijo además en el video Escalante y se lamenta: «Por solamente un segundo».»Él tuvo una discusión con mi mamá. Escuché una palabra que mi mamá decía que es un zarpado, que la quiso tocar. No sé qué hay de cierto en eso. En eso reaccioné. Reaccioné bien en el momento ese porque le intenté sacar afuera a él», explica Escalante.»Perdí la noción»Liego, agregó que fuera de su casa increpó a su invitado por haber intentado propasarse con su madre y que intentó «pegarle una piña». «Él viene corriendo. Yo en el portón me entro corriendo y me encaja un puntazo acá», dice mientras muestra uno de sus brazos ensangrentado.»En eso yo me pongo ciego. Me dan un arma. Yo en defensa propia actúo a disparar viendo la sangre y todo. La verdad que ahí perdí la noción. Fue solamente un segundo de un momento a otro. Estoy totalmente arrepentido», afirma.En las imágenes, Escalante afirmaba que se entregaría este lunes por la mañana, promesa que finalmente cumplió al presentarse junto a su abogada en la sede del Departamento de Investigaciones Complejas. Desde allí, lo trasladaron a Medicina Legal y, posteriormente, quedó a disposición de la Justicia. Su madre había sido detenida horas antes en el marco de la investigación por la misma causa.Mientras tanto, los investigadores siguen intentando localizar el arma homicida, que no fue encontrada en el lugar del suceso.Versiones cruzadas entre las parejas de los involucradosTras el crimen, Sofía Sandoval, la pareja y madre de los hijos del atacante y Jackeline Ortiz, la esposa de la víctima, relataron ante medios locales qué fue lo que ocurrió en la madrugada del domingo.Según sostuvo Sandoval, en diálogo con Diario Chaco, la víctima y la madre de Escalante «entraron a un lugar que toda la gente iba a hacer pis, sea hombre o mujer». «En ese transcurso sale la mamá diciendo ‘este se zarpó conmigo, es un atrevido’», sostuvo.Según afirmó la mujer, luego de que retirasen a Romero de la fiesta alguien le pasó a su pareja un arma «para asustar nomás». Sin embargo, relató que su invitado volvió «un cuchillo enorme» e intentó atacar a Escalante. «Él puso el brazo para que la puñalada no vaya al pecho. Fue ahí que se asustó tanto del dolor que gatilló, pero si no gatillaba la otra puñalada le iba al cuello», dijo.Sin embargo, en diálogo con Data Chaco, la pareja de Romero dio otra versión. Según afirmó la mujer, su esposo la acompañó al baño y en el camino se chocó con la madre de Escalante. Al salir, vio que entre la mamá de Escalante y otras chicas estaban empujando a su marido y que por ese motivo decidieron voluntariamente retirarse del lugar.Según el relato de Ortíz, una vez que ya estaban afuera de la casa vio salir a Damián Escalante y, casi de inmediato, comenzaron los disparos.»Le estaba disparando mientras mi marido corría entre los autos para cubrirse. Llegó a darle un tiro que lo tumbó y ahí le descargó todo», afirmó. La mujer relató además que en el lugar «todos estaban armados» y que el atacante «tenía dos armas».

  • «Me apuntó pero no llegó a gatillar»: el relato del portero que contuvo al adolescente que mató a otro en San Cristóbal

    «Me apuntó pero no llegó a gatillar»: el relato del portero que contuvo al adolescente que mató a otro en San Cristóbal

    «Me apuntó pero no llegó a gatillar»: el relato del portero que contuvo al adolescente que mató a otro en San Cristóbal

    En medio de la conmoción generada por la muerte de Ian Cabrera en San Cristóbal, Santa Fe, un empleado de la escuela Mariano Moreno dio detalles de cómo fue el momento en que logró contener al adolescente que desató la tragedia.»Me apuntó pero no llegó a gatillar», relató Fabio Barreto.El hombre, que cumple tareas de mantenimiento en el establecimiento educativo donde este lunes un alumno disparó y mató a otro en el patio, contó que todo comenzó cuando él estaba en la zona de ingreso y escuchó “dos explosiones pensando que por ahí habían tirado un cohete o bien habían reventado un globo».»La reacción fue encararlo y reducirlo para sacarle el arma, para que no siga haciendo desastre, porque apuntaba y tiraba a lo que sea. Después veo a los chicos salir corriendo, gritando y cuando me asomo a la puerta estaba el chico armado, disparando», describió en declaraciones a A24.En esas circunstancias fue cuando él también quedó bajo amenaza. «Me apuntó pero no llegó a gatillar. Pero lo encaré, lo puse boca abajo y después lo traje y lo senté frente a preceptoría hasta que llegó la policía”, precisó y aludió a las versiones que indican que el atacante “armó la escopeta dentro del baño y disparó ahí. “Se ve que le disparó al primero que cruzó”, evaluó.En tanto, Barreto señaló que, efectivamente, el arma utilizada fue una «escopeta de dos caños» y consideró que el el agresor «tenia agilidad para cargar porque apuntó y cargo rápido. «Sabía cómo manipular el arma. Lo único que me dijo fue ‘fui a cazar el fin de semana, pero no reaccionaba a nada, ni siquiera sabia que estaba en la escuela», declaró y remarcó que el adolescente no trató de resistirse cuándo lo redujo.»Estaba desorientado. No sabía lo que hizo. Ni siquiera sabía que mató a un nene. No sabía que había matado», manifestó en cuanto al estado en que estaba el atacante, de 15 años y de identidad reservadaEn ese escenario, el hombre se refirió al instante en que advirtió el que el cuerpo de Ian, el chico que murió como consecuencia del ataque, «estaba en el piso tirado frente a los baños». «Cuando yo lo reduje, ahí lo vi al chico que estaba en el piso inconsciente», expresó.En el episodio que terminó con la vida del adolescente de 13 años hubo otros dos heridos que fueron alcanzados por perdigones y están hospitalizados. Todo ocurrió alrededor de las 7.15 de este 30 de marzo, dentro de una patio interno de la escuela normal Mariano Moreno, cuando los alumnos iban a izar la bandera en el inicio de la jornada escolar.