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  • “La discapacidad está en terapia intensiva”

    “La discapacidad está en terapia intensiva”

    “La discapacidad está en terapia intensiva”

    Silvia Bleichmar fue una psicóloga y socióloga argentina. En conferencias y escritos entre finales de los años 90 y principios del siglo XXI enfatizó que “la crueldad no es sólo el ejercicio malvado sobre el otro; es también la indiferencia ante el sufrimiento del otro”.Hoy, Argentina vive un momento difícil, la empatía se encuentra cada vez más lejana en nuestra sociedad. Hay muchos sectores que han sido vapuleados. En el caso de la discapacidad, nos encontrarnos en terapia intensiva. Es importante destacar que el Congreso sancionó la Ley 27.793 de Emergencia en Discapacidad para frenar este colapso. La misma fue vetada, luego restituida y hasta la Justicia Federal ordenó su acatamiento. Pero la legislación no se cumple ni se aplica en su totalidad. Los aranceles de las prestaciones tienen un atraso del 40%. Actualmente, el Gobierno decidió dejar de pagar las prestaciones de los afiliados a PAMI e Incluir Salud, dos obras sociales que reúnen a la mayor cantidad de personas que concurren a nivel nacional a centros de día, hogares y escuelas especiales, entre otras. El sistema de discapacidad está en crisis, y muchas instituciones están en peligro de mantener su continuidad.No podemos seguir ajenos. La discapacidad nos atraviesa a todos. Sus derechos deben respetarse, y el Estado debe estar presente para garantizarlos. Aquellos que no tenemos inconvenientes de este tipo, no estamos exentos de padecerlos en algún momento. Seamos empáticos. No esperemos a que nos toque de cerca y sea demasiado tarde.Martín Del Gaiso / martindelgaiso@gmail.comA 50 años del golpe, más sobre del Día de la MemoriaAyer, 24 de marzo, fue un día para reflexionar sobre la peor tragedia de la Argentina, el terrorismo Montonero, ERP, contra un gobierno democrático. Y es patético escuchar a quienes por un lado piden “Nunca más un golpe contra la democracia”, y por el otro exigen que se vaya Javier Milei, cuando sólo lleva el 50% de su mandato.¿En qué quedamos, son democráticos o golpistas disfrazados?Ver que una marcha donde la izquierda y el kirchnerismo se apoderan de un acto que es de todos los argentinos, es repugnante. Siempre montados en cosas que nos pertenecen a todos los argentinos, para hacer creer que cuentan con nuestro apoyo.Fue una marcha por la memoria, no una marcha para apoyar a una ex presidenta condenada por corrupción, o a Axel Kicillof. Esa marcha politizada por el kirchnerismo, lo que menos tiene es el objetivo de memoria verdad y justicia.Si esto sigue así, ese 24 de marzo pasará a ser otra fecha maldita para la mayoría de los argentinos, otra fecha que será olvidada.Darío Díaz / darioalb@gmail.comA 50 años de algo que comenzó antes de 1976, hoy se sigue conmemorando una gran equivocación de todos los argentinos, por acción u omisión.Los que siguen reclamando derechos e indemnizaciones económicas ya son conocidos.Pero la mayoría silenciosa de los que han sido impávidos testigos de una lucha contra el sentido de argentinidad, son ciegos ante los derechos humanos que no se respetan con detenidos sin condena o penados luego de décadas de prisión preventiva ilegal e ilegítima.En nuestro país, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. No veo a ningún político, salvo alguna soslayada excepción, pedir por el cese de una historia amañada.El pasado siempre presente impide desembarazarse de venganzas provenientes de ideologías foráneas a nuestro ser nacional.Si hubo un ¡Nunca Más!, también debería haber un “¡Basta!”Guillermo Luis Bravo / guillermoluisbravo@yahoo.com.arSoy un ciudadano al que le interesa la política, pero nunca milité en ningún partido, y recuerdo perfectamente los acontecimientos de 1976.El país totalmente en decadencia política, económica y moral, el gobierno infiltrado por personajes como López Rega y además el país infectado de terroristas, subversivos  y la orden de Isabel Perón de aniquilar a la subversión.Deberían haber combatido a los terroristas con la ley y no tomando el poder y excederse en su accionar como lo hicieron.Para mí, realmente fue una guerra donde los dos bandos cometieron atrocidades y siempre me pregunté qué hubiera sucedido si los terroristas hubieran logrado tomar el poder.Saul Kon / litok@fibertel.com.arNada justifica un golpe de Estado. Nada justifica la “desaparición” de personas. Nada justifica el secuestro, la tortura, la persecución ideológica, la apropiación de bebés.Nada justifica la oscuridad que vivimos los argentinos en los setenta, que debería habernos dejado una lección.La violencia, sea del color ideológico que fuere, no conduce a nada bueno. La voluntad del pueblo se expresa en las urnas. Los gobiernos deben terminar sus mandatos, aunque estemos disconformes con la gestión de turno.Para no cometer los mismos errores, debemos revisar la historia y honrar la memoria. No tropezar eternamente con las mismas piedras. Hacer autocrítica, no creernos dueños de la verdad absoluta, dialogar, intentar convivir en el disenso, respetarnos, escucharnos, asumir que estamos todos en el mismo barco y es nuestra misión mantenerlo a flote.Nunca más el terrorismo de Estado; nunca más la guerra de guerrillas; nunca más el siniestro accionar de “la mano de obra desocupada”, de los grupos “parapoliciales”.Nunca más la anarquía, el descontrol, el miedo como estrategia de sometimiento, nunca más el vale todo. ¡Nunca más!Irene Bianchi / irenebeatrizbianchi@hotmail.comSe cumplieron 50 años del golpe perpetrado por las fuerzas armadas en 1976 y aún quedan aproximadamente 400 niños desaparecidos.Esta negra mancha se extiende y se agiganta a medida que pasan los años, si no resolvemos esta macabra tragedia llegaremos en algún momento a sumar 30.000 desaparecidos.La siniestra cancelación del INADI debería “obligar” al Congreso de la Nación a crear una comisión bicameral que investigue la desaparición de estos niños a quienes les abolieron su verdadera identidad.Daniel Maccagnoni / republicracia@gmail.comAyer y en estos días recordamos con mucha tristeza aquellos días donde nos agredimos entre hermanos. Hoy debemos tomar conciencia con sinceridad hasta donde fuimos responsables cada uno con nuestro silencio o nuestra acción.Nadie está sin culpa. Reconocer nuestra responsabilidad sinceramente y sin mentiras es el único camino hacia la paz social.Eduardo Faroppa / eduardofaroppa42@gmail.com

