Del siglo XVIII a hoy: el Museo Larreta exhibe la historia de los azulejos en el Río de la Plata
Quizá no haya lugar más adecuado que el Museo de Arte Español Enrique Larreta para albergar la exposición El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Por un lado, su arquitectura resuena en aquello que se está mostrando: el decorado de la casa de avenida Juramento al 2200 remite, si bien ecléctico, a los modos de ornamentación de fines del siglo XIX, con piezas de arte sacro, habitaciones dedicadas a celebrar el siglo de oro español, patio andaluz con fuente y mayólicas coloridas, tal y como la ideó el escritor argentino, autor de La gloria de don Ramiro.Por el otro, la exhibición curada por Francisco Girelli y Fernando Martínez Nespral establece una relación entre la investigación que realizaron con la colección de piezas de cerámica esmaltada que pertenece al acervo patrimonial de la institución.En el nombre de la muestra está la clave. Primero, porque refiere tanto al título del libro que Vicente Nadal Mora publicó en 1949, en los inicios del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas (IAA) dirigido por Mario J. Buschiazzo.Y luego, a la pesquisa que sustenta esta exhibición que fue realizada por los dos arquitectos antes mencionados, investigador y director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo” (IAA) de la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA, respectivamente.Por su parte, Girelli se dedica a la historia de la arquitectura americana, con especialidad en la historia edilicia de la Ciudad de Buenos Aires en el periodo colonial y poscolonial, desde el registro arqueológico.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Un clásico de 80 añosEn este sentido, la fecha “2026” que está presente como cierre temporal de la exhibición remarca que después de 80 años de la publicación de ese “clásico”, uno de los primeros estudios académicos sobre el tema de todo el continente, los estudios de cultura material lo tienen en cuenta y siguen su legado.El trabajo de Nadal Mora se ocupó de estudiar y catalogar los azulejos franceses, generalmente blancos con decoración azul, que fueron muy utilizados en la arquitectura de Buenos Aires desde mediados de siglo XIX, teniendo su auge entre 1860 y 1890. Estuvieron en patios y zaguanes, se destacaron en cocinas y hasta decoraron las cúpulas de las iglesias.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.De ese pasado brillante, poco quedó en pie. Hoy se recupera como material arqueológico, gracias a la práctica del Centro de Arqueología Urbana (CAU–IAA) en la ciudad de Buenos Aires. El trabajo de rescate de las piezas enteras y de fragmentos de la variedad de mosaicos coloreados recrea no sólo para lo que eran usados en términos ornamentales sino el sistema de comercio de estos materiales en el Río de la Plata.No sólo los azulejos franceses, llamados Pas de Callais, nombre que queda pegado al paso de origen, el de Callais, sino, tal como explican los curadores, “otros enfoques contemporáneos, iniciados con Daniel Schávelzon y el trabajo con vestigios arqueológicos, permitieron establecer que el uso de azulejos en Buenos Aires comenzó al menos desde el siglo XVIII con piezas españolas en su mayoría –producidas en Cataluña y Valencia–, pero también de otros centros de producción como Inglaterra, Holanda e Italia».Por lo tanto, la exposición es más del recorrido libresco iniciado en 1949 por Nadal Mora, que una colección en particular o un conjunto de estos materiales. Es, sobre todo, un ida y vuelta de producciones impresas que fueron posibles gracias a esos azulejos. Folletos y recortes de prensa, manuscritos inéditos que pueden ser vistos por primera vez.Asimismo, la exhibición da cuenta de cómo esa publicación fue señera para concitar el interés en este tema, no sólo en Argentina sino en otros países, como por ejemplo Uruguay que fue un polo de intercambio con coleccionistas locales.“En general entre arquitectos, quienes con este material liviano, pequeño y estéticamente atractivo, podían de alguna manera conservar una parte de los edificios que desaparecían bajo la piqueta del progreso. José María Peña, Carlos E. Duchini, Alejandro Ruiz Luque, Álvaro Orsatti y Enrique Echavarría Coll, entre otros, se sumaron armando colecciones y produciendo publicaciones y exposiciones», explican los curadores en su texto.Y agregan: «En paralelo surgió en Uruguay otro grupo de coleccionistas que intercambiaban con los de Buenos Aires. Los primeros de ellos fueron Francisco Mazzoni y Manuel Paz Morquio, y en la década de 1960 empezó Alejandro Artucio Urioste, fundador de dos museos dedicados al tema en Montevideo y Punta Ballena, y autor de una serie de libros indispensables”.Quien seguramente vio ese libro fue el escritor Manuel Mujica Lainez, ya que la reproducción del azulejo con el hombrecito está impresa. En Misteriosa Buenos Aires, el libro que reúne la colección de cuarenta y dos relatos publicado en 1950, está “El hombrecito del azulejo (1875)”.Todos los cuentos de ese libro están fechados y la idea de Mujica Laínez es, sobre todo, fusionar historia y ficción, una suerte de armado cronológico para volver a contar el pasado de la ciudad.Están situados en el catastro citadino, tienen referencias a hechos reales y los elementos del fantástico redoblan a apuesta de ese misterio, de nuevas configuraciones desde un presente que necesita volver a narrar historias.A su vez, en ese cuento se condensa a la perfección la historia del azulejo, pero también, la de los azulejos que podemos ver en la muestra: “El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus manufactureros, los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por error dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, embalado prolijamente el único distinto de los azulejos del lote», escribe el autor.