Etiqueta: tensiones

  • A poco de una nueva cumbre, el Mercosur avanza en comercio, pero se profundizan las tensiones políticas por la relación con Trump

    A poco de una nueva cumbre, el Mercosur avanza en comercio, pero se profundizan las tensiones políticas por la relación con Trump

    A poco de una nueva cumbre, el Mercosur avanza en comercio, pero se profundizan las tensiones políticas por la relación con Trump

    A pocas semanas de la próxima cumbre presidencial del Mercosur, que se realizará en Paraguay, el bloque presenta un balance mixto: avances significativos en acuerdos comerciales internacionales acompañados por una creciente tensión política que afecta su cohesión.

    Mientras el sector privado ya comienza a aprovechar la apertura de nuevos mercados en Europa tras la entrada en vigor provisional del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, el bloque enfrenta profundas discrepancias estratégicas entre sus principales socios. Esto se enmarca en un contexto internacional marcado por el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la reconfiguración de la disputa global entre Washington y China.
    El acontecimiento más relevante del último año fue, precisamente, la entrada en vigor del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado para contrarrestar la creciente influencia china en América Latina. Este pacto creó una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, reuniendo entre el 20 y el 30 por ciento del PIB global y un mercado potencial de 700 millones de consumidores. Los gobiernos sudamericanos lo presentaron como una oportunidad histórica para ampliar exportaciones e inversiones.
    Entre el 29 y 30 de junio, cancilleres y presidentes del Mercosur —junto con sus coordinadores nacionales, que se reunirán los días 27 y 28— se encontrarán en Asunción para una cumbre que mostrará dos realidades contrapuestas: la integración económica y la divergencia política.
    En el centro de las tensiones políticas se encuentran las diferencias irreconciliables entre los presidentes de Argentina, Javier Milei, y Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, particularmente en relación con la postura hacia Estados Unidos y el expresidente Trump. Las decisiones unilaterales de Milei, sin consultas previas al bloque, generan preocupación dado que compromisos asumidos pueden afectar a todo el Mercosur.
    Uno de los temas más delicados es el acuerdo comercial que Argentina buscó firmar con Estados Unidos en febrero pasado. El gobierno brasileño solicitó explicaciones formales sobre su contenido y alcance, las cuales hasta ahora no han sido respondidas. Además, las fuentes consultadas señalan que el acuerdo no fue sometido a un análisis riguroso por parte de las áreas responsables bajo el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, como la Consejería Legal y la Secretaría de Relaciones Comerciales Internacionales, lo que podría acarrear problemas legales para los funcionarios involucrados.
    Desde Brasilia, se considera que cualquier acuerdo comercial o estratégico con Washington debe respetar las obligaciones asumidas por Argentina dentro del Mercosur y del tratado con la Unión Europea, vigente de manera provisional desde el 1 de mayo. Esta preocupación también se refleja en sectores empresariales, legisladores y en la oposición argentina, dado que el gobierno aún no aclaró públicamente los compromisos adoptados. El acuerdo estadounidense requiere la aprobación rápida de varias leyes, algunas con impacto positivo económico pero otras incompatibles con los socios comerciales, especialmente en lo relativo al trato preferencial a Estados Unidos y sus empresas.
    La situación se complicó con la solicitud formal presentada por el secretario de Finanzas argentino, Pablo Quirno, para la adhesión al Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP), uno de los acuerdos comerciales más grandes y abiertos a nivel mundial, que incluye a países como Australia, Canadá, Japón, México, Reino Unido y Vietnam, entre otros. Uruguay ha realizado un pedido similar.
    El gobierno destaca que la incorporación al CPTPP ampliaría el acceso de productos argentinos a un mercado de 595 millones de consumidores. Según datos oficiales, en 2025 las exportaciones argentinas a esos países alcanzaron los 16.329 millones de dólares, generando un superávit comercial de 8.930 millones.
    No obstante, esta iniciativa generó controversias políticas internas y dentro del Mercosur. En Brasil, una alta funcionaria calificó el movimiento como un gesto “triste”, aunque el gobierno de Lula ha evitado pronunciarse oficialmente. Internamente, la medida impacta también porque Argentina será el primer país del bloque en negociar con el Reino Unido como par dentro de este acuerdo, lo que plantea incertidumbres respecto al reclamo argentino sobre la soberanía de las Malvinas.
    Detrás de estas decisiones se percibe un cambio significativo en la política exterior argentina. Milei ha abandonado la tradicional búsqueda de consensos regionales para adoptar una alineación prácticamente incondicional con Estados Unidos y Trump. En ese contexto, desde el entorno oficial argentino expresan simpatía por una eventual derrota electoral de Lula en su intento por la reelección y ven con buenos ojos un posible triunfo de Flavio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de octubre.
    Este alineamiento con Washington trasciende lo diplomático y comercial, extendiéndose a la cooperación militar, la incorporación de tecnología estadounidense en las fuerzas armadas argentinas, el uso de sistemas de inteligencia artificial desarrollados en EE.UU., y la firma de compromisos conjuntos en materia de lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico.
    Este último es un tema muy sensible. Argentina y Paraguay se sumaron al llamado Escudo de las Américas, una estrategia de seguridad distinta a la inicialmente consensuada en el Mercosur y a la cual no se adhirieron ni Brasil ni Bolivia, este último nuevo miembro pleno del bloque. La administración Trump calificó recientemente a los carteles brasileños Comando Vermelho y Comando Capital como organizaciones terroristas, lo que abre la posibilidad de una intervención militar similar a las que Estados Unidos lleva adelante en el Caribe. Argentina, Bolivia y Paraguay quedan, así, comprometidos en esta nueva etapa.
    Recientemente, el presidente paraguayo Santiago Peña —cuyo país ostenta la presidencia pro témpore del Mercosur— organizó en Asunción una cumbre sobre crimen organizado. Sin embargo, los ministros de Seguridad y Justicia

