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  • Carlo Sommacal, marido y padre de las buceadoras que murieron en las Maldivas: «Estoy harto de oír mentiras sobre la tragedia, mi esposa hizo 500 inmersiones con mi hija y nunca hubiera puesto en riesgo a nadie»

    Carlo Sommacal, marido y padre de las buceadoras que murieron en las Maldivas: «Estoy harto de oír mentiras sobre la tragedia, mi esposa hizo 500 inmersiones con mi hija y nunca hubiera puesto en riesgo a nadie»

    Carlo Sommacal, marido y padre de las buceadoras que murieron en las Maldivas: «Estoy harto de oír mentiras sobre la tragedia, mi esposa hizo 500 inmersiones con mi hija y nunca hubiera puesto en riesgo a nadie»

    Un grupo de cinco buzos expertos italianos murió en una cueva submarina del atolón de Vaavu, en las islas Maldivas. Hasta el momento, solo se ha recuperado el cuerpo de Gianluca Benedetti, capitán del yate en el que viajaban, mientras continúan las tareas de búsqueda de los demás cuerpos. Los familiares de las víctimas manifestaron su dolor y preocupación por las versiones confusas que circulan en los medios.

    Las autoridades identificaron a las víctimas como Monica Montefalcone, bióloga marina de 51 años; su hija Giorgia Sommacal, de 22; Muriel Oddenino, de 31; Federico Gualtieri, de 31, ambos alumnos de Montefalcone y recién graduados en biología marina y ecología; y el capitán Gianluca Benedetti, de 44 años.
    Los cinco viajaban a bordo del Duke of York, un yate equipado para buceadores que desean realizar varias inmersiones diarias. En total, había otras 20 personas en el barco, pero este grupo estaba allí para un proyecto de investigación científica sobre la conservación de los corales.
    Carlo Sommacal, esposo de Monica y padre de Giorgia, recibió la noticia de la desaparición de su esposa e hija el jueves por la tarde. Las autoridades maldivas le indicaron que no mantuviera expectativas de supervivencia, pero él permanece a la espera de novedades. En diálogo con el diario El Mundo, expresó su dolor y rechazó las versiones erróneas que circulan: “Estoy harto de oír mentiras sobre la tragedia que involucra a mi esposa y a mi hija”.
    “Cada vez que vibra mi teléfono, espero que sea Mónica, diciéndome que está sana y salva en algún atolón remoto con nuestra hija, que estuvieron atrapadas en una burbuja de aire o algo así; aunque me dijeron que ya no hay esperanzas de supervivencia, yo no me doy por vencido”, afirmó.
    Según informes preliminares, el cuerpo del capitán fue encontrado con el suministro de oxígeno vacío. Las autoridades sospechan que el grupo quedó atrapado en la cueva y falleció cuando se terminó el tanque. No obstante, Carlo descartó que su esposa haya incumplido las regulaciones de inmersión: “Jamás tomaría riesgos ni pondría en peligro a nuestra hija ni a nadie; todos los que estaban con ella tenían las certificaciones necesarias”.
    Carlo destacó que no se trataba de unas vacaciones, sino de una expedición científica. “Mónica estudiaba los corales, arrecifes y los efectos del cambio climático; recopilaba datos y los publicaba en revistas científicas. Las Maldivas eran su segunda casa, incluso nos casamos allí”, señaló.
    “La preparación de Mónica me mantiene con esperanza hasta el último momento. Es una de las mejores buceadoras del mundo, concienzuda, extremadamente bien preparada y meticulosa”, agregó.
    También rechazó versiones que indican que buceaban en mal tiempo: “Ella jamás habría aceptado ir si el clima no era favorable. Algo debió ocurrir ahí abajo, tal vez un problema con el oxígeno, pero espero que las autoridades me informen”.
    Respecto a los alumnos que acompañaban a Monica, aclaró que no mantenía una relación convencional profesor-alumno, sino una estrecha relación de cuidado. “Para ella eran como hijos. Haría cualquier cosa para salvar a alguien; no habría abandonado a nadie. En ese grupo existía una alianza muy fuerte”, afirmó.
    Carlo también habló sobre su hija Giorgia, a punto de graduarse en ingeniería biomédica. “Ayudaba a Mónica con la toma de muestras, era como su secretaria, y no era la primera vez que buceaba con ella. Hicieron más de 500 inmersiones juntas; vivían en simbiosis, Giorgia seguía los pasos de su madre”, relató.
    Recordó que Monica sobrevivió al tsunami de 2004 mientras estaban de luna de miel en Kenia. “Mónica y otros dos buceadores estaban sumergidos cuando pasó. Se aferraron unos a otros y emergieron rápidamente; solo tenían dos opciones: morir o arriesgarse a morir”, contó. “Aunque salir rápido a la superficie puede ser peligroso, Mónica sufrió microinfartos pulmonares, se recuperó y volvió a bucear. Esa es mi esposa”, añadió.
    La describió como “una sirena”, señalando que el agua era su verdadero medio. “Tenía 64 latidos en tierra y 48 bajo el agua. Nunca la vi entrar en pánico. El mar no era una pasión, era su vida”, aseguró.
    Además, Monica era madre de Matteo, hermano de Giorgia. Carlo expresó que su hijo sufrió mucho al escuchar reportes erróneos sobre el hallazgo del cuerpo de su madre: “Hablé con la embajada y el único cuerpo recuperado es el del capitán Gianluca; mañana continuarán la búsqueda”.
    “Perdí dos pilares de mi vida al mismo tiempo. Desde el jueves estoy sobreviviendo a base de cigarrillos y adrenalina. Sé que el colapso llegará, pero ahora intento no rendirme por mi hijo Matteo”, concluyó.
    Por otro lado, las autoridades confirmaron la muerte del sargento mayor Mohammed Mahdi, uno de los ocho buzos que participaban en la misión de recuperación, quien falleció durante el tercer día de operaciones en el atolón de Vaavu. En un comunicado, el ejército maldivo rindió homenaje a su valentía y sacrificio, expresando sus condolencias a su familia y compañeros.

