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  • Comedores: “El juez nos ha dado la razón” dijo Lía Fimpel – El Miércoles Digital

    Comedores: “El juez nos ha dado la razón” dijo Lía Fimpel – El Miércoles Digital

    Lía Fimpel, secretaria adjunta de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer), analizó el fallo del juez de juicio Juan Francisco Malvasio, que este viernes hizo lugar a un amparo colectivo presentado por Agmer, un grupo de padres y la ONG ambientalista Fundación Cauce, y ordenó al Gobierno a abstenerse de entregar alimentos en los comedores escolares que sean ultraprocesados o con sellos de etiquetado frontal que resulte perjudicial para la salud de los niños.
     
    “Teníamos total razón. Y fue un amplio espectro, nutricionistas, comerciantes, pediatras. Todos decíamos que esto no podía habilitarse en las escuelas, y el juez nos ha dado la razón”, aseguró.
    La dirigente celebró el pronunciamiento judicial, “pese a la campaña que se montó desde el Gobierno, tanto a nivel provincial como nacional, tratando de estigmatizar una vez más a los docentes y a las comunidades educativas en general”.
    “No son alimentos”, dijo respecto de los insumos que la firma Teknofood SA, adjudicataria de la licitación que lanzó el Gobierno, entregará en las escuelas de Entre Ríos para desayunos y meriendas de estudiantes. “Estos productos no se puedan distribuir en las escuelas, porque va más allá del packaging y de lo que nos diga el packaging: de lo que hablamos es de lo que contienen esos productos. Estos productos no se pueden distribuir de ninguna manera, tal cual el fallo está señalando”, aseveró Fimpel.
    -¿Cómo creen que pueda ser operativo este fallo? ¿De qué modo se hará cumplir que no haya distribución de ese tipo de insumos?
    -El etiquetado es una advertencia de lo que tiene adentro, por lo tanto lo que no se puede distribuir es lo que tiene adentro ese etiquetado. Una etiqueta o un rótulo nos está advirtiendo que eso no es no es posible, no es alimento saludable para, en este caso, niños, niñas y adolescentes.
    Fimpel habló del descalabro que supondrá para los comercios de cercanía que abastecían a las escuelas la incursión de una empresa de Buenos Aires que proveerá de insumos a las escuelas. “¿Qué va a pasar con ese comercio chico, el almacén, que bancaba a la escuela durante dos o tres meses, hasta que el Gobierno giraba los fondos? ¿Qué va a pasar con esas escuelas alejadas a las que no llegue Teknofood? En las diferentes charlas que hemos tenido con el Gobierno, nos decían, bueno, si el alimento no llega, si Teknofood no llega a distribuirlo, habilitamos la tarjeta para que vayan a comprar. Y nosotros lo que decimos es, bueno, el almacenero no va a estar más, va estar cerrado ese almacén que antes abastecía a la escuela”, planteó.
    Fuente: Entre Ríos Ahora

     
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  • Carta lector: «Que la Pasión no nos nuble la Razón»

    Carta lector: «Que la Pasión no nos nuble la Razón»

    Carta lector: «Que la Pasión no nos nuble la Razón»

    En el partido ante Egipto, vimos cómo se perdía 2 a 0 y, ante la adversidad, convertimos eso en un 3 a 2. Eso es lo que somos, pero si no somos solidarios, si no nos acompañamos y si no crecemos juntos, la victoria que esperamos es incompleta.

     Está claro que la alegría desborda las calles de nuestra ciudad, pero esta alegría debe contagiar y ser razonable, que es lo que no vimos pasado el partido entre nuestra Argentina y Suiza.

    Es como todo: si yo festejo, pero el que está a mi lado la está pasando mal, la alegría no es completa. Esto abarca desde las motos con escapes libres sin límites, hasta vecinos y vecinas violentando un espacio gastronómico; espacio que hace cuatro años atrás vivió algo similar.

    La felicidad no es completa cuando alguien sufre, cuando los ruidos molestan a quienes intentan descansar, o cuando aquel que, con la fuerza de su tiempo y trabajo, intenta salir adelante… estamos muy cerca de la cuarta, seamos juntos el ejemplo.

