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  • Difundieron las obras seleccionadas para el 41° Encuentro Entrerriano de Teatro – El Miércoles Digital

    Difundieron las obras seleccionadas para el 41° Encuentro Entrerriano de Teatro – El Miércoles Digital

    Difundieron las obras seleccionadas para el 41° Encuentro Entrerriano de Teatro – El Miércoles Digital

    Las obras seleccionadas son:
    Región I (Departamentos de Uruguay, Nogoyá, Rosario del Tala y Victoria):
    “Tucapán”, de Concepción del Uruguay.
    Región II (Departamentos de Colón, San Salvador y Villaguay):
    “El color de los pájaros”, de San José.
    Región III (Departamentos de Diamante, Paraná y La Paz):
    “El muerto que baila”, de Paraná
    Región IV (Departamentos de Concordia, Federación, Feliciano y Federal):
    “La libertad miserable”, de Concordia.
    Región V (Departamentos de Gualeguay, Gualeguaychú e Islas del Ibicuy):
    “Donde nace la crueldad”, de Gualeguaychú.
    Por la ciudades sedes (Gral. Galarza y Gualeguay):
    “La penúltima oportunidad” (Gral. Galarza)
    “Última versión” (Gualeguay)
    “Dos Sis” (Gualeguay)
    Sin criterios de territorialidad:
    “Imagina Rubí”, de Maciá.
    “Valga la redundancia. Manso desconcierto”, de Paraná.
    “Romeo y Julieta”, de Paraná.
    “Cuentos de Papel”, de Concordia.
    El jurado estuvo integrado por Anahí González Gras, Analía Juan y Graciela Strappa. Pronto se difundirá la programación completa del evento que es parte de CUAC! Cultura Activa, el programa anual y federal que la Secretaría de Cultura de Entre Ríos desarrolla en toda la provincia.

  • Albana Fuentes y Felipe Bou Abdo, de animar cumpleaños infantiles a convertirse en la pareja revelación del teatro musical

    Albana Fuentes y Felipe Bou Abdo, de animar cumpleaños infantiles a convertirse en la pareja revelación del teatro musical

    Albana Fuentes y Felipe Bou Abdo, de animar cumpleaños infantiles a convertirse en la pareja revelación del teatro musical

    Cuando Felipe Bou Abdo asistió por primera vez a La Sirenita, intentó disfrutar la función como un espectador más. Sin embargo, apenas se levantó el telón y vio a Albana Fuentes aparecer suspendida en el aire con la cola de Ariel, frente a un Gran Rex repleto, dejó de prestar atención al espectáculo. Solo podía pensar en una cosa: «Ella es mi novia y toda esta gente no lo sabe».

