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  • Tragedia en la Autovía Artigas: Detalles del fatal accidente donde murió un niño de tres años

    Tragedia en la Autovía Artigas: Detalles del fatal accidente donde murió un niño de tres años

    Tragedia en la Autovía Artigas: Detalles del fatal accidente donde murió un niño de tres años

    El pequeño había caminado casi dos kilómetros desde la casa de su abuela hasta la ruta. Fue succionado por el paso de un camión palero en el kilómetro 160.

    SAN JOSE – Con el correr de las horas se conocieron detalles estremecedores sobre el siniestro vial ocurrido este jueves por la tarde en el kilómetro 160 de la Autovía Artigas, que terminó con la vida de un niño de apenas tres años.
    La reconstrucción del hecho
    Según fuentes oficiales, el menor se encontraba en la casa de su abuela materna, ubicada en la zona del establecimiento «Los Francos Suizos», donde residía desde hacía un tiempo. En un descuido, el niño salió caminando de la propiedad y recorrió una distancia de casi dos kilómetros hasta llegar al borde de la calzada.
    Al ingresar a la cinta asfáltica, el pequeño fue víctima de un fenómeno de succión provocado por el paso de un camión palero con acoplado. Este efecto lo desplazó debajo de las ruedas traseras del vehículo, resultando en un impacto fatal inmediato. El conductor, un hombre de 48 años oriundo de San José, detuvo la marcha metros más adelante sin haber podido evitar la tragedia.
    Las hipótesis del siniestro
    Una de las líneas de investigación sostiene que el niño seguía a un perro. El animal habría cruzado la calzada momentos antes, siendo esquivado por otro camión, pero el pequeño no corrió la misma suerte al intentar seguirlo.
    La abuela del menor, al notar su ausencia, salió en su búsqueda y se encontró con el desgarrador escenario sobre la ruta. Se supo que el niño pertenecía a una familia de San José que se desempeña laboralmente en el mencionado establecimiento rural.
    Segundo siniestro
    Mientras esto sucedía, metros más atras se producía un segundo siniestro vial, con otro camión que, por causas que se trataban de determinar, despistaba y quedaba seriamente dañado en la zona de banquina en un profundo zanjón.

    Ahí también intervino prrsonal policial y Bomberos, socorriendo al conductor que al parecer había sufrido lesiones y estaba atrapado en la cabina de conducción.
    Intervención judicial
    En el lugar trabajó personal policial de la jurisdicción y peritos, todo bajo directivas de la fiscal de Colón, doctora Micaela Di Pretoro, para documentar las circunstancias exactas del hecho. El chofer del transporte de carga quedó supeditado a la causa judicial mientras se completan las diligencias de rigor. La noticia ha generado una profunda conmoción en las ciudades de San José y Concepción del Uruguay.

  • Tragedia en la Autovía Artigas: Un niño de dos años falleció tras ser atropellado por un camión

    Tragedia en la Autovía Artigas: Un niño de dos años falleció tras ser atropellado por un camión

    Tragedia en la Autovía Artigas: Un niño de dos años falleció tras ser atropellado por un camión

    El fatal accidente ocurrió este jueves por la tarde a la altura del kilómetro 160. Según las primeras informaciones, el menor habría ingresado a la cinta asfáltica de manera imprevista.

    San José– Una tarde de profundo dolor se vive en la región tras confirmarse un siniestro vial fatal en la Autovía Artigas, donde un niño de apenas dos años perdió la vida al ser impactado por un transporte de carga. El menor sewría integrante de una familia de San José que trabajaría en el establecimiento los francos suizos.
    El accidente
    El hecho se registró durante la tarde de este jueves en el kilómetro 160 de la mencionada arteria. El vehículo involucrado es un camión conducido por un hombre de 48 años, con domicilio en la ciudad de San José.
    De acuerdo a los datos preliminares, el siniestro se produjo cuando el menor de edad subió imprevistamente a la cinta asfáltica. Las primeras versiones indican que el niño habría salido corriendo detrás de un perro, cruzándose en la trayectoria del pesado rodado.

  • Sergio Muniz, actor y cantante: «Mi hijo nació con el Síndrome del Niño Mariposa y hay solo cuatro casos en el mundo como el suyo»

    Sergio Muniz, actor y cantante: «Mi hijo nació con el Síndrome del Niño Mariposa y hay solo cuatro casos en el mundo como el suyo»

    Sergio Muniz, actor y cantante: «Mi hijo nació con el Síndrome del Niño Mariposa y hay solo cuatro casos en el mundo como el suyo»

    El actor, cantante y modelo español Sergio Muniz compartió la historia de su hijo Yari, de cinco años, fruto de su relación con Morena Firpo. La pareja relató el largo recorrido de consultas médicas y exámenes realizados hasta confirmar que su primogénito padece un síndrome genético que afecta a uno de cada 17.000 nacimientos.