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.»Los demás –continúa–, los que ahora lo acompañan en el zócalo, son azules como él, con dibujos geométricos estampados cuya tonalidad se deslíe hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y un bastón en la mano derecha”.A falta de una piezaSi bien la composición del zaguán donde estaba destinado era geométrica, el obrero lo incluye a falta de una pieza. Así es que Martinito, nombre que recibe de Daniel, el niño enfermo de quien será amigo, llega a Buenos Aires y al barrio de San Telmo: por un error y por la falta.Para salvar el pequeño, Marinito entretiene a la Muerte: le habla en francés, le cuenta los chismes del barrio de los que pasan por ese zaguán, su propia historia que “transcurre a mil leguas de allí, allende el mar, en Desvres de Francia.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Le explica que ha nacido en Desvres, en casa de los Fourmaintraux, los manufactureros de cerámica. “rue de Poitiers”, y que pudo haber sido de color cobalto, o negro, o carmín oscuro, o amarillo cromo, o verde, u ocre rojo, pero que prefiere este azul de ultramar. ¿No es cierto? N’est–ce pas?”.Estas distracciones contrarreloj hacen que la Madame la Mort se quede con el hombrecito en lugar del niño que, sano y salvo, no encuentra consuelo para el agujero que quedó en la pared. Tiempo después, al limpiar el pozo del patio, “uno de los hombres grita, desde la hondura, con voz de caverna: –¡Ahí va algo, abarájenlo! Y el chico recibe en las manos tendidas el azulejo intacto, con su hombrecito en el medio».Esta escena es providencial y prefigura las tareas de la arqueología urbana con muchos Danieles al rescate del pasado. Uno de ellos, el mencionado Daniel Schávelzon. A diferencia de la ficción, el azulejo azul con el hombrecito está perdido, ya que después de pertenecer a la colección de Alejandro Ruiz Luque no se supo más de esta pieza, ultra codiciada en su valor simbólico y referencial.¿Fue robada? ¿escondida? Un motivo que, con un poco de imaginación, puede ser el puntapié de un nuevo cuento de misterio y fantasía.El azulejo en el Río de la Plata, 1949–2026 se puede recorrer en el Museo de Arte Español Enrique Larreta (Av Juramento 2291) de 11 a 19, miércoles gratis y martes cerrado.
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Del siglo XVIII a hoy: el Museo Larreta exhibe la historia de los azulejos en el Río de la Plata
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«Pescaba cuando vi caer la camioneta»: el dramático testimonio del hombre que rescató a su mujer y a su hija de las aguas del Río de la Plata
«Pescaba cuando vi caer la camioneta»: el dramático testimonio del hombre que rescató a su mujer y a su hija de las aguas del Río de la Plata
Todavía medio asustado y shockeado por lo vivido, el hombre que se tiró al Río de la Plata para rescatar a su esposa y a su hija, que habían caído al agua dentro de la camioneta familiar, contó cómo fue todo el suceso que lo tuvo como principal protagonista.Vicente relató que habían llegado hasta el lugar, a la altura de la Avenida Costanera Rafael Obligado al 2.200, en una zona cercana al acceso al complejo Costa Salguero, en los últimos minutos del jueves. Era la segunda vez que hacía la excursión de pesca, y esta vez eligió llegar en su propio vehículo y con su familia.»Pescaba cuando vi la camioneta caer», dijo el hombre, rodeado por los medios periodísticos, mientras esperaba sentado a orillas del río que llegara la grúa que finalmente logró retirar del agua a su camioneta Chevrolet Spin.Junto a su cuñado, después de ver como la camioneta se dirigía directo al agua, reaccionaron rápidamente y se zambulleron para poder rescatar a la mujer y a la nena, que no sabe nadar. Cosa que lograron no sin esfuerzo, aunque las ocupantes de la Spin salieron del río sanas y salvas.Madre e hija, con apenas algún rasguño pero con el susto todavía muy vívido, ya están en la casa familiar en el partido de La Matanza. Sin embargo, Vicente no pudo dejar de lamentarse por su camioneta.»Tengo seguro, pero no contra todo», reconoció, por lo que es muy probable que deba correr con los gastos que acarree volver a ponerlo en condiciones.Rescate de la camioneta que cayó al Río de la Plata: cuál es la principal hipótesis del hechoLa principal hipótesis del accidente es que la mujer dentro de la camioneta quiso poner en marcha el vehículo para cargar la batería de su celular mientras su marido pescaba.Sin darse cuenta de que su esposo la había dejado «en