  • “La salud de los enfermos”: el cuento de Julio Cortázar que lleva al teatro las mentiras de familia

    “La salud de los enfermos”: el cuento de Julio Cortázar que lleva al teatro las mentiras de familia

    “La salud de los enfermos”: el cuento de Julio Cortázar que lleva al teatro las mentiras de familia

    “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Esta frase inicial de “Ana Karenina”, la bellísima novela de Tolstói, impacta de lleno en la línea de flotación de cualquier vida a la deriva. Incluso de las que no lo están. Porque nada es más frágil y complejo que los lazos de la familia, que tanto han dado (y siguen dando) de sí a la literatura, el teatro, el cine, las artes en general.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Gentileza.La felicidad armoniosa en familia no existe. No hay estándares, porque no necesariamente una familia es feliz porque no tiene grandes conflictos o fluye, entre sus integrantes, una comunicación franca.Valga esta aproximación para hablar sobre el cuento de Julio Cortázar, “La salud de los enfermos”, un oxímoron del escritor para radiografiar los complejos vínculos de una familia que crea una farsa para preservar la salud precaria de la madre. El enredo, basado en mentiras que se superponen, termina enredando a los personajes al punto de que los límites entre ficción y realidad se difuminan.Secretos de familiaEl escritor Gabriel Bañez, autor de “Octubre amarillo”, una rara ficción sobre el caso Barreda (quien asesinó a toda su familia), decía que cada vez que un hombre muere, un secreto irresuelto se va con él.En la familia, los secretos se multiplican. En esa joya teatral creada por Claudio Tolcachir hace 20 años, La omisión de la familia Coleman (la historia de una familia disfuncional), su autor y director no se propuso una indagación sobre la familia, pero eso resultó. Tolcachir quería hablar de los vínculos y las dificultades de comunicación que existen entre las personas en un mismo ámbito. Sobre todo en ese “tubo de ensayo maravilloso que es la familia, donde uno puede mezclar a la gente y ver sus comportamientos”, según el propio Tolcachir.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Gentileza.La intención de Cortázar en “La salud de los enfermos”, tragicomedia que forma parte de su libro Todos los fuegos el fuego, publicado en 1966, fue la de regalarle a sus lectores ese artilugio narrativo mediante el cual, al borrarse la frontera entre la ficción y la realidad, es el lector quien elige con qué lado de la historia se queda. Es un recurso muy cortazariano.Claro que el cuento va mucho más allá. Porque nos habla de la manipulación de los vínculos en la familia, los secretos que se instalan y cuesta luego desmadejar, las mentiras disfrazadas de piedad, la zona de confort en la que algunos de sus integrantes prefieren quedarse, antes que asumir la verdad.Convertida en obra de teatro, con funciones los domingos a las 18 en el Teatro del Pueblo, con la dirección de Leandro Cóccaro y una puesta-instalación minimalista, la pieza se decanta por una dramaturgia más dramática que la propuesta de Cortázar, donde las pinceladas de humor sutil ayudan a sobrellevar una situación que de por sí es más trágica que cómica. A la madre se la engaña, pero la madre ¿también los engaña? ¿Acaso los manipula sin que los hijos se den cuenta?Teatro del PuebloAl llegar al teatro, previo al estreno de la obra, que se demoró media hora, hubo una entretenida invitación a los espectadores. En