  • Tensiones en el Pro. Frigerio, Torres y Jorge Macri se habrían enterado por los diarios del documento contra Milei

    Tensiones en el Pro. Frigerio, Torres y Jorge Macri se habrían enterado por los diarios del documento contra Milei

    Tensiones en el Pro. Frigerio, Torres y Jorge Macri se habrían enterado por los diarios del documento contra Milei
    El Pro empezó a marcar diferencias más visibles con el Gobierno de Javier Milei. Sin romper con la Casa Rosada ni cuestionar los pilares centrales del programa económico, el partido de Mauricio Macri endureció su discurso sobre el deterioro social y el humor económico.
    Lo hizo a través de un nuevo informe de la Fundación Pensar, el think tank de Pro, y de un “manifiesto” difundido este domingo en redes sociales donde se cuestiona al gobierno por pedir “sacrificios que no están dispuestos a hacer”. Algo que se leyó como una crítica implícita a la polémica que rodea a Manuel Adorni.
    Pero esa nueva estrategia ya genera tensiones internas asegura la periodista Delfina Celichini para La Nación: mientras la conducción partidaria busca tomar distancia del oficialismo y posicionarse como “el próximo paso” del cambio, hay quienes rechazan esta postura y pretenden sostener la buena sintonía con el gobierno libertario.
    Según informaron a este medio, el último posteo en X del partido fue sin consultar a ninguno de los gobernadores Pro: Ignacio Torres (Chubut), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Jorge Macri (CABA). Tampoco a dirigentes “con peso territorial y político”, como Cristian Ritondo o Guillermo Montenegro. La crispación de una porción de la dirigencia amarilla hacia Macri se espiralizó en las últimas horas. “Bastante calentura”, resumió un referente del espacio.
    En Diputados esta tensión se traduce en algo concreto. La mayoría quiere eludir cualquier ofensiva parlamentaria contra el jefe de Gabinete. Piensan que el “manifiesto” los pone en una encerrona interna. El expresidente, en cambio, fue uno de los primeros en calificar como “desacertada” la decisión de Milei de nombrar Adorni como ministro coordinador, tras la salida de Guillermo Francos.
    El informe de Pensar fue difundido en simultáneo con una nueva etapa del reposicionamiento político de Macri. El expresidente viene recorriendo el país con el “Próximo paso tour”, una serie de encuentros partidarios con los que busca instalar la idea de que Pro debe ofrecer una alternativa propia para la próxima etapa política. La estrategia comenzó a delinearse en marzo, durante el encuentro de Parque Norte, donde Macri planteó que Pro debía “completar lo que sigue a este gobierno”.
    Ese proceso de diferenciación tuvo un nuevo capítulo este domingo. A través de un “manifiesto” difundido en X, Pro sostuvo que acompañar el cambio “no es aplaudir todo” y cuestionó a sectores del oficialismo por actuar “con soberbia, con arrogancia o pidiendo sacrificios que no están dispuestos a hacer”.
    Pero esta postura abre diferencias internas dentro del partido. Sobre todo con los sectores que priorizan una alianza electoral con La Libertad Avanza (LLA) para el próximo año.
    En el bloque de diputados nacionales rechazan quedar asociados a cualquier intento opositor de avanzar contra Adorni. De hecho, referentes parlamentarios de Pro aseguraron que no darán quorum este jueves en la sesión impulsada por la oposición para debatir los proyectos de interpelación al jefe de Gabinete.