    Esa imagen condensa buena parte del último año de la pareja. Hasta hace poco, compartían castings, trabajaban animando cumpleaños infantiles y se consolaban mutuamente tras escuchar una y otra vez el temido «no quedaste». Hoy, ella se prepara para protagonizar El Mago de Oz en el Teatro Nacional Cervantes, mientras él acaba de sumarse como Dimitri a Anastasia, el musical, y se alista para el estreno de la tercera temporada de Margarita, la serie de Cris Morena donde interpreta a Rayan.
    «La gente se queda con el brillo, la marquesina y la nota en Clarín, pero nadie ve todo lo que pasamos para llegar hasta acá», resume Felipe en una charla en uno de los salones del Cervantes, donde Albana ensaya las últimas semanas antes del estreno, previsto para el 16 de julio.
    Y ese camino, admiten, estuvo mucho más lleno de rechazos que de aplausos.
    «La Sirenita fue un quiebre en mi vida porque había soñado toda la vida con trabajar de esto y no se me daba. Hacía todos los castings existentes y no quedaba nunca en ninguno. Ni en producciones pequeñas ni grandes. No tenía esperanzas reales de quedar en el proyecto. Cuando sucedió el milagro, tuve que aprender de golpe lo que significa formar parte de una producción tan grande. Pasé de cero a cien», recuerda Albana.
    Felipe vivió ese cambio de manera distinta. Mientras ella dio un salto abrupto, él siente que fue creciendo «pasito a pasito». Pero tiene muy claro el momento en que comprendió que su vida cambiaría: «Cuando me mandaron la canción de Margarita y escuché mi voz, me cayó la ficha de dónde estaba. Me puse a llorar en el colectivo. Dos meses antes había ido al Movistar Arena a ver a mis compañeros y veía a diez mil personas gritándoles como si fueran Madonna. Ahora yo iba a estar ahí», confiesa.
    El amor que nació antes que la fama
    Albana y Felipe se conocieron en 2022 mientras estudiaban teatro musical en el IAM, la escuela de Fer Dente y Ricky Pashkus. Él era ayudante en una de las clases y enseguida comenzaron a preparar audiciones juntos.
    «Después también trabajamos en muchos eventos y cumpleaños infantiles», recuerda él. En ese momento, ninguno imaginaba que apenas unos años más tarde compartirían las marquesinas más importantes del género.
    La historia de amor empezó casi al mismo tiempo que el cambio en sus carreras. «Cuando a Albana le salió el casting de La Sirenita, nosotros recién empezábamos a salir, muy informalmente», rememora Felipe.
    «Él me escribía cuando esperaba el resultado de la audición. Yo estaba angustiada y me decía: ‘Vos estás donde tenés que estar’», agrega Albana.
    Ambos coinciden en que compartir profesión facilitó mucho las cosas. «Lo que más agradezco de nuestro vínculo es tener una persona que entiende exactamente lo que estoy viviendo en el momento en que lo estoy viviendo», dice Felipe.
    Detrás de las funciones agotadas también hay viajes, ensayos interminables y semanas enteras sin verse. Mientras Albana protagonizaba La Sirenita, por ejemplo, Felipe viajaba constantemente a Uruguay para grabar Margarita.
    «Llegué a Buenos Aires dos horas antes del estreno de La Sirenita para poder verla. Casi no llego. A los dos días tuve que volver a Uruguay y me perdí la función de prensa. Después la llamé para preguntarle cómo había salido todo y me dijo: ‘Estoy en la Guardia porque me quebré un dedo’. Lamentablemente así es nuestro trabajo», reflexiona Felipe.
    «No tenemos una rutina normal de pareja. Hay días en que uno entra al teatro a la una de la tarde y vuelve pasada la medianoche. Después puede suceder al revés. Lo importante es entender que a veces uno trabaja muchísimo y el otro no tanto. Hay que acompañarse», suma Albana.
    La admiración mutua aparece una y otra vez durante la charla. Felipe aún se emociona al hablar de ver a Albana convertida en Ariel.
    «Fui a ver La Sirenita unas veinticinco veces. Siempre estaba lleno. La obra arrancaba con ella volando sobre el escenario y yo solo pensaba: ‘Ella es mi novia y esta gente no lo sabe’. Después esa es la misma persona con la que me comía un asado el fin de semana. Eso era lo más increíble».
    «Cuando lo vi en Anastasia lloraba. Pensaba: ‘¿En qué momento aprendió todo esto?’. Más allá del talento, admiro muchísimo su disciplina», dice ella.
    El auge de los musicales y una nueva relación con el público
    Para ambos, el éxito que atraviesan no puede entenderse sin el momento de esplendor que vive el teatro musical en Argentina. Nunca hubo tantas producciones en cartel simultáneamente y, por primera vez, sus protagonistas comenzaron a convertirse en figuras con un nivel de popularidad que antes parecía reservado a la televisión o al streaming.
    «Es el mejor momento del teatro musical por escándalo», asegura Felipe. Y agrega: «Antes se lo subestimaba. Hoy la gente entiende que no es solo cantar y bailar, sino una de las formas más complejas de contar una

  • “La salud de los enfermos”: el cuento de Julio Cortázar que lleva al teatro las mentiras de familia

    “La salud de los enfermos”: el cuento de Julio Cortázar que lleva al teatro las mentiras de familia

    “La salud de los enfermos”: el cuento de Julio Cortázar que lleva al teatro las mentiras de familia

