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  • Los entrerrianos ya pueden tramitar online la constancia de la VTV para viajar

    Los entrerrianos ya pueden tramitar online la constancia de la VTV para viajar

    Los entrerrianos ya pueden tramitar online la constancia de la VTV para viajar

    El Gobierno de Entre Ríos habilitó el trámite online para gestionar la constancia que acredita que la Verificación Técnica Vehicular (VTV) no es obligatoria para circular dentro de la provincia. La iniciativa se enmarca en el proceso de modernización del Estado y es el resultado de un trabajo conjunto entre el Ministerio de Economía y las secretarías de Transporte y de Modernización.

    La medida está destinada a vehículos particulares radicados en Entre Ríos, cuyos titulares tengan domicilio en la provincia. La nueva modalidad digital permite simplificar el proceso, evitar instancias presenciales y facilitar el acceso desde cualquier punto del territorio.
    El trámite se realiza a través de la plataforma Mi Entre Ríos, donde se emite una constancia que certifica la exención de la Revisión Técnica Obligatoria (RTO), conocida en otras jurisdicciones como Verificación Técnica Vehicular (VTV).
    En este marco, el ministro de Economía y Servicios Públicos, Fabián Boleas, destacó que «este es un paso más en el proceso de digitalización que venimos llevando adelante en la provincia. Como plantea el gobernador, se trata de traer a Entre Ríos al siglo XXI. En este caso, incorporamos a la plataforma Mi Entre Ríos un trámite clave como la VTV, que antes era manual y presencial. Se suma así a otros avances importantes, como la digitalización de turnos de salud, la simplificación del vínculo con ATER mediante la eliminación de más de 100 tasas, y las mejoras en transporte con la implementación de la SUBE y la gestión digital de beneficios para docentes y estudiantes».
    Por su parte, el secretario de Modernización, Ciencia, Tecnología e Innovación, Emanuel Gainza, señaló que «a partir de hoy, el trámite de la VTV pasa a ser 100% digital y ya está disponible en la plataforma Mi Entre Ríos. Cualquier ciudadano puede ingresar desde su celular o computadora y completarlo de manera íntegramente online. Hasta ahora, este proceso requería realizarse de forma presencial, incluso en puestos camineros. Este avance forma parte de una decisión firme del gobernador de modernizar el Estado, reducir la burocracia y cuidar el tiempo de los ciudadanos. Y no será el último paso: estamos trabajando para que cada vez más trámites puedan resolverse de manera digital».
    En tanto, el secretario de Transporte, Aníbal Steren, indicó que «desde la Secretaría de Transporte venimos trabajando de manera articulada con el área de Modernización y el Ministerio de Economía para avanzar en la digitalización de trámites. Ya dimos pasos importantes con la SUBE y ahora con la VTV, que se suma a este proceso. Seguimos controlando que las empresas de transporte cumplan con la revisión técnica obligatoria, y al mismo tiempo buscamos simplificar gestiones para hacerle la vida más fácil a los entrerrianos en su vínculo con el Estado provincial».
    Cabe recordar que, mediante el Decreto N° 4331/98, la Revisión Técnica Obligatoria se encuentra suspendida en la provincia. No obstante, la constancia resulta necesaria para circular por rutas nacionales o en otras jurisdicciones donde este requisito es exigido. El certificado tiene una vigencia de 120 días desde su emisión y se otorga de manera gratuita.
    Cómo realizar el trámite
    Para obtener la constancia, los interesados deben ingresar a la plataforma Mi Entre Ríos o utilizar la aplicación móvil. Allí deberán seleccionar la opción «Nuevo trámite», buscar «Constancia de excepción de Revisión Técnica Vehicular (VTV)» y completar el formulario con los datos requeridos. Además, será necesario adjuntar imágenes del DNI del titular y de la Tarjeta Verde del vehículo.
    Una vez aprobado, el documento será enviado en formato PDF, listo para ser descargado, impreso y presentado ante los controles correspondientes.

  • Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    Viajar mal se convirtió en rutina: estrés, incertidumbre y horas perdidas por fallas y demoras en colectivos y trenes

    En las cabeceras y estaciones de la Ciudad y el conurbano hay una escena que se repite todos los días: personas que corren para no perder un tren, que no saben si va a salir, filas que desbordan las paradas, colectivos que pasan llenos sin detenerse, gente que viaja apretada y cansada. No es una excepción ni un mal día. Es simplemente la rutina. Viajar dejó de ser un trayecto previsible para convertirse en una sucesión de esperas, decisiones forzadas y tiempos muertos. Tiene que ver con problemas constantes con los trenes, que en muchos casos redujeron frecuencias. Y la semana pasada se sumó el conflicto entre el Gobierno nacional y las empresas de colectivos, que aunque mejoró, está latente.Un hombre con ropa de operario, la campera gastada y las manos curtidas, se queda medio dormido apoyado contra el caño frío de la parada. Abraza la mochila contra el pecho, como si fuera un escudo. Cada tanto abre los ojos, mira la calle y vuelve a cerrarlos. El colectivo no llega. Nadie sabe cuándo va a llegar.Raúl Toloza lo mide en horas. “Le dedico dos horas a viajar. Me tomo el Roca hasta Calzada y después el 271. Si perdés uno te querés matar. A la vuelta es peor, tarda más y vienen llenos”. Hace un año, dice, no era así. “Venían cada 15 o 20 minutos. Ahora a veces pasan dos seguidos completamente llenos y no paran”.Blanca Aguayo lo ve en la fila. Todos los días toma el 414 desde Florencio Varela hasta La Plata. “Antes esperaba 30 minutos, ahora viene cada una hora. Se junta con los chicos de la facultad y la fila supera la garita”, cuenta. A la vuelta, la decisión es forzada: “No sabés qué elegir. Tren o colectivo, en los dos viajás apretada, cansada y harta”.En Lomas de Zamora, la rutina de Natalia y su pareja está atravesada por esa misma lógica. Él sale de trabajar cerca de las 22 en Chacarita, combina subte y tren hasta Constitución y desde ahí intenta volver. “Los trenes no cumplen horarios, los cancelan o los cambian. El de las 22.53 termina saliendo a las 23.11”, dice. Cuando llega, el problema sigue: colectivos que no salen, aunque estén estacionados. “Él llegó a esperar media hora y termina caminando porque pierde más tiempo esperando”. Muchas noches camina a las 11, cansado, con el celular en la mano y la ubicación compartida. “Da miedo”, dice.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezA la mañana, el problema se repite pero con otro ritmo: colectivos que pasan desbordados, imposibles de abordar, incluso para trayectos de pocas cuadras. “Tengo que dejar pasar uno o dos trenes porque no te podés subir”, dice.En los trenes del Roca, la experiencia es otra forma de desgaste. Una mujer se seca la transpiración con el dorso de la mano mientras intenta sostenerse. Está atrapada entre cuerpos que no dejan de empujar desde atrás. Cada vez entra más gente. No hay aire. No hay espacio. Solo un murmullo de quejas y respiraciones agitadas.El deterioro también se siente en el cuerpo y en el vínculo con los otros. “Cada día se viaja peor: te golpean, te insultan”, cuenta Facundo Ríos, que viaja desde Quilmes hasta Olleros y demora hasta tres horas por tramo. “Todos salimos con el mismo fin, pero la falta de respeto es lo peor. Hay hombres que hacen fuerza como patovicas para meterse. No da derecho a maltratar a otro”, recrimina. En los andenes y dentro de los vagones, la escena se repite: empujones, discusiones, tensión.La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. Foto: Emmanuel FernándezCristian Ferraro lo vive todos los días. “Cansa más que trabajar”, dice. Viaja parado, apretado, a veces sostenido con un solo pie. “El tren se queda parado, la gente empuja para subir. Se pelean. Es un desastre”. Cuenta también lo que pasa dentro de los vagones: consumo de alcohol, humo, falta de control. “Viajo hace años y nunca vi que bajen a nadie”, describe.A veces el viaje parece avanzar con normalidad hasta que se interrumpe. En estaciones como Temperley o Claypole, los parlantes anuncian que el tren termina ahí. Y todo vuelve a empezar: esperar otro transporte, buscar alternativas, o resignarse a caminar por las vías para llegar a la siguiente estación. En otras ocasiones, la escena escala en el hall de Constitución: cancelaciones repentinas, pasajeros corriendo de un andén a otro, gente que después de horas de viaje pierde su lugar y tiene que volver a subirse a una formación ya llena. La rutina de viajar mal. Trenes y colectivos colapsados, y demoras y estrés para los pasajeros. En la terminal de Retiro se repite el escenario de otras cabeceras. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiEl sistema no solo funciona mal: también se está achicando. Según un informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, en abril de 2026 cayó con fuerza la cantidad de pasajeros en colectivos del AMBA en comparación con 2025. En los días hábiles (los más representativos del movimiento laboral) la baja es del 15%. Pero la caída es aún más marcada los fines de semana: los sábados baja un 19% y los domingos un 20%, mientras que en feriados alcanza el 29%, lo que refleja un retroceso general del uso del transporte también en actividades sociales y de ocio.Al mismo tiempo, no solo disminuyó la cantidad de usuarios, sino también la oferta del sistema. Los colectivos recorrieron menos kilómetros (una baja del 12% en días hábiles, 10% los sábados y 9% los domingos), y hubo menos unidades en circulación (8% menos en días hábiles, 7% los sábados y 6% los domingos). En feriados, la reducción es todavía más fuerte en todos los indicadores.El informe vincula este escenario a tres factores principales: el aumento del costo del gasoil, la deuda por subsidios impagos y la caída en la demanda, asociada tanto al deterioro del servicio como a la menor actividad económica. En conjunto, los datos reflejan un doble fenómeno: menos gente viajando, pero también menos transporte disponible. Es decir, no se trata solo de una caída en la demanda, sino también de un sistema que se achica. El resultado es un escenario paradójico: aunque hay menos pasajeros, quienes siguen viajando pueden enfrentarse a un servicio más limitado, con menor frecuencia y cobertura.Los usuarios del tren Sarmiento también padecen demoras y esperas para volver hacia el Oeste. Como contó Clarín en una nota anterior, volver al sur del conurbano se convirtió en una odisea. Los últimos servicios hacia Bosques salen apenas pasadas las 20.30: 20.33 por vía Temperley y 20.36 por vía Quilmes. Para miles de personas, llegar a tiempo a Constitución define todo: o un viaje relativamente directo o una combinación que puede estirarse hasta tres horas.Quienes no llegan, quedan fuera del sistema. La salida de circulación de la línea 148, “El Halcón”, profundizó ese escenario. Durante décadas fue la conexión directa entre Constitución y el sur. Sin ese colectivo, miles de pasajeros quedaron sin una alternativa clave. Jennifer lo resume: “Después de las 20.30 no hay nada. Tenés que hacer dos o tres combinaciones o pagar un Uber. Es una odisea”.Desde entonces, la vuelta depende de lo que haya: combis que salen llenas, taxis compartidos o aplicaciones de viaje con precios que muchas veces son inaccesibles. Un taxi puede costar entre 7.000 y 8.000 pesos; una app, hasta 45.000. Para muchos, directamente no es una opción.Colas interminables para tomar colectivos la semana pasada, durante el conflicto en el que las empresas redujeron servicios por diferencias con los subsidios con el Gobierno nacional. Foto: Martín BonettoEl impacto no es solo físico. El psicoanalista Ricardo Rubinstein explica a Clarín que el viaje puede funcionar como una rutina organizadora, un momento de transición entre la vida personal y el trabajo. Pero cuando las condiciones son malas, ocurre lo contrario: “Genera estrés, irritación y cansancio. Afecta la concentración, el humor, los vínculos y hasta el sueño”.Viajar mal, de forma sostenida, también tiene un efecto psicológico. La incertidumbre constante (no saber si el tren va a salir, si el colectivo va a parar o cuánto va a durar el trayecto) genera ansiedad y un estado de alerta permanente. A eso se suma la frustración acumulada por el tiempo perdido y la sensación de falta de control sobre la propia rutina.Con el tiempo, ese desgaste impacta en la vida cotidiana: menos energía para el trabajo, menos paciencia en los vínculos, menos tiempo para descansar. El viaje deja de ser un momento de transición y se convierte en una carga que se arrastra durante todo el día.Zona norte: entre el costo y la pérdida de previsibilidadEn la zona norte, el viaje tiene otra geografía, pero comparte el mismo desgaste. En la estación de Retiro, el movimiento es constante: trabajadores, estudiantes y también pasajeros de larga distancia conviven en un mismo flujo que, en horas pico, se vuelve difícil de contener.El servicio funciona todos los días, desde aproximadamente las 5 de la mañana hasta cerca de las 23 horas. En los ramales urbanos del tren Mitre (como Tigre, Mitre y José León Suárez) las formaciones circulan cada 15 a 20 minutos en hora pico y entre 20 y 35 minutos el resto del día, aunque el ramal Bartolomé Mitre suele tener intervalos más amplios. En los trayectos más largos, las frecuencias pueden superar la hora de espera.A eso se suma otro factor que pesa cada vez más: el costo del viaje. Con tarifas vigentes desde septiembre de 2024, según Trenes Argentinos, el boleto oscila entre los $ 280 y los $ 450 según el destino, y puede llegar hasta los $ 900 en recorridos más extensos como Villa Ballester–Zárate. Para muchos usuarios, sostener ese gasto implica buscar alternativas: promociones bancarias, descuentos o incluso el uso de tarjetas