Mató a uno de los invitados de su fiesta de cumpleaños y confesó el crimen en un video publicado en sus redes sociales
Un joven que festejaba su cumpleaños en Chaco mató de un tiro a uno de sus invitados luego de una discusión y, tras el crimen, subió un video a sus redes sociales en el que intentó explicar lo ocurrido. Aunque reconoció ser el autor del disparo, dijo que actuó en defensa propia, luego de que la víctima le pegase «un puntazo». Este lunes por la mañana, el agresor se entregó a las autoridades y quedó detenido.Todo inició en la madrugada del domingo en una vivienda de la avenida Chaco al 3.200, en la ciudad de Resistencia en la que Damián Escalante (31) celebraba su cumpleaños. Según cuenta el joven en el video que subió a sus redes, durante el festejo vio que su madre mantenía una discusión con Jonatan «Guasón» Romero (30), a quien la mujer acusó de haberla «tocado». Fue ese el motivo por el que, inicialmente, decidió sacar por la fuerza a su invitado de la casa.Tras salir, ambos habrían mantenido un entredicho y comenzaron a forcejear. Escalante sostiene que en ese momento Romero le dio «un puntazo» y que por ese motivo le disparó con un arma que una persona -a quien no identifica- le alcanzó.Sin embargo, este lunes la pareja de la víctima dio otra versión de los hechos. Ante las cámaras de medios locales, la joven sostuvo que su pareja la había acompañado al baño y, cuando salió, era la madre de Escalante quien junto a otras dos mujeres estaban empujando a su esposo. Además, relató que tras retirarse de la vivienda los disparos comenzaron inmediatamente. «Le estaba disparando mientras mi marido corría entre los autos para cubrirse», afirmó.Tras el crimen, Escalante subió un video a sus redes, según sostuvo, «para explicar un poco» ante las versiones que aseguran que llegó a su casa «a los tiros». «Nunca en mi vida tiré tiros. Siempre lo manejé de perfil bajo», afirma.»Estoy acusado de un homicidio por la víctima de Guasón. Del fondo del alma le pido mil disculpas a la familia. Así como se terminó la vida de él, también se terminó la mía porque yo también tengo hijos», dijo además en el video Escalante y se lamenta: «Por solamente un segundo».»Él tuvo una discusión con mi mamá. Escuché una palabra que mi mamá decía que es un zarpado, que la quiso tocar. No sé qué hay de cierto en eso. En eso reaccioné. Reaccioné bien en el momento ese porque le intenté sacar afuera a él», explica Escalante.»Perdí la noción»Liego, agregó que fuera de su casa increpó a su invitado por haber intentado propasarse con su madre y que intentó «pegarle una piña». «Él viene corriendo. Yo en el portón me entro corriendo y me encaja un puntazo acá», dice mientras muestra uno de sus brazos ensangrentado.»En eso yo me pongo ciego. Me dan un arma. Yo en defensa propia actúo a disparar viendo la sangre y todo. La verdad que ahí perdí la noción. Fue solamente un segundo de un momento a otro. Estoy totalmente arrepentido», afirma.En las imágenes, Escalante afirmaba que se entregaría este lunes por la mañana, promesa que finalmente cumplió al presentarse junto a su abogada en la sede del Departamento de Investigaciones Complejas. Desde allí, lo trasladaron a Medicina Legal y, posteriormente, quedó a disposición de la Justicia. Su madre había sido detenida horas antes en el marco de la investigación por la misma causa.Mientras tanto, los investigadores siguen intentando localizar el arma homicida, que no fue encontrada en el lugar del suceso.Versiones cruzadas entre las parejas de los involucradosTras el crimen, Sofía Sandoval, la pareja y madre de los hijos del atacante y Jackeline Ortiz, la esposa de la víctima, relataron ante medios locales qué fue lo que ocurrió en la madrugada del domingo.Según sostuvo Sandoval, en diálogo con Diario Chaco, la víctima y la madre de Escalante «entraron a un lugar que toda la gente iba a hacer pis, sea hombre o mujer». «En ese transcurso sale la mamá diciendo ‘este se zarpó conmigo, es un atrevido’», sostuvo.Según afirmó la mujer, luego de que retirasen a Romero de la fiesta alguien le pasó a su pareja un arma «para asustar nomás». Sin embargo, relató que su invitado volvió «un cuchillo enorme» e intentó atacar a Escalante. «Él puso el brazo para que la puñalada no vaya al pecho. Fue ahí que se asustó tanto del dolor que gatilló, pero si no gatillaba la otra puñalada le iba al cuello», dijo.Sin embargo, en diálogo con Data Chaco, la pareja de Romero dio otra versión. Según afirmó la mujer, su esposo la acompañó al baño y en el camino se chocó con la madre de Escalante. Al salir, vio que entre la mamá de Escalante y otras chicas estaban empujando a su marido y que por ese motivo decidieron voluntariamente retirarse del lugar.Según el relato de Ortíz, una vez que ya estaban afuera de la casa vio salir a Damián Escalante y, casi de inmediato, comenzaron los disparos.»Le estaba disparando mientras mi marido corría entre los autos para cubrirse. Llegó a darle un tiro que lo tumbó y ahí le descargó todo», afirmó. La mujer relató además que en el lugar «todos estaban armados» y que el atacante «tenía dos armas».
