Quiénes eran “las chiquitas” de Balenciaga: el proyecto que rescata a las modistas invisibles
Todo el mundo sabe quién es Cristóbal Balenciaga, el diseñador español que se codeó con Christian Dior y ‘Coco’ Chanel en París a mediados del siglo XX, el genio que vistió a actrices y reinas europeas. Pero nadie conocía, hasta ahora, los nombres de las modistas que trabajaban para él en sus talleres.El proyecto expositivo y documental, Las manos que cosen, que recaló esta semana en el festival de cine y moda Feed Doc que se celebra en Barcelona, da voz a esas mujeres con el dedal siempre a punto que ayudaron también a construir un imperio, que llegó a tener tiendas y talleres en las ciudades españolas de San Sebastián, Madrid, Barcelona y, claro, París, la cuna de las grandes ‘maisons’.La iniciativa parte de los testimonios de una decena de mujeres que todavía viven y con las que el investigador de la Fundación Balenciaga Igor Uria consiguió ponerse en contacto. «Algunas respondieron a un primer cuestionario y a partir de ahí fue posible tirar del hilo de sus compañeras», cuneta Uria en una entrevista.La artista audiovisual Itxaso Díaz fue la encargada de entrevistar a esas mujeres, a las que en los años 50 y 60 del siglo pasado llamaban «las chiquitas».Díaz destaca que todas son mujeres que quitan importancia a lo que hicieron porque entonces no se les daba el valor que se les otorgaría ahora.»Por eso es tan bonito la devolución que se les hace ahora de ese reconocimiento por su trabajo. No solo se les pone nombre, también se habla de cómo eran sus vidas y de su saber hacer», apunta la cineasta.»La mayoría son mujeres que empezaron muy jóvenes, incluso con 14 años, y que allí aprendieron el oficio. Las que entraban estaban amadrinadas por otras, tías, sobrinas, hermanas… era como una familia y se admitía solo a las que fueran de toda confianza», explica Uria.Mujeres como Loli, que estuvo en el taller de San Sebastián de 1962 a 1968, y que cuenta que la mayoría de modistas dejaban el trabajo al casarse porque «una vez casada, ya lo normal era no trabajar».También Michelle, de la tienda de París, rememora que entró en la ‘maison’ del diseñador español «por casualidad» tras haberlo conocido trabajando como modelo (maniquí, en la época).Uria explica que las que se casaban estando en la Casa Balenciaga tenían derecho a usar el patrón de la colección anterior y casarse con un vestido de la firma. «No de la colección de esa temporada porque ese aún se comercializaba. Pero bueno, era un detalle que se tenía con ellas», asegura.Marisol, de los talleres del País Vasco, destaca que «el aprendizaje era único: puntada a puntada, hasta hacer de cada pieza una obra de arte».»Las Casas Balenciaga se organizaban en torno a dos espacios independientes y diferenciados: el taller y el salón», asegura Uria, quien cuenta que en el segundo espacio «pasaban» las maniquíes mientras que en el taller, tras la cortina, trabajaban las costureras.Uria cuenta que, cuando las jóvenes entraban, se observaba su «gesto» al coser, esto es, si dejaban el hilo estirado o más bien flojo. A partir de ahí se decidía «si irían a sastrería o modistería».Además del documental, ha viajado a Barcelona una muestra de la instalación –a base de telas y fotografías en movimiento– que la artista del collage Susana Blasco diseñó para el propio Museo Balenciaga en la ciudad natal del diseñador.Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (Getaria, 1895 – Jávea, 1972) comenzó su aventura empresarial y creativa en San Sebastián en 1917 con la apertura de su primera «casa de moda».Tras abrir espacios también en Madrid y Barcelona, en 1937 se inscribió en la Chambre Syndicale de la Haute Couture y abrió la histórica sede parisina de la Avenida George V.
