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  • Periodismo, SIDE y espionaje ruso: el Gobierno pelea contra su sombra

    Periodismo, SIDE y espionaje ruso: el Gobierno pelea contra su sombra

    Periodismo, SIDE y espionaje ruso: el Gobierno pelea contra su sombra

    Santiago Caputo, el rey de las comunicaciones del gobierno libertario, soltó una reflexión interesante durante un intercambio de tuits que, con una finura intelectual inalcanzable, mantuvo con el abogado kirchnerista Gregorio Dalbón. A quien llamó idiota. El junior de aquella familia del poder aconsejó que para todas las cosas “en general la explicación más simple es la correcta”.La máxima caputiana, sin embargo, parece aplicarse solo puertas afuera del Gobierno. Javier Milei, el Presidente, según computó el periodista Martín Rodríguez Yebra, de La Nación, saturó las redes mil veces durante las Pascuas para reanudar una batalla indiscriminada contra el periodismo. Con víctimas puntuales. No estuvo solo. Luis Caputo, el ministro de Economía que la militancia libertaria convirtió en provocador, sostuvo que “el periodismo le ha declarado la guerra” al Gobierno.Ambos expusieron argumentos distintos, aunque convergentes en la percepción del enemigo. Milei se escandalizó por la relevación que hizo el periodismo acerca de una campaña del espionaje ruso para desacreditar su gestión. Caputo senior se quejó por las presuntas distorsiones de la información acerca de lo que supone que es la realidad de la economía en la Argentina. El ministro ha extraviado hace rato los límites inhibitorios. Afirmó en las últimas horas que con tres meses de ahorro (¿ahorro?) “una persona se puede ahora comprar una moto”. Despachó otra frase que podría alcanzar la cima del glosario de dislates argentinos. Se verá. Vaticinó que la elección del 2027 será para los libertarios “un paseo por el parque”.Esa andanada del Gobierno podría explicarse con aquel consejo sencillo de Caputo Junior. Es simple y transparente que al oficialismo le generan incomodidad dos situaciones. La virtual desaparición pública del kirchnerismo. La divulgación detonada por el periodismo de todos los casos de presunta corrupción que tienen atrapada a la administración libertaria. Se pueden enumerar. El escándalo de $LIBRA, las supuestas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, la situación patrimonial de Manuel Adorni, el jefe de Gabinete. Ahora el otorgamiento de créditos hipotecarios del Banco Nación en condiciones preferenciales para empleados públicos. Utilizados por un núcleo de funcionarios, en especial del ministerio de Economía.Tanta resulta la abstinencia K de los libertarios que apelan a cualquier recurso para reponerlos en la primera línea. Milei utilizó la cadena nacional el 27 de marzo para celebrar el fallo favorable en Nueva York en el pleito por la estatización de YPF en el 2012. Básicamente se enfocó en críticas a Cristina Fernández y Axel Kicillof. Eludió las razones que tuvo el Tribunal para dar vuelta una sentencia de primera instancia que forzaba a nuestro país a abonar U$S16 mil millones.Ese tema se convirtió en una fugacidad. Caputo senior pretendió restablecerlo 9 días más tarde. Al defender los créditos del Banco Nación al que accedieron varios colaboradores suyos incluyó como beneficiaria a la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti. Un intento por emparejar las cosas. La mujer aclaró que su crédito data del 2018, durante la gestión de Mauricio Macri. Maniobra fallida del hombre verborrágico.Ocurrió algo peor. Esa defensa de Caputo senior pareció descolocada por la decisión de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello. Cesanteó a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, por haber sido adjudicatario de un crédito del Nación. Nada ilegal para el ministro de Economía. Una grave falla ética, según la mujer funcionaria. Tópico que parece no figurar en los manuales del titular de Economía.El espionaje ruso para perjudicar a Milei pertenece a otro capítulo. La revelación fue hecha, justamente, por periodistas (pertenecientes a una organización internacional, en la cuales figuran argentinos) que descubrieron maniobras de notas pagas y apócrifas divulgadas por distintos medios de comunicación. Milei opinó que se trata de un hecho de gravedad institucional. Prometió investigar a los medios que las