SUBE con tarifa social de familiares.Sol y Javier lo viven todos los días. Son compañeros de trabajo, viven en Constitución y viajan hasta José León Suárez. Combinan subte y tren. “Tenemos un gasto cercano a los 60.000 pesos por mes. Tratamos de aprovechar promociones o ver si alguien nos puede acercar en auto”, cuentan. En el caso de Sol, evitar un colectivo es una decisión económica: “Prefiero no seguir gastando”.El tiempo también pesa. “Son dos horas de ida y dos de vuelta. Es cansador”, dicen. Y aunque el subte mantiene cierta regularidad, el tren perdió previsibilidad. “Antes sabíamos que salía y en 25 o 35 minutos llegábamos. Ahora hay retrasos constantes”.Zona oeste: viajes largos y rutinas adaptadasEn el oeste, la historia cambia de línea pero no de fondo. El tren Sarmiento es, para muchos, parte de la identidad de quienes viven en esa zona. “Es costumbre”, dice Milagros, de 23 años, que vive en Merlo y combina colectivo y tren para trabajar y estudiar fotografía en Capital.En hora pico, las formaciones del Sarmiento circulan cada 10 a 15 minutos, pero esa frecuencia no se mantiene en los ramales más largos ni durante los fines de semana, donde las esperas pueden extenderse a más de una hora. En los últimos días, además, hubo modificaciones en los primeros y últimos trenes por obras en las vías, lo que obligó a muchos usuarios a reorganizar su rutina.Milagros tarda dos horas entre ida y vuelta. “Es tedioso, pero me acostumbré. Trato de ver una serie o estudiar en el viaje”, dice. Para reducir costos, usa la SUBE de sus padres jubilados. “Es parte de la cultura de la gente que vive en provincia”.Pero no todos logran naturalizarlo. Ornella, estudiante de Psicología en la UBA, vive en Francisco Álvarez y viaja tres veces por semana a Once. Su trayecto puede extenderse hasta tres horas y media. “Es como hacer un viaje a la costa todos los días”, grafica. Primero toma un colectivo, después el tren y finalmente completa el recorrido a pie o con otro transporte.La frecuencia también es un problema. “Antes el tren tardaba menos. Ahora a veces esperás más de una hora”, cuenta Milagros. Y en algunos casos, el margen de error es mínimo: “Hay compañeros que tienen un colectivo que pasa una sola vez a la noche. Si lo perdés, esperás hasta las 2 de la mañana”.La respuesta oficialDesde la Secretaría de Transporte, en diálogo con Clarín, reconocen las dificultades del sistema. “Más que un mejor servicio queremos que sea seguro. El sistema de transporte que recibimos como herencia es un desastre”, señalaron. Según explicaron, la reducción de frecuencias se dio principalmente en una primera etapa, pero luego las empresas realizaron esfuerzos para recuperar niveles habituales.En el sistema ferroviario, el foco está puesto en la seguridad. En el marco de la Emergencia Ferroviaria, se avanzó en la revisión de normas y mantenimiento, incluyendo la derogación de una resolución que limitaba la velocidad en estaciones terminales. La medida, tomada junto a Trenes Argentinos, busca optimizar los tiempos de viaje sin comprometer la seguridad, apoyada en inversiones como el sistema de frenado automático, mejoras en señalamiento y renovación de vías.»Entendemos las dificultades que atraviesan los usuarios y sabemos que aún queda mucho por hacer. El objetivo es avanzar hacia un sistema más previsible, seguro y eficiente, recuperando progresivamente niveles de servicio que hoy se ven condicionados por una situación estructural compleja», manifestaron. Trenes Argentinos informó que actualmente hay nueve estaciones fuera de servicio por obras en las líneas Roca, Mitre y Sarmiento. La empresa explicó que los diagramas de servicio se ajustan en función de las obras para preservar la seguridad operacional en el marco de la Emergencia Ferroviaria, que las afectaciones se informan por los canales oficiales y que, salvo en el Sarmiento donde algunas semanas se modifican los primeros y últimos trenes, los servicios publicados mantienen sus frecuencias habituales gracias a ventanas nocturnas de trabajo en Roca y Mitre.En cuanto a la demanda, los datos de la CNRT muestran una caída sostenida de pasajeros en los últimos años. En el Roca, tras el pico pospandemia de 131,2 millones de pasajeros en 2022, se pasó a 120,3 millones en 2024 y 111,6 millones en 2025; en enero y febrero de 2026 se registraron 14,9 millones de viajes. En el Mitre, luego de superar los 39 millones de pasajeros entre 2022 y 2024, el total bajó a 28,2 millones en 2025 (año atravesado por interrupciones prolongadas por obras) y en los dos primeros meses de 2026 sumó 1,55 millones. En el Sarmiento, que había alcanzado su máximo en 2024 con 77,7 millones de pasajeros, el número descendió a 70,2 millones en 2025 y acumula 8,3 millones en lo que va de 2026.Viajar en el AMBA es, cada vez más, una experiencia que atraviesa todo. El tiempo, el cuerpo, el ánimo. Menos transporte, más espera, más tensión.