    “Ni el bloque fue consultado, ni Jorge Macri fue consultado, ni Rogelio Frigerio fue consultado. Para nosotros no cambia absolutamente nada”, resumió un dirigente de Pro en Diputados sobre el posteo de Pro en X, molesto con la estrategia de la conducción nacional. Puertas adentro, varios referentes cuestionan a Macri por utilizar el partido como plataforma de reposicionamiento personal sin contemplar las realidades provinciales ni las negociaciones locales con los libertarios.
    Las diferencias se observan con claridad en la provincia de Buenos Aires. Allí, Cristian Ritondo -titular de Pro bonaerense y jefe del bloque en Diputados- ya adelantó que buscará un acuerdo electoral con LLA para enfrentar al oficialismo de Axel Kicillof. Una lógica similar atraviesa a otros distritos, donde los referentes locales prefieren evitar una confrontación directa con Javier Milei y, especialmente, con Karina Milei, presidenta nacional de LLA.
    El contraste más fuerte apareció, sin embargo, dentro del propio universo oficialista. Patricia Bullrich, senadora de LLA y exdirigente central de Pro, fue la primera en reclamar públicamente explicaciones a Adorni. Le pidió que presentara “inmediatamente” su declaración jurada patrimonial para justificar sus gastos, propiedades y deudas.
    Bullrich hizo lo que el Pro evitó hacer hasta ahora: exigir respuestas políticas al jefe de Gabinete. La reacción de Milei fue inmediata. El Presidente volvió a respaldar públicamente a Adorni y, según trascendió, durante la última reunión de gabinete les pidió a ministros y secretarios cerrar filas detrás de su funcionario y alinearse con la estrategia oficial frente a las denuncias.
    Los detalles del informe
    El documento de Pensar, titulado “Sobreviviendo”, funciona como el segundo indicio concreto del desmarque político que impulsa Macri. Allí, la fundación que conduce María Eugenia Vidal traza un diagnóstico crítico sobre la situación económica y social: advierte sobre caída del consumo, deterioro de ingresos, aumento de la preocupación por el empleo y empeoramiento de las expectativas sociales. Pero, al mismo tiempo, evita cuestionar el rumbo fiscal y monetario del Gobierno y reivindica los “cimientos macroeconómicos” construidos por Milei.
    El informe sostiene que “el consumo familiar es una de las variables que más correlación tiene con el nivel de satisfacción social” y señala que el Indicador de Consumo Familiar cayó 10% interanual en el primer trimestre de 2026. También afirma que el deterioro reciente “no se explica solo por los escándalos y denuncias recientes sino que tienen un correlato en el bolsillo de las familias”.
    Se trata de una de las pocas alusiones indirectas a la crisis política que golpea al oficialismo. El resto del texto se concentra en los datos económicos y sociales. Según el relevamiento realizado junto a Poliarquía y Casa Tres, el 64% de los argentinos tiene sentimientos negativos respecto del futuro del país, el nivel más alto desde la asunción de Milei. El informe también advierte que el ingreso disponible de los hogares cayó 5,4% respecto de 2023 y que los gastos fijos -como tarifas y expensas- ya representan cerca del 24% de los ingresos familiares.
    En materia laboral, la Fundación Pensar reconoce que durante la gestión se generaron 113.000 puestos de trabajo, pero señala que hubo una pérdida de 266.000 empleos formales, compensada por el crecimiento del trabajo informal y no asalariado. Y describe una sociedad cada vez más ajustada: el 68% de los encuestados afirmó haber resignado actividades o servicios habituales y el 59% admitió haberse atrasado en pagos por motivos económicos.

  • Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina

    Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina

    Masonería y dictadura: un libro revela redes de poder, tensiones y vínculos ocultos en la Argentina

    No es una cita al pasar. Funciona, más bien, como una declaración de principios que sobrevuela todo el encuentro. Y también como un punto de tensión. La escena es la presentación de Masones en dictadura, la investigación de Gabriel Darrigran: historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, investigador en el Archivo de la Guerra Civil en Salamanca y colaborador de la revista académica REHMLAC+ de la Universidad de Costa Rica. Su trabajo se apoya en una base poco frecuente: archivos institucionales desclasificados de la propia masonería argentina.Gabriel Darrigran: historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, es autor de Masones en dictadura. Foto: Martín Bonetto.Desde ahí, el libro propone volver sobre las décadas del 60, 70 y comienzos de los 80. Años atravesados por dictaduras, violencia política y, también, por redes de poder que exceden lo local. La masonería –que se reconoce heredera de la tríada libertad, igualdad, fraternidad– aparece en ese recorrido no como un bloque homogéneo, sino como un espacio atravesado por tensiones, negociaciones y zonas grises.El lugar no es neutro. La presentación ocurre en una sede masónica frente a Plaza de Mayo, cargada de una densidad simbólica que no hace falta subrayar. Desde el inicio se instala una idea: “cerrar un círculo”. Hay algo de gesto ritual, pero también de intento historiográfico.A diferencia de lo que ocurrió en varias dictaduras europeas –donde la masonería fue perseguida, clausurada y desmantelada–, en la Argentina del siglo XX su situación fue más ambigua. Hubo momentos de fricción, sobre todo bajo gobiernos de impronta nacionalista o clerical, pero en términos generales logró sostener una existencia legal, casi administrativa, como asociación civil. Su estabilidad, en todo caso, no dependía de una política uniforme sino de algo más volátil: las internas del propio poder militar.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En los años más oscuros, la masonería funcionaba, hacia adentro, con una lógica casi de club: actas, listas de socios, reuniones formales. Circula una anécdota que condensa ese clima: un grupo de masones es detenido en la ruta, bajo sospecha de subversión, hasta que un superior reconoce los símbolos y los deja seguir. No eran clandestinos. Eran, en todo caso, identificables.Redes, dinero y Guerra FríaPara entender el lugar que ocuparon algunos actores masones en la Argentina de los 70, Darrigran propone abrir el foco. La Guerra Fría no fue sólo un enfrentamiento ideológico. Fue también una trama de financiamiento, inteligencia y operaciones encubiertas.En Europa, estructuras clandestinas vinculadas a la OTAN –que se conocerían públicamente años después– canalizaron recursos hacia grupos preparados para una eventual resistencia ante una invasión soviética. En ese entramado, donde circulaban dinero, información y alineamientos políticos, aparece una figura clave: Licio Gelli. No sólo por su pertenencia a la masonería, sino por su capacidad de moverse en distintos niveles de poder.Uno de los momentos en los que esa red asoma con más claridad es el regreso de Juan Domingo Perón al país tras su exilio. «El primer paso que dio en esa dirección fue acercarse al Vaticano. En 1962, Perón solicitó formalmente que se le levantara la excomunión que creía se le había impuesto en junio del 55 –subraya Darrigran en las páginas de Masones en dictadura–. Sin embargo, este gesto de reconciliación no fue suficiente para asegurar su regreso. Necesitaba más apoyos».José López Rega –espiritista, rosacruz y masón– creía que, para asegurar ese retorno, Perón debía contar con el aval de la masonería. “El propio Perón compartía esta creencia, ya que consideraba que la masonería había sido una de las fuerzas conspiradoras que, de alguna forma, habían saboteado su gobierno».La figura que aparece entonces es la de Gelli. “Se trataba de Licio Gelli, un empresario miembro de la entidad masónica Gran Oriente de Italia”, señala Darrigran, mientras proyecta la imagen de Perón junto a quien, desde joven, había adherido al fascismo.»En 1969, el presidente del Gran Oriente de Italia, al verse imposibilitado de gestionar los asuntos administrativos de este grupo encubierto, nombró a Licio Gelli como secretario organizativo de la logia de propaganda masónica –se puede leer en un fragmento–. Así fue como, en 1971, Gelli se le presentó a López Rega en Madrid, como el responsable de la logia Propaganda Due (P2) de Roma».Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.Un punto de inflexiónEn ese marco, una reunión reservada funciona como punto de inflexión. Perón quiere volver a la presidencia y busca saldar viejas tensiones con los masones argentinos. “Era, por tanto, una oportunidad única para revitalizar la masonería argentina, participando activamente en el gobierno de Cámpora”, escribe Darrigran. La hipótesis se sostiene en testimonios judiciales y en trabajos como Vigilia de armas, de Horacio Verbitsky, y sugiere la existencia de canales de diálogo en los meses previos al retorno definitivo.»Todo cambió repentinamente, el 1 de julio de 1974, cuando falleció el presidente de la Nación, conmocionando profundamente a la sociedad argentina –profundiza Darrigran en Masones en dictadura–. Sin embargo, la muerte del líder peronista no frustró por completo el plan conocido sólo por algunos masones de la logia Panamérica. El vínculo clave con el gobierno seguía siendo José López Rega, el hombre de confianza de María Estela. Su influencia sobre la presidenta era tal que, ese mismo año, la mandataria designó a César De la Vega, médico cirujano y Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones entre 1972 y 1975, embajador en Francia».El golpe del 24 de marzo de 1976 abre otro escenario. El Proceso de Reorganización Nacional –uno de los períodos más violentos de la historia argentina– reconfigura también ese entramado. Los planes previos se desarman.“En ese contexto, una vez más la responsabilidad de proteger los intereses de la Gran Logia recaía sobre personas como Alcibíades Lappas –menciona Darrigran–, quien tenía estrechos vínculos con el liberal Emilio Eduardo Massera, integrante de la nueva junta militar”.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En otro pasaje, el autor señala que durante el Proceso “todo parece ir viento en popa para la masonería y en particular con la platense; coincidiendo con la ‘pacificación’ del país por medios non sanctos. Las correctas relaciones institucionales con personajes como Carlos Suárez Mason, Osvaldo Cacciatore y Emilio Massera habían posibilitado un respeto mutuo, impidiendo que los militares se inmiscuyeran en los asuntos masónicos”.El escándalo P2El hallazgo en Italia –en el marco de la investigación por la desaparición del banquero Michele Sindona– expone documentos, archivos y la lista completa de la logia P2. El impacto en Europa es inmediato. En la Argentina, en cambio, la información tarda más en decantar. Pero hay un dato que resuena: entre los nombres aparecen figuras argentinas de peso, como Emilio Eduardo Massera, López Rega y Raúl Lastiri.La P2 no funciona como una logia convencional. Es una estructura paralela, incluso clandestina para la masonería regular. Sus operaciones incluyen espionaje, intervención política y vínculos con servicios de inteligencia de la OTAN y la CIA. La Argentina aparece ahí como un nodo más dentro de una red mayor.»El escándalo llegó a Argentina en mayo de 1981, cuando el periodismo local se percató de que Licio Gelli había sido parte del servicio diplomático argentino desde 1973″, apunta Darrigran. «Para entonces, ya había mucha más información disponible sobre la logia Propaganda Due y sus objetivos..».Décadas más tarde, en 2006, fiscales italianos entregan a Estela de Carlotto bienes incautados a Gelli. Un gesto simbólico que vuelve a cruzar historias.Uno de los tramos más inquietantes conecta esa red internacional con el corazón del aparato represivo. En la ESMA, además de funcionar como centro clandestino de detención, operaba una imprenta donde se falsificaban documentos. El testimonio de Víctor Basterra vuelve concreta esa dimensión: allí se hicieron pasaportes, entre otros, para Licio Gelli. El vínculo ya no es sólo ideológico. Es operativo.Presentación del libro Masones en dictadura, de Gabriel Darrigran, historiador con formación archivística en la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Foto: Martín Bonetto.En 1982, en plena guerra de Malvinas, los masones de La Plata se reúnen cerca del regimiento del que habían partido los soldados. El gesto busca inscribirse –aunque sea de manera simbólica– en ese momento. Ese mismo año, al abrirse la piedra fundacional de la ciudad, aparecen medallas masónicas del siglo XIX. La escena alimenta una narrativa de continuidad histórica.La lista de nombres asociados es amplia y heterogénea: Alfredo Palacios, Raúl Alfonsín, José de San Martín, Hipólito Yrigoyen, José Ingenieros, Arturo Jauretche, Adrián Otero, Alfredo Bravo, Manuel Belgrano, Leandro N. Alem.La dictadura, mientras tanto, impone sus propias reglas. La masonería no confronta: se adapta. Una circular interna lo explicita: respetar las leyes, reconocer a las autoridades. En los hechos, eso implica redefinir perfiles: menos estudiantes –demasiado expuestos– y más integrantes de fuerzas de seguridad.El cierre vuelve a la voz inicial. Ricardo Seen retoma la palabra: “La masonería debería estar con el más débil. No puede estar con una dictadura –apunta–. Lo primero que debe hacer es respetar la Constitución, no podemos ir en contra de la Constitución, pero tampoco las leyes pueden ir en contra del ser humano. La masonería es una institución humanista que no tiene que acompañar los cambios, tiene que ser el cambio”.