difundieron. De paso, aprovechó para cancelar la acreditación de los periodistas de esas empresas en la Casa Rosada.Habría que reparar en la raíz de la cuestión que los libertarios soslayan. El periodismo puso en evidencia a actores de su propia actividad que han violado cualquier comportamiento digno de ética y moral. Es como si algún funcionario del Gobierno hubiera destapado en su momento el caso $LIBRA. O si los viajes filmados de Manuel Adorni o su crecimiento patrimonial hubieran sido difundidos en el Boletín Oficial.Nadie puede restar seriedad al espionaje descubierto. Sin dejar de pasar por alto, al menos, un par de cosas. Se afirma que la inversión de Moscú en la maniobra habría rondado los U$S250 mil. Monedas para las trapisondas que acostumbran a urdir los rusos. ¿Cuánto invirtieron, por ejemplo, solo en la estadía de ese matrimonio en Buenos Aires durante una década, que tuvo hijos, viajó por todo el país y al final de la aventura fue recibido por Vladimir Putin en la escalerilla del avión al regresar a su país?. Se trata, apenas, de un caso que adquirió estado público por el proceder de la policía de Eslovenia. Donde se habían refugiado en 2022.Otra interpelación cabría para la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), burocráticamente en manos de Cristian Auguadra. Pero bajo el timón político de Caputo junior. ¿Nunca pudo enterarse de nada acerca de la jugada rusa con falsos periodistas?. Resulta comprensible con un antecedente a la vista. El gendarme Nahuel Gallo fue liberado en Caracas después de más de 400 días de permanecer secuestrado. Fue trasladado a Buenos Aires en un vuelo privado por dirigentes que responden a Claudio “Chiqui” Tapia, titular de la AFA. Los libertarios se desayunaron leyendo los portales.El Gobierno, tratando de adjudicarse algún galardón, recordó que a mediados del año pasado había denunciado una intromisión rusa. No existe en la Justicia constancia de ninguna investigación. Caputo Junior le recordó a Dalbón, regalándole de nuevo la etiqueta de “idiota”, que muchas de las cosas que la SIDE no habría podido hacer responderían a la falta de recursos. A la anulación definitiva del DNU que, en medio del primer ajuste severo en el Estado, asignaba $100.000 millones en fondos reservados. Aquel decreto fue rechazado por Diputados y el Senado.Caputo junior omitió mencionar otro DNU todavía empantanado que pretende ampliar facultades operativas de la SIDE –con posibilidad de realizar detenciones sin orden judicial—y de recolección de información. Nadie atina a descifrar si esa aspiración se vincula con la idea de abocarse al espionaje ruso. Un poco tarde. O si se terminaría volcando al interior de la vida libertaria, donde se combate cotidianamente contra la propia sombra.

  • «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    «Pantriste» y «Juniors», dos trágicos casos de alumnos armados bajo la sombra del bullying

    El caso del alumno que fue armado este lunes con una escopeta a un colegio de la ciudad de San Cristóbal, en Santa Fe, donde mató a otro adolescente, no es aislado: se han repetido en los últimos años numerosos incidentes que reflejan la violencia social de la que no están exentas las escuelas.Entre los dos más resonantes, ambos en la provincia de Buenos Aires, figuran los de «Pantriste» en Rafael Calzada y de «Juniors» en Carmen de Patagones, que terminaron con uno y tres estudiantes muertos, respectivamente.El caso de «Pantriste»El 4 de agosto de 2000, Javier Romero, de 19 años, asesinó de un balazo a un compañero e hirió a otro a la salida de un colegio de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown.En una nota publicada por Clarín a los 15 años de este episodio, se indicó que el adolescente era alto y flaco, desgarbado, de andar cansino, por lo que sus compañeros de primer año del Polimodal lo habían apodado «Pantriste», como el personaje tímido de una película animada de García Ferré que había salido un mes antes.La detención de «Pantriste»,Todos lo describían como un chico tímido, silencioso, que arrastraba los pies al caminar. Se sentaba en la última fila de bancos. “Lo cargábamos mucho, porque era medio raro. Para mí que estaba loco”, le decía a este diario con crudeza Fátima, una compañera de curso, horas después del drama.Aquel mediodía de agosto, Romero fue al colegio con un revólver Pasper calibre 