  • La ciencia dice que las personas ancianas deberían viajar separadas en los vuelos de avión por seguridad y salud

    La ciencia dice que las personas ancianas deberían viajar separadas en los vuelos de avión por seguridad y salud

    La ciencia dice que las personas ancianas deberían viajar separadas en los vuelos de avión por seguridad y salud

    El crecimiento de la población mayor también se refleja en los aviones. Cada vez más personas de edad avanzada viajan, lo que obliga a repensar aspectos que antes pasaban desapercibidos, como la distribución de los pasajeros dentro de la cabina.Durante años, sentarse junto a familiares o parejas fue considerado lo más lógico y cómodo. Sin embargo, nuevas investigaciones empezaron a cuestionar esa práctica cuando se analiza desde el punto de vista de la seguridad.Según el sitio Gbnews, el foco no está en separar por capricho, sino en entender cómo reaccionan distintos grupos en situaciones extremas, como una evacuación de emergencia. En esos escenarios, factores como la movilidad, la velocidad de respuesta y la toma de decisiones juegan un papel clave.A partir de simulaciones y estudios recientes, los expertos plantean una idea que puede resultar contraintuitiva: distribuir a los pasajeros mayores en distintas zonas del avión podría mejorar la seguridad general de todos a bordo.Uno de esos trabajos fue realizado por equipos de la Universidad de Sidney y la Universidad de Calgary, que llevaron a cabo 27 simulaciones de evacuación en un Airbus A320 ante un escenario de emergencia extrema. En esas pruebas se analizaron distintas configuraciones de la cabina, incluyendo la ubicación de pasajeros mayores de 60 años. Los resultados mostraron que la forma en que se distribuyen dentro del avión puede influir directamente en la velocidad de evacuación y en la aparición de cuellos de botella.Lejos de ser una cuestión social, la propuesta responde a variables físicas y cognitivas que se vuelven críticas en una emergencia. Estas son las principales conclusiones de los especialistas:Este planteo no busca limitar la experiencia de viaje, sino anticiparse a situaciones extremas donde la organización interna del avión puede salvar vidas.La idea de separar a personas mayores puede resultar incómoda desde lo emocional, pero responde a una lógica de seguridad colectiva. En un entorno donde cada segundo cuenta, la forma en que se distribuyen los pasajeros deja de ser un detalle y se convierte en un factor decisivo.

