Cómo usar la información satelital para ser más eficientes en la cosecha de trigo
En noviembre de 2025, mientras gran parte del trigo del norte de Santa Fe todavía transitaba sus últimas semanas antes de la cosecha, un productor ya tenía respuestas que históricamente llegaban demasiado tarde. Sabía, lote por lote, cuánto iba a rendir su cultivo. No era una corazonada ni un promedio regional: era información construida a partir de imágenes satelitales y un modelo biofísico capaz de traducir el “color” del cultivo en kilos de grano.Ese caso, trabajado por Ariel Zajdband, de Planet Labs, y Diego Hugo Pérez, técnico de AACREA, dentro del grupo CREA Las Petacas, del sur de Santa Fe, refleja un cambio de paradigma: anticipar la cosecha con precisión semanas antes de que entre la máquina.Zajdband y Pérez explican que planificar la cosecha sin datos precisos implica moverse con amplios márgenes de incertidumbre. En la práctica, eso se traduce en decisiones ineficientes: reservar más camiones de los necesarios, subestimar la capacidad de almacenamiento o vender anticipadamente sin conocer el verdadero potencial productivo.El problema se agrava cuando se analiza la variabilidad dentro de un mismo establecimiento. Dos lotes vecinos pueden diferir en hasta dos toneladas por hectárea, una brecha que permanece invisible hasta que la cosechadora recorre el campo. Con errores típicos de estimación de unos 500 kg/ha, esa incertidumbre puede significar uno o dos camiones por lote. Escalado a decenas de lotes, el impacto logístico y económico es considerable.La revolución de los satélitesDurante años, el uso de imágenes satelitales en agricultura fue más una promesa que una herramienta concreta. La baja resolución y la escasa frecuencia de captura —cada dos semanas o más— impedían seguir con precisión la evolución de los cultivos, especialmente en inviernos nublados.Hoy, ese escenario cambió radicalmente. Con satélites que capturan imágenes diarias y con resolución de pocos metros, es posible monitorear cada lote de manera continua. Incluso en condiciones adversas, se logran varias imágenes útiles por semana, lo que permite reconstruir con fidelidad el desarrollo del cultivo desde la emergencia hasta la madurez.El salto no es solo tecnológico: es conceptual. Ya no se trata de saber cómo viene “la zona”, sino de entender qué ocurre en cada lote, con información accionable y a tiempo. El modelo utilizado se apoya en un principio agronómico clave: el rendimiento depende de cuánta radiación solar captura el cultivo y cuán eficientemente la convierte en biomasa.A partir de imágenes satelitales, se mide el verdor del cultivo —indicador de la cantidad y actividad de hojas verdes— y se lo combina con datos térmicos acumulados para identificar el estadio fenológico. Con esa información, el modelo estima la biomasa generada y proyecta el rendimiento final.La base metodológica proviene de desarrollos de la Facultad de Agronomía de la UBA, adaptados en este caso a imágenes de alta frecuencia y resolución. A diferencia de muchos enfoques actuales, no se trata de un algoritmo de inteligencia artificial entrenado con grandes volúmenes de datos históricos, sino de una ecuación que replica el funcionamiento real del cultivo. Esto permite interpretar errores y mejorar el modelo campaña tras campaña.Resultados validadosLa validación en 83 lotes del grupo CREA Las Petacas durante la campaña 2025 mostró resultados contundentes:-El modelo explicó el 69% de la variabilidad de rendimiento entre lotes.-Dos de cada tres lotes tuvieron errores menores a 500 kg/ha.