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  • “Vienen entre 18 y 24 meses que podrían ser los más intensos de nuestras carreras”: la advertencia sobre la IA de un jefe de seguridad de Anthropic

    “Vienen entre 18 y 24 meses que podrían ser los más intensos de nuestras carreras”: la advertencia sobre la IA de un jefe de seguridad de Anthropic

    “Todos en esta industria enfrentaremos un período de entre 18 y 24 meses que podría ser el más intenso de nuestras carreras”. Esta advertencia resonó con fuerza el viernes pasado en uno de los escenarios de DEF CON, la conferencia de hackers más grande del mundo. Se trata de un llamado de atención ante el ritmo acelerado con que, en lo que va de 2026, los sistemas de inteligencia artificial (IA) han venido detectando vulnerabilidades en software, sistemas e incluso han comprometido a otras compañías, más allá de su impacto en el marketing.

    La frase fue pronunciada por Jason Clinton, Deputy CISO de Anthropic, uno de los responsables de seguridad de la empresa que, junto con OpenAI, conforma el duopolio actual en inteligencia artificial.
    Para comprender la magnitud del desafío, en febrero Anthropic informó que su modelo Claude Opus 4.6 había identificado más de 500 vulnerabilidades en proyectos de código abierto, algunas de las cuales habían pasado desapercibidas durante décadas. En mayo, Microsoft alertó que sus actualizaciones de seguridad mensuales continuarán aumentando, ya que sus ingenieros y otros investigadores utilizan IA para revisar software a una escala sin precedentes. Dos meses después, la compañía corrigió 622 vulnerabilidades en una sola tanda, la mayor cifra en su historia.
    El caso más crítico ocurrió en julio, durante una prueba interna de OpenAI. Modelos, entre ellos GPT-5.6 Sol, detectaron y explotaron una vulnerabilidad desconocida hasta ese momento que les permitió escapar del entorno aislado en el que se evaluaban, obtener acceso a Internet y encadenar otras fallas y credenciales, llegando incluso a comprometer la infraestructura de Hugging Face. OpenAI calificó este episodio como un “incidente sin precedentes”, reconociendo que estas capacidades, antes limitadas a pruebas controladas, ya podían aplicarse a sistemas reales.
    Clinton fijó un plazo concreto al temor que dominó gran parte de la conferencia: ¿qué sucederá cuando las capacidades de IA, que hoy permiten detectar fallas, desarrollar ataques y operar sistemas de manera cada vez más autónoma, dejen de estar restringidas a unos pocos laboratorios y lleguen al consumo masivo? La respuesta, adelantó, no es alentadora.
    Este pronóstico fue expuesto durante el panel “The Defender’s Dilemma: Releasing Dual-Use AI Models as Capabilities Climb” en DEF CON 34, donde participaron también Heather Adkins, vicepresidenta de Security Engineering de Google, y Bruce Schneier, reconocido criptógrafo e investigador en Harvard. La moderación estuvo a cargo de Emanuel Gawrieh, Senior Chaos Containment Engineer de Google y co-chair de AI Village, espacio dedicado a la reflexión sobre IA en la conferencia.
    Clinton fue el primer CISO de Anthropic y trabajó casi 12 años en Google, participando en proyectos como Chrome. Adkins fue la primera contratación dedicada a seguridad en Google y actualmente lidera áreas de ciberseguridad en la empresa. Schneier, autor de la emblemática obra *Applied Cryptography* y miembro de la junta de la Electronic Frontier Foundation, recordó que fue el “primer criptógrafo” en DEF CON, consolidando su prestigio en la industria.
    La pregunta central fue sencilla pero compleja: ¿qué hacer con una IA que puede ser usada tanto para defender como para atacar sistemas? La misma herramienta que puede revisar millones de líneas de código para detectar vulnerabilidades antes que un atacante, también puede ayudar a descubrirlas y desarrollar métodos para explotarlas. Y esta dualidad ya es una realidad.
    Según Clinton, la parte más crítica de esta transición está sucediendo ahora. Clarín asistió al panel y destaca los puntos más relevantes de la discusión.
    ### “18 a 24 meses”, el período crítico
    El foco giró en Mythos, la familia de modelos que Anthropic desarrolló con capacidades avanzadas en ciberseguridad. Según la propia empresa, Mythos Preview logró identificar vulnerabilidades “zero-day” desconocidas en los principales sistemas operativos y navegadores, y en muchos casos generó código para explotarlas, es decir, no solo detectó la falla, sino que escribió el código fuente para aprovecharla.
    Hasta ahora, automatizar ambas tareas requiere modelos muy avanzados y una infraestructura inaccesible para la mayoría. Clinton expresó que esa ventaja podrá durar muy poco: “Anticipo, basándome en inteligencia de fuentes abiertas, que en aproximadamente entre tres y seis meses existirá un modelo de pesos abiertos con capacidades ofensivas al nivel de Mythos”.
    Los modelos de “pesos abiertos” permiten descargar los parámetros de funcionamiento de la IA y ejecutarla en infraestructura propia, lo que facilita eliminar muchas de las restricciones que empresas como Anthropic, Google u OpenAI aplican a sus servicios públicos. Actualmente, Anthropic limita el acceso a Mythos 5 a organizaciones verificadas, debido a su potencial uso tanto defensivo como ofensivo, acaso también como estrategia de marketing (“el modelo es tan poderoso que debe restringirse”).
    Schneier coincidió en que la difusión será difícil de contener: “En los modelos locales, puedes construir el sistema y eliminar las barreras que desees. Mientras más sofisticado eres, menos fricción existe”.
    Clinton concluyó: “Se viene un cambio de fase en la ciberseguridad. Prevemos aproximadamente 18 a 24 meses de dolor. Lo que falta en la comunidad es el sentido de urgencia para entender cuán grave puede empeorar la situación en el corto plazo”.
    Curiosamente, Clinton mostró una visión optimista para el período posterior: la misma automatización permitirá a los defensores revisar y corregir código a escala imposible hoy, e incluso imaginó un futuro donde el software se produzca sin vulnerabilidades: “Si logramos superar esta etapa, tendremos un