    Muniz, de 50 años, cuenta con una carrera internacional en la actuación y alcanzó gran reconocimiento en Europa en 2004 al ganar el programa de televisión italiano Isola dei Famosi.
    Junto a su pareja, Morena, instructora de yoga, participaron en el programa People: Cambia tu punto de vista, emitido por Primocanale, donde abrieron su corazón sobre el proceso que atravesaron hasta obtener el diagnóstico.
    ### El inicio: una ampolla en el dedo
    Yari nació en plena pandemia de coronavirus. Morena recordó el temor de dar a luz en ese contexto mundial. Al nacer, notó una pequeña ampolla en el dedo pulgar de su hijo, pero los médicos inicialmente consideraron que no era grave y que posiblemente se debía a que se chupaba ese dedo en el útero.
    “Se suponía que era un tipo de dermatitis atópica temporal y pasajera. Todos los días estábamos a punto de recibir el alta, pero de repente aparecían nuevas burbujas, algunas similares a quemaduras, ampollas con líquido dentro, y empezaron a realizarle más estudios”, relató Morena.
    La espera y la sucesión de consultas con varios especialistas continuaron hasta que decidieron realizar una biopsia. “Nuestro hijo nació en enero y recién en agosto supimos con certeza qué tenía”, reveló Muniz.
    Fue entonces cuando escucharon por primera vez hablar de epidermólisis bullosa, una enfermedad genética también conocida como “Síndrome de los Niños Mariposa”, que afecta a un niño de cada 17.000 nacimientos.
    ### Un caso muy raro
    “Nos informaron que la forma de epidermólisis bullosa distrófica que desarrolló Yari solo tiene cuatro casos en el mundo”, afirmó el actor. Agregó que se trata de “una mutación particular que provoca que algunas células funcionen y otras no, y la piel se vuelve extremadamente frágil”.
    “Cuando tienes un hijo, no esperas algo así. El primer impacto al saber que tiene una enfermedad rara es un shock, tu mundo se derrumba, pero luego reaccionas enseguida, porque lo miras y te das cuenta de que está ahí y te necesita”, relató.
    ### ¿Qué es el síndrome de los “bebés mariposa”?
    Según el portal médico Mayo Clinic, la epidermólisis bullosa (EB) es una enfermedad poco frecuente que provoca que la piel sea extremadamente frágil y se formen ampollas, lesiones y llagas dolorosas incluso con el más mínimo roce.
    En casos graves, las ampollas pueden desarrollarse dentro del cuerpo, en las membranas mucosas internas, como en el revestimiento de la boca o del estómago, dificultando funciones como comer y tragar.
    La epidermólisis bullosa es hereditaria y, generalmente, se presenta en bebés o niños pequeños. De ahí que también se la conozca como “Síndrome de la Piel Mariposa” o “Síndrome del bebé mariposa”, denominaciones que evocan la delicadeza de las alas de una mariposa y la necesidad de tratar con sumo cuidado esta piel.
    La EB pertenece a un grupo de trastornos genéticos raros, crónicos y no contagiosos, caracterizados por una fragilidad extrema de la piel debido a la falta de proteínas de unión en las capas cutáneas, entre los que también se incluye la llamada “Piel de cristal”.
    “Dentro de la mala suerte encontramos la gran fortuna de que, en el caso de nuestro hijo, la gravedad de la enfermedad no es tan alta, por lo que podemos hacer que tenga una vida bastante normal”, explicaron los padres.
    El primer paso, luego de asimilar toda la información, fue pedir ayuda y unirse a quienes se dedican a divulgar esta enfermedad poco conocida y aún sin cura.
    Acudieron a un centro especializado en Módena, uno de los tres únicos centros en Italia junto con Roma y Milán, que estudian y tratan la epidermólisis bullosa.
    “La asociación Le Ali di Camilla nos ayudó mucho, especialmente al principio, cuando ni siquiera sabíamos por dónde empezar. Allí nos apoyaron y conocimos al equipo que estudia la enfermedad, y eso marca la diferencia, porque la investigación es fundamental. No hay cura definitiva, pero algo está cambiando”, aseguró Muniz con esperanza.
    “Cada avance es importante, incluso los pequeños, y a veces lo que se descubre para una enfermedad también puede ser útil para otras”, añadió.
    ### Una familia viajera que afronta el diagnóstico con serenidad
    Sergio y Morena son viajeros de alma. Se desplazan con frecuencia por trabajo: ella por su formación en yoga y él por sus proyectos audiovisuales, desfiles y propuestas musicales.
    “No queríamos dejar de vivir ni que él dejara de hacerlo, así que no cambiamos todo; simplemente aprendimos a ser más cuidadosos”, afirmaron.
    “Cuando viajé a la India, llevé a Yari conmigo. Fui en busca de una investigación personal sobre Ayurveda, medicina china y homeopatía porque tampoco me rindo desde la perspectiva alternativa”, confesó Morena.
    Actualmente residen en Liguria, Italia, para estar cerca de los centros médicos especializados en la enfermedad. “Desde que aprendió a nadar, a los tres años, le encanta el mar; y cuando está en el agua se lo ve muy feliz”, aseguraron.
    Aunque solo tiene cinco años