-Ocho de cada diez quedaron dentro de ±1 tonelada respecto al valor real.Más importante aún es el momento en que se logra esa precisión. A los 60 días de la siembra, el modelo ya captura más de la mitad de la variabilidad. Hacia los 105 días —inicio del llenado de grano— alcanza niveles de precisión cercanos al 74%, entre 35 y 55 días antes de la cosecha.Ese margen de anticipación es clave: es exactamente cuando se definen la logística, la contratación de transporte y muchas decisiones comerciales.Una herramienta que aprende campaña a campañaEl verdadero potencial de esta tecnología no está en una campaña puntual, sino en su capacidad de mejora continua. Cada lote cosechado y medido alimenta el sistema, ajusta parámetros y permite entender mejor los desvíos.La evolución entre 2024 y 2025 lo demuestra. En un año seco como 2024, el modelo capturaba bien el promedio, pero no lograba diferenciar entre lotes. Tras una recalibración específica para trigo pampeano, en 2025 pasó a explicar con solidez la variabilidad interna.Además, su adopción no requiere inversiones en maquinaria ni sensores a campo. Funciona sobre lotes digitalizados y con información satelital disponible, con código abierto que puede escalar a otras regiones y grupos productivos.La cosecha siempre fue el momento en que la incertidumbre se convierte en certeza. Pero herramientas como esta empiezan a correr ese límite hacia atrás en el tiempo.Hoy, el satélite observa todos los campos todos los días. La diferencia competitiva ya no está en acceder a esa información, sino en transformarla en decisiones concretas antes de que llegue la cosechadora.En ese cambio silencioso, la planificación agrícola deja de ser una apuesta y se convierte, cada vez más, en un ejercicio de precisión.
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Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»
Robo de propofol y fentanilo: quiénes son Hernán Boveri y Delfina Lanusse, los médicos acusados usar drogas para las fiestas de los «viajes controlados»
El escándalo se viralizó tan rápido como el audio que saltó de los grupos de Whatsapp de médicos y anestesiólogos de toda la Ciudad De Buenos Aires a las redes sociales. Pero el correlato judicial avanza a su tiempo y, ahora, con secreto de sumario.Hernán Boveri (45) es un médico anestesiólogo de planta permanente del Hospital Italiano que el 25 de marzo fue indagado por el juez Javier Sánchez Sarmiento, del juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°48 y por el fiscal Lucio Herrera de la Fiscalia N°29.En su declaración, según pudo saber Clarín, Boveri negó los hechos y, a través de sus abogados, refirió que realizaría una declaración por escrito. En el mismo sentido había declarado Delfina Lanusse (29), una residente del tercer año que trabajaba junto a Boveri en el centro del salud del que se habrían sustraído sustancias para uso hospitalario con fines de consumo recreativo.Boveri es reconocido entre sus colegas por su experiencia como anestesiólogo en el Hospital Italiano. Además, le reconocen una amplia trayectoria académica y de capacitación para otros profesionales. Ha participado de ciclos de enseñanza y práctica médica en otros países de latinoamérica junto a asociaciones de anestesia y analgesia.Según pudo saber Clarín, Boveri se apartó de la institución médica en la que se desempeñaba hace años luego de conocerse el fallecimiento de Alejandro Zalazar (29), un residente del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, del Hospital Rivadavia y de la Fundación Favaloro.Los allanamientos que se hicieron en la investigación por el robo de drogas anestésicas. Investigan a los anestesiólogos Hernán Boveri y Delfina Lanusse.Zalazar fue hallado sin vida el 20 de febrero en su departamento de Palermo. En el lugar del hallazgo, y en circunstancias que investiga el fiscal Eduardo Cubría, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6, junto al Juzgado Nº60, interinamente a cargo del juez Santiago Bignone, encontraron frascos catalogados como Fentanilo y Propofol y cuya trazabilidad podría llegar hasta el Hospital Italiano.Zalazar tenía una vía conectada al pie derecho a través de la cual se habría administrado estos anestésicos, lo que le provocó la muerte. Este hallazgo, que todavía está siendo investigado formalmente y a la espera de pericias e informes, derivó en una investigación interna dentro del Hospital Italiano.El centro de salud realizó una denuncia formal que radicó ante el juzgado N°48 y la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAAEBA) realizó otra que recayó en la Fiscalía N°47 pero que fue