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  • Salieron nuevas fotos de las últimas horas de Liam Payne en la Argentina: whisky, drogas y medicamentos en su habitación de hotel

    Salieron nuevas fotos de las últimas horas de Liam Payne en la Argentina: whisky, drogas y medicamentos en su habitación de hotel

    Salieron nuevas fotos de las últimas horas de Liam Payne en la Argentina: whisky, drogas y medicamentos en su habitación de hotel

    A casi dos años de la muerte de Liam Payne, se difundieron nuevas fotografías incorporadas al expediente judicial que permiten reconstruir con mayor detalle las últimas horas del ex cantante de One Direction en Buenos Aires.

    Las imágenes, tomadas por la Unidad Móvil Criminalística de la Policía de la Ciudad, corresponden a la habitación 310 del hotel CasaSur, donde el artista murió el 16 de octubre de 2024 tras caer desde un balcón.
    El material vuelve a poner el foco sobre el estado en el que se encontraba Payne aquel día y sobre los elementos hallados en la habitación tras su fallecimiento. Entre ellos se encuentran botellas de alcohol, medicamentos, restos de sustancias, muebles dañados y manchas de sangre en las sábanas.
    Según el expediente, los investigadores encontraron junto a la puerta una botella de vino tinto rota. En el minibar, aún quedaban una lata de cerveza y dos pequeñas botellas de scotch y gin.
    Cerca del televisor, que había sido golpeado y estaba dañado, apareció además una de las dos botellas de whisky que Payne había solicitado al hotel ese mismo día. Según un ticket recuperado por la Justicia, cada botella costaba más de 300 mil pesos y al momento del procedimiento conservaba más de la mitad de su contenido.
    Las imágenes también muestran distintos medicamentos que quedaron en la habitación, entre ellos melatonina, clonazepam y Vigorcín Potencia Plus, un suplemento energizante comercializado en farmacias. El expediente señala además que Payne tomaba sertralina, un antidepresivo que apareció en los análisis posteriores.
    El consumo de alcohol comenzó varias horas antes de la muerte del cantante. Una factura de servicio a la habitación registra la compra de una pequeña botella de scotch alrededor de las 10:30 de la mañana del 16 de octubre. El análisis toxicológico realizado tras su fallecimiento detectó 2,7 gramos de alcohol por litro en orina y rastros de cocaína en nariz y estómago.
    En la habitación también apareció bicarbonato, un elemento que cobró relevancia en la investigación por su posible uso en la preparación de crack. Además, el análisis toxicológico detectó metilecgonidina, una molécula que se forma en el organismo al fumar cocaína.
    Entre los objetos incorporados al expediente se encuentra el bolso que Payne llevaba cruzado en el cuerpo antes de caer del balcón. En su interior se halló la computadora portátil, con la pantalla rota, además de lápices de colores. También apareció la gorra de los New York Yankees que usó durante sus últimas horas en el hotel. Los investigadores encontraron asimismo un preservativo usado.
    El expediente incluye testimonios de dos trabajadoras sexuales que estuvieron con Payne ese día. Una de ellas declaró que el cantante consumía una sustancia que describió como similar al cristal. En conversaciones previas, ambas revelaron que Payne les habría pedido cinco gramos de una sustancia para preparar crack.
    Las nuevas fotografías forman parte de una investigación que aún no ha finalizado. Casi dos años después de su muerte, Braian Paiz, ex camarero, y Ezequiel Pereyra, ex trabajador del hotel CasaSur, continúan procesados por la presunta venta de drogas a Payne y aún esperan la resolución de su situación judicial.
    Payne tenía 31 años cuando falleció. Su muerte volvió a poner en primer plano los problemas de adicción que había hecho públicos durante los últimos años de su vida y generó una enorme conmoción entre los seguidores de One Direction, la banda británica que lo convirtió en una estrella mundial.

  • Smart Repair: las últimas tecnologías para reparar rayones y pequeños golpes del auto sin pasar por el taller

    Smart Repair: las últimas tecnologías para reparar rayones y pequeños golpes del auto sin pasar por el taller

    Smart Repair: las últimas tecnologías para reparar rayones y pequeños golpes del auto sin pasar por el taller

    Un toque al estacionar o un pequeño rayón en la puerta son situaciones habituales para los vehículos, especialmente en las grandes ciudades. Hasta hace pocos años, la única opción para solucionar estos daños era acudir a un taller de chapa y pintura. Sin embargo, la evolución tecnológica de los materiales permitió que cualquier persona, sin conocimientos previos, pueda reparar daños menores en su auto.