  • Siguen la protesta de empresas de colectivos y los problemas para viajar: cuáles son las líneas afectadas y qué reclaman

    Siguen la protesta de empresas de colectivos y los problemas para viajar: cuáles son las líneas afectadas y qué reclaman

    Siguen la protesta de empresas de colectivos y los problemas para viajar: cuáles son las líneas afectadas y qué reclaman

    Las largas colas y las demoras para viajar seguían en los centros de trasbordo de la Ciudad y el Gran Buenos Aires este miércoles por la mañana. Aunque se produjo el pago parcial de los subsidios a las empresas, las líneas de AMBA, es decir las que cruzan de Ciudad a Provincia, y las provinciales, seguían funcionando con menos servicios y frecuencias.Desde el sector empresario confirmaron que, si bien el pago parcial de los subsidios trajo algo de alivio en las últimas horas, «la situación de fondo sigue sin resolverse». Y explicaron que aún no está resuelto el problema del financiamiento del sistema.Entre las líneas que prestan servicios reducidos están: 1, 2, 8, 9, 10, 15, 17, 19, 20, 21, 22, 24, 28, 29, 31, 32, 33, 37, 41, 45, 46, 49, 51, 53, 55, 56, 57, 59, 60, 63, 67, 70, 71, 74, 75, 78, 79, 80, 85, 86, 87, 88, 91, 92, 93, 95, 96, 97, 98, 100, 101, 103, 105, 110, 111, 113, 114, 117, 119, 123, 124, 126, 127, 128, 129, 130, 133, 134, 135, 136, 140, 143, 145, 146, 148, 150, 152, 153, 154, 158, 159, 160, 161, 163, 164, 166, 168, 169, 172, 174, 176, 177, 178, 179, 180, 181, 182, 184, 185, 188, 193, 194, 195 y 197.Según se informó desde el Gobierno, la Secretaría de Transporte transferirá este miércoles los subsidios de la Nación a las empresas de colectivos. Sin embargo, la protesta se mantendrá debido a que consideran que el monto que recibirán no cubre toda la deuda.Fuentes del Gobierno nacional aseguraron que hoy se cumplirá con el pago de los subsidios y esperan que se levante la protesta. Además, agregaron que el jueves a las 11 habrá una reunión de autoridades de Transporte con las cámaras empresarias del sector.El titular de la empresa Dota, Marcelo Pasciuto, afirmó que «el sistema de transporte está colapsado» y reclamó por pagos de subsidios atrasados. Desde las cámaras aseguran que la deuda complica el manejo financiero de la empresa y los pagos de sueldos.“A mí me avisaron que van a depositar una parte, la mitad de lo que se debía. En las líneas nacionales están debiendo 19,5 millones y van a depositar 9 millones por colectivo. No llegan a cumplir lo atrasado y eso hay que sumarle la diferencia de costo, más el aumento del combustible, que subió 700 pesos en 15 días”, expresó el empresario en declaraciones periodísticas.Desde las cámaras empresarias aseguran que hay un desfasaje desde 2024, cuando el esquema del transporte de colectivos se dividió en tres jurisdicciones: Nación, Ciudad y Provincia. Las 28 líneas porteñas no están afectadas por las protestas.Además, sostienen que la deuda viene desde el último cuatrimestre del año 2025, a lo que se suman saldos impagos de «febrero, marzo y el adelanto de abril».Pasciuto denunció ante los medios una «falta de gestión que tiene tanto Nación como Provincia» en el manejo de las partidas presupuestarias. Explicó que el Gobierno nacional se comprometió a acreditar los fondos durante esta semana, pero que la administración de la provincia de Buenos Aires postergó el pago hasta «el lunes que viene», superando el plazo legal del cuarto día hábil. Además, sumó que hay deudas del Estado por la diferencia de las tarifas sociales.»La tarifa y los subsidios fueron calculados en base a un gasoil de $ 1.600 el litro, y ahora cuesta $ 2.150″, explicó Luciano Fusaro, presidente de AAETA, otra de las cámaras empresarias, y agregó: «El transporte está en crisis desde hace muchos años, y cuando llegamos a estas situaciones es la tormenta perfecta»»Necesitamos un anticipo de subsidios para salir del paso y poner al día las deudas. El subsidio es el 63% de nuestros ingresos. Y después ver qué nivel de tarifas necesitamos para sostener los servicios. Hay que tener una política tarifara que lleve el boleto a lo que realmente cuesta y después subsidiar al que lo necesita», dijo el empresario.