    “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Esta frase inicial de “Ana Karenina”, la bellísima novela de Tolstói, impacta de lleno en la línea de flotación de cualquier vida a la deriva. Incluso de las que no lo están. Porque nada es más frágil y complejo que los lazos de la familia, que tanto han dado (y siguen dando) de sí a la literatura, el teatro, el cine, las artes en general.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Gentileza.La felicidad armoniosa en familia no existe. No hay estándares, porque no necesariamente una familia es feliz porque no tiene grandes conflictos o fluye, entre sus integrantes, una comunicación franca.Valga esta aproximación para hablar sobre el cuento de Julio Cortázar, “La salud de los enfermos”, un oxímoron del escritor para radiografiar los complejos vínculos de una familia que crea una farsa para preservar la salud precaria de la madre. El enredo, basado en mentiras que se superponen, termina enredando a los personajes al punto de que los límites entre ficción y realidad se difuminan.Secretos de familiaEl escritor Gabriel Bañez, autor de “Octubre amarillo”, una rara ficción sobre el caso Barreda (quien asesinó a toda su familia), decía que cada vez que un hombre muere, un secreto irresuelto se va con él.En la familia, los secretos se multiplican. En esa joya teatral creada por Claudio Tolcachir hace 20 años, La omisión de la familia Coleman (la historia de una familia disfuncional), su autor y director no se propuso una indagación sobre la familia, pero eso resultó. Tolcachir quería hablar de los vínculos y las dificultades de comunicación que existen entre las personas en un mismo ámbito. Sobre todo en ese “tubo de ensayo maravilloso que es la familia, donde uno puede mezclar a la gente y ver sus comportamientos”, según el propio Tolcachir.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Gentileza.La intención de Cortázar en “La salud de los enfermos”, tragicomedia que forma parte de su libro Todos los fuegos el fuego, publicado en 1966, fue la de regalarle a sus lectores ese artilugio narrativo mediante el cual, al borrarse la frontera entre la ficción y la realidad, es el lector quien elige con qué lado de la historia se queda. Es un recurso muy cortazariano.Claro que el cuento va mucho más allá. Porque nos habla de la manipulación de los vínculos en la familia, los secretos que se instalan y cuesta luego desmadejar, las mentiras disfrazadas de piedad, la zona de confort en la que algunos de sus integrantes prefieren quedarse, antes que asumir la verdad.Convertida en obra de teatro, con funciones los domingos a las 18 en el Teatro del Pueblo, con la dirección de Leandro Cóccaro y una puesta-instalación minimalista, la pieza se decanta por una dramaturgia más dramática que la propuesta de Cortázar, donde las pinceladas de humor sutil ayudan a sobrellevar una situación que de por sí es más trágica que cómica. A la madre se la engaña, pero la madre ¿también los engaña? ¿Acaso los manipula sin que los hijos se den cuenta?Teatro del PuebloAl llegar al teatro, previo al estreno de la obra, que se demoró media hora, hubo una entretenida invitación a los espectadores. En una mesa había estampillas, diapositivas y hojas para escribir cartas “para no enviar”.En un panel, el público dejaba luego sus cartas adheridas. Las instrucciones señalaban que “enviar una carta es, sin duda, una actividad que no requiere demasiadas explicaciones. Pero no enviar una carta cambia definitivamente el panorama”.En las indicaciones también se explicaba la modalidad lúdica: buscar el escritorio con cosas inútiles, tomar una diapositiva y observarla, con el paisaje en mente tomar una estampilla y pegarla en el papel carta. Luego, escribir un texto con lo que al espectador se le ocurriera.“Quizá en un futuro no tan lejano toda esta labor se transforme en un libro colectivo, anónimo e infinito”, finalizaba la invitación. La rareza en la mesa era una máquina de escribir como la que figura en el cuento de Cortázar.Protagonizada por Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchirori y Martha Sosa Quintana, la obra comienza con el accidente mortal de Alejandro, el hijo menor y preferido de “mamá”, que el resto de sus hijos decide ocultarle, dada la precariedad de su salud.Para sostener la farsa, los hijos —con la colaboración de la tía Clelia, que también se muere en la obra (y cuyo desenlace también estos ocultarán)— inventan un trabajo prometedor para Alejandro en Brasil y, a partir de allí, tejen una urdimbre de cartas ficcionales, escritas por otro desde el vecino país, que le leen a “mamá”. La madre le escribe, a su vez, al hijo.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Clarín.Hay pequeñas pistas que el narrador va dejando en el relato, y que la pieza teatral también recoge, que siembran preguntas para poner al espectador-lector en duda: ¿la madre sabe la verdad y se deja engañar porque niega una realidad que le resulta insostenible? ¿O ignora que Alejandro y Clelia han muerto? ¿Quiénes son los enfermos y quiénes los sanos en esta pieza?Mentiras y silenciosEs interesante el debate entre los personajes que se hartan de la mentira y quieren contarle a “mamá” toda la verdad y los que se niegan para no darle un disgusto que acabe con su vida, la que, en definitiva, se le irá por su precarizada salud. El narrador nunca dice de qué enfermedad se trata y todo conduce a pensar que, en definitiva, la madre morirá de verdad luego de haber aceptado las mentiras.Una dificultad que presenta la pieza teatral, que no se observa en el magnífico cuento de Cortázar, es que cada personaje habla en primera y en tercera persona. Interpretan, a la vez que narran su parte. Quienes no hayan leído el cuento tendrán dificultades para comprender ese doble rol de cada protagonista.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Clarín.No obstante eso, lo atractivo tanto del cuento como de la obra teatral es asomarse a lo que podríamos considerar la construcción de una novela familiar. Hábitos, rutinas, secretos, mentiras, verdades, son muchos los factores que amalgaman a las familias.Por rutinaria que sea la vida cotidiana familiar, cada familia podría escribir una novela de cuanto ocurre en su seno. Tanto para sostener los vínculos como para guardar secretos no solo hay que tener lucidez para mentir y no contradecirse, sino, sobre todo, una imaginación cuyas acciones resulten convincentes.Cortázar rinde también en “La salud de los enfermos” un homenaje a ese género que, desde otras latitudes, se considera bien argentino. Pero las mentiras familiares son siempre universales.La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636).