    Así como muchos usuarios se animan a cambiar la pantalla del celular o a instalar dispositivos inteligentes en el hogar siguiendo tutoriales, cada vez más conductores optan por productos diseñados para realizar pequeñas reparaciones estéticas sin necesidad de herramientas profesionales.
    La aparición de nuevos materiales dio origen al fenómeno conocido como Smart Repair (reparación inteligente), un conjunto de procedimientos pensado para solucionar daños superficiales de manera localizada, rápida y a un costo considerablemente menor que una reparación convencional.
    Este avance también impulsó el desarrollo de productos para el usuario doméstico y, al mismo tiempo, popularizó servicios especializados enfocados no solo en reparar golpes, sino en preservar la pintura original mediante recubrimientos tecnológicos.
    ### Reparar solo la zona dañada
    Hoy es posible conseguir pinturas formuladas según el código original de cada vehículo, aerosoles de retoque, lápices correctores, masillas de secado rápido, químicos de adherencia, barnices transparentes, removedores de rayones y compuestos de pulido que permiten recuperar brillo y uniformidad, todo sin necesidad de pasar por un taller.
    El Smart Repair surgió hace varios años en Europa como una alternativa para resolver daños estéticos sin intervenir la pieza completa del vehículo. En lugar de desmontar un guardabarros o repintar una puerta entera, el trabajo se concentra exclusivamente en la superficie afectada, lo que permite reducir costos, tiempos de trabajo y desperdicio de materiales.
    Este método combina nuevas pinturas automotrices, recubrimientos inteligentes, herramientas de precisión y sistemas digitales para igualar el color original del vehículo. “La filosofía del Smart Repair consiste en reparar únicamente la zona dañada sin intervenir toda la pieza”, explica Fernando Velázquez, instructor del Centro de Capacitación Automotriz de Sinteplast, donde se dictan cursos para profesionales y aficionados.
    Aunque este método lleva años usándose en talleres especializados, la llegada de nuevos productos y sistemas de aplicación hizo posible que parte de estas soluciones esté al alcance del usuario final.
    ### Autos: qué daños pueden repararse en casa
    No todos los problemas de pintura requieren la intervención de un especialista. Los avances en formulaciones y técnicas permiten resolver una amplia variedad de desperfectos superficiales sin experiencia previa.
    Los casos más comunes incluyen rayones que afectan solo la capa de barniz, marcas producidas por roces al estacionar, pequeñas pérdidas de brillo y daños localizados provocados por piedras. También existen productos específicos para restaurar piezas plásticas exteriores, paragolpes o molduras deterioradas por el sol y la intemperie.
    La clave está en identificar correctamente la profundidad del daño. Si el rayón no llegó a la chapa y la pieza no presenta deformaciones, es posible solucionarlo mediante procesos de limpieza, pulido o retoque localizado.
    Sin embargo, los especialistas advierten que estos productos tienen límites claros. “Los aerosoles pueden solucionar algunos inconvenientes menores, pero no permiten un trabajo profesional. No se puede pintar un capó con un aerosol porque no tienen un abanico de pulverización como una pistola profesional”, explica Luis “Lucho” Calvente, referente del Taller de mi Amigo en Barracas, en diálogo con Clarín.
    Según Calvente, las limitaciones son especialmente notorias en pinturas metalizadas y perladas. “El barniz funciona distinto y allí ya se necesita equipamiento profesional para lograr una terminación pareja”, agrega. Para él, estos productos cumplen una función puntual: resolver problemas leves o emergencias, pero no reemplazan el trabajo de un chapista.
    “Muchas veces vienen personas que alquilaron un auto y deben devolverlo el mismo día tras un roce en el paragolpes. Buscan un retoque rápido para disimular el daño, y ahí puede ser una alternativa viable”, explica.
    Este tipo de demandas también es común en taxis, remises, vehículos de trabajo o modelos importados cuyos propietarios no pueden dejar el auto varios días en un taller.
    No obstante, la mano de obra profesional sigue siendo indispensable en casos de deformaciones importantes, daños estructurales o cuando se busca recuperar el acabado original de fábrica. En estas situaciones, los productos caseros no sustituyen la experiencia, las cabinas de pintura ni el equipamiento especializado.
    Además, la calidad de los materiales es un factor esencial. “Hay productos que prometen mucho, pero la experiencia con algunos diluyentes específicos no fue buena. La calidad sigue marcando una gran diferencia en el resultado final”, concluye Calvente.
    ### Cuándo conviene acudir a un profesional
    Aunque las soluciones caseras son cada vez más accesibles, los talleristas coinciden en que existen casos donde el Smart Repair no es adecuado.
    Si el daño atraviesa completamente la pintura y deja la chapa expuesta, hay corrosión presente, la pieza está deformada o el daño afecta zonas estructurales, un retoque localizado no es suficiente.
    Asimismo, usar materiales inadecuados, aplicar productos sobre superficies calientes o trabajar bajo el sol directo puede generar diferencias de color, textura o problemas de adherencia.
    En tales circunstancias, siguen siendo necesarios los procesos tradicionales de chapa, pintura y horneado.
    ### La otra tendencia: proteger antes que reparar
    Mientras el Smart Repair se enfoca en reparar daños puntuales de forma rápida y económica, otra tendencia creciente entre los propietarios es el car detailing, una disciplina orientada a preservar la pintura original y mejorar el aspecto estético del vehículo.
    “El detailing es un proceso integral de cuidado estético y protección de la carrocería que busca maximizar el brillo y la conservación de la pintura.