22 que le había sacado a su mamá. Pasó cinco horas en la escuela con el arma.Poco después de las 13, cuando él y sus compañeros salieron a la calle, se paró en la vereda de la escuela y gritó: “Me voy a hacer respetar”. Entonces comenzó a disparar.La primera bala fue para Mauricio Salvador, de 16 años. Le pegó en la cabeza. Con el estallido, todos salieron corriendo. Unos 30 chicos corriendo desesperados para todos lados. Entonces se escuchó el segundo disparo. Le tocó a Gabriel “Api” Ferrari, de 18 años. La bala le atravesó la cabeza por detrás de una oreja, pero no perdió el conocimiento y pudo seguir.La mamá de Mauricio Salvador, en el juicio al acusado, en 2003.Muchos de los chicos que escapaban se refugiaron en un quiosco a 20 metros del colegio. La dueña, Rosario Villafañe, abrió la puerta para que entraran, mientras Romero seguía disparando. Ella misma trató de llamar a la comisaría. No pudo y terminó avisando a los bomberos de Claypole. Luego le relató a Clarín: “Colgué el teléfono y me fui para la escuela. El chiquito seguía tirado en la vereda y se le notaba el balazo en la cabeza. Abría los ojos de vez en cuando. ‘Aguantá que ya viene la ambulancia’, le dije una y otra vez”.Romero se fue corriendo y tiró el arma a un arroyo cercano. La Policía lo buscó primero en su casa de San José. La mamá (su papá había muerto unos meses antes) llevó a los agentes a donde se encontraba, en la casa de un primo cerca de la escuela.Mauricio Salvador murió dos días después, en el hospital Fiorito de Avellaneda. Gabriel Ferrari tuvo suerte. La bala penetró entre el cuero cabelludo y el hueso, sin perforar la cavidad craneana. Estuvo en observación y fue dado de alta.Romero fue juzgado en marzo de 2003. Con pruebas irrefutables, lo único en discusión era si estaba consciente de lo que hacía o no. Hubo más de 20 testigos, pero los más importantes eran los peritos médicos. La escuela de Rafael Calzada donde fue el ataque.El chico al que apodaban “Pantriste” esperó el juicio detenido primero en la comisaría de Rafael Calzada, luego en el temible penal de Sierra Chica. Finalmente en Dolores.En abril de ese año, con mucha polémica, fue absuelto por el Tribunal Oral N° 6 de Lomas de Zamora. Lo consideraron inimputable y ordenaron su internación y tratamiento.Una de las frases de la sentencia resonó con gravedad: “Estamos en presencia de una tragedia, de una profunda y enorme tragedia que va a acompañar a todos quienes la vivieron”. Para el tribunal, Romero mostraba “una tendencia a la acumulación de ira y eso provocó un quiebre”.Con los testimonios de dos psiquiatras forenses, los jueces adujeron que no comprendió la criminalidad de sus actos porque tuvo un brote de locura. “Y el psicótico no tiene culpa porque no vulnera la ley. Para él no hay ley”.El caso abrió los ojos sobre el bullying y el acoso escolar en una sociedad quebrada, pero no motivó mucho a la acción oficial. Eso recién ocurrió cuatro años después, cuando un chico al que apodaban «Juniors» (en realidad, era su segundo nombre), mató a tres compañeros e hirió a otros cinco con un arma en una escuela de Carmen de Patagones. Fue la primera masacre escolar en América latina. Cruel coincidencia, a Juniors también le decían, a veces, Pantriste.El caso de «Juniors»Esa fría mañana del 28 de septiembre de 2004, Rodrigo Torres no quería ir al colegio, pero su mamá le aconsejó guardarse la falta para otro día. Cuando entró al aula de la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas”, en Carmen de Patagones, Nicolás Leonardi le hizo un comentario de fútbol y otra compañera le señaló el extraño camperón que llevaba puesto el chico que, segundos después, se paró frente al pizarrón, sacó un arma y vació el cargador.Juniors mató a tres compañeros y baleó a otros cinco. Le faltaba un mes para cumplir los 16 años y fue declarado inimputable. Pasó por un instituto de menores y estuvo internado en una clínica psiquiátrica. Hoy su paradero es un secreto guardado por la Justicia.Video Al día de hoy, los familiares continúan buscando justicia, ya que Juniors fue declarado inimputable por su edadLa masacre que Juniors ejecutó con la pistola Browning 9 milímetros de su papá, suboficial de Prefectura Naval, fue la primera en una escuela de Latinoamérica.Los intentos de explicar el origen de la masacre fueron variados. Los peritos que entrevistaron a Juniors