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Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»
Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»
El escándalo se viralizó tan rápido como el audio que saltó de los grupos de Whatsapp de médicos y anestesiólogos de toda la Ciudad De Buenos Aires a las redes sociales. Pero el correlato judicial avanza a su tiempo y, ahora, con secreto de sumario.Hernán Boveri (45) es un médico anestesiólogo de planta permanente del Hospital Italiano que el 25 de marzo fue indagado por el juez Javier Sánchez Sarmiento, del juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48 y por el fiscal Lucio Herrera de la Fiscalia N°29.En su declaración, según pudo saber Clarín, Boveri negó los hechos y, a través de sus abogados, refirió que realizaría una declaración por escrito. En el mismo sentido había declarado Delfina Lanusse (29), una residente del tercer año que trabajaba junto a Boveri en el centro del salud del que se habrían sustraído sustancias para uso hospitalario con fines de consumo recreativo.Boveri es reconocido entre sus colegas por su experiencia como anestesiólogo en el Hospital Italiano. Además, le reconocen una amplia trayectoria académica y de capacitación para otros profesionales. Ha participado de ciclos de enseñanza y práctica médica en otros países de latinoamérica junto a asociaciones de anestesia y analgesia.Según pudo saber Clarín, Boveri se apartó de la institución médica en la que se desempeñaba hace años luego de conocerse el fallecimiento de Alejandro Zalazar (29), un residente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, del Hospital Rivadavia y de la Fundación Favaloro.Los allanamientos que se hicieron en la investigación por el robo de drogas anestésicas. Investigan a los anestesiólogos Hernán Boveri y Delfina Lanusse.Zalazar fue hallado sin vida el 20 de febrero en su departamento de Palermo. En el lugar del hallazgo, y en circunstancias que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone, encontraron frascos catalogados como Fentanilo y Propofol y cuya trazabilidad podría llegar hasta el Hospital Italiano.Zalazar tenía una vía conectada al pie derecho a través de la cual se habría administrado estos anestésicos, lo que le provocó la muerte. Este hallazgo, que todavía está siendo investigado formalmente y a la espera de pericias e informes, derivó en una investigación interna dentro del Hospital Italiano.El centro de salud realizó una denuncia formal que radicó ante el juzgado N°48 y la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAAEBA) realizó otra que recayó en la Fiscalía N°47 pero que fue unificada en un solo expediente en manos del juez Sánchez Sarmiento.en los allanamientos realizados el 13 de marzo secuestraron distintos insumos médicos de interés para la causa.Delfina Lanusse también fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta en perjuicio del hospital. La médica es residente de tercer año en el Hospital Italiano, donde había empezado a trabajar en septiembre de 2023. Es egresada de la Universidad Austral y en su perfil e Linkedin enumera una rotación clínica práctica en anestesiología en la Universidad Austral entre 2021 y 2023, participando en más de 500 horas de observación y acompañamiento a anestesiólogos durante procedimientos quirúrgicos. En el mismo ámbito académico también se desempeñó como tutora de Fisiopatología durante 2021 y como tutora de Inmunología entre 2019 y 2020.El 13 de marzo se ordenaron tres allanamientos, que tuvieron resultados positivos y estuvieron a cargo de la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad en domicilios de la Ciudad de Buenos Aires y de Tigre. En los domicilios secuestraron insumos médicos que deberán ser analizados ya que muchos corresponden a la práctica profesional que desarrollan Boveri y Lanusse.Este miércoles, el juzgado ordenó un nuevo allanamiento en la AAAEBA buscando documentación y actas de interés para la investigación. «El juzgado manda a la policía a que retire cualquier documentación que se tenga. Estamos reuniendo la documentación, la asociación es las primera interesada en que se investigue qué pasó. Se están aportando actas de reuniones en las que puedan haber participado estas personas», indicó Eduardo Gerome, abogado de la asociación que también representó a Nélida Puente, la anestesista involucrada en el fallecimiento de la periodista Débora Pérez Volpin.Hernán Boveri y Delfina Lanusse por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar (centro).»Somos denunciantes que llevamos a la Justicia la información que tenemos.El allanamiento nos tomó por sorpresa porque con un simple pedido presentamos las actas. Y somos denunciantes, los que más queremos es que todo esto se aclare. Uno no puede saber qué es lo que hacen los profesionales en su vida privada. Pero esto que trascendió es otra cosa y quiero dejar en claro que, apenas tomamos conocimiento de esto, corrimos a hacer la denuncia. Ninguno de estos profesionales tenían antecedentes que pudieran dar lugar a pensar en algo así. Los dos tenían desempeños impecables hasta ahora», concluyó Gerome.El escándalo en redesPasó más de un mes entre el fallecimiento de Alejandro Zalazar y que el escándalo trascendió a los medios de comunicación. En el medio, los rumores se multiplicaron entre los médicos y residentes, sorprendidos de que no hubiera noticias vinculadas a la muerte de Zalazar.Públicamente solo se difundió un comuncado de la cuenta de la Asociación de Profesionales del Hospital Ricardo Gutiérrez en el que lo despidieron formalmente, además de algunos compañeros que compartieron fotos con mensajes emotivos.Pero los rumores no se detuvieron, tanto fue así que la viralización de un audio enviado por Whatsapp terminó por poner el foco, no solo en el fallecimiento de Zalazar, sino también en el hurto de estos anestésicos para consumo en presuntas fiestas en las que médicos de distintos hospitales se reunían a inyectarse propofol y fentanilo.En este audio, que dura siete minutos, mencionan a profesionales de los hospitales Rivadavia, Gutiérrez, Italiano, Austral y Alemán. También reproduce la versión una presunta relación entre Lanusse y Boveri, de denuncias cruzadas entre ellos y hasta detalles de estos encuentros.Según reproduce este mensaje, que no fue incorporado a ninguno de los dos expedientes judiciales derivados de estos hechos, las reuniones se realizarían en departamentos y contaría con una persona asignada para «ambucear» (dar ventilación asistida) en casos de apneas (falta de oxígeno) provocadas por el propofol. Incluso hasta menciona el uso de una bomba de infusión, un dispositivo médico utilizado para administrar fármacos «controlada».