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  • Columna de Opinión: Por la Concejal Gabriela Rodriguez- Doble Vara en La Histórica: La «Sororidad Selectiva» del Poder

    Columna de Opinión: Por la Concejal Gabriela Rodriguez- Doble Vara en La Histórica: La «Sororidad Selectiva» del Poder

    Columna de Opinión: Por la Concejal Gabriela Rodriguez- Doble Vara en La Histórica: La «Sororidad Selectiva» del Poder

    El escenario político de Concepción del Uruguay ha quedado expuesto ante una de las contradicciones más flagrantes del relato progresista local. La denuncia por violencia de género presentada por la concejal Karina Percara contra el intendente José Eduardo Lauritto no solo desnudó las tensiones dentro del recinto, sino que activó un sofisticado mecanismo de defensa corporativa e institucional que deja en claro una verdad incómoda: para el arco político tradicional, la gravedad de la violencia no se mide por el hecho en sí, sino por la ideología de la víctima y el peso político del denunciado.

    Justicia Express: El privilegio de los poderosos
    Lo primero que llama poderosamente la atención en este caso es la asombrosa celeridad con la que se expidió la justicia en sus primeras instancias. En un país y una provincia donde las víctimas de violencia de género deben esperar meses, peritajes interminables y lidiar con una burocracia que desampara, la causa contra el Intendente pareció correr en una «pista de alta velocidad» judicial para intentar cerrarla en tiempo récord.
     
    Ante esta llamativa premura por archivar o minimizar el conflicto, la concejal Percara se vio obligada a ampliar la denuncia y exigir formalmente que se cite a los testigos presenciales.
    ¿A qué le temen? Si todo fue un malentendido, ¿por qué el apuro judicial en bajar la persiana antes de escuchar a quienes estuvieron allí? En una República de iguales, la justicia debe ser ciega, no veloz según el cargo del acusado.
    La minimización como manual de estilo: El «factor Presas»
    Como si la velocidad judicial no fuera suficiente, el blindaje político no tardó en llegar al plano legislativo. Las declaraciones del concejal Pablo Presas en la última sesión, catalogando la presentación como una denuncia por violencia de género «exagerada», son el vivo ejemplo de la condescendencia patricia con la que el oficialismo digiere las críticas.
    Cuando una mujer de su propio signo político denuncia, se activan protocolos, se leen manifiestos y se exige la inmediata destitución del acusado. Pero si la denunciante es una mujer de ideología liberal o de derecha, el libreto cambia: la denuncia pasa a ser «una exageración», «un intento de aprovechamiento político» o una simple «sensibilidad» desmedida.
    Esa minimización de la palabra de una par es una falta de respeto no solo a la concejal afectada, sino a todas las mujeres que esperan que las instituciones den el ejemplo.
     
    El Colectivo con derecho de admisión: Izquierda vs. Derecha
    Este caso pone sobre la mesa el debate de fondo: la absoluta doble vara de las políticas de género y los colectivos de «sororidad». Durante años nos vendieron que «el colectivo» defendía a las mujeres de manera universal. Hoy vemos que el carnet de víctima tiene derecho de admisión ideológica.
     
    Si la víctima es de izquierda: Cuenta con el aparato estatal a su disposición, marchas en la plaza, comunicados del área de género municipal y solidaridad automática de las bancadas oficialistas.
     
    Si la víctima es liberal o de derecha: El feminismo institucionalizado sufre de amnesia selectiva. Hay un silencio sepulcral en las oficinas de género que nosotros mismos financiamos con nuestros impuestos. La empatía del progresismo local está directamente condicionada por la boleta electoral que la víctima metió en la urna.
     
    Como liberales, no defendemos privilegios de género ni colectivos colectivistas que colectivizan la culpa; defendemos la igualdad ante la ley y el respeto irrestricto a la dignidad del individuo. Si un funcionario público, sea quien sea, abusa de su posición de poder para violentar o amedrentar a un miembro del cuerpo legislativo, debe rendir cuentas con todas las de la ley.
     
    El Ejecutivo local está acostumbrado a actuar «sin pedir permiso» a las autoridades nacionales. Ahora, con este avasallamiento institucional y judicial en el caso Percara, nos demuestran que tampoco tienen intenciones de respetar las normas básicas de convivencia democrática.
     
    Señores concejales del oficialismo, dejen de militar la sororidad de cotillón. La violencia no tiene ideología, y el abuso de poder tampoco. Es hora de que la justicia escuche a los testigos y deje de operar como el escudo de los amigos del poder.

  • Columna de Opinión Por Ing. Alejandro Dus Concejal Libertad Avanza Entre Ríos

    Columna de Opinión Por Ing. Alejandro Dus Concejal Libertad Avanza Entre Ríos

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    Municipios en Entre Ríos: El Riesgo de las «Minidictaduras» Locales

    En los municipios de Entre Ríos, la democracia deliberativa corre el riesgo de convertirse en un trámite administrativo. Bajo el amparo de los artículos 91 y 236 de la Constitución Provincial, los intendentes cuentan con una mayoría automática que transforma a los concejales oficialistas en un brazo ejecutor de sus decisiones, anulando la necesidad de buscar consensos y reduciendo a la oposición a un rol de espectador crítico pero impotente.