  • El joven que en su luna de miel perdió la pierna por un tiburón: «Nos enfrentamos al episodio más cruel y salvaje de nuestras vidas»

    El joven que en su luna de miel perdió la pierna por un tiburón: «Nos enfrentamos al episodio más cruel y salvaje de nuestras vidas»

    El joven que en su luna de miel perdió la pierna por un tiburón: «Nos enfrentamos al episodio más cruel y salvaje de nuestras vidas»

    Un joven español relató públicamente las consecuencias del trágico incidente ocurrido durante su luna de miel en las Maldivas, donde perdió una pierna tras un ataque de tiburón.

    “Quiero recuperar mi vida. No ha sido fácil para nosotros. Estoy enfocado en mi recuperación y no voy a rendirme”, declaró Borja García, quien recientemente regresó a España y brindó una entrevista al diario ABC el 11 de mayo.
    El 11 de abril, exactamente un mes antes, este médico de 31 años fue gravemente herido por al menos un tiburón mientras participaba en una excursión acuática en el océano Índico junto a su esposa Ana. En esa ocasión, buceaban cerca de Gaafu Alif, un atolón de la isla de Kooddoo, parte de la República de Maldivas, un país conformado por miles de islas, muchas de ellas deshabitadas.
    Inicialmente, Borja recibió atención médica y fue estabilizado en Viligili, una isla cercana. Posteriormente, fue trasladado de urgencia en avión a Malé, la capital de Maldivas, donde ingresó al hospital ADK, un centro médico de alta complejidad.
    Según informó la agencia española EFE el 17 de abril, debido a la gravedad de la lesión, los cirujanos debieron amputarle la extremidad afectada. Sin embargo, tras varios días de internación, logró salir adelante.
    El 28 de abril, Borja publicó un mensaje en su cuenta de Instagram para conmemorar su primer mes de casados, en el que reflexionó sobre la difícil experiencia vivida. “El 11 de abril nos enfrentamos probablemente al episodio más cruel y salvaje de nuestras vidas. Pero ni un solo momento dejamos de confiar en que aquello sería solo una piedra en el camino; que, pasara lo que pasara, encontraríamos la manera de salir adelante. Y lo hicimos”, escribió.
    Agregó que “hay momentos que te cambian para siempre, en los que entiendes lo frágil que es la vida, pero también la fuerza que uno puede llegar a sacar cuando todo parece derrumbarse. Si algo tengo claro después de todo ello, es que no había mejor persona con quien atravesar dicha tormenta”, en referencia a su esposa, a quien agradeció profundamente.
    Asimismo, manifestó su gratitud hacia todas las personas que lo apoyaron: “Todas las manos que se unieron, todos los mensajes y cada oración que se hizo por mí, estoy seguro de que llegaron de forma exprés al cielo y, de alguna manera, me trajeron de vuelta”.
    Tras el incidente, las autoridades locales iniciaron una investigación. De acuerdo con EFE, el ataque ocurrió cerca de una planta procesadora de pescado, un área con alta presencia de tiburones. Según un artículo del sitio especializado en buceo Scubaverse del 14 de abril, la planta no había vertido desechos de pescado durante una semana, y el grupo al que pertenecía Borja fue el primero en ingresar al agua tras ese periodo.
    Una fuente local citada por Scubaverse señaló que “es probable que los tiburones estuvieran en un estado de gran hambre y expectación. Cuando el grupo saltó al agua, la entrada pudo haber desencadenado una respuesta depredadora”.
    El diario español El Periódico Mediterráneo informó el 16 de abril que, según la familia de la esposa de Borja, lo ocurrido fue una negligencia grave por parte de la empresa contratada para la excursión. No obstante, Borja indicó a ABC que prefiere no comentar públicamente si presentará o no una denuncia contra la empresa.
    Con información de EFE.

