Etiqueta: mirar

  • Elegir el celular ideal: qué mirar para encontrar el mejor equilibrio entre precio y rendimiento

    Elegir el celular ideal: qué mirar para encontrar el mejor equilibrio entre precio y rendimiento

    Elegir el celular ideal: qué mirar para encontrar el mejor equilibrio entre precio y rendimiento

    En un mercado saturado de ofertas, promesas de inteligencia artificial y especificaciones complejas, la diferencia entre una compra acertada y un gasto fallido suele residir en detalles que no se muestran en la publicidad.

    A continuación, se presentan los siete aspectos indispensables para elegir un teléfono celular en 2026 con buen criterio y lograr el mejor equilibrio entre precio, rendimiento y vida útil.
    Cualquier guía para seleccionar un smartphone suele comenzar por la cámara o la potencia, pero la decisión más acertada parte de comprender el uso que tendrá el equipo en los próximos años.
    La rápida evolución del sector dificulta aún más la elección: cada año surgen procesadores más potentes, sensores fotográficos más avanzados y nuevas funciones impulsadas por inteligencia artificial. Sin embargo, la experiencia de uso depende del equilibrio entre hardware, software, autonomía, almacenamiento y soporte a largo plazo.
    Antes de considerar marcas o modelos específicos, es importante atender estas siete variables decisivas: presupuesto, sistema operativo, actualizaciones, cámara, chip, espacio y autonomía. Entender cómo interactúan estos factores permite identificar qué dispositivo ofrece el mejor valor real y cuáles características marcan la diferencia.
    El error más común es comenzar por las especificaciones técnicas. La búsqueda debe iniciarse por el presupuesto, que actúa como filtro para ordenar las opciones y evitar desviarse hacia funciones avanzadas que exceden las necesidades reales. En muchos casos, la comparación se ve dominada por prestaciones premium que elevan el costo más allá de lo previsto.
    En la gama de entrada, con precios entre 300.000 y 500.000 pesos, predominan equipos orientados a tareas básicas como mensajería, videollamadas, navegación web y redes sociales. También son frecuentes en entornos corporativos, logística, atención al cliente o actividades donde la funcionalidad es prioritaria sobre el rendimiento pleno.
    La gama media es la más amplia y variada, con teléfonos que oscilan entre 600.000 y 1.200.000 pesos. Ofrecen pantallas de alta calidad, cámaras competitivas, baterías duraderas y procesadores solventes. Por encima de este rango, los modelos premium incorporan materiales sofisticados, innovaciones en hardware, inteligencia artificial avanzada y fotografía profesional, con precios que comienzan en 1.800.000 pesos.
    ### Sistema operativo
    La elección entre Android e iPhone influye más en la experiencia diaria que muchos detalles técnicos. Ambos ecosistemas brindan seguridad, estabilidad y acceso a las mismas aplicaciones, pero difieren en su filosofía. Apple prioriza una experiencia integrada, sencilla y controlada, mientras que Android apuesta por la variedad, la personalización y una mayor libertad de elección.
    Uno de los principales atractivos del iPhone es su capacidad de sincronización con otros dispositivos Apple, que permite compartir archivos, mensajes y tareas casi instantáneamente. Además, la estrecha coordinación entre hardware y software garantiza un rendimiento fluido durante años. Su principal limitación sigue siendo el precio: los modelos de entrada rondan los 700 dólares.
    Android ofrece un universo amplio de marcas, diseños, tamaños y precios imposibles de igualar. Se destaca por sus opciones de personalización, gestión flexible de archivos y rápida adopción de nuevas funciones. Sin embargo, esta libertad genera experiencias muy dispares, ya que el rendimiento, la calidad del software y las políticas de actualización varían según el fabricante.
    ### Actualizaciones
    Las actualizaciones son uno de los factores más subestimados. Un equipo sin soporte prolongado pierde compatibilidad con aplicaciones, disminuye su nivel de seguridad y envejece más rápido. Actualmente, conviene priorizar marcas que garanticen al menos cuatro años de actualizaciones del sistema y parches de seguridad.
    Apple ofrece habitualmente entre seis y ocho años de soporte en sus iPhone, mientras que Google y Samsung garantizan hasta siete años en muchos de sus modelos recientes. Esta cobertura prolongada mejora la seguridad, mantiene la compatibilidad con nuevas aplicaciones y extiende la vida útil del dispositivo.
    ### Cámara
    Más lentes no garantizan mejores fotografías. Un sistema equilibrado, con un módulo principal de calidad y un buen gran angular, suele ofrecer resultados superiores a configuraciones recargadas de múltiples cámaras. La diferencia está en factores menos evidentes, como la captación lumínica, la óptica y el procesamiento digital de cada imagen.
    Los megapíxeles dejaron de ser el único indicador de calidad. Un equipo con resolución moderada puede obtener mejores fotos que otro con cifras superiores si cuenta con mejor captación de luz y procesamiento avanzado. Los algoritmos impulsados por inteligencia artificial ganan protagonismo al optimizar color, detalle, contraste y rendimiento en escenas nocturnas.
    La cámara frontal también merece atención. Para videollamadas y creación de contenido en redes sociales, es recomendable priorizar sensores capaces de grabar en resolución 4K. En video, la estabilización óptica de imagen (OIS) marca una diferencia significativa al reducir vibraciones sin sacrificar calidad. Los sistemas digitales suelen recortar la imagen y tienen limitaciones en condiciones de baja luminosidad.
    ### Procesador
    El procesador regula la fluidez del sistema, la calidad fotográfica y la eficiencia energética. Sin embargo, la potencia extrema rara vez es necesaria para la mayoría de los usuarios. El objetivo es encontrar un chip equilibrado que combine buen rendimiento, autonomía y precio razonable.
    Entre las opciones destacadas se encuentran los Apple Silicon por su eficiencia y longevidad. En Android, las familias Snapdragon serie 7 y 8 mantienen una sólida reputación por su rendimiento y compatibilidad, mientras que MediaTek Dimensity crece gracias a su excelente relación costo-prestaciones. Los Exynos de Samsung completan la oferta con buena integración y conectividad.
    ### Almacenamiento
    Fotografías en alta resolución, videos 4K, aplicaciones avanzadas y contenidos generados por inteligencia artificial hacen del almacenamiento un recurso cada vez más