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Otro ataque de Milei contra la prensa: decenas de posteos en redes y furia en los chats del Gobierno
Otro ataque de Milei contra la prensa: decenas de posteos en redes y furia en los chats del Gobierno
Durante el fin de semana largo, Javier Milei volvió a intensificar sus ataques contra la prensa a través de redes sociales. Lo hizo en el marco de una serie de conflictos abiertos a partir de escándalos que atraviesa el Gobierno, como los que involucran a Manuel Adorni, el otorgamiento de préstamos a funcionarios a través del BNA y las revelaciones sobre el pago de sobornos de Rusia a medios argentinos para desprestigiar la gestión presidencial.En lo que FOPEA definió como «Escalada de Agresión a la Prensa», Milei atacó con dureza a periodistas en sus redes. En X, por ejemplo, retuiteó mensajes que tildaban a los periodistas de «terroristas encubiertos» que traicionan a su patria por dólares, «terrorismo mediático financiado», «mercenarios de la desinformación», «periodismo basura» o amenazas directas de «quien desafía al león acepta los resultados», con la imagen de un león cazando una presa.Además, usó en varias oportunidades su lema NOLSALP, que significa «No odiamos lo suficiente a los periodistas». Y también le agregó el símbolo del peso en la «S» (NOL$ALP), contra varios periodistas, en particular, y contra el periodismo en general, en decenas de posteos que tuvo durante el fin de semana largo.El sábado, por ejemplo, sostuvo que «las basuras que se disfrazan de ‘periodistas’ tenían razón cuando se quejaron porque Adorni le dijo a uno ‘vos sos solo un periodista’, ya que no debería olvidar decirle que la gran mayoría son mentirosos, corruptos y traidores a la patria por intentar un golpe. CIAO!».Además, recordó que «mientras miraba X encontré esta obra de arte sobre el ‘periodismo’ argento. NOL$ALP», con la imagen de una lápida que decía «3 de abril día del fallecimiento del periodismo argentino».En medio de su furia contra la prensa, atacó directamente a periodistas como Laura di Marco, a quien el sábado le dedicó un posteo. «Muchas gracias Roñosa. Verlos llorar así… no tiene precio!!! Se la pasan mintiendo, ensuciando y calumniando personas manchando el buen nombre y honor de las personas de bien en favor de intereses más que oscuros… Un poco de vuelto les viene bien me parece… NOL$ALP», escribió.También apuntó contra el diario La Nación. «Quitar la máscara a las basuras. Obviamente que esto no solo es responsabilidad de las mediocres plumas sino también de los editores y dueños del pasquín», redactó sobre algunas de las notas publicadas.Además, retuiteó mensajes contra el periodista Ariel Lijalad. «Te comiste una poronga de dos metros. Fin”, le escribieron. Y el presidente Milei agregó a ese mensaje: “Sólo la puntita”.Sobre Marcelo Bonelli, periodista de Clarín, TN y Radio Mitre, apuntó: «Así te mienten las basuras que se hacen llamar periodistas. Hoy se sabe que fue mentira. En el momento ensució». En otro momento, también durante el fin de semana, atacó a otros periodistas como Mercedes Ninci, Luis Novaresio, Manu Jove, Gustavo Sylvestre, Pablo Duggan y Fabián Doman.El brote de Milei tuvo réplicas también en los chats del Gobierno en los que participa. Así lo pudo saber Clarín de fuentes con acceso a esas conversaciones. Desde el jueves, el Presidente viene atacando sistemáticamente a la prensa, como lo hace en sus redes sociales de manera periódica. -

Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina
Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina
No es una cita al pasar. Funciona, más bien, como una declaración de principios que sobrevuela todo el encuentro. Y también como un punto de tensión. La escena es la presentación de Masones en dictadura, la investigación de Gabriel Darrigran: historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, investigador en el Archivo de la Guerra Civil en Salamanca y colaborador de la revista académica REHMLAC+ de la Universidad de Costa Rica. Su trabajo se apoya en una base poco frecuente: archivos institucionales desclasificados de la propia masonería argentina.Gabriel Darrigran: historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, es autor de Masones en dictadura. Foto: Martín Bonetto.Desde ahí, el libro propone volver sobre las décadas del 60, 70 y comienzos de los 80. Años atravesados por dictaduras, violencia