una mesa había estampillas, diapositivas y hojas para escribir cartas “para no enviar”.En un panel, el público dejaba luego sus cartas adheridas. Las instrucciones señalaban que “enviar una carta es, sin duda, una actividad que no requiere demasiadas explicaciones. Pero no enviar una carta cambia definitivamente el panorama”.En las indicaciones también se explicaba la modalidad lúdica: buscar el escritorio con cosas inútiles, tomar una diapositiva y observarla, con el paisaje en mente tomar una estampilla y pegarla en el papel carta. Luego, escribir un texto con lo que al espectador se le ocurriera.“Quizá en un futuro no tan lejano toda esta labor se transforme en un libro colectivo, anónimo e infinito”, finalizaba la invitación. La rareza en la mesa era una máquina de escribir como la que figura en el cuento de Cortázar.Protagonizada por Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchirori y Martha Sosa Quintana, la obra comienza con el accidente mortal de Alejandro, el hijo menor y preferido de “mamá”, que el resto de sus hijos decide ocultarle, dada la precariedad de su salud.Para sostener la farsa, los hijos —con la colaboración de la tía Clelia, que también se muere en la obra (y cuyo desenlace también estos ocultarán)— inventan un trabajo prometedor para Alejandro en Brasil y, a partir de allí, tejen una urdimbre de cartas ficcionales, escritas por otro desde el vecino país, que le leen a “mamá”. La madre le escribe, a su vez, al hijo.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Clarín.Hay pequeñas pistas que el narrador va dejando en el relato, y que la pieza teatral también recoge, que siembran preguntas para poner al espectador-lector en duda: ¿la madre sabe la verdad y se deja engañar porque niega una realidad que le resulta insostenible? ¿O ignora que Alejandro y Clelia han muerto? ¿Quiénes son los enfermos y quiénes los sanos en esta pieza?Mentiras y silenciosEs interesante el debate entre los personajes que se hartan de la mentira y quieren contarle a “mamá” toda la verdad y los que se niegan para no darle un disgusto que acabe con su vida, la que, en definitiva, se le irá por su precarizada salud. El narrador nunca dice de qué enfermedad se trata y todo conduce a pensar que, en definitiva, la madre morirá de verdad luego de haber aceptado las mentiras.Una dificultad que presenta la pieza teatral, que no se observa en el magnífico cuento de Cortázar, es que cada personaje habla en primera y en tercera persona. Interpretan, a la vez que narran su parte. Quienes no hayan leído el cuento tendrán dificultades para comprender ese doble rol de cada protagonista.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Clarín.No obstante eso, lo atractivo tanto del cuento como de la obra teatral es asomarse a lo que podríamos considerar la construcción de una novela familiar. Hábitos, rutinas, secretos, mentiras, verdades, son muchos los factores que amalgaman a las familias.Por rutinaria que sea la vida cotidiana familiar, cada familia podría escribir una novela de cuanto ocurre en su seno. Tanto para sostener los vínculos como para guardar secretos no solo hay que tener lucidez para mentir y no contradecirse, sino, sobre todo, una imaginación cuyas acciones resulten convincentes.Cortázar rinde también en “La salud de los enfermos” un homenaje a ese género que, desde otras latitudes, se considera bien argentino. Pero las mentiras familiares son siempre universales.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636).