  • Otra crítica del macrismo a Milei: María Eugenia Vidal dijo que cuidar la economía no implica «mirar para otro lado»

    Otra crítica del macrismo a Milei: María Eugenia Vidal dijo que cuidar la economía no implica «mirar para otro lado»

    Otra crítica del macrismo a Milei: María Eugenia Vidal dijo que cuidar la economía no implica «mirar para otro lado»

    La dirigente del PRO y presidenta de la Fundación Pensar, María Eugenia Vidal, volvió a expresar las diferencias de su partido, fundado por Mauricio Macri, con el Gobierno de Javier Milei, en medio de versiones que apuntan a una posible candidatura del expresidente en 2027. Sus declaraciones se dieron tras una serie de críticas del PRO por la demora del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la presentación de su declaración jurada de bienes.

    En un extenso artículo publicado en redes sociales, Vidal cuestionó la postura de Milei de profundizar los ajustes y afirmó no creer que «cuidar la economía implique mirar para otro lado cuando hay familias que sienten que el esfuerzo no alcanza, comerciantes que no llegan, jubilados angustiados o jóvenes que sienten que, incluso haciendo todo bien, el futuro les queda lejísimo».
    Bajo el título «¿Para qué existe el PRO?», la exgobernadora citó a Mauricio Macri y sostuvo que el partido “no puede ponerle palos en la rueda al cambio, pero tampoco puede callarse”. Añadió que acompañar el rumbo económico “no significa hacer como si no viéramos el cansancio, la angustia o la incertidumbre que todavía existe en muchísimas familias”.
    Vidal explicó que “el peor error” que puede cometer un espacio político no es equivocarse, sino dejar de interpretar el momento histórico, ignorar lo que le pasa a la gente y aferrarse a respuestas antiguas para problemas nuevos. Recordó que el PRO nació “en medio de un cambio cultural enorme” y señaló que hoy “la tecnología vuelve a transformar todo”. Enfatizó que la población está “cansada, decepcionada y agotada emocionalmente después de tantos años de frustraciones” y que “aparece una demanda social mucho más extrema, más impaciente y más enojada”.
    Asimismo, la dirigente consideró que en Argentina no solo se debate un programa económico, sino “qué tipo de sociedad queremos ser”. Señaló que a menudo la discusión se plantea como una falsa dicotomía entre priorizar la estabilidad macroeconómica sin desarrollo inclusivo o una economía subsidiada a costa del largo plazo. “Creo que esa es una falsa elección, una simplificación peligrosa que la Argentina ya sufrió demasiadas veces”, afirmó.
    Vidal subrayó que no se debe elegir entre orden y sensibilidad, ni entre equilibrio fiscal y empatía. Reiteró que “cuidar la economía no implica mirar para otro lado cuando hay familias que sienten que el esfuerzo no alcanza”. Enfatizó que los cambios profundos no se sostienen solo con bronca y que después de romper inercia “hay que construir, y construir es infinitamente más difícil”.
    Agregó que acompañar el rumbo económico cuando se cree correcto “no significa dejar de mirar lo que pasa en la vida cotidiana” ni ignorar “el cansancio, la angustia o la incertidumbre que todavía existe en muchísimas familias”. Aclaró que señalar estas dificultades “no es traicionar el cambio”, sino tratar de que sea sostenible y que no rompa el vínculo entre la sociedad y la esperanza de un futuro mejor.
    Estas críticas se suman a las expresadas en días recientes por la legisladora porteña y vocera de Jorge Macri, Laura Alonso, quien sostuvo que “la sociedad espera que el jefe de Gabinete dé explicaciones en la Justicia” en relación con la demora en presentar su declaración jurada de bienes. En la misma línea, Jorge Macri afirmó que “es bueno que las dudas se despejen”.
    El PRO ya había expresado esta postura en un comunicado del 10 de mayo, en el que advirtió que “acompañar el cambio no es aplaudir todo, mucho menos aplaudir lo que está mal”. El diputado Fernando de Andreis había calificado a Adorni como “un obstáculo para la Argentina que viene llevando a cabo el presidente Milei”. Patricia Bullrich, exreferente del espacio, también resaltó la importancia de que el jefe de Gabinete presente su declaración jurada, afirmando que la rapidez en aclararlo es fundamental para el país y para el proyecto.
    Además, De Andreis declaró que “lo mejor para la Argentina sería que Macri fuera el próximo presidente”, instalando la posibilidad de una candidatura del expresidente. Al respecto, Milei respondió que “nos tenemos que dedicar a gobernar” y que la reelección dependerá de hacer un buen gobierno, evitando confrontaciones públicas con Macri. La relación entre ambos se deterioró tras una cena en Olivos a principios de noviembre, cuando Macri objetó la designación de Adorni como jefe de Gabinete en reemplazo de Guillermo Francos.

  • El viaje introspectivo de un gran editor: del diagnóstico al arte de mirar y leer, siempre leer

    El viaje introspectivo de un gran editor: del diagnóstico al arte de mirar y leer, siempre leer

    El viaje introspectivo de un gran editor: del diagnóstico al arte de mirar y leer, siempre leer