reconstruyeron una vida marcada por la violencia familiar y desprecio hacia los demás. Él aseguró que se sentía discriminado por sus pares desde que iba al jardín de infantes. Contó que lo cargaban y que tenía fantasías sangrientas desde 7° grado. También dijo que padecía el autoritarismo de su padre y las presiones por su rendimiento escolar.Pero nunca dio un por qué.Cuatro meses antes de la masacre, su papá había pedido una reunión con el gabinete psicopedagógico de la escuela. Fue luego de haber encontrado en la pieza de su hijo dibujos de una cruz esvástica y el nombre de Hitler escrito en una caja donde guardaba sus cassettes, según reconstruyeron a través de fuentes y relatos incorporados al expediente los periodistas Pablo Morosi y Miguel Braillard en el libro “Juniors”.Una imagen de Rafael Juniors Solich publicada por la revista Gente en 2014, a 10 años de la masacre.En la lista de preocupaciones de los padres del autor de la masacre también figuraban sus cambios de conductas. Aunque nunca había sido muy sociable, se mostraba cada vez más hermético. Jugaba poco al fútbol, deporte que había practicado desde chico, y pasaba horas encerrado en su cuarto.Los encuentros con los profesionales de la escuela se repitieron en al menos otras dos ocasiones, pero no se tomaron medidas.Según reconstruyeron los autores de “Juniors”, el 27 de septiembre de 2004 el autor de la masacre tuvo una fuerte pelea con su papá. La discusión incluyó gritos, insultos y amenazas de golpes. El adolescente se encerró en su cuarto y recién salió cuando el suboficial de Prefectura fue a llevar a su esposa al restorán en el que trabajaba. Fue hasta la habitación de los padres y tomó la pistola que estaba guardada en un armario. También agarró tres cargadores y un cuchillo. Luego escondió todo abajo de su cama.Uno de los cuerpos de los alumnos asesinados.Esa noche durmió poco. La mañana siguiente se levantó como si fuera un día más, se cambió y partió rumbo a la escuela. Era un trayecto corto, de apenas cinco cuadras. Cuando llegó había unos pocos compañeros en el aula de 1° B del polimodal, equivalente al 4° año de la secundaria actual. Dejó sus cosas en el pupitre y fue a formar al salón central del colegio.Luego de que se izara la bandera, los alumnos volvieron al aula. Nadie notó nada raro en Juniors, pero él ya tenía decidido lo que iba a hacer. Antes de que llegara la preceptora para tomar lista, se paró en el pizarrón, de frente a los bancos, sacó su arma y empezó a tirar.VideoHace 15 años un adolescente mató a tres compañeros y baleó a otros cinco.
    “Me agaché y quedé duro mirando el piso. Pedía por favor que pararan los ruidos. Después, por un grito, me levanté y salté a una compañera que se movía, que se estaba tambaleando. Rodrigo estaba parado, me estaba dando la espalda, entonces lo abracé y salimos caminando despacio. Rodrigo me dijo: ‘mirá lo que me hizo este hijo de puta’, y le empezó a salir sangre por la boca. Ahí es cuando sentí la ropa pesada y me di cuenta que a mí también me había pegado un tiro”, reconstruyó Nicolás.Después de agotar las balas, Juniors salió al pasillo y colocó el segundo cargador. Alcanzó a disparar una vez más hasta que se le trabó la pistola. Dante, su único amigo, lo empujó por la espalda y logró desarmarlo. Juniors estalló en llanto.En la escuela todo era caos. Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda murieron dentro del aula. Nicolás y Rodrigo salieron como pudieron y pidieron ayuda. La lista de heridos la completaron Pablo Saldías, Natalia Salomón y Cintia Casasola. Pablo fue el que más grave estuvo: pasó tres días en coma y como consecuencia de los disparos perdió un riñón y el bazo. Todos tenían entre 15 y 16 años.El recuerdo para las víctimas en el colegio de la masacre,.Horas después de ser detenido, Juniors se sentó frente a la jueza Alicia Ramallo, titular del Juzgado de Menores N° 1 de Bahía Blanca. Le preguntaron si sabía lo que había hecho. “No me di cuenta de lo que hice, se me nubló la vista y disparé. Ahora tomo conciencia por lo que usted me dice”, respondió. Finalmente fue declarado inimputable.En Carmen de Patagones, una ciudad de 20 mil habitantes ubicada en el límite de Buenos Aires con Río Negro, la masacre sigue siendo una herida abierta. Los vecinos prefieren evitar el tema y aseguran que nunca más vieron a la familia de Juniors.