  • Si esto no es la casta… ¿la casta dónde está?

    Si esto no es la casta… ¿la casta dónde está?

    «Si esto no es la casta… ¿la casta dónde está?»

    La Real Academia define casta como un grupo que forma una clase especial y permanece separado de los demás por su raza, religión o privilegios. En la Argentina de hoy, esa definición se padece día a día. Mientras el ciudadano común intenta descifrar el jeroglífico de una factura de servicios con aumentos exponenciales, o elige qué medicamento dejar de comprar porque la prepaga se volvió un artículo de lujo, el Senado parece habitar una dimensión paralela. Los aumentos en las dietas de los senadores no son solo una cifra, son un mensaje: “Nosotros no somos como ustedes”.Resulta obsceno hablar de ajuste y sacrificio cuando quienes firman los decretos se autoperciben merecedores de sueldos que multiplican por 20 o 30 una jubilación mínima. Lo que para un legislador es un simple trámite de mano alzada, para un jubilado es la diferencia entre comer fideos o arroz una vez por semana o no comer. Las jubilaciones de hambre no son solo una falla económica; son un cachetazo artero a quienes sostuvieron el país con sus aportes durante décadas. Ver a un senador nacional aumentar su dieta de forma exprés, mientras un jubilado debe hacer malabares para subsistir con un bono irrisorio y congelado como el corazón de los políticos, es la prueba de que el privilegio sigue intacto.Nos prometieron que el ajuste lo pagaría la política. Sin embargo, la casta no se destruye, solo se transforma. Conserva siempre la misma esencia: la de una élite blindada ante la realidad que ellos mismos generan. “No hay plata”, dicen. Pero para ellos, sí. Si el privilegio de aumentarse el sueldo por encima de la inflación, mientras el resto del país se hunde en la pérdida del poder adquisitivo, no es la definición exacta de casta, entonces habría que inventar una palabra nueva. Pero no hace falta. El pueblo la conoce bien, porque es el que siempre termina pagando la cuenta de una fiesta a la que nunca fue invitado. La casta siempre está en orden.Francisco Manuel Silva frsilva50@gmail.comTiempo atrás, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, cometió el sincericidio de aconsejar la compra de dólar barato (“comprá, campeón”). O sea, imitarlo en su profesión financiera especulativa que tanto perjuicio ha hecho al país, empobreciendo al pueblo y debilitando el sistema republicano. No dijo “invertí en algo productivo: industrial, comercial, profesional, deportivo. Y si es posible, dando empleo”, sino apuntó a preservar el valor de su tenencia adquiriendo moneda extranjera. Que de ahí en más se repitieran los argumentos de baratura, para una apertura cuasi indiscriminada de la importación, en desmedro de una razonable protección contra el “dumping social chino”, solo medió lo que tarda en llegar al país un barco desde Oriente. No es que me embargue encono con aquel país que todo ofrece a precio popular y buena calidad. Simplemente, también el comercio mundial debe equilibrarse como un match de box con pesos equivalentes. Ya que a nadie se le ocurriría -como sí lo pretende nuestro gobierno- subir al ring a Mike Tyson versus Pascualito Pérez. Eso no es competencia… es suicidio.Adrián A. Klas viyurklas@gmail.comEl kirchnerismo sigue jugando sucio: intenta ensuciar al presidente Javier Milei con casos como $LIBRA y utiliza a Manuel Adorni como chivo expiatorio, mientras oculta décadas de corrupción y mala gestión. La ciudadanía no puede ni debe tolerar que se manipule la realidad para distraer de los problemas reales: inflación, desempleo y pérdida de confianza en las instituciones. Pretender que los mismos que arruinaron la economía vuelvan a dar lecciones es un insulto a todos los argentinos que sufren las consecuencias de sus errores. Es hora de memoria, responsabilidad y transparencia, no de relatos. Maria Inés Blomberg Inesblomberg@gmail.comLa amoralidad es la carencia total de sentido moral, lo que conduce a actuar sin tener la capacidad de discernir lo que está bien de aquello que está mal. No implica necesariamente maldad como sí sucede con el inmoral, que actúa a sabiendas de que está obrando mal. Es un problema que un alto funcionario público no tenga conciencia ética o moral de sus acciones como lo ha demostrado recientemente Manuel Adorni. Mala manera de honrar la ejemplaridad en el ejercicio de un cargo público.Patricio Oschlies poschlies@yahoo.com.ar