    Medrano, Lezica, Acuña de Figueroa, Gianantonio (ex Peluffo) conforman una imaginaria y mítica manzana de Almagro donde el editor Fernando Fagnani ha paseado y pasea con ojos más que curiosos. La suya es una mirada analítica, casi detectivesca, también romántica y hasta crítica. Sus sentidos arman un recorrido, construyen y reconstruyen caminos y atajos por los que anduvo un niño, un adolescente inquieto, un hombre que se fue construyendo hasta llegar al adulto que enfrenta una enfermedad y se vuelve un paciente que también es una reflexión andante.Fernando Fagnani es editor de Edhasa.
    Foto: Juano Tesone El autor cuenta en el libro Ventana magnética (Edhasa) lo que pasó siendo alguien que, a través del hostil mundo de la medicina, descubre y soporta la presencia de un tumor. Esa invasión corporal llamada cáncer. En ese laberinto entró y de allí salió como solo se puede salir de ese encierro: por arriba.“Siempre fui de caminar mucho, pero no de la manera en que lo hacía en ese momento, más como una mirada de cartógrafo, siempre miré así los edificios, la arquitectura”. Fagnani es un editor experimentado que hoy dirige Edhasa, casa que publica libros fundamentales de autores necesarios para entender el mundo y viajar a través de sus ficciones, muchas de ellas notables.Desde que se enteró de que tenía un pasajero indeseado, un okupa agresivo cambió su percepción: el mundo le ofreció oportunidades para mirar y también para incomodar. “Tenía mucha necesidad de mirar afuera, hacia el fondo. No solo físicamente, sino mentalmente. Para mí, mirar es como leer”. Después de escuchar el diagnóstico que lo señalaba como enfermo de cáncer, Fagnani comenzó un derrotero por consultorios, clínicas y centros de estudios. También ellos se volvieron objeto de su mirada analítica.Fagnani es un editor profesional, uno de los grandes que dejan huella en dos siglos. Sabe lo que significa leer entodos los sentidos posibles. “Leés en diagonal y a veces con mucha intensidad y en ese momento, en esos meses yo leía con mucha intensidad. Estuve y estoy todo el tiempo buscando algún sentido a las cosas”, dice Fagnani una de las útlimas tardes de verano en una oficina donde la madera ocupa la mayor parte del entorno y donde las cúpulas de la ciudad se meten elegantemente por las ventanas. Un matiz importante: habla en pasado del tiempo que convivió con un tumor, un cáncer al que logró aislar y ahuyentar.–¿Por qué decís en tu libro afirmás que el cáncer es “narrativamente mísero”?–Porque está saturado de protocolos y tiene muy poca potencia metafórica. A diferencia del sida o la tuberculosis, que generaron imaginarios fuertes, el cáncer es más difícil de narrar. Es, en realidad, un conjunto de enfermedades distintas, con tratamientos distintos. Y además está asociado a la quietud: la quimioterapia, la espera, el cuerpo inmóvil. Si lo comparo con el sida, que tiene una carga simbólica potente –la idea del virus atacando el sistema inmunológico, casi de ciencia ficción–, el cáncer resulta más opaco. Incluso en la ficción aparece menos. Hay melodramas, sí, pero cuesta encontrar relatos que lo vuelvan narrativamente fértil.Foucault entre los autores que leyó Fagnani.
