Natalidad en barrios populares y villas: el índice que cambió en los últimos años y repite un fenómeno que ocurre en el resto de la Ciudad
En menos de 20 años las villas, barrios populares y asentamientos de la Ciudad de Buenos Aires manifestaron un cambio profundo en su conformación demográfica. Así lo muestran las estadísticas relevadas en base a los últimos tres Censos Nacionales: 2001, 2010, 2022. Menos chicos y chicas, más población adulta, feminización, más porteños que inmigrantes y hogares con menos integrantes, entre otros datos.Siguiendo la tendencia actual de todo el territorio porteño, también en los BaPIs (Barrios Populares Informales, tipo villas y micro informalidades, tal como los identifica el estudio) la baja en la natalidad deja su rastro: la distribución porcentual de menores de edad -de entre 0 y 14 años- bajó de manera sostenida, del 36,8 % en 2001, al 31,8 % en 2010, hasta llegar al 27,8 % en 2022.A la inversa, se triplicó el porcentaje de adultos mayores (+ 65 años): del 1,6 % en 2001, al 2,3 % en 2010, hasta llegar al 4,5 % en 2022. Otro dato que es tendencia también en el resto de la Ciudad, la jurisdicción más envejecida del país: un 23 % de la población es mayor de 60 años (16,24 % a nivel nacional).El análisis fue llevado a cabo por el Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad (IDECBA), en base a los datos relevados de los últimos tres Censos Nacionales (INDEC). Se trata del primero de una serie de informes vinculados al estudio de la evolución de indicadores demográficos y sociales en los barrios populares. Otro dato que viene a mostrar una cara poco conocida, muchas veces teñida de prejuicio, tiene que ver con el origen de la población en los barrios que fueron relevados: el 51,4 % de las personas que los habitan son porteños. En 2001 representaban el 34,3 % y en 2010 el 37,7 %.La ex Ciudad Deportiva de La Boca; detrás, el macizo histórico del Barrio Rodrigo Bueno y las nuevas viviendas. Puerto Madero, julio de 2021. Foto Rafael Mario QuinterosActualmente, las personas nacidas en Paraguay representan el 15,9 % de los habitantes migrantes; le siguen las nacidas en Bolivia (12,2 %) y en Perú (5,9 %). Estas son cifras promedio de los barrios; sin embargo existen comunidades que se concentran en algunos asentamientos en particular.Por ejemplo en la Rodrigo Bueno, en el Playón de Chacarita y Barrio Pirelli (Grupo 2, tal como los identifica el estudio de IDECBA), el 27,7% de los habitantes son peruanos, un porcentaje que supera ampliamente al resto de los barrios.Rafael Rofman es un reconocido demógrafo (durante casi 20 años fue el especialista líder en desarrollo humano del Banco Mundial, actual investigador principal de Cippec) y economista. En charla con Clarín se muestra interesado sobre todo en tres datos que aporta el estudio: lugar de nacimiento, la reducción en el tamaño de los hogares y la mejora en la calidad de la vivienda. Barrio Padre Mugica: las viviendas a las que se mudaron los vecinos del Bajo Autopista. Marzo de 2022. Foto Luciano Thieberger.»El cambio más importante es el del lugar de nacimiento. En 2001 la mayoría eran jóvenes -inmigrantes recientes de otras provincias o países limítrofes- pero desde entonces tuvieron sus familias y envejecieron aquí. Mientras que la migración reciente parece ser mucho menor», entiende Rofman.A su vez, como ocurre en todo el territorio porteño, la fecundidad alcanzó en 2023 el punto más bajo en su historia, porque nacen 1,09 hijos/as por mujer (en 2006 esta cifra era de 1,86 hijos/as por mujer). Incluso en el segmento de 15 a 19 es donde se registraron los mayores cambios, sin distinción de comunas. De norte a sur. La 8 (Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano) pasó de 41,5 hijos/as cada 1.000 adolescentes a 6,0 comparando dos trienios, 2006/2008 y 2021/2023. Mientras que la Comuna 2 (Recoleta) pasó de 4,4 hijos/as cada 1.000 adolescentes a 1,1 comparando ambos trienios.Esto también explica la reducción en el tamaño de los hogares: «En 2001 eran hogares jóvenes, con hijos chicos y ahora en muchos casos esos hijos crecieron y tienen su propia vida, con lo que hay menos densidad (hogares mas chicos) y también menos hacinamiento».»Lo ultimo que me resulta llamativo es la mejora en la calidad de la vivienda. Se ve en todos los indicadores. El porcentaje de hogares con calidad adecuada paso del 16,4% al 41% en 20 años», analiza Rofman. El uso de garrafas -si bien sigue siendo una situación extendida- disminuyó casi un 10 puntos porcentuales entre 2001 y 2022. Mientras que aumentaron la construcción de departamentos (de 5,1% en 2001 a 17,2% en 2022), al tiempo que descendió la cantidad de viviendas precarias (del 28,2% a 10,9% en el mismo período).