política y, también, por redes de poder que exceden lo local. La masonería –que se reconoce heredera de la tríada libertad, igualdad, fraternidad– aparece en ese recorrido no como un bloque homogéneo, sino como un espacio atravesado por tensiones, negociaciones y zonas grises.El lugar no es neutro. La presentación ocurre en una sede masónica frente a Plaza de Mayo, cargada de una densidad simbólica que no hace falta subrayar. Desde el inicio se instala una idea: “cerrar un círculo”. Hay algo de gesto ritual, pero también de intento historiográfico.A diferencia de lo que ocurrió en varias dictaduras europeas –donde la masonería fue perseguida, clausurada y desmantelada–, en la Argentina del siglo XX su situación fue más ambigua. Hubo momentos de fricción, sobre todo bajo gobiernos de impronta nacionalista o clerical, pero en términos generales logró sostener una existencia legal, casi administrativa, como asociación civil. Su estabilidad, en todo caso, no dependía de una política uniforme sino de algo más volátil: las internas del propio poder militar.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En los años más oscuros, la masonería funcionaba, hacia adentro, con una lógica casi de club: actas, listas de socios, reuniones formales. Circula una anécdota que condensa ese clima: un grupo de masones es detenido en la ruta, bajo sospecha de subversión, hasta que un superior reconoce los símbolos y los deja seguir. No eran clandestinos. Eran, en todo caso, identificables.Redes, dinero y Guerra FríaPara entender el lugar que ocuparon algunos actores masones en la Argentina de los 70, Darrigran propone abrir el foco. La Guerra Fría no fue sólo un enfrentamiento ideológico. Fue también una trama de financiamiento, inteligencia y operaciones encubiertas.En Europa, estructuras clandestinas vinculadas a la OTAN –que se conocerían públicamente años después– canalizaron recursos hacia grupos preparados para una eventual resistencia ante una invasión soviética. En ese entramado, donde circulaban dinero, información y alineamientos políticos, aparece una figura clave: Licio Gelli. No sólo por su pertenencia a la masonería, sino por su capacidad de moverse en distintos niveles de poder.Uno de los momentos en los que esa red asoma con más claridad es el regreso de Juan Domingo Perón al país tras su exilio. «El primer paso que dio en esa dirección fue acercarse al Vaticano. En 1962, Perón solicitó formalmente que se le levantara la excomunión que creía se le había impuesto en junio del 55 –subraya Darrigran en las páginas de Masones en dictadura–. Sin embargo, este gesto de reconciliación no fue suficiente para asegurar su regreso. Necesitaba más apoyos».José López Rega –espiritista, rosacruz y masón– creía que, para asegurar ese retorno, Perón debía contar con el aval de la masonería. “El propio Perón compartía esta creencia, ya que consideraba que la masonería había sido una de las fuerzas conspiradoras que, de alguna forma, habían saboteado su gobierno».La figura que aparece entonces es la de Gelli. “Se trataba de Licio Gelli, un empresario miembro de la entidad masónica Gran Oriente de Italia”, señala Darrigran, mientras proyecta la imagen de Perón junto a quien, desde joven, había adherido al fascismo.»En 1969, el presidente del Gran Oriente de Italia, al verse imposibilitado de gestionar los asuntos administrativos de este grupo encubierto, nombró a Licio Gelli como secretario organizativo de la logia de propaganda masónica –se puede leer en un fragmento–. Así fue como, en 1971, Gelli se le presentó a López Rega en Madrid, como el responsable de la logia Propaganda Due (P2) de Roma».Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.Un punto de inflexiónEn ese marco, una reunión reservada funciona como punto de inflexión. Perón quiere volver a la presidencia y busca saldar viejas tensiones con los masones argentinos. “Era, por tanto, una oportunidad única para revitalizar la masonería argentina, participando activamente en el gobierno de Cámpora”, escribe Darrigran. La hipótesis se sostiene en testimonios judiciales y en trabajos como Vigilia de armas, de Horacio Verbitsky, y sugiere la existencia de canales de diálogo en los meses previos al retorno definitivo.»Todo cambió repentinamente, el 1 de julio de 1974, cuando falleció el presidente de la Nación, conmocionando profundamente a la sociedad argentina –profundiza Darrigran