  • Guadalupe González: “Vivimos en el entorno internacional más peligroso de las últimas décadas”

    Guadalupe González: “Vivimos en el entorno internacional más peligroso de las últimas décadas”

    Guadalupe González: “Vivimos en el entorno internacional más peligroso de las últimas décadas”

    —¿Cómo definiría usted este momento de brutal incertidumbre y tensión geopolítica?

    Estamos atravesando un interregno global: el viejo orden internacional se encuentra agotado, pero el nuevo aún no ha emergido por completo. Los principios que sustentaban la idea —más aspiracional que real— de un orden liberal institucional basado en reglas, instituciones y cooperación multilateral están siendo cuestionados o simplemente abandonados. El escenario actual está marcado por guerras superpuestas e inconclusas, liderazgos que minan las instituciones desde adentro, democracias cada vez más frágiles y una concentración sin precedentes de riqueza, datos y capacidades tecnológicas en un reducido grupo de actores privados. Lo que más preocupa es la acumulación de conflictos abiertos y riesgos emergentes. La nueva carrera tecnológica y militar, los niveles récord en gasto de defensa, el deterioro de los acuerdos de control de armamentos y el renovado riesgo de proliferación nuclear conforman una combinación especialmente inquietante. Es un terreno fértil para errores de cálculo, escaladas involuntarias y crisis de mayor alcance. Por ello, tengo la impresión de que vivimos en el entorno internacional más peligroso de las últimas décadas.
    —Luego de la pandemia, parece que el mundo se desplazó hacia los extremos. ¿Es así?
    Las raíces son profundas y variadas, pero están vinculadas en buena medida al debilitamiento gradual de los mecanismos de protección social y a la retracción del Estado desde la década de 1990. La crisis financiera de 2008 supuso un shock en el núcleo mismo del capitalismo global, poniendo en duda la promesa de que la apertura económica y la globalización generarían prosperidad compartida, movilidad social y democracias más sólidas. Además, profundizó las desigualdades y alimentó una sensación de exclusión, vulnerabilidad y desprotección. La pandemia agravó este malestar, amplificando el miedo y erosionando aún más la confianza en las instituciones. Un motor más reciente de esta polarización tóxica es el rol de las tecnologías digitales, que facilitan la formación de comunidades cerradas, premian los mensajes emocionales y extremos, y aceleran la circulación de desinformación, algo que el populismo, tanto de izquierda como de derecha, ha sabido explotar. El miedo, una emoción extraordinariamente poderosa y rentable como instrumento electoral, se ha convertido en el eje de la polarización.
    —¿Qué papel desempeñan los megaempresarios tecnológicos?
    Son quizá la expresión más visible de una transformación tectónica en la distribución del poder en el siglo XXI. Su ascenso refleja un cambio profundo en la relación entre poder público y poder privado. Durante gran parte del siglo XX, las grandes corporaciones influían en los gobiernos, pero los Estados mantenían el control sobre los principales instrumentos de regulación y decisión estratégica. Hoy, esa relación es mucho más compleja. Las Big Tech operan simultáneamente en los ámbitos económico, tecnológico, cognitivo y de seguridad, y participan cada vez más en funciones tradicionalmente reservadas a los Estados. Esto les confiere una capacidad extraordinaria para moldear la conversación pública, condicionar las decisiones estatales y redefinir los límites de la democracia.
    —¿Y el crimen organizado?