“La integración socio-urbana no es un discurso, es un resultado medible: el acceso a cloacas pasó a más del 94% y las viviendas precarias se redujeron fuertemente. Cuando el Estado interviene con urbanización, los indicadores mejoran”, aporta Juan Maquieyra, actual director ejecutivo de Techo Argentina (la ONG tiene presencia en 18 paises), y ex presidente del IVC porteño. Y agrega: “El crecimiento de los barrios populares fue mucho más fuerte entre 2001 y 2010 que en el período posterior. Eso también refleja que las políticas de integración y urbanización empiezan a ordenar el crecimiento y evitar la expansión descontrolada”.La vivienda nueva en Barrio Rodrigo Bueno. Al fondo de la imagen, el barrio histórico. Foto Constanza NiscovolosObras ¿si o no? La mirada del gobierno actual se encuentra en las antípodas de la intervención estatal. En pleno operativo de «ordenamiento», de control en el espacio público y de las habilitaciones en locales comerciales, el jefe de gobierno, Jorge Macri, dejó en claro su postura. Entre otras cosas, dijo que no se construirán «viviendas nuevas y regaladas» en las villas porteñas. Y consideró que la política de urbanización en los barrios informales fue un «fracaso».Con el foco puesto en el Barrio Padre Mugica (tal el nombre que posee, otorgado por la ley de urbanización, aunque sistemáticamente Macri lo llamó Villa 31) también se puso en marcha un plan para frenar la construcción informal. No es la primera vez que se intenta: ya en 2008 Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri confrontaron por el mismo tema y la Prefectura Naval se hizo cargo de los controles, por un tiempo.»Las estadística muestran que más de la mitad de los vecinos de barrios populares nacieron en la Ciudad. Esto es arraigo, integración y una dinámica distinta a la de hace 20 años. Por eso entiendo que decir que la integración socio-urbana fracasó es desconocer los datos del propio Gobierno: menos hacinamiento, más servicios, mejores viviendas y una población más integrada», evaluó Maquieyra.Playón de Chacarita. El esponjamiento de las manzanas y la construcción de vivienda nueva sobre la derecha. Foto archivo ClarínAvenida Triunvirato, atravesando la vivienda nueva y el macizo histórico del Playón de Chacarita. Foto Archivo Clarín
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Crisis de natalidad y feminismo: el libro que propone repensar familia y reproducción
Crisis de natalidad y feminismo: el libro que propone repensar familia y reproducción
Tener o no tener hijos es mucho más que un dilema personal. Especialmente cuando el Estado empieza a pensar la población como un factor económico, como un capital que adquiere diferentes valores y significados según las épocas.Adele Clarke, Donna Haraway y Ruha Benjamin. | Fotos: gentileza.Problematizar la noción de población y contraponer la posibilidad de construir nuevos parentescos es el objetivo del libro que tiene como compiladoras a las intelectuales norteamericanas Donna Haraway y Adele Clarke. El conflicto está expresado en el título Generar parentesco, no población (Editorial Rara Avis), que podría definirse como la respuesta feminista a la introducción del libro Las venas abiertas de América Latina, que publicó la editorial Siglo XXI en el año 1971.Con el título “Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”, Eduardo Galeano sostenía que los países imperialistas se ocupaban, bajo medidas a veces más directas y sanguinarias y otras más sutiles, de eliminar a la población pobre de América Latina e impedir que se multiplicara.La mención de este libro, que, por supuesto, escapa a las referencias de las autoras, tiene dos justificaciones. Por un lado, como señala en el prólogo a la edición en español Julieta Massacese, Generar parentesco, no población carece de una mirada latinoamericana.Pero, fundamentalmente, lo que hoy incómoda del texto de Galeano es el sesgo machista que desconoce el lugar de la mujer, los embarazos no deseados, que en muchos casos son el resultado de un abuso, y el condicionamiento que la maternidad implica.Más allá de la distancia de épocas y de género, existe una coincidencia ligada a la certeza de que la maternidad y la paternidad no pueden ser pensadas únicamente desde una perspectiva personal (de hecho, muchas de las autoras de este libro rechazan la palabra elección), al tratarse de un tema que involucra a la sociedad en su conjunto y su calidad de vida.El grupo de autoras, integrado por la académica canadiense Michelle Murphy, la socióloga hindú Ruha Benjamín, la especialista en medicina social taiwanesa Yu- Ling Huang, la socióloga de la misma nacionalidad Chia – Ling Wu y la académica norteamericana Kim TallBear, propone un abordaje desde la justicia reproductiva para desarrollar un pensamiento sobre la natalidad que requiere de un lenguaje alejado de los prefijos pro y anti.En esta línea, poner en crisis la elección como bandera y síntesis de la autonomía femenina significa tanto alertar sobre una simplificación de la experiencia como negar que la mayoría de las veces las mujeres no pueden elegir.La preocupación por la cantidad de habitantes, más allá de que esté sustentada en las cuestiones ambientales y en el desastre climático, siempre parece demasiado cercana a la idea de población excedente. Es decir, es muy difícil hablar de tener menos hijos, de desalentar en las mujeres el deseo de traer nuevas personas al