    AFP PHOTO MICHELE BANCILHON –En tu libro aparece mucho la lectura como experiencia cambiante. ¿Cuánto cambiaron tus gustos a lo largo de los años?–No cambian tanto los gustos como las necesidades. Leo de manera anárquica: ensayo, historia, novelas, según el momento. Cuando viajo elijo libros para llevar y termino leyendo otros que aparecen en el camino. Me interesa ese desvío, ese encuentro inesperado. Leo a Michel Foucault, a W. G. Sebald, a Claudio Magris sin pensar demasiado en las fronteras entre ficción y ensayo. Me gusta que un libro me lleve a un lugar que no había previsto.–Hablás de la lectura como experiencia cambiante. ¿Se modificaron tus gustos en este último tiempo?–No cambian tanto los gustos como las necesidades. Leo de manera anárquica: ensayo, historia, novelas, según el momento. En los viajes me pasa algo curioso: llevo libros y termino leyendo otros. Me interesa ese desvío, ese encuentro inesperado. Leo a Michel Foucault, a W. G. Sebald, a Claudio Magris sin pensar demasiado en las fronteras entre ficción y ensayo. Me gusta que un libro me lleve a un lugar que no había previsto.Susan Sontag, autora de La enfermedad y sus metáforas.
    Foto: Jens-Ulrich Koch / AFP–Tuviste un reencuentro crítico con Susan Sontag. ¿Qué pasó?–La leí de joven y me deslumbró. Tiene una capacidad de convicción enorme. Pero al releer La enfermedad y sus metáforas encontré problemas. Me resultó forzada la comparación entre tuberculosis y cáncer y su rechazo al lenguaje militar. Las metáforas bélicas atraviesan toda la cultura, más aún en siglos donde la guerra era cotidiana. Además, Sontag usa personajes literarios para hablar de la tuberculosis y casos reales para el cáncer, algo que contradice su propia crítica. Y cuando cuenta su experiencia personal –en El sida y sus metáforas– aparece una épica: médicos que la desahucian, viajes, la curación. Esa narrativa es, en sí misma, profundamente “militar”. Me sorprende que no haya integrado esa dimensión en su reflexión inicial. No por obligación autobiográfica, sino por coherencia intelectual.–Caminando por Almagro te encontraste con un hotel misterioso que te hizo viajar en el tiempo… En tu familia los hoteles están ligados a la felicidad. ¿A vos qué te generan?–Para mí son un paréntesis incómodo. Los asocio más al trabajo y a cierta ansiedad que al descanso. Llego, todo está perfecto, pero si no tengo algo que hacer, me quiero ir. No es un espacio en el que me sienta propio. En cambio, para mi padre y mi abuelo eran lugares de libertad. Mi abuelo, viajante, repetía hoteles y rutinas: ahí encontraba una familiaridad casi doméstica. Mi padre, que vino de Zárate a Buenos Aires, también los vivía como emancipación.–Después de atravesar una enfermedad, ¿qué empezaste a ver en los hospitales?–Me obsesioné con su arquitectura. Son espacios decisivos: ahí se juega la vida y la muerte, pero casi no hay reflexión sobre su dimensión simbólica. Cuando me atendí en el Instituto Fleming empecé a observar todo: colores, luces, materiales. Nada es casual. Hay magentas, amarillos, luces giratorias, decisiones que buscan intervenir en el ánimo del paciente. Incluso las camas: originalmente eran de madera, para evitar la frialdad del metal.Arquitectura pálida de las instituciones médicas.
    Foto: Luciano Thieberger