    Comprender la reconfiguración del poder mundial implica no limitar el análisis a las rivalidades geopolíticas entre potencias y al capitalismo digital, pues de lo contrario se omitirían otros poderes fácticos que estructuran buena parte de las dinámicas actuales, como es el crimen organizado. Estas organizaciones no operan al margen del sistema, sino dentro de él, entretejidas con la economía legal, las instituciones públicas y la política. Las mismas herramientas que impulsan la innovación —plataformas digitales, inteligencia artificial, criptomonedas, comunicación encriptada— son aprovechadas por actores ilícitos para reclutar, coordinar operaciones, mover recursos y construir narrativas de legitimación. La revolución tecnológica no solo redistribuye el poder entre estados y empresas, sino que también amplía las capacidades de organizaciones criminales que hoy operan con una sofisticación y escala transnacional inéditas. La cuestión deja de ser únicamente cómo funcionan estas organizaciones y cómo enfrentarlas, para enfocarse en entender los entramados de violencia, impunidad y captura institucional que hacen posible su persistencia y expansión. Reducir el fenómeno al narcotráfico o al crimen organizado transnacional resulta un enfoque analítico limitado que suele favorecer respuestas exclusivamente punitivas. Prefiero emplear el concepto de “ecosistemas violentos”: redes donde crimen, desigualdad, impunidad y captura institucional se refuerzan mutuamente. Cuando el Estado no logra —o no quiere— castigar, disuadir o prevenir el delito, la impunidad se convierte en la norma.
    —¿La agresividad del gobierno de Trump es un acto desesperado de una potencia en declive?
    El movimiento MAGA refleja la convicción de que Estados Unidos ha perdido algo fundamental: poder, prestigio y control sobre su propio destino. Esta postura denota más frustración que desesperación y contrasta con la paciencia estratégica de China. Al mismo tiempo, reaviva la corriente jacksoniana nacionalista, populista y confrontacional, partidaria de la paz a través de la fuerza militar y el proteccionismo económico. La explicación también es doméstica: el trumpismo interpreta el declive relativo de Estados Unidos no solo como resultado de factores externos, como la globalización y el ascenso de China, sino de errores internos acumulados durante décadas. Responsabiliza al internacionalismo liberal y al progresismo cultural por haber debilitado al país desde adentro. Estamos frente a una revuelta conservadora de la nueva derecha ultranacionalista contra la globalización y el liberalismo político. Estados Unidos continúa siendo la principal potencia militar mundial, una de las dos mayores economías globales, emisor del dólar y un

  • Estas fueron las últimas cenas de 15 famosos criminales condenados a muerte

    Estas fueron las últimas cenas de 15 famosos criminales condenados a muerte

    Estas fueron las últimas cenas de 15 famosos criminales condenados a muerte

    En la antigüedad, la última comida de un condenado a muerte variaba según el país. En Francia, por ejemplo, se le ofrecía únicamente «un pequeño vaso de ron» sin alimentación sólida, ya que la sentencia se comunicaba pocos minutos antes de la ejecución. En Estados Unidos, cada estado permite que el reo solicite una «comida especial» antes de ser ejecutado, aunque con ciertas restricciones. En Florida, el pedido debe ser local y no superar los 40 dólares; en Oklahoma, el tope es de 15 dólares; y en Louisiana, el condenado cena junto al alcalde de la prisión. Nueva York, que abolió la pena de muerte tras su última ejecución en 1963, permitía que el preso eligiese cualquier comida, incluso cigarrillos.