  • Cuando un niño dispara, la humanidad entera es responsable

    Cuando un niño dispara, la humanidad entera es responsable

    Cuando un niño dispara, la humanidad entera es responsable

    Todo el inconcebible universo puede verse en un ángulo del sótano de una casa en la calle Garay. Así lo escribe Jorge Luis Borges en El Aleph, uno de sus cuentos inolvidables. Bajando las escaleras hacia la oscuridad el personaje Carlos Argentino Daneri descubrió hace tiempo lo que denominó el Aleph: “el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, visto desde todos los ángulos”.El último lunes de marzo, en un colegio de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe, mientras los chicos del secundario izaban la bandera, entró un alumno y disparó y mató a otro alumno y dejó heridos a otros y perpetuó el miedo en todos alrededor. El niño que murió se llamaba Ian Cabrera y tenía 13 años. El agresor tiene 15 y quedó detenido.“El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño”, describe el texto. El arma disparada en el colegio de Santa Fe es una escopeta 12-70 que se usa para la caza. Su cartucho tiene una longitud de 70 milímetros y un diámetro de 18,5 milímetros. En ese cartucho puede verse todo el inconcebible universo del dolor.“¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?” se pregunta Borges. ¿Cómo transmitir a los otros el infinito dolor que la muerte de un niño todo abarca? En el cartucho puede verse el daño, sin disminución. Cada infancia (en Santa Fe y en todo el país y en todos los países, digamos) es infinitas infancias, porque claramente se la ve desde todos los puntos del universo.En el cartucho se ven las infancias descuidadas. Un niño que agrede y nadie lo reprende. Se ve un televisor encendido durante la cena, fideos, galletitas con manteca y en la pantalla imágenes de la guerra. Se ve violencia donde debería haber amor, un padre sin trabajo, una madre sin días de franco, se ve al más chico de la casa que sale a vender lo que puede, se ve un laberinto roto (es una familia con la heladera vacía). Se ven videojuegos que premian al que hiere, la sangre no asusta y matar significa ganar. Se ven interminables ojos abiertos mirando destellos de lo que una vida no es, se ven todos los espejos del planeta y ninguno refleja al que está mirando.Se ven a los que ven acostumbrados a contemplar violencia, se ven redes que enredan y no permiten desenredarse, se ve una niña que pasó demasiadas horas mirando el teléfono y ahora se acuesta y no puede soñar.Se ven filtros que maquillan cuerpos vacíos, se ven cuerpos vacíos que buscan no reflejarse, se ven máscaras y detrás de las máscaras ojos tristes que no descansan. Se ven pasos apurados que no pudieron detenerse frente a las alertas.Se ve la eterna soledad de quien vive solo la infancia. Se ven pesadillas nuevas. Se ven misiles en foco y hombres que gritan para declarar sus buenos principios. Se ven adolescentes que preguntan. Se ven instituciones que no responden a los adolescentes ni pueden contener a sus familias. Se ven más discusiones sobre la imputabilidad que sobre la educación.Se ve un padre que no sabe que el hijo tiene experiencia en recargar y disparar. Se ve un abuelo que no guardó bien su escopeta. Se ve un niño que entra al colegio con un arma en la mochila. Se ve que la esconde en un buzo. Se ve que recarga. Se ve que apunta. Se ven las baldosas con sangre. En el cartucho de la escopeta en el patio de una escuela se ve lo que no queremos ver. Porque cuando un niño dispara, la humanidad entera es responsable.“Felizmente –se lee al final del cuento y ojalá sólo en la ficción– al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido”.