    –¿Qué conclusión sacaste de esa observación?–Que hay dos espacios donde todo debería estar pensado al detalle: la escuela y el hospital. Uno forma, el otro te enfrenta a un límite. Antes ese límite estaba en la iglesia; hoy está en el hospital. Por eso, humanizarlos es clave. Y el arte cumple un papel central: introduce sentido, rompe la lógica puramente funcional. Aunque, como me pasó de chico en una escuela museo, a veces uno convive con ese arte sin siquiera advertirlo. Pero está ahí, operando.–Decías que el arte puede humanizar los hospitales. ¿Cómo lo viste en la práctica?–Es muy evidente. En el Instituto Fleming hay muchos cuadros: óleos, acrílicos. Levantás la cabeza y ves una imagen; después, un médico de guardapolvo blanco. Esa escena no es lo mismo que una pared blanca. El arte introduce otra atmósfera, una pausa. Incluso las luces –esas que parecen de discoteca– funcionan como un elemento extraño que rompe la lógica hospitalaria. Todo eso humaniza.Fernando Fagnani: escritor, editor y obsesivo de los detalles y las formas.
    Foto: Fernando Fagnani
    Foto: Juano Tesone
    –¿Cuánto te cambió atravesar la enfermedad?–Me cambió la percepción del tiempo, que es decir todo. No es que antes creyera que era inmortal, pero la finitud estaba afuera. Ahora está adentro. Y eso reordena todo, aunque no siempre pueda precisar cómo. La muerte deja de ser una abstracción: entra en la vida cotidiana, en los otros. Porque aunque a vos te vaya bien, ves que a otros con lo mismo no. Para el paciente, sin embargo, hay momentos en que eso queda en segundo plano: el tratamiento absorbe todo, y cuando no, tratás de pensar en otra cosa.–En el libro aparecen sueños muy intensos. ¿Qué lugar ocuparon?–Siempre soñé mucho, pero en ese período los sueños eran más opacos, más difíciles de interpretar. Me impactaban, pero no podía leerlos. Era raro: de noche aparecían escenas cargadas de sentido y, sin embargo, ininteligibles. Como si la experiencia excediera cualquier traducción.Ventana magnética.
    Fernando Fagnani.
    Editorial Edhasa–A eso se sumó la muerte de tu padre.–Sí, y fue todo muy confuso. Ocurrió justo después de mi primera quimioterapia. No sabía si tenía que pensar en mí, en él, hacer un duelo u otro. Todo se superponía. Durante el día podía sostener cierta normalidad, trabajar, distraerme. Pero la noche era más difícil. Ahí todo volvía.–Bien. Físicamente, con controles cada tres meses. Los días previos a cada estudio son más inquietos, pero después me olvido. Mentalmente, más tranquilo. También con una sensación nueva: la de no ser imprescindible. No en un sentido negativo, sino como una forma de alivio.–Elegís decir “tumor” y no “cáncer”. ¿Por qué?–Porque “tumor” sugiere algo acotado, encapsulado. “Cáncer” tiene un peso distinto, remite a la diseminación. Incluso en las recetas médicas, leer la palabra “cáncer” era un golpe. Decir “tuve un tumor” me resulta más manejable. Y hablo en pasado: objetivamente hoy no está. Transité este momento de manera bastante silenciosa. Hay gente que necesita hablar, compartir; a mí no me pasó eso. También porque el malestar es difícil de narrar una vez que pasa. Como el dolor: en el momento es absoluto, después se vuelve difuso. Creo que, si uno quisiera escribirlo, tendría que ser desde otro registro, no realista. Un diario más libre, incluso delirante, que capture no solo lo físico sino la imaginación que se activa alrededor del cuerpo.Fernando Fagnani
    Foto: Juano Tesone–¿Hubo momentos de incertidumbre fuerte?–Sí. Cuando el médico me dijo que, si el tratamiento no funcionaba, habría que probar otra cosa. Ahí aparece la posibilidad del fracaso. Es una “crudeza empática”: te dicen la verdad sin crueldad innecesaria, pero sin suavizarla. Y eso te enfrenta a algo que preferirías no pensar, pero que está ahí.