cambio» para que no se desplazara por la pendiente, al darle contacto la Spin se movió y ya no pudo frenarla. Pero el dueño de la camioneta descartó cualquier enojo con su mujer.»No, en ningún momento estuve enojado. ¿Por qué iba a estar enojado?», dijo, sin dejar lugar a dudas.El incidente ocurrió cerca de las 3 de la mañana en la avenida Costanera Rafael Obligado al 2.200, en una zona cercana al acceso al complejo Costa Salguero.Por causas que no están del todo establecidas, una camioneta Chevrolet Spin que estaba ahí detenida junto al río con una mujer de 29 y su hija de 11 dentro comenzó a avanzar, y tras romper una baranda metálica de baja altura terminó cayendo al agua.Ante lo ocurrido, se montó un operativo en el lugar en el cual participó personal de la Policía de la Ciudad, Bomberos, el Grupo Especial de Rescate (GER), Prefectura Naval, los agentes de Tránsito y el Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME). -

Hablaron las mujeres que le habrían prestado plata a Adorni y negaron conocer al jefe de Gabinete
Hablaron las mujeres que le habrían prestado plata a Adorni y negaron conocer al jefe de Gabinete
Mientras un grupo de estudiantes de la universidad de Filosofía y Letras de la UBA realizaba una clase pública muy cerca del departamento de la calle Miro a nombre de Manuel Adorni, las dos mujeres que le habrían prestado el dinero al jefe de Gabinete para comprar la vivienda negaron conocerlo o tener algún tipo de vínculo con él.Tal como reveló el diario La Nación, este lunes se supo que el departamento de Caballito le costó a Adorni 230 mil dólares y lo pudo pagar tras contraer una hipoteca no bancaria con dos personas, justamente quienes le vendieron el departamento.Esas dos personas son dos jubilados: Beatriz Viegas, de 72 años, y Claudia Sbabo, de 64 años. La Nación consultó a ambas si conocían al ex vocero. “¿Usted conoce a Manuel Adorni?”, preguntó un periodista del diario a través del portero eléctrico del edificio donde acredita domicilio Viegas en el barrio de Flores. “No, la verdad que no”, respondió la mujer, quien también negó haberle cedido dinero en forma de hipoteca.En el Registro de la Propiedad Inmueble Viegas consta como acreedora del 50% de un crédito hipotecario de 200.000 dólares con el que se concretó la operación. La compraventa, firmada en noviembre del año pasado, se inscribió por un valor total de 230.000 dólares. La otra mitad de la hipoteca aparece asignada a Claudia Sbabo, que aparece en registros públicos como empleada de una editorial.Al llamar al celular de Sbabo respondió una mujer que ante la consulta periodística aseguró que la jubilada no estaba en ese momento y que ella tenía en su poder el teléfono. “¿Sabe si conoce a Manuel Adorni y si alguna vez compró un departamento en la calle Miró al 500?”, le preguntó el periodista. “Yo no lo conozco, la verdad que no sé si ella”, respondió. En segundo término le preguntaron si Sbabo le había cedido dinero en forma de hipoteca a Adorni. “No, ni idea de esas cosas. Disculpe pero tengo que seguir trabajando”, finalizó la conversación.Durante sus primer año y medio de al frente de la vocería presidencial, Adorni se ufanaba de vivir en el departamento de avenida Asamblea, en Parque Chacabuco, que ocupó durante años con su familia. Pero, según informó La Nación tras una consulta al Registro de la Propiedad Inmueble de CABA, en noviembre de 2025 logró adquirir esta vivienda de Miro casi Pedro Goyena, en una zona exclusiva de Caballito, la que habría pagado al contraer una hipoteca por el 87% del valor y que contrajo con dos particulares.Un año antes, casualmente, la mujer de Adorni, Bettina Angeletti, escrituró la casa del country Indio Cua, en el partido bonaerense de Exaltación de la Cruz, por la que paga, según dio a conocer Clarín, expensas por casi $700 mil.La forma en que el ministro coordinador logró adquirir su actual vivienda despertó sospechas en el diputado Esteban Paulón, uno de los denunciantes del funcionario en una causa que investiga el juez federal Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita.En principio le llamó la atención el desfasaje entre los valores de mercado del inmueble y los que pagó el ministro coordinador. Es que el funcionario abonó casi US$1.155 el metro cuadrado lo que, a la postre, constituye casi la mitad del valor de mercado de esta propiedad (unos US$ 2 mil el metro cuadrado).»Ese departamento era de un ex futbolista hasta mayo o junio del año pasado (Hugo Morales) y está tasado entre 300 y 350 mil dolares. Ahí cambia de titularidad por 3 meses y pasa por mitad a dos mujeres, que no tienen vínculo entre sí, y son las que en poco tiempo le hacen una hipoteca de US$ 200 mil a Adorni», explicó el legislado socialista.Al respecto, el diputado planteó a Clarín que «si ya de por si una hipoteca no bancaria podría ser sospechosa, en este caso parecería una intermediación ya pautada por el breve lapso de tiempo que estas mujeres la tuvieron en su poder antes de venderla a Adorni. Se parece bastante a una forma de intermediar para que el jefe de Gabinete no tenga que explicar demasiado lo que compró que, igualmente, con su salario no sabemos cómo hará para pagar las cuotas».