    Por lo general, no se autorizan peticiones de alcohol ni tabaco. A continuación, se relatan los pedidos de última cena de algunos condenados notorios.
    Roger Casement, acusado de traición y ejecutado por ahorcamiento en Reino Unido en 1916, solicitó solo pan sacramental, tras haberse convertido al catolicismo y desear «ir a mi muerte con el cuerpo de mi Dios como mi última comida».
    Sacco y Vanzetti, condenados erróneamente por asesinato y ejecutados en la silla eléctrica en 1927 en Massachusetts, pidieron sopa, carne, tostadas y té.
    Adolf Eichmann, uno de los principales responsables del Holocausto, fue ahorcado en Israel en 1962. Su última comida consistió en una botella de vino tinto Carmel —de la cual bebió la mitad— acompañada por queso, pan, aceitunas y té, alimentos habituales en la prisión.
    Saddam Hussein, condenado por crímenes contra la humanidad y ahorcado en Irak en 2006, rechazó su última comida especial —un plato de pollo y arroz shawarma— y rehusó también fumar un cigarrillo.
    Los fotógrafos Henry Hargreaves, autor de «No Seconds», y James Reynolds, creador de «Condenados a muerte», realizaron una serie de fotografías que documentan las últimas cenas de diversos condenados.
    Stephen Wayne Anderson, ejecutado por inyección letal en California en 2002 a los 49 años, pidió dos sándwiches de queso a la plancha, queso cottage, rabanitos, sémola de maíz, una porción de pastel de durazno y un cucurucho de helado de chocolate.
    Theodore «Ted» Bundy, condenado por violación, necrofilia, fuga de prisión y 35 cargos de asesinato, fue ejecutado en la silla eléctrica en Florida en 1989. Rechazó una comida especial, aunque le sirvieron —sin que lo consumiera— un churrasco poco cocido, huevos fritos, papas fritas, tostadas con manteca y jalea, leche, café y jugo de naranja.
    Ángel Nieves Díaz, acusado de secuestro, asesinato y robo a mano armada, fue ejecutado en Florida en 2006 a los 55 años. Rechazó tanto la comida especial como la regular que le ofrecieron.
    Víctor Feguer, condenado por asesinato en Iowa en 1963, pidió como última comida una simple aceituna sin carozo, explicando que al consumirla un olivo nacería de su cuerpo como símbolo de paz.
    James Freeman, ejecutado por inyección letal luego de siete años en prisión, solicitó un churrasco con pimienta y salsa, arroz, vegetales, porotos, pan, pastel de chocolate con cobertura de manteca de maní y un jugo.
    John Wayne Gacy, responsable de violar y asesinar a 33 niños y adolescentes entre 1972 y 1978, fue ejecutado mediante inyección letal en Illinois en 1994 a los 52 años. Su última comida consistió en una docena de camarones fritos, pollo frito Kentucky, baked beans (chauchas en salsa de tomate picante), papas fritas, un batido de chocolate, una botella de Coca-Cola Light y medio kilo de frutillas (esta última parte no se le sirvió).
    Ronnie Lee Gardner, condenado por robo y dos asesinatos, fue fusilado en Utah en 2010 a los 49 años. Su última cena incluyó cola de langosta, churrasco, pastel de manzana, helado de vainilla y 7 Up. Además, pidió ver la trilogía de «El Señor de los Anillos» mientras comía.
    Lewis Gilbert, declarado culpable del asesinato de un guardia y dos ancianos, fue ejecutado con cóctel letal en Oklahoma en 2003. Su última cena consistió en dos helados de vainilla y algunos cucuruchos.
    Gary Mark Gilmore, autor de múltiples robos y dos asesinatos en Utah, se hizo internacionalmente conocido por solicitar él mismo la pena de muerte. Fue fusilado en 1977 a los 36 años. Su última comida incluyó una hamburguesa, seis huevos duros, una papa horneada, pan, varias tazas de café y tres tragos de whisky Jack Daniel’s, aunque solo bebió el café.
    James Hudson, condenado por asesinar a una pareja de 64 años y herir gravemente al hermano de uno de ellos, fue ejecutado en Virginia en 2004. Su última cena fue una galleta cream cracker y seis Coca-Cola.
    Thomas Treshawn Ivey, condenado por matar a un empresario y a un sargento de policía en 1993, fue ejecutado por inyección letal en Carolina del Sur en 2006. Su