    La farsa del debate legislativo

    Caso testigo Concepción del Uruguay Cuando el oficialismo no necesita convencer a nadie para aprobar una ordenanza, el recinto del Concejo Deliberante deja de ser un espacio de deliberación para convertirse en un escenario de ratificación. Los concejales oficialistas, lejos de actuar como representantes independientes de los vecinos, funcionan como un bloque sólido cuya única misión es blindar los deseos del Intendente.

    Esta dinámica anula el control republicano. Si el presupuesto se aprueba «a libro cerrado» y los pedidos de informe de la oposición terminan en un cajón, el municipio se transforma en una estructura verticalista donde el disenso es ignorado y la transparencia se vuelve opcional.

    Incluso las instancias previas, como las reuniones de presidentes de bloque o la denominada Labor Parlamentaria, terminan degradadas. Lo que debería ser un espacio para acordar el orden del día y buscar puntos de encuentro, se convierte en una mera simulación de consenso. No hay acuerdos reales ni voluntad de escucha; son simplemente reuniones de notificación donde el oficialismo impone su agenda y sus tiempos, transformando el diálogo democrático en una formalidad vacía de contenido.

    El vecino que votó a una minoría tiene una representación puramente decorativa

    El impacto en la ciudadanía es directo. El vecino que votó a una minoría siente que su representación es puramente decorativa. En Entre Ríos, ganar por un solo voto significa obtener el 100% del poder legislativo real durante cuatro años. Esto desalienta la participación ciudadana y fomenta un sistema de «minidictaduras» donde el diálogo político es reemplazado por la simple imposición numérica.

    La resistencia de las minorías

    Ante este escenario, el rol de la oposición se vuelve una tarea de resistencia. Su función principal deja de ser la incidencia directa en las leyes para convertirse en la voz de alerta de la comunidad. Sin capacidad de veto, la oposición debe recurrir a la visibilización externa: denunciar en los medios no pautados, acompañado de una fuerte presencia en las redes, informar a los vecinos y documentar las irregularidades.

    La mayoría automática no solo silencia a los concejales opositores; silencia a la porción de la sociedad que ellos representan. Fortalecer el rol de la oposición no es una concesión política, es la garantía de que el poder no se ejerza a ciegas.

    Esto contrasta con lo que sucede a nivel nacional, donde el Ejecutivo debe consensuar con otras fuerzas políticas para convertir su gestión en políticas de Estado mediante la sanción de leyes nacionales.

    El Digesto Municipal como herramienta de opacidad

    La reciente quita de acceso de los concejales al Digesto Interno Municipal constituye una señal alarmante de ocultamiento de la información y censura, prácticas propias de procesos autoritarios que buscan restringir la fiscalización. Este retroceso se intenta encubrir con pequeñas muestras de transparencia que burlan la inteligencia del ciudadano, como ocurre con el nuevo digesto web; esta plataforma funciona como un escaparate que muestra solo lo que el poder desea, escondiendo decretos y resoluciones del Ejecutivo.

    Asimismo, la omisión de los anexos que completan la información técnica y legal refuerza esta política de datos sesgados, transformando una herramienta de consulta pública en un instrumento de desinformación institucional.

    El cierre del diálogo con el sector gremial

    En línea con esta actitud autoritaria, el Intendente se niega a recibir al Secretario General de la AOEM (Asociación de Obreros y Empleados Municipales), profundizando la crisis de representación. Esta postura no solo bloquea la discusión sobre el urgente atraso salarial, sino que impide el abordaje de temas estructurales fundamentales como la carrera administrativa.

    Al evitar estos encuentros, se posterga indefinidamente la situación de una gran cantidad de trabajadores contratados hace años, quienes deberían acceder a la planta permanente a través de los correspondientes concursos de antecedentes y oposición.

    Esta falta de apertura no solo desprotege al trabajador, sino que refuerza el modelo de gestión verticalista, donde la estabilidad laboral se convierte en una herramienta de discrecionalidad política en lugar de un derecho basado en el mérito y la normativa vigente.

    El desafío para la provincia es superar la comodidad de la gobernabilidad impuesta por la ley. Mientras los Concejos Deliberantes sigan funcionando como el brazo ejecutor de los intendentes, la calidad institucional seguirá en deuda.

    La verdadera eficiencia política no nace de la imposición, sino de la capacidad de gestionar a través del respeto por la pluralidad de voces.

    Como dije antes, este sistema suele hacer que los gobernantes se sientan «dueños» del espacio público o “MINIDICTADORES”, que usando un vocabulario más regional, tenemos «caudillos» a lo largo y ancho de nuestra provincia