    Paulo González DNI 34.850.071

  • YPF: la historia nos dio la razón

    YPF: la historia nos dio la razón

    YPF: la historia nos dio la razón

    Por Cristina Cremer de Busti (ex diputada nacional)- Hay decisiones que se toman en soledad, aunque se voten en público. En abril de 2012, cuando el Congreso de la Nación debatió la recuperación del control estatal de YPF, yo era una de esas diputadas que debía elegir entre la comodidad del gesto opositor —dado que teníamos serias diferencias con el kirchnerismo— y la convicción sobre lo que era correcto para el país. Elegí lo segundo.

    El interbloque Frente Peronista que integraba contaba con 23 diputados. De todos ellos, sólo cuatro votamos a favor de la estatización: Alfredo Atanasof, Ramona Pucheta, Alberto Roberti —secretario general de los petroleros— y yo.
    No fueron momentos sencillos. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y una parte del peronismo entrerriano teníamos diferencias que no eran menores. Votar a favor de aquella ley no era un acto de disciplina kirchnerista. Era, sencillamente, una posición nacional. YPF era y es un activo estratégico irrenunciable, y entregársela indefinidamente a una empresa extranjera que la vaciaba de inversiones era una forma de hipotecar el futuro energético argentino. Lo dije entonces y lo sostengo ahora, cuando han pasado catorce años de aquella votación.
     
    Y los hechos lo confirman: tener la principal petrolera en manos del Estado no es una cuestión ideológica sino estratégica. Es lo que hoy hace posible el superávit energético que la Argentina está alcanzando, con exportaciones que generan divisas genuinas y alivian una restricción externa que durante décadas fue un lastre estructural para la economía nacional. Sin YPF en manos argentinas, ese horizonte sería impensable.
     
    También quiero destacar algo de lo que me siento especialmente orgullosa: de los nueve diputados nacionales que representábamos a Entre Ríos en aquella sesión, ocho votamos a favor. Sólo hubo una abstención.
     
    Durante años, quienes apoyamos esa decisión soberana debimos soportar un relato que la presentaba como un manotazo populista, una expropiación «mal hecha», un capricho que tarde o temprano nos iba a costar caro. Los fondos buitre construyeron una arquitectura judicial en Nueva York destinada a confirmar esa narrativa y, de paso, a llevarse más de dieciséis mil millones de dólares del patrimonio de los argentinos. Durante más de una década, esa espada estuvo suspendida sobre la Argentina.
     
    El viernes 27 de marzo de 2026, la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York la sacó de escena. Por dos votos contra uno, los jueces Chin y Robinson revocaron la condena que había dictado la jueza Preska y concluyeron que los reclamos de los fondos demandantes no eran reconocibles bajo el derecho argentino. La expropiación, determinaron, fue un acto de derecho público soberano, regido por la legislación nacional y avalado por el Congreso. Lo que hicimos en 2012 estaba dentro de la ley. Lo que hicimos fue correcto.
     
    Noto, con cierta perplejidad, que hoy varios se disputan la paternidad del triunfo. El presidente Milei salió en cadena nacional a celebrar lo que él mismo —y su coalición, y sus aliados ideológicos, como la entonces diputada Patricia Bullrich— cuestionaron durante años. El mismo espacio político que calificó la estatización como un «impuesto Kicillof», que la presentó como un símbolo del desquicio intervencionista, hoy la defiende ante los tribunales extranjeros y la celebra como un logro propio. No hay que escandalizarse: la política tiene esa capacidad de apropiar victorias ajenas. Pero los registros están, y la historia tiene memoria.
     
    Pero lo que importa subrayar, más allá del ruido circunstancial, es el fondo del asunto. La Argentina actuó conforme a derecho. El Congreso votó una ley. Los gobiernos que siguieron —de distintos signos— sostuvieron la misma posición jurídica ante los tribunales norteamericanos. Y esa continuidad institucional fue, precisamente, la que permitió este resultado. Cuando un país defiende sus decisiones soberanas con argumentos sólidos, más allá de la politiquería de cotillón, con abogados capaces y con coherencia en el tiempo, los resultados llegan. Aunque tarden.
     
    Desde Entre Ríos, desde el federalismo que siempre defendió el espacio político en el que milito, quiero decirlo sin eufemismos: aquellos que en 2012 votamos a favor de recuperar YPF no nos equivocamos. Lo hicimos pensando en el interés nacional, en la soberanía energética, en el derecho de la Argentina a decidir sobre sus propios recursos. Eso no tiene bandera partidaria. Tiene, simplemente, el nombre de una convicción.