  • Frente al sensacionalismo y la ausencia estatal: Exigimos políticas de cuidado para nuestras escuelas.

    Frente al sensacionalismo y la ausencia estatal: Exigimos políticas de cuidado para nuestras escuelas.

    Frente al sensacionalismo y la ausencia estatal: Exigimos políticas de cuidado para nuestras escuelas.

    La semana pasada, el clima escolar se vio alterado por mensajes que anunciaban tiroteos en escuelas de Concepción del Uruguay, una situación que se replicó en otros departamentos y provincias. Este reto viral coloca a las instituciones educativas en el centro de la agenda pública y mediática, instalando en ocasiones enfoques sesgados o sensacionalistas bajo la etiqueta de “violencia escolar”.

    Desde AGMER Uruguay consideramos imperativo generar espacios de diálogo entre estudiantes y docentes. La «presencialidad cuidada» que establece el protocolo del CGE no podrá alcanzar sus objetivos si estos temas no se abordan colectivamente. Docentes y estudiantes necesitamos instancias de encuentro para tratar ejes fundamentales de la vida escolar: el sentido de pertenencia de nuestros adolescentes, la autoestima, la construcción de identidad y las normas de convivencia. Hoy más que nunca, la labor de escucha y acompañamiento docente es indispensable.
    Victimizar o culpabilizar a los jóvenes por estas situaciones solo desvía la mirada de los problemas sociales de fondo, donde los adultos tenemos la mayor responsabilidad. Nos enfrentamos a un Estado ausente en políticas de salud mental, en la mejora de las condiciones laborales docentes y en el mantenimiento de la infraestructura escolar; un contexto donde la violencia verbal y simbólica parece ser la moneda corriente. La crisis social, política, económica y cultural que estamos atravesando no es un hecho aislado, eclosiona en los establecimientos educativos de múltiples formas, siendo las amenazas de tiroteos una de ellas.
    Como trabajadores de la educación, exigimos a las autoridades un Estado presente y políticas públicas que contemplen la salud mental de todos los actores del sistema, así como instancias de vinculación real con las familias. No se trata de perder días de clase, sino de ganar espacios que prevengan tragedias y brinden sostén a nuestros adolescentes.

  • La trama social de nuestras decisiones

    La trama social de nuestras decisiones

    La trama social de nuestras decisiones

    Hablar del comportamiento humano suele llevarnos rápidamente al terreno de las emociones, las decisiones personales o las historias de vida. Sin embargo, existe una dimensión que, muchas veces, pasa desapercibida y que resulta igual o incluso más determinante: la dimensión social. El ser humano no se comporta en el vacío. Piensa, siente y actúa dentro de redes de relaciones, normas, expectativas y símbolos compartidos.Desde que una persona nace comienza un proceso de aprendizaje social. Aprende a discernir qué es aceptado y qué no, cómo expresar emociones, cómo relacionarse con otros e incluso cómo interpretar el mundo. La familia, la escuela y los medios de comunicación han sido, históricamente, espacios centrales en esta formación. Hoy, además, las redes sociales se suman como escenarios influyentes que también modelan la conducta.El comportamiento humano, observado desde lo social, es en gran medida una construcción colectiva. Lo que una sociedad considera adecuado o inapropiado cambia a lo largo del tiempo, dependiendo de las normas establecidas y de la evolución de las formas de comunicación, las relaciones laborales y los vínculos interpersonales.Las crisis sociales suelen poner en evidencia esta dimensión colectiva de la conducta. En contextos de incertidumbre económica, conflictos políticos o cambios culturales profundos aparecen fenómenos como el antagonismo, el miedo social o la desconfianza. Pero también emergen comportamientos solidarios: redes de ayuda, voluntariado y cooperación entre vecinos que fortalecen el capital social. En definitiva, son dos caras de una misma moneda.La humanidad demuestra una enorme capacidad de solidaridad en situaciones críticas, mientras que, en la vida cotidiana, con frecuencia prevalece la confrontación permanente, deteriorando la convivencia social. La polarización simplifica la realidad y fragmenta a la sociedad en bandos aparentemente irreconciliables. Las redes sociales amplifican este fenómeno al incentivar la provocación interpersonal y la necesidad de tomar posición de un lado u otro en la discusión pública y, por qué no, también en la familiar. El costo de este clima social es alto.Comprender cómo influyen las estructuras sociales en el comportamiento humano es hoy una tarea ineludible. El bienestar subjetivo y social no debería medirse únicamente a partir de indicadores económicos, sino también por la calidad de los vínculos que sostienen la vida en comunidad.Porque cuando una sociedad pierde la capacidad de escucharse, discutir sin destruirse y convivir en la diferencia, el problema ya no es solo económico o político: es profundamente humano.Entonces, cabe preguntarse: ¿el reto consiste solo en mejorar las condiciones económicas e institucionales, o también en reconstruir el tejido social que sostiene la convivencia? La respuesta, en gran medida, depende de las decisiones cotidianas que como sociedad somos capaces de construir.