en Masones en dictadura–. Sin embargo, la muerte del líder peronista no frustró por completo el plan conocido sólo por algunos masones de la logia Panamérica. El vínculo clave con el gobierno seguía siendo José López Rega, el hombre de confianza de María Estela. Su influencia sobre la presidenta era tal que, ese mismo año, la mandataria designó a César De la Vega, médico cirujano y Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones entre 1972 y 1975, embajador en Francia».El golpe del 24 de marzo de 1976 abre otro escenario. El Proceso de Reorganización Nacional –uno de los períodos más violentos de la historia argentina– reconfigura también ese entramado. Los planes previos se desarman.“En ese contexto, una vez más la responsabilidad de proteger los intereses de la Gran Logia recaía sobre personas como Alcibíades Lappas –menciona Darrigran–, quien tenía estrechos vínculos con el liberal Emilio Eduardo Massera, integrante de la nueva junta militar”.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En otro pasaje, el autor señala que durante el Proceso “todo parece ir viento en popa para la masonería y en particular con la platense; coincidiendo con la ‘pacificación’ del país por medios non sanctos. Las correctas relaciones institucionales con personajes como Carlos Suárez Mason, Osvaldo Cacciatore y Emilio Massera habían posibilitado un respeto mutuo, impidiendo que los militares se inmiscuyeran en los asuntos masónicos”.El escándalo P2El hallazgo en Italia –en el marco de la investigación por la desaparición del banquero Michele Sindona– expone documentos, archivos y la lista completa de la logia P2. El impacto en Europa es inmediato. En la Argentina, en cambio, la información tarda más en decantar. Pero hay un dato que resuena: entre los nombres aparecen figuras argentinas de peso, como Emilio Eduardo Massera, López Rega y Raúl Lastiri.La P2 no funciona como una logia convencional. Es una estructura paralela, incluso clandestina para la masonería regular. Sus operaciones incluyen espionaje, intervención política y vínculos con servicios de inteligencia de la OTAN y la CIA. La Argentina aparece ahí como un nodo más dentro de una red mayor.»El escándalo llegó a Argentina en mayo de 1981, cuando el periodismo local se percató de que Licio Gelli había sido parte del servicio diplomático argentino desde 1973″, apunta Darrigran. «Para entonces, ya había mucha más información disponible sobre la logia Propaganda Due y sus objetivos..».Décadas más tarde, en 2006, fiscales italianos entregan a Estela de Carlotto bienes incautados a Gelli. Un gesto simbólico que vuelve a cruzar historias.Uno de los tramos más inquietantes conecta esa red internacional con el corazón del aparato represivo. En la ESMA, además de funcionar como centro clandestino de detención, operaba una imprenta donde se falsificaban documentos. El testimonio de Víctor Basterra vuelve concreta esa dimensión: allí se hicieron pasaportes, entre otros, para Licio Gelli. El vínculo ya no es sólo ideológico. Es operativo.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En 1982, en plena guerra de Malvinas, los masones de La Plata se reúnen cerca del regimiento del que habían partido los soldados. El gesto busca inscribirse –aunque sea de manera simbólica– en ese momento. Ese mismo año, al abrirse la piedra fundacional de la ciudad, aparecen medallas masónicas del siglo XIX. La escena alimenta una narrativa de continuidad histórica.La lista de nombres asociados es amplia y heterogénea: Alfredo Palacios, Raúl Alfonsín, José de San Martín, Hipólito Yrigoyen, José Ingenieros, Arturo Jauretche, Adrián Otero, Alfredo Bravo, Manuel Belgrano, Leandro N. Alem.La dictadura, mientras tanto, impone sus propias reglas. La masonería no confronta: se adapta. Una circular interna lo explicita: respetar las leyes, reconocer a las autoridades. En los hechos, eso implica redefinir perfiles: menos estudiantes –demasiado expuestos– y más integrantes de fuerzas de seguridad.El cierre vuelve a la voz inicial. Ricardo Seen retoma la palabra: “La masonería debería estar con el más débil. No puede estar con una dictadura –apunta–. Lo primero que debe hacer es respetar la Constitución, no podemos ir en contra de la Constitución, pero tampoco las leyes pueden ir en contra del ser humano. La masonería es una institución humanista que no tiene que acompañar los cambios, tiene que ser el cambio”.