unificada en un solo expediente en manos del juez Sánchez Sarmiento.en los allanamientos realizados el 13 de marzo secuestraron distintos insumos médicos de interés para la causa.Delfina Lanusse también fue indagada en la causa que investiga el hurto y la administración fraudulenta en perjuicio del hospital. La médica es residente de tercer año en el Hospital Italiano, donde había empezado a trabajar en septiembre de 2023. Es egresada de la Universidad Austral y en su perfil e Linkedin enumera una rotación clínica práctica en anestesiología en la Universidad Austral entre 2021 y 2023, participando en más de 500 horas de observación y acompañamiento a anestesiólogos durante procedimientos quirúrgicos. En el mismo ámbito académico también se desempeñó como tutora de Fisiopatología durante 2021 y como tutora de Inmunología entre 2019 y 2020.El 13 de marzo se ordenaron tres allanamientos, que tuvieron resultados positivos y estuvieron a cargo de la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad en domicilios de la Ciudad de Buenos Aires y de Tigre. En los domicilios secuestraron insumos médicos que deberán ser analizados ya que muchos corresponden a la práctica profesional que desarrollan Boveri y Lanusse.Este miércoles, el juzgado ordenó un nuevo allanamiento en la AAAEBA buscando documentación y actas de interés para la investigación. «El juzgado manda a la policía a que retire cualquier documentación que se tenga. Estamos reuniendo la documentación, la asociación es las primera interesada en que se investigue qué pasó. Se están aportando actas de reuniones en las que puedan haber participado estas personas», indicó Eduardo Gerome, abogado de la asociación que también representó a Nélida Puente, la anestesista involucrada en el fallecimiento de la periodista Débora Pérez Volpin.Hernán Boveri y Delfina Lanusse por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar (centro).»Somos denunciantes que llevamos a la Justicia la información que tenemos.El allanamiento nos tomó por sorpresa porque con un simple pedido presentamos las actas. Y somos denunciantes, los que más queremos es que todo esto se aclare. Uno no puede saber qué es lo que hacen los profesionales en su vida privada. Pero esto que trascendió es otra cosa y quiero dejar en claro que, apenas tomamos conocimiento de esto, corrimos a hacer la denuncia. Ninguno de estos profesionales tenían antecedentes que pudieran dar lugar a pensar en algo así. Los dos tenían desempeños impecables hasta ahora», concluyó Gerome.El escándalo en redesPasó más de un mes entre el fallecimiento de Alejandro Zalazar y que el escándalo trascendió a los medios de comunicación. En el medio, los rumores se multiplicaron entre los médicos y residentes, sorprendidos de que no hubiera noticias vinculadas a la muerte de Zalazar.Públicamente solo se difundió un comuncado de la cuenta de la Asociación de Profesionales del Hospital Ricardo Gutiérrez en el que lo despidieron formalmente, además de algunos compañeros que compartieron fotos con mensajes emotivos.Pero los rumores no se detuvieron, tanto fue así que la viralización de un audio enviado por Whatsapp terminó por poner el foco, no solo en el fallecimiento de Zalazar, sino también en el hurto de estos anestésicos para consumo en presuntas fiestas en las que médicos de distintos hospitales se reunían a inyectarse propofol y fentanilo.En este audio, que dura siete minutos, mencionan a profesionales de los hospitales Rivadavia, Gutiérrez, Italiano, Austral y Alemán. También reproduce la versión una presunta relación entre Lanusse y Boveri, de denuncias cruzadas entre ellos y hasta detalles de estos encuentros.Según reproduce este mensaje, que no fue incorporado a ninguno de los dos expedientes judiciales derivados de estos hechos, las reuniones se realizarían en departamentos y contaría con una persona asignada para «ambucear» (dar ventilación asistida) en casos de apneas (falta de oxígeno) provocadas por el propofol. Incluso hasta menciona el uso de una bomba de infusión, un dispositivo médico utilizado para administrar fármacos «controlada».