mundo, sin que el discurso se acerque directamente a un control de las libertades individuales.Pero, además, instrumentar una suerte de sentido común que reemplace el sueño de la maternidad por el convencimiento de dejar de parir es algo que ya tiene una existencia real en las sociedades actuales, donde las mujeres no perciben de manera tan generalizada que la maternidad sea un mandato como en otros tiempos, pero puede generar un efecto contrario si se convierte en un lenguaje propagandístico que pueda interpretarse como una orden.Abordar el tema de la natalidad desde el feminismo para señalar, por ejemplo, la cantidad de alimentos que será necesario producir en un futuro, frente a las estimaciones de una población mundial de 19 mil millones de personas para el año 2100, parece estar en línea con un planteo capitalista.Donna Haraway. Foto: gentileza.Humanizar el razonamientoEs verdad que las autoras señalan que hay que pensar nuevas maneras de cuantificar, y justamente es la noción de parentesco la que viene a humanizar este razonamiento, pero ¿cómo pensar la natalidad desde esta lógica sin reproducir la ideología imperante, a la que tampoco le interesa que los pobres o las personas racializadas tengan más hijos, salvo que los piensen como mano de obra barata o esclava?Las nuevas formas de parentesco están ligadas a una vida comunitaria donde la maternidad y la paternidad serían compartidas, donde lo que se busca es dejar de privatizar los afectos para abrir la familia a una forma social que, según las autoras, tiene diferentes variantes. Algunas directamente se oponen a la monogamia (Kim TallBear) y todas ponen en crisis la organización familiar tradicional signada por el parentesco biológico.El libro plantea una discusión que es arriesgada y que se enfrenta a varios tabúes. En este sentido, el aporte es valioso, aunque también es evidente que las mismas autoras no tienen muy en claro cómo llevar a la práctica las acciones para transformar esas relaciones no biológicas en vínculos más permanentes.El pasaje de la obligación de ser madres a la elección de no serlo implicó un cambio social y hoy se habla frecuentemente de la baja en la tasa de natalidad. Incluso, algunos países asiáticos como Taiwán y Japón, que siempre tuvieron sobrepoblación, se enfrentan a una baja de la natalidad que pone en riesgo la población de reemplazo, según afirman Yu- Ling Huang y Chia – Ling Wu.Las políticas de control de la natalidad siempre apuntaron a favorecer determinados nacimientos y disuadir o anular otros. En la actualidad, el envejecimiento poblacional de Europa y la llegada de migrantes de continentes que tienen una alta cantidad de población joven, como es el caso de África, implica una transformación de la sociedad europea que es vivida como una amenaza a su identidad.Ruha Benjamin. Foto: gentileza.En este marco, decir desde el feminismo que hay que tener menos hijos porque las personas del futuro van a vivir cada vez peor y el planeta no va a soportar tantos seres humanos que pongan en riesgo la vida animal y vegetal puede ser atinado, pero es un planteo que tiene que estar bien direccionado y no puede eludir la noción de clase.Una crianza colectiva¿Qué mujeres están en mejores condiciones de decidir no tener hijos? ¿Hasta qué punto es posible imaginar una crianza colectiva de un hijo que tiene una madre y un padre biológicos?Para que los parentescos no biológicos tengan el mismo reconocimiento ante la ley que cualquier lazo de sangre, es imprescindible una revolución en el armado del Estado y de la vida social. Tener menos hijos pero aumentar la cantidad de parientes supone incrementar los vínculos, las formas de componer las familias, pero no las personas. Aquí habría que preguntarse qué consecuencias y qué tipo de mundo será aquel que tenga más ancianos que niños.Si bien es verdad que la crianza y las tareas de cuidado necesitan de muchas personas de distintos géneros para ser realizadas, guiar la decisión de tener hijos y los modos de conformar una familia es una estrategia que puede llevar a una intromisión total del Estado en aquellos espacios donde muchas personas han logrado conquistar una autonomía.No siempre esta manera de pensar implica una mayor democracia colectiva, como tampoco la familia es en todos los casos una zona de opresión. Puede ser el único lugar de amparo, el único espacio donde las personas se sienten elegidas y amadas.Adele Clarke. Foto: gentileza.Se trata de medidas que se presentan como escenarios de mayor libertad e igualdad en su afán de socializar los vínculos, pero que pueden traer un mayor nivel de control.Imaginar una subjetividad nueva, un mundo donde, como dice Kim TallBear, “el amor y las relaciones no se consideren objetos escasos que hay que defender”, habla de un ejercicio intelectual que es interesante abordar y discutir, pero que toma como referencias otras épocas, experiencias más arcaicas que van a adquirir necesariamente un sentido diferente en las sociedades actuales.Generar parentesco, no población. Debates feministas sobre natalismo, VV.AA. (Rara Avis).
